Archivo | junio, 2013

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia V

29 Jun

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia V

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En una mañana fría y lluviosa volvemos a caminar por los caminos apasionantes de la Educación. Para lo cual debemos ir conociendo la naturaleza de la Autoridad en la Familia, punto principal y fundacional de toda Autoridad, que se despliega por la sociedad enseñándonos a convivir con nuestros semejantes.

Seguimos con los conceptos fundamentales antes de pasar a la parte práctica. Ya que toda reflexión seria sobre los temas importantes, bien fundada en el conocimiento y cementada por los principios, es el comienzo de cambios básicos y decisiones categóricas  en cada ser humano.

La primera condición para ejercer la Autoridad es el amor a los otros. A los que van a ser sujetos de tal educación.

Hacemos un paréntesis (   ) para referirnos a la Autoridad en general. Por ejemplo a la autoridad de los que gobiernan. Siempre tiene que venir del amor al pueblo al que van a gobernar.  Ese amor se manifiesta de manera concreta en la entrega personal y las decisiones que se toman cumpliendo la función de gobernar, pero también en el lazo inexplicable que a veces hay entre un líder y su pueblo, que llega a perdonarle errores garrafales. Por supuesto que lo que viene a continuación, si se perdonan errores garrafales y se escuchan los cantos de sirenas, es la apetencia por el poder que se monta en tal sentimiento del pueblo. Después, el desastre.  Pero ése es un campo de reflexión propio de los filósofos, sociólogos, historiadores y no nuestro. Volvemos ordenadamente al paradigma de la Autoridad que es la que se empieza a ejercer en la Familia.

Vamos a preguntarnos:

Qué es amar?: “Amar es querer que el amado sea más y mejor y que sea siempre. Es afirmarle la existencia con toda la plenitud posible en la realidad del amado»   (No recuerdo si esta definición es mía o de otro pero, en todo caso, la considero muy acertada y la comparto)

Somos la guía e inspiración de nuestros hijos y nadie es más importante en esa tarea que los padres.

¡¡¡Es fantástico como padres oír estas palabras, la trampa está en que  se refieren a nuestras obligaciones y no a satisfacer nuestras vanidades!!!!

¿Qué hace ese amor por nuestros hijos, de qué les sirve?

El Amor hace ver con claridad:

  • Lo que es el ser amado: la realidad
  • Lo que ese ser amado puede ser: aquellos ideales que todavía faltan alcanzar

Para ayudarnos, solamente para ayudarnos, rescato una frase que aclara bastante si nos decidimos a pensar en eso.

La vida cotidiana nos confunde-  A veces un problema viene desfigurado por las apariencias y también su solución está desfigurada por las apariencias.

Vamos a poner un ejemplo de los clásicos. De los que vamos a usar frecuentemente.

  • Viene la consulta de un matrimonio que expresa que ya no viven bien, que no se sienten felices, que su vida cotidiana está hecha un lío. Primero descartamos los temas médicos que deberemos derivar a quien corresponda. Después los psicológicos que van a ser resueltos también por los profesionales del tema. Y nos quedamos con los nuestros. El funcionamiento de una familia en su vida normal, cuya cotidianeidad está complicada.
  • Hacemos un relato ordenado de sus movimientos cotidianos.
  • Descubrimos que  la vida de las familias se transforma en un caos a medida que sus miembros van llegando a la casa cuando termina la jornada. Los padres no tienen un rato a solas y tranquilos. Los niños alargan la hora de ir a dormir, sabiendo que al otro día deben ir a la escuela. Todo es corrida y ruido. Nadie está feliz o se siente confortable en ese escenario.
  • Primeras conclusiones de los adultos: a) El amor se ha terminado, b) La relación con los hijos es un fracaso c) La vida familiar se hace insostenible.  La vida cotidiana nos confunde.
  • Proponemos una reorganización de las actividades familiares, que incluyen sus tiempos.  Ah! El tiempo, el dueño y señor de nuestras vidas!!!
  • El que sale último de la casa deja todo lo que puede ordenado y marchando. El que llega primero se ocupa de organizar, en lo posible, lo que falta. Todos ayudan para terminar de ordenar y preparar la jornada siguiente. Todos, aun los más pequeños que irán aprendiendo una de las máximas de la convivencia: hacer siempre algo por los demás. Se tratará de comer a una hora prudente, todos ayudarán para las tareas pertinentes.
  • Se decide una hora para ir a la cama.  Por ejemplo: los niños a las 9 de la noche. Pueden tener la luz prendida hasta las 10. Los padres se reservan el par de horas en tranquilidad y soledad que les hace falta para reencontrar lo que han perdido: el goce de su compañía en soledad. Tema para otra disertación. ¡El goce perdido de disfrutar de su compañía, una de las mejores cosas que le pasan al ser humano cuando ha amado y elegido al otro!!Tan desprestigiada en estos tiempos y fundamental para la vida; tan necesaria y tan simple!! Pero ese es otro tema para otro artículo.  
  • ¿Cómo se consigue este orden? Lo vamos a contar más adelante cuando caminemos por los andariveles de los temas prácticos. Por ahora la esperanza fundada de que todo tiene una técnica y que ésta es eficiente.
  • Si se consigue, se encontraron las soluciones y se acabaron esos problemas.

Por ahora nos queda esta frase para pensar y repensar:

La vida cotidiana nos confunde-  A veces un problema viene desfigurado por las apariencias y también su solución está desfigurada por las apariencias.

Miremos con atención, debemos darnos cuenta cuándo tenemos un problema insoluble o cuando es simplemente parte de una mecánica familiar. Cuándo es grave o solamente está oculto por la vida cotidiana.  Cuáles son las soluciones que siempre vienen montadas en los problemas. Sentarse a pensar, pensar, pensar, en nuestra vida cotidiana. Hay mucho para corregir y el resultado es por demás reconfortante.

Volvemos al principio. Para vivir se necesita Darse cuenta

El amor a nuestros hijos siempre nos convoca y nos debe agudizar el ingenio.

Debemos lograr  que los hijos se den cuenta

a) que deben llegar a ser lo mejor que pueden ser como personas,

b) que acepten las condiciones que esto requiere y

c) que depende de ellos;

Si aspiramos y llegamos a esto, todo lo demás viene por añadidura.

 Vamos resumiendo: la  tarea principalísima de los padres es hacer que los hijos “escuchen” su voz interior; que resuelvan entre el bien y el bien.  (Héroe)

  • Que respondan a las preguntas fundamentales:

¿Qué clase de persona quiero ser?, ¿Buena o Mala?¿ Generosa o egoísta? ¿Luminosa o sombría?

  • La pregunta: ¿Qué quieres ser? No se refiere a la “carrera” sino al “carácter”

La segunda tarea, no menos importante: es que los hijos usen la inacabable energía que tienen naturalmente para lograrlo.  Si se me permite un comentario paralelo: esto de la energía de los jóvenes en nuestra sociedad, está bastante poco apreciada y es fundamental para hacer un mundo mejor pero …ese es otro tema, para otro foro.

Completamos con una verdad universal que tiene que ver con los principios universales y evidentes:

“Toda elección de la vida está subordinada a una elección moral”

No nos olvidemos que todas las influencias externas son más fuertes en un contexto de superficialidad.   

Hacemos una lista de las cosas que le puedo enseñar a mis hijos, de una manera natural y cotidiana:

  • Amar a Dios o apuntar a la trascendencia propia de los seres humanos
  • Respetar la vida
  • Amar a la familia, a los seres humanos
  • Amar a la naturaleza
  • Querer aprender
  • Sentir la satisfacción del deber cumplido
  • Agreguen todos los buenos principios que regulan la vida de las buenas personas.

Bueno, tenemos temas para pensar y, sobre todo, para hablar  entre los referentes de cada familia.  A todos nos guía el amor a los niños y a los jóvenes porque todos los seres humanos normales y comunes, somos iguales, somos iguales y sabemos que el futuro depende de ellos y ellos un poco de nosotros para hacer de ese un mundo mejor.  Es lo que saben los sabios. Si a ti te va bien, a mí me van bien. Pensemos. La lluvia no cede, el día está propicio para gozar de la vida en casa. Otro tema para esta sociedad vertiginosa.  Me dispongo a hacerlo.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

Hilachas que van tramando — Caminando por el precipicio

26 Jun

Caminando por el precipicio

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“Cinque Terre”.  Nombre magnífico por lo que evoca y lo que es.   Una tierra dura y escabrosa que se levanta en lo más azul del Mediterráneo, en la Riviera Italiana.  Son cinco pueblos arrinconados contra la montaña, como gemas estrelladas en las rocas que se asoman al mar.  Y entre ellos, senderos angostos que en algunos lugares caen al vacío.  Laderas llenas de flores de colores, viñedos pequeños que se esconden en las vueltas de las montañas.  Escaleritas rústicas que suelen ser difíciles de trepar y que salen de una casa hacia la otra o hacia el cuadrado de la labor de cada día.  Huertas, pequeños estanques para juntar el agua de las montañas.  Pobladores que son amigables y que se paran de una manera diferente, siendo cada uno un equilibrista diestro en eso de vivir sobre superficies que nunca son completamente horizontales.  Estos pueblos nacieron en épocas remotas y fueron construidos con el objeto de estar a salvo de los ataques de otros pueblos que venían del mar a conquistar, con sangre y furia, a saquear y llevarse hombres, mujeres y niños a la esclavitud.  Así se desarrollaron, ariscos y altivos porque nunca fueron dominados.  Terrazas y terrazas de colores comprueban el ingenio de los hombres para sobrevivir, su  voluntad para vivir, su infatigable asociación con la naturaleza que, aunque dura y severa, los cobijó durante siglos y siglos.  Verlos desde el mar es un espectáculo que deslumbra por su magnificencia y su belleza y, cuando ya arriba los recorremos pasando de uno al otro no lo podemos creer.  Hay algunos a mitad de camino del nivel del mar y otros por allá arriba, cerca del cielo.  Y lo más sorprendente: adentro de cada uno, una plaza central de piedra que imaginamos acarreada durante siglos.  Todos tienen una Iglesia más o menos milagrosa cuyo origen es antiquísimo, callecitas que permiten el paso de una sola persona, tabernas, casas, negocios, una vida llena de vigor y movimiento que no se llega a ver desde los bordes, desde donde sí se va muriendo el horizonte del Mare Nostro.  Nos dicen que hasta mitad del siglo XX había algunos habitantes de la zona que nunca habían bajado de la montaña.  Nos dicen que eran felices porque son y se sienten los dueños de toda la belleza del mundo.  Desde el Mar solamente se llega por barco, a pie o en el tren que va bordeando las rocas como si fuera de juguete. Llegamos según las instrucciones y empezamos a caminar, pasando por los cinco pueblos.  En un lugar una escalera de casi cien escalones, en otro un sendero sombreado con bancos para descansar y mirar los matorrales de flores, una casa y el techo con la parra.  Más abajo pequeñísimas playitas rocosas donde el mar se muere suavemente y que, en caso de peligro, eran cercadas desde muy arriba.  En una parte del paseo, entre dos pueblos, hay un camino de cornisa aunque es muy seguro se siente colgado sobre el abismo.  Es imposible caerse pero para mí que sufro las alturas se transforma en una prueba más o menos difícil.  Así  transcurre la jornada.  Entre cantos (estamos en Italia), buena comida y un vino cantarino de la zona (estamos en Italia).  Más tarde volvemos a la ciudad cercana desde donde a la mañana siguiente nos despediremos de nuestros amigos.

Me cuesta dormir porque he pasado un día lleno de emociones y no quiero perderlas.  Antes de cerrar los ojos me siento otra vez en el camino que bordea el precipicio.

Como la vida.  Como mi vida y la de todos.  Con los precipicios pasan muchas cosas.  Uno va o lo llevan.  Mira para abajo aunque le recomiendan no hacerlo o camina con la vista en alto para no tener miedo.  Sabe que depende de los demás y espera que no se lo cruce algún atrevido o bromista o imprudente que lo arrastre al abismo.  Suele temerle pero también disfruta de ese temblor helado que lo despierta y lo pone en alerta.

¡Me pregunto cuántos precipicios habremos recorrido y ni siquiera lo supimos!  La vida es tan incierta y tan repentina que nunca lo sabremos.  Nunca sabremos cuántas veces hemos sido salvados, cuántas nos guiaron a tierra segura, cuántas evitaron que nos asomáramos, y, finalmente cuántas veces salimos indemnes de todo peligro.

Y ¿las veces que caímos en él por nuestra propia imprudencia?

Decía la abuela: “Primero pensar, después decir, y recién entonces, hacer”.

En las cosas importantes ésa es la regla.  En las cosas que nos relacionan con los demás, que siempre son las más importantes, primero pensar lo que nos está pasando, a mí y a ellos, pensarlo bien para no cometer errores importantes.  Después decir lo que nos pasa, lo que queremos hacer, lo que nos emociona, lo que nos ha llevado a dejar de amar o al amor  que nos impulsa a cambiar la vida por otro.  Y decirlo con delicadeza, con compasión, para mí y para él, contar con su humanidad que puede sufrir o gozar con lo que yo digo.  Decirlo dándole el lugar preferente en lo que está pasando.  Decirlo como si no quisiera decirlo o como si fuera lo más importante de mi vida.  Escuchar del otro sus emociones, sus angustias, sus ansiedades y lo que lo hace feliz.  Lo que cree.  Escuchar al otro.  Decirle lo que me pasa y escuchar al otro.  Y después, hacer lo que haya que hacer.

Si lo hacemos al revés estamos caminando por el costado del abismo.  ¡Cuántas veces hemos caminado al costado del abismo!  Por temperamento, por falta de reflexión, por egoísmo u omnipotencia.  Y hemos caído arrastrando con nosotros a los que más queríamos o a los que no lo merecían.  Y nos hemos comprometido sin razón o escapado de lo que debíamos hacer o defender.

Ése es uno de los precipicios que la vida nos tira de frente cuando no lo esperábamos, cuando el paisaje parecía llano y recto, sin curvas escondidas y al ras de la tierra, que es como caminamos todos los días.

Cuando algo es importante.  Primero pensarlo, después decirlo y recién entonces hacerlo. Y volver del viaje a un lugar seguro, sin pesares ni abismos.

Los cinco pueblos increíblemente hermosos son:

Monterosso al MareVernazzaCornigliaManarola, and Riomaggiore.  Los recordaré toda mi vida y espero volver a visitarlos algún día.  Allí, en la montaña, cayéndose al mar azul, llenos de hombres y mujeres valientes que han hecho su vida en equilibrio, caminando con toda elegancia por los bordes de los precipicios.  Cierro los ojos y me animo.

 PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia IV

23 Jun

Autoridad en la familia, parte  4

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Dadas las expectativas que ha despertado el tema de la Autoridad en la Familia, seguiremos “mechando” tiritas de “Hilachas”, comentando un poco por acá y otro poco por allá.

Vamos a “jugar” a ser padres.  ¿Por qué hablamos de jugar?  Porque para ser padres necesitamos la misma actitud de los niños cuando juegan.  Estar concentrados con toda seriedad en  el juego.  Creer firmemente en lo que hacemos, para lo cual debemos prepararnos muy bien.  Usar la imaginación. Resolver sobre la marcha y…resolver siempre bien para que el juego no se malogre. Contar con un equipo eficiente y amigable.  Poner, ante todo, la función que hemos elegido y después nuestra comodidad o nuestro egoísmo.  Ser incansables.  Ser divertidos.  Ser alegres.  Ser optimistas dispuestos a conquistar el mundo.  Ser perseverantes.  Y, sobre todo, ser generosos con los demás porque los mejores juegos son los que jugamos con los otros.

Vamos a pensar.  Claro que hacer pensar es un objetivo difícil, cuando probablemente se está esperando sólo información y, en algunos casos, un formulario de recetas mágicas sobre algunos aspectos de la educación.

Empezamos por una noticia complicada:  No hay recetas, sólo mamá y papá pensando juntos  En su defecto mamá sola o papá solo, o quien se encargue de la educación de un niño, siempre necesita la opinión y el apoyo de quien corresponda.

Porque volvemos al concepto primero e indispensable para seguir adelante: “Cada niño es único e irrepetible”.  Sus circunstancias, que debemos tener muy en cuenta, van a ser determinantes en la tarea de educar.  Sus circunstancias especiales, no las de los otros, las suyas.

En líneas generales lo que vamos a hacer es el ABC de la educación: enseñarle a:  a) conocerse, b) autoposeerse, c) interactuar con los demás.

Hablemos un poco  de cómo se conforma la personalidad haciendo la salvedad de que hablamos desde la visión de un Orientador Familiar y no desde otro lugar y solo con el objeto de ponernos un poco en situación.

Como se conforma la personalidad

El Hombre es un concepto complejo y paradójico – Hombre no es un ser repentino y estático, el hombre es la persona que se despliega en el tiempo.  Educar es llevar a cabo ese destino.

El edificio de la personalidad tiene, para decirlo sencillamente, tres visiones:

a) Biológico: Si nos quedamos en ese nivel, somos verdaderamente esclavos de nuestros instintos.

b) Psicológico: Es todo lo referido al temperamento, a las pasiones, a los deseos.  Tiene que ver con el “Quiero”

c) Racional: Se refiere a la razón, a la voluntad, al carácterHablamos del ”Debo”

  • Cada uno de los elementos no formaría unidad en sí mismo,
  • Cada  uno de ellos no existiría antes de unirse.

El hombre no es una unión, es una unidad, en la cual convergen y a veces se enfrentan las manifestaciones de la afectividad con lo que tiene que resolver la voluntad.  Es importante que tengamos en cuenta este concepto.

Vamos a dar un ejemplo para los padres que ya se están inquietando.

El ejemplo de los jazmines:

Biológico: Huelo su perfume

Psicológico: Me trae recuerdos, me causa placer, los quiero.

Racional: No puedo apropiarme de los jazmines de un jardín ajeno, no puedo dejar de hacer lo que tengo que hacer para conseguir los jazmines.

Los padres debemos:

  • Adiestrar lo biológico: Enseñamos todas las manifestaciones físicas.  Enseñamos a caminar, a correr, a andar en bicicleta, a controlar los esfínteres, etc.  En este caso con la ayuda directa de otros adultos, familia, maestros, profesores, entrenadores.
  • Instruir: Enseñar lo que tiene que ver con la inteligencia.  Buscar el conocimiento del mundo de la cultura, de las ciencias, de las convenciones sociales, de las costumbres.  En esto es determinante la cooperación de los maestros, instructores, y otros adultos preparados para esa tarea.  De las autoridades, de las leyes, etc.
  • EDUCAR:  Es especialmente la función y la vocación de los padres o adultos que están a cargo del niño.  Educar es enseñar a pasar del “Quiero lo que quiero» a «hago lo que debo”.  Es mover la razón para ser mejor. Es vivir según los principios y elegir cuidadosamente los valores.

Dice Gabriel Castellá, médico, psicólogo y educador argentino, con una admirable síntesis: “El ser humano es biológicamente determinado, psíquicamente condicionado, y espiritualmente libre”.

Y podemos agregar volviendo al concepto de héroe que ya habíamos mencionado:

“Estoy enseñando  a mis hijos a ser lo que deben ser para que lleguen felizmente a ser lo que en verdad son”.  Ya que la esperanza, que es un fuerte motor de la educación,  nos ha convencido de una verdad innegable:  Todos los hombres nacen héroes. Todos nacen buenos. La educación hace el resto.

Un párrafo para hablar de la Instrucción: la Instrucción completará al hombre.  Todos los hombres tienen derecho a ser instruidos. Este concepto pesa más sobre la sociedad en su conjunto.  Los que gobiernan, los que deciden políticas educativas, los que resuelven sobre temas económicos.  Todos aquellos que tienen un lugar importante en la sociedad son corresponsables de la Instrucción de los niños y los jóvenes.  Es una obligación irrenunciable para ellos.

Educar es otra cosa.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad.

No educan ni la escuela ni los medios. Educan los padres o las personas a cargo de los niños y cuando ellos no lo hacen acabadamente, otros, no siempre aconsejables, lo harán por ellos.

Los padres deben despertar la “inquietud vital” en la vida de los hijos.  Deben educar la voluntad.

Educamos cuando desarrollamos la voluntad”

«El hombre no es todo lo que puede ser de hombre si no está educado«

Para contestar a muchas inquietudes de los padres suelo contestar con una frase que les produce más inquietud.

 “En el tercer nivel se produce el protagonismo de la familia” “Los padres son los primeros educadores responsables de sus hijos

Leo y releo y siento que la visión amorosa que tengo sobre los niños y los jóvenes me hace ser muy categórica en estas definiciones. Pero, pensemos, ¿cómo sería el mundo si cada niño que llega a él encontrara un adulto dispuesto a amarlo tanto como para  llevar adelante la tarea más importante que existe?  ¡Sería casi perfecto!

No, no soy severa por demás, los niños y los jóvenes son el futuro y la esperanza.  A ellos les debemos todo. El mundo está lleno de padres que quieren hacer lo mejor para sus hijos.  Que Dios los bendiga.

PRIMERO LA JUSTICIA

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando — Cambiamos

21 Jun

Cambiamos, cambiamos, cambiamos

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Las colinas son suaves y redondeadas, en sus laderas los viñedos se suceden unos a otros como si se quisieran caer.  Las líneas bien tiradas hacen surcos especiales y en cada una hay un rosal que previene las pestes y agrega al paisaje la belleza de sus colores.  Abundan los rojos oscuros, hay también rosados y blancos.  Es un alarde de belleza en lugares en los cuales el trabajo laborioso y agotador parecería ser lo único.  Las diferentes áreas de los cultivos se cruzan y entrecruzan según lo exigen los planos de las colinas. Es un dibujo trabajado e interminable que va de una parte del paisaje a otra pasando por pueblos pequeños, cuyos techos rojos, calles angostas y flores en las aceras los hace únicos y especiales.  Los caminos secundarios se hacen líneas a la distancia, aparecen y desaparecen mezclados con los viñedos y los pueblos.  Cada curva trae nuevas sensaciones y siempre sorprende.  Todos tienen en común el valle del río Marne que corre abajo, de color verde oscuro, perezoso en el verano, flanqueado por hileras de árboles que apenas se asoman a sus riberas.  Pensamos que es demasiado, que es el dibujo de un pintor magnífico quien se ha metido con un paisaje que no existe, que no puede existir y lo ha dibujado perfecto, prolijo, creando lo que parece un espejismo.

Nos detenemos en un pueblo.  La gente saluda con mucha gentileza pero es cautelosa.  Supongo que amanece muy temprano y se retira antes del anochecer, y este ritmo los asimila más a la naturaleza y menos a simples pasajeros que llegamos y nos vamos en un instante.

Pero un hombre se acerca y con toda amabilidad nos pone un poco en situación.  Así compartimos una comida y se va la noche charlando y charlando.  Nos dice que es la sexta generación de viñeteros, que ama lo que hace y no piensa en cambiar nada.  Cuenta algo de su trabajo y lo orgulloso que está de los productos de la zona.

Entonces dice algo que me despierta cierta inquietud.

“No pienso cambiar nada de mi vida porque todo está bien y acá en el pueblo tengo todo lo que quiero y todo lo que me gusta”.

Me equivoco.  Mi primera reacción es de una dudosa simpatía.  No puedo creer que alguien no esté necesitando un cambio en su vida. Que todo sea para él satisfactorio si es inalterable.  Ya no me quedo tranquila.  Un cambio es una sustitución, algo que se va y algo que llega.  Es un contraste total entre dos cosas por el que una se transforma en otra.  Cambiar es dar o recibir una cosa por otra que la sustituye.  Es mudar la risa en llanto y la tristeza en alegría.  Así de categórico.  Es sustituir y reemplazar.  Intercambiar, dejar de ser lo que uno era.

El mundo actual tiene el cambio como uno de los paradigmas de la felicidad.

Por eso aún cuando se trata de cosas importantes en nuestra vida, hablamos con toda ligereza de cambiar.

Empezar de vuelta.  Rechazar todo lo que hasta ahora o hasta casi ahora era la felicidad, dejar caer los brazos, renunciar a esperar más tiempo, a descubrir, a reflexionar, y  elegir  el cambio.

Como una fuga hacia adelante.  Sin darse cuenta de que eso significa perder el que era antes para ser alguien diferente, nuevo, con otros tiempos, otros amores y otras soledades.  El cambio por el cambio mismo como si la magia de ser otro asegurara la felicidad eterna.  Como si estar en otro lugar me diera la conjunción entre lo hubiera querido ser y no pude.  Entre lo que hubiera querido vivir y no he podido.

Todo cambio tiene una causa.  Cuanto mayor es su necesidad, mayor es la angustia que ha provocado su deseo.  Cada cambio tiene un costo, perder una parte de uno mismo. Sin embargo hay muchos momentos en nuestra vida en los que un cambio es indispensable para que sigamos siendo nosotros mismos.

Empezamos a aclarar  algunas cosas.

Lo primero es preguntarme si ese cambio es volver a ser, si me había perdido y tengo cambiar para que nada cambie.  Lo otro, si estoy considerando cuánto de mi vida, cuánto de mis amores y mis necesidades estoy dispuesto a cambiar para empezar de nuevo.

Todavía no está claro.  Entonces como una lucesita que titila y amenaza con apagarse llega la respuesta.  La pienso y la digo antes de que se me apague.

No se trata de cambiar lo que soy, sino de mejorar lo que soy para cambiar lo que me pasa.  En una de ésas no tengo que abandonar una familia, no tengo que dejar un país, no tengo que renunciar a un amigo.  Tengo que reconocer lo que me pasa, superar mis propias  contradicciones, hablar con quienes amo, resolver con generosidad para mí y para los otros. Dejarme llevar un poco por la vida poniendo lo mejor que tengo para cambiar lo que corresponda y aceptar lo que me queda.  A veces creemos que cambiamos y sólo hemos estado dando vueltas alrededor de algo sin acercarnos siquiera.  A veces creemos que hemos mejorado y solamente hemos cambiado.

Mala ecuación la de cambiar sin mejorar.  Mala decisión.

La dimensión humana está verdaderamente en el equilibrio entre lo que soy y lo que quiero ser.  La felicidad entre lo que tengo y lo que quiero tener.  La sabiduría: aprender a descubrir una y otra cosa.

Sigo aprendiendo de las personas que menos hubiera pensado.  Dejo a mi inocente interlocutor, el que tiene puesta la “camisa del hombre feliz” y me voy a mi propio mundo sin temerle a los cambios.  A los que me vengan y a los que provoque yo misma, siempre que sea para mejor.

Es tarde, volvemos por unos caminos sinuosos a la luz de una luna gorda y brillante.  Nada me hubiera complacido más.  Le doy gracias a Dios por tanta belleza de la que está siempre allí, siempre igual para todos los hombres del mundo.

 

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia III

15 Jun

La Autoridad en la Familia III

Nuestro Tiempo

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Poco podemos hablar  y transmitir sobre la autoridad en la familia si no sabemos algo y hacemos esa referencia al Tiempo que nos toca vivir.  La Familia es el lugar en el que nacemos, vivimos y morimos como personas.

Cualquiera sea la familia, como organización primaria tiene esa misión y la cumple a veces muy bien y otras no tanto, pero como institución es claramente la fundacional de la sociedad, desde siempre.

Nuestras Familias están en nuestro Tiempo y ambos se identifican entre sí, influyendo uno sobre el otro y viceversa.  Si nos preocupa hoy la familia es, sencillamente, porque sabemos que somos los que haremos los cambios necesarios y suficientes para que la sociedad mejore en la medida de lo “humano”.  Cada hombre en su propio tiempo tiene los derechos y los deberes que éste le impone y que son irrenunciables e inevitables.

Hablemos un poco de la “sociedad de consumo”

  • Lo primero que se nos viene a la cabeza es el término (que no se si existe o lo hemos inventado por su practicidad) “amuchados”.  Cada uno de nosotros convive con el mundo entero, amuchados de a miles, de a millones.  Como nunca antes en la historia del hombre.
  • “Amuchados”, amontonados, confundidos en la marea de miles de millones de personas que, por imperio de las comunicaciones, está aquí mismo, dentro de nuestra casa y formando parte de nuestras vidas.  Experiencia que nunca existió antes.  A veces esta característica de la sociedad actual nos abate y le quita a nuestra intimidad y nuestro tiempo vital, una increíble cantidad de cosas.  Apagamos el televisor o las redes sociales y miramos alrededor con la sensación de que se nos fue la “verdadera” realidad.  Que lo que tenemos cerca es una pequeña parte de nosotros mismos. Podemos sentirnos vacíos y solitarios.
  • Primer motivo de stress del hombre moderno: La “tensión externa: lo que la sociedad invade, produce y me exige sin importar si es bueno, malo o intrascendente se “tironea» con la “tensión internaque son los principios, mis valores, mis afectos, mis emociones, todo lo que configura mi persona y mi relación con los demás.

Sin renunciar a la realidad exterior deberíamos recuperar las dimensiones de nuestra realidad personal. 

  • La sociedad de consumo, con todo lo que tiene de positivo, ya que no podemos desconfiar de una sociedad que ha llevado más bienes para hacer la vida más confortable para más gente, tiene una condición: la Ansiedad que es el pivote sin el cual ésta no podría funcionar.

Ansiedad: Estado de agitación, inquietud, zozobra, por un bien que no tenemos”.    Esto significa algo así como que la vida parece ser un banquete extendido ante nosotros y que nos muestra lo que podemos tener y aquello que no podemos tener aunque nos aseguren que sí.

  1. Segundo motivo de stress para el hombre moderno: Se nos presenta como valioso lo que es y lo que no es valioso, sometiendo a hombre moderno a una nueva pregunta vivencial que no tiene precedentes en la historia.  Los bienes siempre fueron insuficientes, hoy son exagerados, relumbrantes y tentadores.  Parece que “todo vale” y que “todo está bien”.  Enorme error producto de la “relatividad” que nos hace tanto daño. Pero éste es un tema para otra oportunidad.
  2. Tercero: Falta entender la rigurosidad de esta Verdad: Todos los bienes no son para todos los hombres.  Ni la juventud es eterna, ni el talento es universal ni, desgraciadamente, el nacimiento es igualitario.  Sin embargo sabemos que todos los hombres somos iguales, cada uno vale por sí mismo, solamente porque es un hombre.  Lo que tiene de “humano” es igual para todos y no podemos darle un precio según sea más o menos exitoso, más o menos inteligente, más o menos bello, más o menos rico, más o menos ingenioso, más o menos inescrupuloso.  Todo hombre merece compartir los bienes que están para él.  Ésta es la mayor tensión que tiene el hombre moderno: la disociación entre lo que merece solamente por ser un hombre y lo que pueda hacer o conseguir de los bienes abundantes de la era moderna que lo engaña haciéndole creer que tendrá todo, cuando quiera y como quiera.
  3. Cuarto:Hay una brecha importante entre: a) lo que es importante para las personas, b) la manera en la que viven su vida diaria.  Si hacemos una lista de las cosas que nos importan y, luego, de las horas que le dedicamos, realmente, a cada una, veremos que “del dicho al hecho hay mucho trecho”.  Generalmente no coinciden: “Lo que más me gusta es estar con mi familia” pero…el trabajo me atrapa, las actividades sociales,  las rutinas físicas, las horas de soledad en las redes sociales, la TV….el cansancio. Etc, etc, etc. “Para mí la amistad es muy importante, pero…me relaciono con mis amigos sólo con mensajitos y los veo poco”  Etc,etc.etc.
  4. Quinto: La sociedad antigua, con todos sus errores, “colaba” los malos ejemplos y tendía a establecer modelos, roles y conductas positivas que la hacían aliada de la educación.  Hoy el éxito mezcla patrones de conducta y hace que los padres y educadores tengan que ir “contra la corriente” añadiendo un problema más a los que surgen en el momento de ejercer la Autoridad.  Es mucho más difícil educar nadando corriente arriba.  Produce más nerviosismo, más preocupación, y sobre todo una gran confusión que es la trampa más importante que tiene la tarea de educar.

Este somero reconocimiento de la sociedad actual no tiene, aunque no parezca a primera vista, una mirada pesimista sobre la sociedad de consumo.  Simplemente debemos reconocer las claves del tiempo en el que vivimos si queremos hacer algo bueno con él.  Creemos firmemente que ésta es una sociedad estimulante, que como nunca antes tiene en sí misma todas las herramientas eficaces para solucionar sus problemas.  Ya que la comunicación fluida, abierta y que se comparte, es la única forma de crecer para mejor.  En todo caso es una sociedad rigurosa, que irrumpe en la intimidad de cada hogar de una manera absoluta y categórica.  Ése es el desafío del hombre moderno.  Somos los mismos hombres de siempre, hombres y mujeres que, desde los primeros tiempos venimos llevando el mundo para adelante.  Los mismos heroicos hombres y mujeres que, desde la rueda y el dominio del fuego, fueron consiguiendo mejoras en su vida cotidiana.  Los que a pesar de las guerras, las hambrunas, las pestes y las catástrofes, hicieron del mundo un lugar mejor para vivir.  Estamos hechos de las mismas sustancias, nos conmueven las mismas pasiones y tenemos la inquietud de la trascendencia tal como nuestros mayores y los otros, todos los que nos precedieron.

Solamente debemos ser conscientes de que los tiempos han cambiado dramáticamente.  Ha cambiado la ciencia y la técnica de una manera que el hombre no llega a asimilarlas, ni en la medida ni con la velocidad que sería deseable.  Si vamos a ejercer la Autoridad para educar, necesitamos una nueva mentalidad, nuevas habilidades, sumadas a le energía de hacer lo mejor y la fortaleza de creer firmemente que podemos conseguirlo.

Esta es la Era de las Comunicaciones.  Como dicen los jóvenes “Es lo que hay”.   Y lo que hay es muy valioso.

Solo tenemos que:

  • “Poner en orden las prioridades”  (Concepto que repetiré hasta el cansancio)
  • “Darnos cuenta”, que es la única manera de andar por estos caminos de Dios con firmeza y buenos resultados.
  • Pensar, pensar, comunicar, comunicar, estudiar, estudiar, comprender, comprender, compartir, compartir todo lo que sabemos.

A pesar de sus males y sus dificultades ésta es la mejor época en la vida de la Humanidad, nos ha tocado a nosotros transitarla con un objetivo cierto e inevitable, “Hacer que la próxima sea siempre la mejor”.

Que así sea.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

Hilachas que van tramando – Hablando de Espacios

14 Jun

Hablando de Espacios

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Las sombras se alargan huyendo de las montañas y de golpe se caen abruptamente cerca de ellas.  Atardeceres muy cortos para una pampeana como yo, acostumbrada a los espacios en los que el horizonte no se termina y la Cordillera aparece demasiado grande, demasiado alta, demasiado  fuerte.  Vemos blancos y marrones, vetas verde oscuras y guiñapos de sol que se van colando.  Aquella majestuosidad nos hace callar y nos empequeñece hasta el silencio absoluto.  Vamos rumiando nuestro desconsuelo porque en esos lugares somos insignificantes. Solamente nos queda juntarnos y …respirar profundo.

La  superposición de los valles, uno atrás de otro, y otro que aparece donde no se esperaba y todo en un desorden divino y, como tal, imponente, nos hace creer que la huida eterna es el único camino.  Hay algún peñasco enorme y oscuro que parece salir de una cueva mitológica, el arroyo empieza a correr y el hielo cubre los charcos grandes.  Cruje la tierra, cae la noche y casi huimos despavoridos de tanta grandeza.

Después entramos y todo el grupo alrededor de la chimenea, disfrutamos de la noche adentro con un vaso de vino caliente con canela, que quiere, quiere pero no puede,  hacernos olvidar, del todo, que la inmensidad sigue allí con sus gigantes agazapados, eternos y fabulosos.  Quiero correr las cortinas porque me asusta que este horizonte se termine ahí nomás. Estoy acostumbrada a que cualquier atardecer mi sombra puede llegar hasta el fondo de la legua, hasta el infinito.   Uno por uno me van abandonando todos ya que la jornada fue dura y las caminatas largas y difíciles.  Me quedo bien abrigada mirando las brasas de todos colores.

Y voy pensando.  ¡Qué simbólico esto de los espacios!  De las dos dimensiones que sitúan al hombre, el Tiempo y el Espacio, esta última es la que puede mostrarse gráfica y realmente.  Lo primero que se me ocurre es que los espacios son más o menos reconocibles y más o menos aceptados según sea el lugar en el cual crecimos y vivimos durante nuestros primeros años. Siempre recuerdo un italiano amigo de mis padres que, habiendo llegado al Puerto de Buenos Aires se trasladó a una ciudad a más de 500 km de distancia y en un momento tuvieron que detenerse porque estaba descompuesto, desesperado ante la lejanía que no se quebraba para ninguno de los lados.  No sabía explicar qué le pasaba, pero era como un niño abandonado. Él necesitaba espacios aéreos fragmentados por montañas.

Esos primeros espacios nos marcan, algunos nos unen y otros nos separan absolutamente.  Forman nuestro carácter y tienen un efecto contundente en nuestra vida.

 “Espacio: Continente de todos los objetos sensibles que existen//Parte del continente que ocupa cada objeto sensible// Transcurso del tiempo.

Espaciosamente: Con espacio y lentitud”

Espacioso: Ancho//Dilatado//Vasto// Lento, pausado”

Espaciar: Poner espacio ente las cosas// Esparcir, divulgar, difundir, dilatar”

Todo tiene que ver con el Espacio en el cual se desarrolla nuestra vida.  El que le damos a los demás y el que necesitamos para nosotros.  El que podemos compartir y disfrutar.

No  lo tenemos claro.  A veces por el amor que estalla, otras por necesidad, competencia, egoísmo, ceguera, vamos avanzando sobre el espacio de los otros y perdemos la proporción de todo.  Y también defendemos fervorosamente el que consideramos nuestro, nos pasamos, exigimos que sea mayor que el que merecemos o lo resignamos en nombre no sabemos de qué.

El lugar especial en el que estallan los espacios es, sin duda, el de la Familia.  La Familia nos contiene a todos y a cada uno de nosotros.  La casa en la que vivimos, el hogar, el mundo de cada familia, es el hueco donde nos sentimos más seguros, donde deberíamos sentirnos más seguros.  Allí siempre, o debería ser siempre, alguien nos ama, nos escucha, nos reprende y nos comprende.  La Familia y los amigos son los lugares en los cuales se nutre la esperanza.  Nuestros amores son los que cierran filas ante las dificultades que aparecen en la vida, que siempre aparecen, y se juntan para festejar los buenos momentos.  Lo ideal entre la gente que se ama es que procuren vivir de tal manera que cuanto menos espacio dejen entre ellos, más espacio tenga cada uno para crecer en libertad.  La fórmula perfecta del amor.

Me estoy imaginando el mundo de los hombres y sus juegos de espacios.  “Poner espacio” en el respeto de la intimidad de cada uno, confiando que esa persona sabe que allí estaremos siempre que nos necesite.  Cruzar los espacios que a veces se entrecruzan y otras se complementan.  Algunos para disfrutar juntos, para elegir lo que nos conviene, para crecer.  Espacio es el lugar entre mi cama y la de mi hermana justo cuando estira su mano para calmar alguna pena de amor adolescente.  Y el pedacito de cielo azul que se ve desde el patio donde jugamos.  El que desaparece en el abrazo de los amantes.  El que se llena de silencio para respetar el silencio del otro.  El momento de reflexión que nos hace acercarnos o alejarnos prudentemente del que lo necesita, según qué necesite.  El que borramos para consolar.  Espacio somos todos y cada uno de nosotros para los demás.  Conviene empezar a reflexionar sobre esto.  Para aprender a no robarlos y saber dónde y cuándo nos corresponde ocuparlos.

Nuestra vida es como la separación que hay entre las rayas de un pentagrama, ordenando la melodía.  A veces merece un tiempo más lento, a veces mucha velocidad.  Hay tiempos en que los espacios se llenan de fantasías y otros que se necesitan para resolver problemas cotidianos, para estar en soledad, para pedir perdón, para aventurarse, para compartir un lugar y un momento que no valdría nada si estamos solos.

Recuerdo mi deleite cuando una maestra inspirada nos enseñó a entrecruzar arcos dibujando con un compás.  Recuerdo como se  iban formando pétalos y después flores y más tarde fantasías que pintábamos de distintos colores.  Teníamos seis años y llenábamos las carpetas que nunca eran lo suficientemente grandes.  Aprendimos a crear belleza creando espacios y llenándolos de luz con todos los colores posibles.  Nos sentíamos halagadas, conformes y orgullosas de aquellos “cuadros” que se quedaron en el rincón más feliz de la infancia.  ¡No sabíamos que, sin saberlo, podríamos haber estado dibujando nuestra vida!

Me estoy olvidando de los miedos que me provocaron estas enormes montañas que parece que se me vienen encima.  Allí los espacios aparecen mirando el cielo.  En mi tierra mirando a lo lejos.  Todos nos enseñan la experiencia vital de tener que adecuarnos a los espacios diferentes, a los espacios que nos tocan.  Y así es con los demás.  Ajustamos nuestros lugares, agregamos las luces y tratamos de vivir en una delicada armonía.

Mañana volvemos a la ciudad.  Camino por las veredas apretadas, respiro profundamente y decido que le voy a dedicar mucho tiempo y empeño a esto de los espacios míos y de los otros.  Por eso de que mejorar las relaciones con los demás hace que la vida sea mejor.  Así es.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Autoridad en la Familia- Reflexiones sobre la mentira

11 Jun

 

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Autoridad en la familia

Tema específico: Reflexiones sobre las mentiras

Otra vez, en esta mañana de neblina, se ha colado un tema distinto a los que suelo referirme.  ¡Lo que pasa es que he visto lágrimas en los ojos de una niña pequeña y también una madre que no sabe cómo lidiar con el tema de las mentiras!  Buscamos entonces otro sendero de pensamientos y nos vamos a hablar un poco, solamente un poco porque el tema es muy serio y merece mucho, acerca de la mentira en los niños.

Empezamos con algunos conceptos que, si persistimos en estos temas, estarán siempre presentes.  Porque no podemos soslayarlos, por lo contrario fijan sostén, dirección y exigencia para la vida de todos nosotros.

Principios – Valores

Principios: Universales, Eternos – Autoevidentes.

Valores: Se trata de lo que nos interesa, lo que preferimos.  Deberían siempre determinarse desde los principios.

Los padres transmiten los Principios y enseñan los Valores

Mentira  “Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa”.

Mentir:  Decir, expresar, manifestar alguna cosa contraria a la verdad:  alterar a sabiendas con ánimo de engañar – Inducir a error – Falsificar, contrahacer algo – Fingir disfrazar alguna cosa haciendo que parezca otra.

Por razones del medio en el que se transmiten estos conceptos, seguimos en forma de sinopsis.

  • Padres:  deben vivir siempre la verdad.  Manifestarlo y enseñarlo.
  • Reconocer que los hijos, por diferentes razones, a veces encuentran dificultades internas y externas para decir siempre la verdad. (No justificamos, explicamos)
  • Los padres deben estar convencidos y transmitir los beneficios de vivir entre gente que dice siempre la verdad.
  • Hasta los 7 años los niños suelen confundir la realidad con la imaginación. Hay que reconocer muy bien la diferencia entre la “Imaginación” y la “Mentira”.  La mentira siempre tiene un fin preciso: escapar de un castigo, conseguir un bien deseado, sacarse de encima la responsabilidad, etc.  La imaginación no tiene un fin en sí misma, es pura creación y tiene valores propios.  Es bueno para un niño tener imaginación.
  • Los niños mienten siempre:
  1. Si les “conviene”
  2. A la persona que “les conviene”
  3. En el momento que les “sirve”
  4. Por temor
  5. Por comodidad
  6. Por vergüenza
  7. Por amor propio. Etc.
  • Un niño es una persona única para la cual la mentira es un hecho más.  La educación debe actuar en todas las facetas de su personalidad, porque cada virtud es ayuda para las otras.
  • Es importante que los padres sepan que “un niño que miente, No es un mentiroso.  Es solamente un niño que miente.  Y, si estamos a tiempo de corregirlo, esto será solamente una faceta de su educación.
  • Para empezar lo mejor es que el niño tenga verdadero conocimiento de su realidad.  De lo que es importante y lo que es secundario.
  • Los niños deben aprender que mentir no está a la altura de su propia dignidad.  Por lo tanto, se les debe enseñar a despreciar la mentira. Para eso primero se les debe enseñar dentro de sus capacidades a conocerse a sí mismos y respetarse. Lo primero y más difícil de enseñar es que ese niño sea sincero consigo mismo, “que no se mienta”.
  • Como siempre los objetivos que tiene el padre para que su hijo no mienta son distintos a los que tiene el hijo para dejar de mentir.  El niño miente para conseguir algo, el padre busca que no mienta para educarlo.  Con sólo comparar estos objetivos, tan diferentes, encontramos la categoría de cada uno de ellos.  Nos sirve para decidir con cuánta decisión y energía debemos conseguir que nuestros hijos no mientan.
  • Cuanto más pequeño es el niño, más fácil es enseñarle a decir siempre la verdad porque los padres tienen un conocimiento total de su realidad y, por supuesto, cuentan con todos los elementos de edad, experiencia y astucia que el niño todavía no tiene.

Algunas técnicas para enseñar a decir la verdad

  • Lo primero es conseguir que la mentira sea ineficiente.  Que siempre, mentir, sea un fracaso. Es decir que no le sirva.  Que ninguna mentira le sirva.
  • Ante la mentira hay varios  pasos a seguir:
  1. No confundir al niño con la falta que ha cometido.  No rotular,  No clasificarlo como “mentiroso”.  (Recordar que el lenguaje crea la realidad) No crear un niño mentiroso.  Es simplemente un niño que ha mentido.  Nunca le diremos “mentiroso”
  2. No dramatizar.  En la vida cotidiana todos los niños mienten alguna vez.  Lo importante es cortar ese hábito.  No darle entidad en la familia, desterrándolo.
  3. No conviene usar el término “mentira”.  Se puede decir “eso no es cierto”.  Lo mejor es actuar naturalmente, dando muestras de que uno (el padre) sabe de verdad lo que ha pasado. 
  4. Hablar del hecho referido dejando claramente establecido que todo es como lo dice el padre y no de otra manera.
  5. Decir con firmeza las cosas como son y no repetir una y otra vez el concepto .
  6. No seguir nunca la “discusión”.  Actuar como se corresponde con la verdad de los hechos.  Tomar la medida que corresponda y “Cambiar de tema”.

 El objetivo a seguir por el padre, se repite, es que la mentira haya sido un fracaso para el objetivo del niño.

 Ejemplos Concretos:

Juan: “No terminé los deberes porque me dolía la cabeza y no podía pensar bien”.

Mamá o Papá:  Es la última vez que no terminás los deberes como corresponde.  Ya mismo, te sentás a hacerlos bien, todos, y te voy a agregar dos ejercicios.  Y la próxima vez que pase esto vas a tener una penitencia.  (Anunciar y cumplir)  (No se ha mencionado nada que tenga que ver con la “mentira”, y sin embargo ésta ha fracasado)

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María: No volví justo a la hora que me habían dicho porque Carina se descompuso.

Papá o Mamá: Fue muy irresponsable no pedir ayuda si se descompuso Carina.  Y también no llamar para avisar que te atrasabas.  Ya vas cancelando la salida de mañana a la tarde y, ¡la próxima vez que no llegues a la hora establecida habrá penitencia de aquellas!  (Anunciar y cumplir). (Mentira fracasada y sin nombrar)

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Pedro: Me traje este libro porque me lo regaló Juancito.

Mamá o Papá:  Dejás ese libro en tu cartera, mañana se lo devolvés a Juancito y nunca más vas a traer cosas de los otros chicos a menos que te lo hayan prestado y sea para devolver como corresponde.  Porque Juancito tiene edad para prestar pero no para regalar.  La próxima vez que hagas algo así se lo vas a tener que entregar frente a la maestra.

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Helena:   Yo no dibujé en la pared.

Mamá:   Las paredes no se dibujan.  Para decorar mejor hacemos un cuadro y lo colgamos. La próxima vez que aparezca la pared dibujada, mamá y papá se van a enojar mucho.

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Federico: Salí a andar en bici porque pensé que no era necesario terminar ese dibujo porque la maestra no lo había dicho.

Mamá o Papá: Seguramente la maestra lo dijo y no la escuchaste.  Las tareas se hacen, se terminan  y se entregan en tiempo.  Vas a terminar ese dibujo y a hacer otro bien hecho, por esta tarde y mañana no hay bici.  Y la próxima vez en lugar de pensar algo que te “conviene”, hacé lo que tenés que hacer. (Mentira no nombrada y que ha fracasado)

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Los ejemplos son innumerables.  Según las etapas de la vida de cada niño y sus circunstancias. Se debe saber que enseñar a decir la verdad está dentro del contexto de la educación permanente.  Es una más de las facetas de tal educación.

Los padres:

  • Deben tener siempre una actitud de seguridad sin titubeos frente a la mentira del hijo. Por lo que, deben estar seguros de que ha mentido y luego proceder sin dudarlo.
  • Deben reconocer acabadamente la realidad de la vida de cada hijo y ayudarlo él mismo a reconocerla.
  • Hacerse cargo de sus preocupaciones. Acompañarlo en la satisfacción de decir la verdad. Hacer que experimente su propio valor como persona tendiendo al bien.
  • Dar ejemplo.
  • Hablar de lo conveniente que es decir siempre la verdad, precisamente en los momentos en los que no hay conflicto. Hablarlo como se habla de cualquier otro valor, en general, como algo apetecible.  Hacer ver lo tranquilo que uno vive si los otros no le mienten. (En este caso refiriéndose al niño mismo, lo mal que lo pasa si los otros le mienten).
  • Según la edad del niño, contar cuentos o historias  en los que se resalte el valor de vivir respetando la verdad y los beneficios que reporta vivir entre gente que la respeta. Esto último se ha perdido bastante en el mundo actual pero es de una gran eficacia para transmitir valores a los niños y suele ser muy atractivo para ellos. (Por ejemplo la historia del pastorcito que miente)
  • Estar alerta para detectar cuando la mentira se transforma en una actitud generalizada del niño porque entonces cambia todo el panorama y puede tratarse de conflictos mayores.  No dejemos que la mentira invada la vida de nuestros niños.  No hay mentiroso feliz.

Damos por terminadas estas reflexiones. Volveremos por todos los caminos que se van abriendo.  Se me va haciendo familiar esta manera de estar en contacto con otras gentes que no conozco.  Me emociona el mundo moderno y el que viene siempre que podamos mantenerlo en sintonía con los Principios, los Valores y la buena relación entre las personas.  Es decir: mantener el mundo en la medida de lo humano. Qué Dios nos ayude para eso.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando — La cadena nos engaña

10 Jun

La cadena nos engaña

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Mi padre tenía los ojos mansos y cautivantes.  Como todo lo que se refería a él una parte de su vida era la realidad, producto de una educación severa dentro de una familia grande;  y lo otro era su mundo personal en el cual todo era posible.  Él alternaba de uno al otro con el solo límite de sus deberes primero como hijo y luego como padre.  Sus ojos presumían de ser bien oscuros porque así nos engañaba con su aspecto español, tez blanca y pelo abundante negro y revuelto.  Pero, si uno lo miraba bien, sus ojos eran claros, mezcla de verde perdido en celeste y con un centro dorado.  Solamente había que mirarlo al sol y con determinación.  Eran ojos mansos y engañosos.  Como él.

Mi padre tenía una mezcla de importancia y atractivo para sus hijos y sus nietos.  Sabía canciones que nadie más sabía.  Se afeitaba cantando, sabía silbar y contar relatos que mezclaban todo, todo lo que el mundo podía ofrecer a esta riada de niños que lo seguíamos embelesados.  También tenía su mundo mágico entre las mujeres, pero esas eran historias que nunca contaba, solamente lo sospechábamos a medida que íbamos creciendo.

Lo que hacía mejor que nadie era enseñarnos a conocer el mundo desde el límite cotidiano.  Nunca se sabía por dónde iba a dispararse el sendero fino de la observación.  Pero podía encontrar la linterna mágica que nos mostraba la luna y sus sombras, sentados en la escalera angosta que llevaba a una terraza de malvones.  Era el primero que descubría el reflejo nuevo en un charco.  Y cómo puede pasar un camello por el ojo de una aguja.  Porque mi padre  nos enseñaba, más que nada, a usar la imaginación, abriendo espacio y tiempos eternos.  Nos llenaba el alma de relatos y, recién cuando fuimos grandes, nos dimos cuenta de que ésa era su forma de enseñarnos la vida desde otro lugar.

Y aprendimos.  Sí que aprendimos algunas cosas.  A veces lo recuerdo de improviso, descarto sus faltas y me regodeo compitiendo con él, que ya no está, para sacar provecho de lo que menos se piensa que puede aguardarnos desde el tumultuoso e inevitable mundo que me toca vivir.  Ahora, cuando los años han suavizado las pasiones y tengo más que los que tuvo él, puedo balancear lo que nos dio con lo que no podíamos esperar de él y todo está bien.

Pero también, como lo aprendimos de él, puedo divagar por caminos aparentes y perder y volver a encontrar el hilo de mis reflexiones, una y otra vez.  Hasta que aparece el tema y allá voy.

Era una mañana de domingo, mi padre estaba en la terraza, la de los malvones y las baldosas gastadas.  Yo estaba jugando en la escalera y oí que me llamaba.

Miré para arriba y lo vi medio inclinado sobre la pared.  En sus manos tenía una cadena brillante y una canasta.  Me dijo que iba a enseñarme algo que algún día me serviría para decidir cosas importantes.  Puse cara de interlocutor inteligente, cómplice de sus “bobadas” y aprendí, ¡vaya si aprendí!

Me pidió algunos de los juguetes de madera y los juntó en la canasta.  Después, mientras tatareaba como distraído, fue bajando lentamente la canasta hasta donde se lo permitió el largo de la cadena.  Izó lentamente ambas y con un pase mágico, que yo no advertí, cambió uno de los eslabones.  El nuevo eslabón era notablemente más chico y débil que el resto. Consecuencia, en cuanto largó otra vez la canasta, ésta se soltó y cayó estrepitosamente al suelo por el hueco de la escalera.  Grité, preocupada por mis juguetes y corrí para abajo seguida por mi padre que trataba de tranquilizarme.  Por suerte nada había sufrido daño porque él se había asegurado de que así fuera.  Ahora en el patio, en aquella mañana de invierno, me mostró el eslabón débil.

Y me dijo: “La cadena tiene la fuerza de su eslabón más débil”.  “Todas las cadenas tienen la fuerza de su eslabón más débil”.  “No importa que tengas la más gruesa y fuerte del mundo.  Se romperá en ese eslabón y, entonces la cadena no servirá para nada”.

Lo entendí, juro que lo entendí.  Aunque en aquel momento no me di cuenta de lo importante que era ese concepto.

En las cosas materiales esto se comprueba fácilmente, saberlo hace la diferencia entre un artesano eficiente y un aprendiz torpe.  Conocer la naturaleza de la “cadena” de la música hace la diferencia, por ejemplo, entre Mozart y un niño de dos años que golpea un tambor.  Entre un profesional médico que enhebra los síntomas de su paciente y un falso médico que desconoce el valor de cada cosa.  Para levantar una torre mejor evaluamos cada eslabón de cada cadena.  Y así es fácil seguir una línea de pensamiento que nos guía a hacer las cosas bien.

Las verdaderas dificultades aparecen en otros dos casos.

El Tiempo.  Enhebrar el tiempo de nuestra vida juntando los eslabones de cada día y aprender a descubrir en qué momento elegimos el más débil que fue cuando faltamos a nuestra fortaleza para elegir con justicia, con claridad, con conocimiento, poniendo cada cosa en el lugar que corresponde.  No estamos hablando de culpas ni de responsabilidades, a veces elegimos sin fortaleza porque las circunstancias ajenas a nosotros nos arrastran.  El tiempo está hecho de eslabones que tratamos, desde nuestra débil naturaleza humana, de gobernar según nuestros intereses.  Veamos cuáles son los tiempos más débiles, ellos marcarán el resto.  El resto de nuestra vida con mayor o menor importancia, pero definitivamente el resto de nuestra vida.

Lo más difícil son las relaciones humanas.  Nos cuesta entender que siempre la cadena tiene la fuerza de su eslabón más débil.  Y así tenemos una familia perfecta hasta que uno de los cónyuges se quiebra por sus propios fantasmas y todo se termina.  En nuestro trabajo vamos elaborando una tarea en equipo hasta que uno de nosotros no está a la altura de la exigencia y la cadena se quiebra.  Confiamos en una promesa que nos convoca a muchos, hasta que uno de ellos no consigue remontar sus propias debilidades y la cadena ha dejado de servir.  El ser más débil de una familia conflictiva adquiere una adicción y todos sufrimos.  Los jóvenes que se mezclan con quienes, además de corruptos, son más fuertes y sucumben al grupo.

La vida tiene esas cosas que nos sorprenden mal, que nos hieren y hieren a los demás sin que nadie  se lo proponga.

¿Qué hacemos?  Aprender a encontrar el eslabón débil de la cadena de la vida.

Observar, prevenir, hablarlo con quienes amamos.  Ponernos de acuerdo en que reforzaremos ese punto débil que llevaría todo al desastre.  Encadenar una sonrisa al trato cotidiano. Responder con sencillez y fuerza a la ira del otro y trabajar juntos para eliminar ese solo eslabón que lleva la relación hasta el nivel de quiebre.  En todos los casos reconocer, prevenir, reconocer, aceptar nuestras debilidades, reconocer.

Darse cuenta

Vuelvo a mi padre.  Un hombre lleno de debilidades que tenía los ojos mansos y cautivantes, le sonrío, lo guardo entre mis recuerdos más afortunados.  Lo sigo queriendo.  Y trato de que la cadena de mi canasta tenga todos sus eslabones en orden.  Claro, yo sola no puedo, necesito a los otros.  Ése es el eslabón más fuerte en la vida.  Los otros.  Sin ellos todos los eslabones son débiles.  Los otros.

Bajo la escalera que me llevaba a la terraza de los malvones y me voy,  peripuesta como una niña sabia, a vivir otro día de mi vida.

LA JUSTICIA PRIMERO.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – La Autoridad en la Familia II

7 Jun

La Autoridad en la Familia  (Parte II)

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Debo reconocer que, inexperta en esto de escribir un blog, siento una gran emoción ante el milagro que se despliega para todos los hombres con esta maravilla de estar comunicados a través de toda la Tierra.  Estamos asistiendo a una Revolución como nunca la hubo en el mundo.  Hemos ido derribando los espacios y los tiempos.  Podemos informar, pedir, escuchar, compartir, aprender, desarrollar, caminar, ver, conocer, y todo lo que es propio de los seres humanos, con toda tranquilidad, desde la intimidad del hogar.   Dios quiera que adaptemos este fenómeno  al respeto a los Principios, a los valores y a las reglas de buena convivencia.

El presente y el futuro me emocionan.

Dada la repercusión que hemos tenido con el tema de Autoridad, seguiremos “mechando” sus contenidos hasta que el interés de mis lectores lo demanden.

Hemos dicho que la Autoridad se conjuga con dos pilares indispensables que hacen a su naturaleza.

1)  La Intención y Actitud de Servicio al otro

2)  El Prestigio de quien la ejerce.

Esto se completa con el otro sujeto de la Autoridad.  En este caso, el hijo, por lo que el tercer pilar que nos falta es:

3)  La Aceptación de la Autoridad de parte del que se someta a ella.

Falta el último y no menos importante

4)  Participación en los valores que van a transmitirse.

Nos detenemos en la figura del hijo.  Es siempre el eslabón más importante en la cadena de la vida.  A él le debemos toda nuestra atención, nuestro cuidado y entrega.

Acá hacemos un alto para remarcar un concepto esencial en estas relaciones de padres e hijos que son la supervivencia de la especie.  Los padres no deben esperar agradecimiento por lo que hagan por sus hijos.  Es una ley natural que los padres los amen y los cuidenSon los responsables directos de ellos y la matriz de su educación.  Desterremos aquello de “¡Con todo lo que hice por  él!”

Es natural  que haga todo por su hijo.  Y éste, por el suyo….Estableciendo una cadena virtuosa que va de unos a otros siempre con el ideal de mejorar.

Lo que debemos establecer es qué es “todo”.  Y, de acuerdo a la experiencia de años con padres de todas las clases sociales y de distintas culturas, lo que los padres quieren para “su” hijo es “Que sea feliz”. “Hago todo para que él sea feliz”.

La felicidad tiene tantas definiciones como seres humanos, no podemos definirla, pero sí podemos pensar, de una manera sencilla, que un hombre feliz lo es cuando está en buena relación consigo mismo y con sus semejantes.  La educación es la herramienta indispensable para lograr eso.  Y hablo no sólo de la educación académica, sino también de la que nos forma como seres humanos, nos enseña a ser mejores, a controlar nuestros impulsos, reflexionar sobre la vida y encontrar nuestro lugar en el mundo.

Mejor pensamos unos minutos en esta idea que es mucho más profunda y esencial en las relaciones filiales de lo que suponemos.

El hijo es una persona única, nunca existió alguien como él y nunca existirá.  Ésa es la manera en que los padres deben ver a sus hijos.  Comparándolos consigo mismos para que sean lo mejor que pueden llegar a ser, y nunca con los otros, mucho menos con sus hermanos.  Cada uno tiene un lugar en el mundo y uno en la familia y eso debe respetarse.

Como un ejercicio práctico para ir conociendo de verdad a nuestro niño tenemos esas preguntas mágicas que suelo repetir y repetir, porque creo que son de un valor especial.

Acá va una secuencia.

1)  Para hacer este ejercicio lo primero que deben hacer los padres es  sentarse en el suelo.  Mirar para arriba y darse cuenta de que así ven el mundo nuestros hijos cuando son pequeños.  Un mundo de adultos en el que entrar cuesta mucho esfuerzo y lleva tiempo.  Ese reconocimiento es el primer paso de la educación.

  • Crecer “hacia” la vida que les toca vivir, mirar para arriba, sentir la autoridad de los padres como un refugio.
  • La contraposición de lo que sus mayores sienten: Crecer “hacia” la tarea que le toca realizar,  mirar hacia abajo, ser el refugio de sus hijos ejerciendo la autoridad.

Nos preguntamos seriamente sobre nuestros hijos porque sin conocimiento acabado de cada uno de ellos no podemos educar.  Y aquí aparecen las preguntas:

  • ¿Quién es?  Reconocerlo en  profundidad.  Sin compararlo con nadie.  Reconocer su carácter, su temperamento, sus emociones, sus sentimientos, todo lo que en él será exclusivo y diferente al resto de las personas.  ¿Qué es lo  qué más le gusta? ¿Qué lo asusta? ¿Con qué suele enojarse? ¿Qué lo divierte? ¿Con qué se entusiasma? ¿Qué lo cansa? Cómo se ríe, cómo duerme, cómo nos mira.  Todo lo que podamos reconocer en él,  mirándolo como si no fuera nuestro hijo, para que “brille con luz propia”.
  • ¿Dónde está?  En esta familia, en este tiempo, en el barrio, en este país, es el primero o el tercero de los hijos.  Va a la escuela, ¿dónde alterna con otros niños? ¿Qué espacios físicos, por pequeños que sean, tiene para él dentro de su casa?  Cursa el primario o el secundario.  Es de una familia grande.  Dónde comparte su tiempo con la familia. Etc, etc, etc
  • ¿Cuáles son sus dones?  Su simpatía, su seriedad.  La destreza para los deportes.  Tiene condiciones para el arte.  Tiene buena voz.  Se le dan muy bien las manualidades.  Tiene facilidad para las ciencias.  ¿Sabe escuchar?  Es elocuente y simpático.  Disfruta ayudando a los otros.  Es ingenioso, charlatán, risueño, ceremonioso.  Aprecia y defiende a la naturaleza.  Sabe tratar a los animales.  Es buen compañero.  Y seguimos….
  • ¿Qué valores voy a transmitirle? Los míos.  Decididamente los míos. ¿Otros? No,  le transmitiré los míos.  Con la seguridad de que:  le transmito mis valores aunque yo no quiera.
  • ¿Qué espera él de mí?  El amor está descontado.  Espera ejemplo, optimismo, delicadeza, perseverancia, entrega, compañía, ingenio, fuerza, confianza.  Seguridad y demostración de amor en forma cotidiana.  Abrazos cariñosos y besos a montones.  Un niño se toma de la mano de sus padres y cruza la carretera tan tranquilo, conversando y sin preocuparse por nada porque sus padres conocen el camino, lo llevan con cuidado y lo dejarán cruzar solo cuando sea el tiempo justo.  Eso espera él de mí, aunque ni él lo sepa.

Todas estas preguntas se hacen en forma de reflexiones, algunos minutos en la semana.  Se agregan las preguntas que los padres y las familias consideren importantes.  Pero deben hacerse formalmente.  En una charla tranquila.  Si fuera posible papá y mamá juntos.  Importa para ver cómo seguimos.  Dibujamos la realidad de nuestro hijo y adecuamos todos los medios necesarios para que la educación lo vaya preparando para ser un hombre feliz.

Todo esto que hemos hecho tiene su resumen en las dos palabras mágicas y contundentes que se refieren a todo lo que pasa en nuestra vida:

Darse cuenta

Otro día seguimos.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

 

Hilachas que van tramando – El poderoso efecto del lenguaje

4 Jun

El poderoso efecto del lenguaje

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¿Cómo hemos llegado a estar en este lugar? Las vueltas de la vida imponen, algunas veces, buenas sorpresas, otras impensadas calamidades.  Estamos por lo primero.  Un viejo amigo de la juventud nos ha invitado a una serie de seminarios.  El pueblo encerrado entre los cerros es distinto a todo lo que habíamos conocido.  Es achatado, de colores como los cerros que lo rodean.   Silencioso y dueño del tiempo.  Todos sus habitantes tienen el señorío de los montañeses.  Caminan sin apuro porque las subidas son notables y sobre todo, lo que más nos llamó la atención, es su forma de hablar.  Pausada,  marcando con inspiraciones y exhalaciones los accidentes gramaticales que podemos reconocer como si lo estuviéramos leyendo.  Es un verdadero placer escucharlos.  Y también descubrimos que tienen un lenguaje cuidadoso, lleno de palabras bellas, porque hablan el castellano más puro.  Con mi amigo nos descubrimos disfrutando de las bellezas de nuestra lengua heredada de los siglos de oro de la herencia castiza.   Bienvenidos a su tradición.  Escucharlos tiene dos consecuencias.  Una es que disfrutamos como si nos llenáramos la boca de chocolate caliente, espeso y dulzón.  La otra es que empezamos a copiarlos y vamos eligiendo cuidadosamente las palabras, aún en nuestro lenguaje coloquial.  Nos atrevemos y usamos términos y giros idiomáticos que resultarían rebuscados en la vida de la ciudad.  Es una experiencia fantástica.

Voy preparando mi exposición y no me cuesta casi nada porque todo inspira en este lugar del mundo.

El lenguaje es un  instrumento indispensable para el pensamiento.   Basta que se nombre algo para que se convoque su existencia.  Un nombre que se le da a una persona significa, desde entonces, esa persona.  Con todas sus condiciones, ni más ni menos.

Considerando que hoy en la cultura de la comunicación en la que vivimos toda palabra llega a todo el mundo, nunca como ahora en la historia del hombre el uso adecuado o inadecuado del lenguaje produce el cambio inevitable de los paradigmas del comportamiento a niveles  insospechados.

Por el lado negativo agreguemos que nombrar las cosas perversas, malas, peligrosas o letales con palabras que se aplican a la vida cotidiana “levanta” el significado de tales cosas y les saca peligrosidad; las hace “amigables” para el hombre común y a partir de allí se transforman, lentamente, en moralmente correctas.

Si se persiste en usar ese método para ir socavando la vida societaria, cosa que siempre se hace por interés, por dinero o por poder, terminan aquellas cosas hoy despenalizadas en ser legal y socialmente impuestas.

Se usan palabras cuyo significado siempre ha sido cuanto menos injurioso en el lenguaje común y, a fuerza de usarlas, por una desgraciada paradoja, se transforman en una ponderación del vínculo con el otro.

En este momento lo que me despierta tales reflexiones son las palabras de un Intendente, quien dijo que en su ámbito, “no hay narcotraficantes, son pequeños repartidores que se encargan de la venta minorista, pequeños vendedores de drogas que lo hacen al menudeo”,  con lo que asimila esa actividad a cualquiera de un comerciante minorista normal, que trabaja dentro de la ley y las buenas costumbres.  Si  se sigue esa línea de  lenguaje y se empieza a hablar de menudeo, repartidores o venta minorista,  en lo referente a la venta de drogas, lentamente se va imponiendo en el inconsciente colectivo que las dos cosas son iguales.  Se pierde primero el miedo y después el rechazo.  Finalmente da lo mismo una cosa que otra.

¿Exageración?   Busquemos ejemplos en el lenguaje abrumador que usan nuestros jóvenes,  que alguna vez copiamos los adultos y que degradan la definición de muchos valores.  No sólo se degrada el lenguaje, cambian los conceptos, todo da igual, el insulto es ponderación.  La injuria se disfraza de familiaridad con el interlocutor.

Me niego a dar alguno de estos términos porque no quiero darles entidad.  Lo dejo para cada uno de los lectores.

Exactamente lo mismo sucede en el ámbito de las relaciones humanas.

El lenguaje cotidiano con aquellos que amamos, y también con todos los otros, marca inevitablemente la clase de relación que tenemos con ellos.

El lenguaje acompañado por la disposición gestual es todo lo que nos exhibe con nuestros semejantes.  No hay otra forma de hacernos conocer y de conocer a los otros;  no hay otra forma de demostrarles cuánto los amamos y cuánto nos importa su felicidad y su relación con nosotros.

El lenguaje, el gesto y el silencio son los tres actos humanos que nos exponen primariamente ante el prójimo.  No hay otras formas de comunicación en lo personal.

Es bueno reflexionar sobre esto y acostumbrarnos a modificar nuestras expresiones, los tonos de voz, el silencio respetuoso, la sonrisa y el uso del cuerpo cuando se trata del sutil lazo que nos une a los demás.

Sigamos esta línea de pensamiento partiendo de tal exposición.  Exponerse es: mostrarse, presentarse, exhibirse, manifestar, declarar, notificar, explicar, interpretar, aventurarse, arriesgarse, ostentar y exteriorizar.  Eso es lo que hacemos cada minuto de nuestra vida cada uno de nosotros con todos los demás.  Hermosa riada de palabras que nuestra lengua castellana nos regala con tanta generosidad para que ejerzamos el señorío de una estirpe.  El mismo señorío que deberíamos elegir para nuestro lenguaje cotidiano.

El trato puede dignificar o despreciar a una persona.  La palabra crea.

El paisaje se hace complicado, pero siempre bello.  Las callecitas adoquinadas con piedras milenarias terminan en el vasto horizonte de los acantilados.  Sendas de agua se dejan para que no se aneguen las calles, hay flores y flores de colores cuya disposición en innumerables planos las hace ver desde cualquier parte del pueblo.  Las casas, los rincones, los jardines, cada recodo es amigable y bello, sobre todo inesperado.  Sigo caminando por este paraíso al que me ha llevado la vida de una manera sigilosa.  Dejo de pensar y de “rumiar” como me dicen mis amigos.  Seguimos caminando mientras conversar se ha transformado en uno de los placeres que casi, digo casi, habíamos perdido.  Hablamos con espacios, usamos palabras bellas y sentimos que nos reforzamos en nuestra humanidad.  El paisaje acompaña.  Trataremos de llevarlo con nosotros para siempre.  ¡Ojalá así sea!

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – El hombre cabizbajo y las hojas

1 Jun

El hombre cabizbajo y las hojas

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Después de un día agotador en el centro,  me bajo del tren y vengo caminando desde la estación.   El caminito de la vía, casi un sendero en el bosquecito,  es el más ancho de todos los que tienen las estaciones de esta línea; y  se mantiene igual que hace muchos, muchos, años.  Camino con mis recuerdos y con mis realidades de antaño.  Casi diría que voy al centro para sufrir los embates de la gran ciudad y para volver, bajar del tren y caminar hasta casa por ese caminito lleno de enredaderas de campanillas azules y besos robados en la adolescencia.  Niños remontando barriletes y nosotros muy jóvenes, tan jóvenes que no nos dábamos cuenta de que lo éramos!!!

Salgo por el  arco de una pequeña puerta, que ya no existe, a la calle de mi casa y entonces estalla uno de los más preciosos paisajes que he visto.  Los tilos, los liquid ámbar  y los robles, que se mezclan con toda desconsideración y desorden,  han perdido casi todas sus hojas.  Las hay de color amarillo cristalino que se ponen casi transparentes y las otras que llegan, con todos los tonos, a tener un violeta oscuro.  La alfombra es gruesa, crujiente y voladora.  Cada tanto un golpe de viento caprichoso levanta pequeños tornados de colores que juntan las hojas en distintos lugares.  Y vuelta a empezar, de acá para allá.  Maravilloso!

Sin ponernos de acuerdo, así nomás, por apego a la belleza, los vecinos no barremos las hojas–apenas levantamos alguno que otro papel.  De manera que por unas cuadras voy atravesando mi alfombra dorada, distinguiendo los ruidos y gozando de esta tarde de otoño.

Al fondo de la calle la parroquia, con su torre amistosa y las campanadas que alertan a todos los vecinos.  Antes, el Ángelus.  Ahora, que se ha perdido la costumbre de rezarlo, reconocer las horas y apropiarse, por segundos, del tiempo fugitivo.

Desde la esquina dobla un amigo entrañable, que conocemos desde la infancia. Hombre inteligente y sabio, con quien conversar resulta siempre un placer.  Lo que más nos gusta de él es su consecuencia consigo mismo.  Aquí ha nacido, por su profesión de piloto recorrió el mundo más de una vez, habla otras lenguas y ahora, en estos años maduros, disfruta de su barrio, de su historia y de sus realidades.

Converso con él un rato y lo dejo, mirándolo alejarse cabizbajo y cansino, jugando como yo con las hojas.  De pronto pega como una patada de arrastre y eso produce un nuevo remolino, la luz oblicua del sol se refleja a través y por encima de las hojas que caen desordenadamente algunas atropellando y otras leves como el instante.  Ha creado una estela de belleza y vuelve a hacerlo dos o tres veces hasta que yo entro en mi casa.

Me siento a tomar un buen té e inevitablemente, con esa costumbre que tengo de analizar las cosas de las personas, pienso en mi vecino.  Es un hombre feliz.

Me pregunto: ¿Cómo se llega a ser un hombre feliz?

Me propongo darme alguna respuesta.  Lo primero que necesita un hombre feliz es un conocimiento acabado de sí mismo.  No puede un hombre ser feliz sin un conocimiento acabado de sí mismo.  Quien no se conoce no tiene relación adecuada con el universo.  Quien no puede conocerse no puede conocer a sus semejantes y sin ellos no puede tener sentimientos y emociones.  No puede ser generoso, no puede compartir, ni recibir ni conceder.  Todas las aptitudes que tenemos por ser seres humanos.   Y, sin embargo, sin embargo en el mundo moderno, tan emocionante, tan tentador, tan atractivo, no le dedicamos mucho tiempo a conocernos.  Van pasando las horas y enhebro ciertas preguntas necesarias para eso.

¿Quién soy?  Así como de “taquito” creo que sé quién soy.  Pero no.  Si lo pregunto en serio, cierro los ojos y busco una imagen inmediata me remonto a los primeros años de la juventud.  Así soy!  Aquella que quería ser antes de que la vida me hiciera a su manera. Quién soy.  Busco parecerme a los ideales de entonces.  Soy ésa y ésta.  Y las dos.  Dedicaré unos minutos para recorrer el intrincado camino ya recorrido y volver a ponerme en el lugar que corresponde. Voy  a tratar de parecerme a aquella joven llena de promesas. Desentrañar lo mejor que me ha pasado y lo mejor que he hecho.  Reconocerme.  Recuperarme.  Traerme desde entonces hasta acá pasando por todas las etapas de la vida.  Me lo volveré a preguntar.

¿Dónde estoy?  Cambiando siempre que la vida lo exige.  Pero ahora, en este tiempo, con estas realidades.  En esta casa que es la de mi familia.  En este barrio, de esta ciudad de este país que amo tanto porque  es el mío.  Con esta familia, con esta historia y  con todos mis amores.  Los voy a enumerar y renovar con ellos mis compromisos y mis pactos.

¿Cuáles son mis valores?   Lo que me atrae, lo que respeto, lo que deseo, lo que venero, lo que cuesta, lo que me exige.  Voy a repasarlos uno a uno.  Como para que no me vaya a distraer en esto de respetarlos.  Sobre todo son los míos.  Contrariamente a los principios que son universales y comunes a todos los hombres, estos valores míos han “tirado” especialmente de mi vida haciendo caminos para transitarla.  Es bueno que los repase.

¿Cuáles son mis dones?  ¡Qué  los tenemos todos!  Todos tenemos dones de distinta naturaleza.  Saber cuáles son para aceptarlos, para usarlos en la vida de todos los días.  Porque reconocer mis dones hace que sienta la riqueza de ser yo misma.  Y tienda a usarlos para mí y para los otros.  Y pienso en los dones de los demás, en los que me hacen feliz, me divierten, me enseñan, me ayudan.  Voy acrecentando la felicidad.

¿Qué espero yo de los otros y los otros de mí?  Pensarlo a solas significa que trataré de balancear las cosas de tal manera que resulte armoniosa la relación con aquellos que amo.  Quiero llegar hasta el fondo de las cosas.  Quiero que el conocimiento sea útil para la felicidad.  Y con los que no amo pero son cercanos, y los que aprecio y los que debo respetar por ser vecinos, compatriotas, hombres y mujeres en los que me reflejo.  Que son de este mundo.

Ha pasado la tarde y la noche se quiere hacer amiga.  Antes de que sea oscuro salgo a la vereda y pateo en arco las hojas, una, dos, tres veces.  Se despliegan en una lluvia de colores y algunas vuelan suavemente.  Desde la estación está llegando mi amigo que me hace un gesto de ¡¿Estás loca?!

Juntos entramos a la casa.  He decidido que trataré de guardarme unos minutos, aunque sean semanales, para volver a hacerme estas preguntas.  Para no perderme de mí en este fascinante y vertiginoso mundo en el  que me ha tocado vivir.

Pienso en mi vecino, con su gesto loco que yo he imitado.  Mañana lo vamos a invitar a compartir la mesa y hablaremos hasta bien entrada la noche contestando preguntas, preguntando sin rubores.  Aprendiendo a patear bellas hojas que alfombran la vereda en estos días luminosos de otoño.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.