Archivo | julio, 2013

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia- El Prestigio

31 Jul

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia VII –  El Prestigio

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Me voy del tema y los lectores me vuelven a él.  Vamos entonces de lleno a los componentes de la Autoridad.  En este caso nos referimos a la que se ejerce en la Familia pero, a poco de andar, sabemos que estamos  hablando de la Autoridad en general.

Por el artículo anterior :

Ya sabemos que el Carácter se educa y la Personalidad se estimula

Para hacerlo sanamente, para que surta efecto, para que tengamos niños y jóvenes bien educados a los que la convivencia les resulte fácil;  que tengan más o menos claro el camino a seguir, lo que quieren ser en el futuro, lo que respetan de sí mismos y de los demás, lo que consideran valioso y lo que no.

En fin, todas las condiciones que hacen a un hombre feliz: debemos ejercer la Autoridad de una manera correcta y categórica.

Los padres son los educadores naturales.  Repetimos esto una y otra vez porque es la raíz de toda educación.  Con la excepción lógica de aquellos que no están con sus hijos por cualquier motivo, en cuyo caso, a las personas que están a cargo de los niños los asimilamos a sus padres.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad”  Todos nos quedamos tranquilos y falla la educación y formación de los niños.

Cuando los padres abandonan el concepto de ser los educadores naturales y necesarios de sus hijos, el espacio lo llenan otros, quieran ellos o no que esto suceda.

Me atrevo a decir que en este mundo nuestro hay muchos abandonos.  Muchos, muchos abandonos.  Lo dejo para pensar y seguimos.

Educar es un maravilloso camino de enriquecimiento recíproco.  Vamos a dejar tres frases para que cada padre aporte sus propias ideas a partir de ello.

  • El centro es el hijo, siempre el hijo.  No lo que yo quiero para mi hijo, lo que los otros esperan de mis hijos, o lo que yo creo que quiere mi hijo.  No.
  • Escuchemos atentamente a nuestros hijos.  Mientras ellos nos hablan, escuchemos, no estemos pensando y preparando la respuesta.  No tratemos de ser más ingeniosos que ellos. Escuchemos.  Escuchemos.  Escuchemos.
  • Cada hijo es una aventura.  Vivamos esa aventura con todos los ingredientes.  Vayamos viendo desplegarse en el tiempo y el espacio a esos niños que tenemos a cargo.  No hay una experiencia más plena y espectacular.

La Autoridad para conformarse necesita:

  • Prestigio
  • Actitud de Servicio
  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras

1)  Prestigio: “Influencia, ascendiente, autoridad de la que goza una persona”

El prestigio de los padres consiste en que sean dignos de ellos mismos y de los valores que proclaman.

Ya hemos dicho y seguimos repitiendo que el Prestigio es la coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago

“Yo, padre, soy modelo de referencia de mis hijos aunque no quiera”,  por eso decimos que

Enseñamos lo que sabemos. Educamos lo que somos”.

A poco que pensemos en este tema deducimos claramente lo que es el prestigio y basta con que miremos alrededor, personas cercanas, otras públicas, aquellas conocidas o que ostentan alguna influencia por el lugar en el que están e inmediatamente descubrimos en quién creemos, a quién admiramos, a quién respetamos, de quién podemos aprender.  Ése es el “Prestigio”  a viva voz.

Pero falta un componente muy importante.  El prestigio tiene mucho que ver con la manera en la que nos manifestamos ante nuestros hijos.

2)  Modo de ser de los padres: El modo de ser se demuestra  con a) Buen humor, b) Serenidad: Dos componentes indispensables para tener una buena relación.  Significa para nuestros hijos: optimismo, confianza, sonrisas.  c) Naturalidad: Padres flexibles, comprensivos, pero que no ceden en las cosas importantes porque están seguros de lo que hacen.

El Prestigio se opone a “lamentarse, echar en cara, dramatismo, falso respeto”.

No es fácil, cuando el temperamento no nos ayuda, encontrar caminos de sonrisas y buen humor en la vida cotidiana.  Todo es cuestión de aprender y ejercitar tales virtudes.  El resultado no sólo mejorará la relación con los hijos, hará efectiva la Autoridad y mejorará la vida en todas sus facetas.  Es bueno que tomemos conciencia de la forma en que vamos caminando por este mundo.  Es bueno que sepamos que una sonrisa hace que las cosas sean, siempre, más fáciles.  El buen trato se aprende, se practica como un deporte difícil, necesita de una rutina firme y perseverante, un esfuerzo sin descanso.  Pero se consigue.  Es indispensable en el trato con los demás y mejora la vida de todo el mundo, sobre todo la propia.

Esa actitud nace de algo que los seres humanos perseguimos todos los días de nuestra vida sin darnos cuenta:  La seguridad de que ocupamos el lugar que nos corresponde, que nuestros principios son los correctos, que tenemos valores positivos.

Todo lo que, además, nos permite reconocer nuestros errores y aprender de los demás.  Eso también demuestra y avala nuestro prestigio.

3)  La constante demostración de cariño hacia nuestros hijosNunca están de más los besos y los abrazos de los padres.  Los mimos son un motor indispensable para ellos.  No basta con quererlos, hay que demostrarlo y decirlo.  Decía la abuela “tantos chirlos, tantos besos”.  Y su sonrisa era puro abrazo.

4)  Su manera de relacionarse con los demásEl niño verá a sus padres como se relacionan con los demás, “el prójimo más prójimo”, la familia, amigos, el trabajo, deportes, autoridades, vecinos.  El trato puede dignificar o despreciar a una persona.  En su vida cotidiana la armonía del buen trato condiciona la vida en el hogar y fuera de él.  La aceptación y el respeto del otro son parte del Prestigio que necesitamos en la educación de nuestros hijos.

El prestigio es el instrumento eficaz de la educación.  Nuestros hijos son lo que somos nosotros.

Matriz ética de su educación: En su manera de pensar, decir y actuar, los padres componen un modo natural que no se inventa ni se “demuestra”. Es “descubierto”  por los hijos y constituye la matriz ética de su educación”.

Podríamos agregar que cuando los hijos son pequeños el “prestigio” tiene que ver con cosas más materiales.  “Mi papá es muy alto, tiene mucha fuerza”.   Es casi como un regalo que recibimos los padres por el solo hecho de serlo.  Pero a medida que pasa el tiempo ese mismo prestigio sobrellevará todas las alternativas de la vida familiar y la evolución de los hijos.  Entonces no será un regalo, sino una conquista diaria y difícil, que sufrirá, por ejemplo, todos los embates de la adolescencia.  Pero, no hay que temerlo, si el “Prestigio” tiene bases sólidas y reales, todo vuelve a su cauce y pasados los años turbulentos el niño aprendió y el padre conservó su buena influencia.

Es necesario saber que las simulaciones, las mentiras, y las dramatizaciones sobre la vida, no tienen mucha influencia ante los niños, no pueden engañarlos, sí  entristecerlos y hacerlos inseguros, porque ellos, intuitivamente, descubren todos los engaños que se les quieren imponer.

¡Pobre del adulto que sufrió tales males cuando era niño!  Ése es otro tema.

Seguiremos por estos caminos de Dios, tratando de reflexionar y compartir algo de lo que sabemos.

Seguiremos haciendo caminos de vida.  Usando lo que aprendimos, lo que nos enseñaron los libros y los años, la experiencia de vida que queremos compartir.  Es parte de una visión muy especial del mundo.  Un poquito alejada del barullo y los fuegos artificiales.  Para pensar de a ratos, compartir con los demás.  Un recodo del camino en el que las aguas parecen perder velocidad y nos dejan tranquilos, pensando, pensando y creciendo.  Se va, despacito, el invierno.  Los días son más largos.  Es más fácil sonreír y devolver otras sonrisas.  Probemos. Probemos. Así está mejor.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Un mundo nuevo

27 Jul

Hilachas que van tramando

Un mundo nuevo

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Los jóvenes siempre han sido y son iguales.  Fuertes, esperanzados, audaces, ingeniosos, omnipotentes, bellos y atractivos.  Aunque individualmente alguno no sea nada de eso, el duende de la juventud les regala a todos un espectro de luces que resumen la totalidad de los colores.   Uno los mira y siente que están iluminados desde adentro con una inconsciencia genial que es el sustento de todo.

La juventud parece ser la matriz de la felicidad.  Se ignora cuando está  presente,  (decía la abuela “¡son tan jóvenes que no saben lo jóvenes que son!”)  lo cual es parte de su belleza; se añora cuando se ha ido, uno no sabe bien por qué.   Aunque me arriesgo a decir que es por esa cosa inefable de ser el dueño de la vida que se siente durante unos pocos años.

La juventud es igualitaria, todos los que ya somos adultos y un poco más que adultos, la hemos recorrido.  Todos la hemos vivido. Ha sido, alguna vez, de cada uno de nosotros. La hemos dejado ir subrepticiamente, alguna tarde de aquellas, porque así es la vida y no dependía de nosotros que se quedara.  De nuestra propia juventud nos queda a cada uno el sello de la pasión que sentíamos, las emociones, la vida como un resplandor más fuerte que el del sol.

Lo que configura el rasgo más notable de esa época de la vida es el heroísmo que se necesita para vivir en el límite de nuestras capacidades, opción que eligen los jóvenes de una manera espontánea y por el sólo hecho de serlo.

Los jóvenes son héroes y necesitan ser héroes.

Cuando lo son, cuando se reconocen como tales, se completa el relato de su existencia de una manera categórica.

El heroísmo los lleva a descubrir lo mejor de sí mismos, les da energía, se despliega para los otros en olvido de lo propio.

En toda la historia los jóvenes fueron los que supieron y quisieron dar su vida por los demás.  De todas las maneras posibles y teniendo como sustento el descubrimiento del otro, la aceptación del otro, el amor al otro, con la magnanimidad del que tiene todo y la naturalidad del que tiene el derecho a tener todo.

Ahora están los jóvenes del Siglo XXI.  Son los mismos y son diferentes.  La vida se ha alargado mucho, y con ella la juventud.  El mundo ha cambiado mucho y con él, el modo de vivir la juventud.

Esta generación está viviendo un fenómeno único, dominan un espacio distinto y un tiempo vertiginoso.  Se comunican entre ellos en segundos.  Cada uno de los jóvenes del mundo, no importa sus circunstancias, sabe lo que quieren los otros, porque es lo mismo para casi todos.  Saben lo que tienen los otros, lo cual es un detonante para su propia vida.  Por primera vez en la historia, tienen un concepto adecuado de lo que es esta Tierra, el lugar donde viven, la relación entre unas cosas y otras.  Están debidamente situados en un tiempo y un espacio nuevos.  Que les pertenecen porque es su mundo y lo que hagan con él será distinto a todo lo anterior.  Son los jóvenes más poderosos de la historia.  Falta que los amemos tanto como para darles derroteros y caminos que les permitan cumplir su misión.  De héroes.

Entonces me pongo a pensar y siento que, como sociedad, les hacemos perder el tiempo con la búsqueda del éxito, cuando deberíamos recordarles que lo suyo es el  HEROÍSMO.  Entonces, me pongo a pensar y sin ánimo de ofender a nadie,  siento que nos faltan líderes y estadistas adecuados a la juventud de este tiempo.

Hay que descomponer cosas que parecían absolutas y reubicarlas de otra manera.  Debemos entender que la “Comunicación”  es algo más que cualquiera de los aparatos sofisticados que inundan el mercado.  La comunicación es establecer verdaderas relaciones entre los seres humanos.

Ver al otro.  Buscar su mirada y su atención.  Escucharlo.  Hablar el mismo lenguaje.  Transmitir principios y aclarar valores comunes.  Acceder a su mundo y permitirle entrar al nuestro.  Todo lo que ahora se puede hacer en tiempos acortados hasta el asombro.

Y en esa comunicación se han muerto las ideologías.  No tienen sustento.  Los jóvenes están esperando de nosotros un factor de comportamiento adecuado.

Basta que los escuchemos y que cambiemos este paradigma del éxito por la invitación al heroísmo.

Ahora bien: Nada de lo que es propio de la juventud ha cambiado.  Pero sí, la naturaleza de lo que conocemos por heroísmo.  

Lo primero que ha cambiado es que para ser heroico en estos tiempos debemos empezar por rechazar toda violencia.  Desde la guerra, la forma más cruel de la violencia, hasta el trato entre los hombres en cada escala de la vida cotidiana.   Los jóvenes deben aprender a rechazar toda violencia.  Contra sí mismos, contra las personas, contra la naturaleza en todas sus manifestaciones.  Este rechazo de la violencia sólo se consigue con el respeto a los demás, a sus creencias, sus opiniones, su derecho a elegir la vida que quiere vivir.  Su derecho a elegir donde quiere vivir.  Su derecho a elegir cómo quiere vivir.

Ser heroico es respetar las leyes.  Para lo cual se debe participar en la democracia, opinar, entender, ocuparse, votar y controlar por los medios correspondientes.

Compartir la bonanza.  Aceptar que el mundo es de todos, cada vez más de todos y cada vez mejor de todos.

Peticionar debidamente a las autoridades.  Unirse, organizarse y exigir ser oídos.

Pensar en los demás.  Mirar alrededor para que cada una de las personas  que los rodean adquiera un nombre propio y un rostro conocido.  Haciendo con la  convivencia un mundo mejor para la humanidad.

Dar algo más que lo que les sobra.  Hacer un esfuerzo más para los otros.

Poner su mirada y sus esfuerzos en comunidades que lo necesitan.  Abrir proyectos y programas solidarios.  Llevarlos a cabo.

Escuchar, acompañar, compartir.  Todo eso es ser heroico.

Lo de todos los días, en el lugar que vivimos todos los días,  porque se acabaron las gestas revolucionarias y el mundo necesita héroes locales, conocidos, cotidianos.

Cada uno en su propio espacio tiene mucho para hacer en el mundo de los jóvenes.  Las formidables redes sociales hacen que se comuniquen, no solamente con toda rapidez, también que se comuniquen todos.   Y a todos ellos debemos tentarlos con que sean heroicos haciendo de su vida algo valioso.  El éxito vendrá por añadidura.  Es así.  Seguro que es así.

Y debemos darles ideas concretas.  Ayudarlos a salir de esta especie de sopor con el que viven algunos, mientras se van pasando las horas de no hacer nada.  Debemos decirles que miren a su alrededor.  Que hagan aquello que consideran que saben hacer mejor.  Que lo hagan bien.

Algunos serán los que guíen las manifestaciones, en orden, con respeto, organizados, con ideas concretas, con proyectos más o menos desarrollados.  No a gritar y golpear sino a transmitir y aclarar.   A ser voceros de todos porque a todos ellos les tocará el mundo que hayan creado.

Otros deberán ocuparse de las comunicaciones.  Asistir a los medios.  Formar  opinión.  Prepararse para gobernar.  Asistir para  que cada uno cumpla adecuadamente su destino.

Están los que formen parte de proyectos más amplios.  En comunidades más necesitadas.

Estarán los que dejen su marca en su barrio, en su ciudad.  Algunos ayudarán a los docentes, pintarán escuelas, arreglarán plazas y jardines.  Visitarán los hospitales.  Acompañarán a ancianos y a niños.

Habrá los que se dediquen al arte.  Para enseñar, para formar orquestas, para deleitar desde un espacio teatral.  Para pintar ciudades, para alegrar paredones.

Algunos se volcarán al deporte.  Organizarán equipos, campeonatos, rutinas de atletismo.  Juegos.

Se acercarán a sus comunidades religiosas, aprenderán a rezar con todos los hombres buenos, compartirán ideales y vivirán la tolerancia y el respeto.  Se ocuparán de los que no tienen Fe.  De los que están solos.

Hay miles de cosas parar hacer en estos días.

Necesitan de nuestro ejemplo y de nuestra experiencia.

Los mayores tenernos que aceptar que hay cosas que sabemos, otras que no sabemos y un montón que ni sabemos que no sabemos.  Pero ellos sí lo saben, porque es su mundo.

En cambio lo que ellos no saben y nosotros sí, es que la vida se agranda y se multiplica cuando pensamos, vivimos y oramos  en grupo.  Cuando los otros son parte de nosotros.  Cuando hacemos algo por los demás.

Necesitamos líderes nuevos y estadistas nuevos que guíen este mundo nuevo.  Con todos y para todos.  Con el nuevo lenguaje y la fuerza invencible de los jóvenes.

Debemos amarlos lo suficiente como para enseñarles que el éxito es el heroísmo.  Después pongamos la esperanza en ese  mundo nuevo, dejemos que se vayan tan campantes a vivir sus años mozos  y dejen su impronta en él hasta que una de esas tardes, también a ellos se les vaya tan campante la juventud, porque así es la vida y no lo decidimos nosotros.  Y ellos se queden con la satisfacción del deber cumplido.

Que sepan que la vida con un propósito es más vida.   Es la única forma de vivir, para que la juventud se quede con uno hasta el final.  

Debo confesar que me desperté muy temprano con ganas de escribir estas cosas.  Salió todo seguido.  Mis lectores sabrán disculpar todos los errores.  Lo que pasa es que, como a la mayoría de la gente común, hay temas que me emocionan, hay cosas que me duelen, y quisiera cambiar el mundo para mejor, como todos los hombres comunes.  Y es mejor que quede como salió.  Que Dios nos ayude a todos.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Relaciones son Consecuencias

24 Jul

Hilachas que van tramando

Relaciones son Consecuencias

                                                                      Imagen

Rojo como un tomate maduro, el sol se pone detrás del pajonal.  Y las pajas, arremolinadas y en suave movimiento se vuelven anaranjadas con el brillo que viene del reflejo del agua que las contiene.  Atrás el cielo comparte colores y la sensación es que el horizonte debe ser interminable y silencioso.  Algunos pájaros sobrevuelan pero no podemos mirarlos porque la luz nos encandila y solamente podemos oírlos cantar mientras van acallando el tono.  Un benteveo trasnochado sigue marcando un ritmo de melancolía que define a la tarde.  Las huellas de un carro terminan en el agua por lo que hemos deducido que hay tierra más allá.  Y más allá,  pero en todo el frente el pajonal ha hecho una barrera que no se puede pasar.  No importa,  nos quedamos en un montecito, en silencio para no perdernos nada de esto que pasa todos los días y siempre es diferente.  Por unos minutos sigue el sol bien rojo y el resto anaranjado.  Ver esto de la obra de Dios es un privilegio que a veces no reconocemos.

Como si me contagiara el texto de hoy será lento, muy alargado y cansino.  Hoy escribo para mí.   Hay algunas reflexiones que me están haciendo falta.

Como la compañía de mis lectores.

Aspectos de la vida condicionados por el pasado:

  • Todo transbordador espacial en la torre de lanzamiento tiene dos depósitos de combustible adosados al cohete principal.  Los ingenieros querían que fueran mayores pero se tenían que transportar por tren desde otro lugar del país hasta la base del lanzamiento.
  • La línea férrea entre la fábrica y Cabo Cañaveral cruza las Montañas Rocosas a través de un túnel que no permite el paso de depósitos de más tamaño.
  • ¿Por qué el túnel tiene esas dimensiones?  Porque el ancho de los túneles viene determinado por el ancho del tren y éste, a su vez, tiene relación directa con la separación de las vías.  La distancia estándar entre los rieles de la vía del tren en EEUU es aproximadamente de 4 pies, 8,5 pulgadas (1,4 mts).
  • ¿Por qué?  Porque los ferrocarriles norteamericanos se construyeron igual que los británicos por ingenieros ingleses que pensaron que era una buena idea ya que permitía usar locomotoras inglesas.
  • ¿Por qué los ingleses construyeron de esa forma?  Porque las primeras líneas de ferrocarril fueron diseñadas por los mismos ingenieros que construyeron los tranvías que ya utilizaban esta misma medida.
  • ¿Por qué esa distancia?  Porque los constructores de tranvías eran los mismos que anteriormente construían carros y utilizaron los mismos métodos y las mismas herramientas.
  • ¿Por qué los carros utilizaban este estándar?  Porque en toda Europa las huellas de los caminos de piedra ya estaban marcadas y cualquier otra medida hubiese causado la rotura de los ejes de los carros.
  • ¿Por qué los carros utilizaban ese estándar?  Porque en toda Europa las huellas de casi todos los caminos se remontaban a la época de los romanos y se hicieron para facilitar el desplazamiento de las legiones.
  • ¿Por qué los romanos adoptaron esta medida?  Porque los carros de guerra romanos estaban tirados por dos caballos.  Los caballos galopando uno al lado del otro debían tener la suficiente separación para no molestarse.  Con el fin de mejorar la estabilidad del carro, las ruedas no debían coincidir con las pisadas de los caballos y a la vez, no debían estar demasiado separadas para no causar accidentes cuando dos carros se cruzaran.
  • La separación entre los rieles del ferrocarril norteamericano (1,4 mts) viene determinada porque 2.200 años antes, en otro continente, los carros se habían construido en función de las dimensiones del anca de los caballos.
  • Una restricción en el diseño del medio de transporte más sofisticado del mundo, el transbordador espacial, viene determinada por el anca de un caballo.

Relación: Conexión, correspondencia, enlace entre dos cosas// Conexión, vínculo, trato, comunicación,  entre dos o más cosas o dos o más personas.

Consecuencia: Proposición que rigurosamente se deduce de otra u otras// Hecho o suceso que resulta de otro// Correspondencia lógica entre los actos de una persona y sus ideas o principios// Se entiende que una cosa se sigue o infiere de otra.

Así es en la vida.  Todo está relacionado, cada relación es una consecuencia y, a su vez, tiene una consecuencia.  Lo que es diferente es la importancia de cada relación.  La entidad de cada una.

Nos preguntamos hasta dónde podemos elegir las cosas que relacionamos.   Aquel encuentro.  Una discusión.  Un estado de ánimo que nos hizo tomar una decisión.  Doblar ésta u otra esquina.  Elegir un equipo de trabajo.  Una carrera, traer hijos al mundo.  Decidirnos por un barrio, un país, un viaje, una historia.

Si solamente estuviéramos conscientes de que lo que marca nuestra vida son las consecuencias,  las interminables consecuencias de cada relación que hemos establecido entre los hechos de nuestra vida, todo sería más fácil.

Deberíamos aprender a distinguir entre lo que resolverá el azar y lo que elegimos nosotros, y eso se aprende viviendo.  Arriesgando.  Acertando.

A distinguir entre lo importante y lo secundario. Entre lo inofensivo y lo determinante.  Entre lo que puede cambiar nuestra vida y la de los otros.

Lo que puede herir a nuestros semejantes o lo que nos dejará maltrechos y aquello que aportará felicidad a la vida de todos.

Pero no se puede con todo.  El límite es la espontaneidad que necesitamos para vivir, esa especie de candor que nos hace ciegos a toda especulación y nos permite, casi alegremente, ir decidiendo relaciones sin medir las consecuencias.

Entonces la sabiduría sería encontrar el debido equilibrio entre lo que se decide por emociones, valentía, esperanza y  voluntad;  y lo que hay que pensar, muy bien, pensar muy bien.  Y volver a pensar.

A veces remontamos el pasado, y encontramos que el hilo conductor de nuestros males o de nuestras alegrías es aquella primera decisión.  La que tomamos sin darnos cuenta o la que pensamos seriamente.  Nos acongoja lo que sucedió después o seguimos muy ufanos de nuestra elección.

El pasado no condiciona siempre el presente, no lo ordena siempre, pero…lo “viste”.  Mirar para atrás, unos minutos.  Conocer las primeras relaciones, aceptarlas, y dejarlas atrás cambiando lo que se quiera y pueda y abandonando lo que se quiera y pueda.

Casi siempre si investigamos en el pasado encontramos huellas de cómo solucionar cuestiones del presente.  Lo importante es no exagerar el tiempo de reflexión.  Pensamos en el pasado “un ratito”  para aprender y nada más.  Después nos vamos por el presente y el futuro.

Siempre podremos rescatar cosas buenas de nuestro pasado.  Siempre. S iempre.  Basta con elegir una actitud abarcadora de toda la vida y darle el valor que tiene.  Para seguir adelante con felicidad no hay otro camino.

Aprender para adelante.  Llenar los tanques de combustible que la vida nos permita y ganar los espacios que se extienden ante nosotros.

Las relaciones de las cosas tienen consecuencia.  Las relaciones son consecuencias.  Y nosotros, criaturas humanas, vulnerables, caóticas y con esperanza, trataremos de armar el tejido apretado de nuestras cosas, un día tras otro y tras otro.  Como si pudiéramos decidirlo.  Y, sí, podemos decidirlo, y es justo que podamos porque, al fin y al cabo es nuestra propia vida.

Una serie interminable de relaciones y consecuencias.  Nuestra propia vida.

El sol tomate se pierde entre los juncos naranjas, quedan pocos brillos en la tarde.  Mañana será otro día.  Por suerte de este nos quedará la belleza y el otro traerá la esperanza.  Nos vamos caminando por la huella.  La vida es maravillosa.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van Tramando — Elegir la Soledad

15 Jul

Hilachas que van tramando

Elegir la soledad

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Saboya (en francésSavoie, en arpitán Savouè, en italianoSavoia) era una región de Sacro Imperio Romano Germánico en Edad Media,  luego de Italia hasta 1860. La Saboya se hará francesa con la anexión de 1860.  Aproximadamente comprende el territorio de los Alpes occidentales entre el lago de Ginebra en el norte y la provincia de Mauriana en el sur. Con tiempo la Saboya se aumenta con tierras italianas, Niza, la costa mediterránea y el piamonte.

La tierra histórica de Saboya emergió como el territorio feudal de la casa de Saboya durante los siglos XI al XIV.  El territorio histórico hoy es compartido entre las repúblicas modernas de FranciaItalia y Suiza.

En forma fría y concisa el texto nos sitúa, más o menos, en la zona de los Alpes Saboyanos.  Nos pone como testigos asombrados en una historia que va mucho más allá de cualquier descripción.  Que está hecha de sangre, de traiciones y amores desesperados. De tratados y pactos sin cumplir y otros que arrasaron con todo lo que se interponía a su paso.  Grandes celebraciones, vasallaje, comunidades estructuradas por su riqueza o sus creencias.  Destinos inevitables. Abuso de poderes, muertes y pasiones desordenadas. De grandes tapices y castillos enormes que se levantaban sobre el esfuerzo de generaciones y generaciones. De catedrales que llegaban al cielo con sus arcos y sus vitreaux de una belleza celestial.  De guerras y ducados, de hombres pecadores llenos de ambición, de soberbia y vanidades.   Sedientos de poder, casi inhumanos.  Y también de otros que pudieron sacar lo mejor del espíritu humano en la Edad Media que terminó floreciendo hasta el Renacimiento para dejar al hombre como centro de la historia, de la cultura y de las artes.

Hoy, en una apacible tarde de verano, nos dirigimos de una ciudad a otra por los mismos caminos por donde se iban los cruzados y volvían los nobles empobrecidos sin saber que se acababa su época y ellos habían contribuido a su propia desaparición.  Vamos cómodos, a velocidades que en aquellos tiempos se hubieran considerado diabólicas, y en lugar de terminar en una hoguera me entretengo sacando fotos de estos castillos montados sobre salientes rocosas, peñascos aislados como islas al viento, separados de las montañas enormes pero recostados sobre ellas, de tal manera que llegar a ellos era imposible y es imposible hoy día.  Todos muy grandes y algunos de estructuras tan inmensas que dejaban atrás toda dimensión humana.  Costaba mucho esfuerzo, muchas vidas y muchas muertes, llegar a ellos.  Construirlos primero, después defenderlos. Cuánto más aislados, más fuertes, más solitarios, mejor tenían que ver con sus dueños.  Dinastías de nombres famosos que se quedaron en la historia.

Vemos uno y otro, y otro, no puedo asegurarlo desde el conocimiento pero sí tengo la impresión de que es una de las zonas en las que encontramos más de estas estructuras abandonadas que se recortan contra el cielo, entre montañas apretadas, valles que no se ven y circuitos de camino que nos hace verlos y dejar de verlos en cada curva.

Ya nadie los quiere.  Su mismo aislamiento provocó su decadencia y la muerte gestual en sus piedras.  Los caminos de acceso originalmente difíciles han desaparecido entre bosques y quebradas y ellos están allá, solos, cerrados en sí mismos, sin que a nadie le interese su existencia.

El poeta ha dicho “Vanidad de vanidades y todo vanidad…”  Y nosotros “Soledad de soledades y todo soledad”.

Como algunos hombres.  Como algunos hombres que eligen la soledad.  Se aíslan de los demás.  Generalmente lo hacen en las épocas de la juventud en las que todo resplandece y el espejismo de la autosuficiencia es fuerte como una mañana de primavera.  Y siguen por la vida sin escuchar, sin pedir perdón, sin compadecerse de los otros para terminar sin poder compadecerse de sí mismos.

Los hombres y mujeres que eligen su soledad probablemente no han tenido el mensaje de amor indispensable en los primeros años de la vida.  Probablemente no han tenido quienes los amen lo suficiente para que los arranquen de su aislamiento, no han aprendido lo vulnerables que somos todos, que somos todos, los fuertes y los indecisos, los bellos, los grandes, los sabios y los niños.  Lo vulnerables que somos todos.  Tanto que necesitamos caminos que se crucen, que se mezclen y se acompañen.  Caminos de unos y otros que serán cuidados con toda diligencia porque no hay otra manera de vivir más que dependiendo de los demás.

Los que eligieron la soledad sienten que siempre tienen razón. Esperan de los otros cierta devoción, una especie de humildad que refuerce su propia autoestima.  Contestan con aspereza o  se cierran en un silencio elocuente que despertaría preocupación si no terminara siendo ignorado por los demás.

Los que eligen la soledad van armando caminos difíciles, desconocidos, que se irán desdibujando a medida que el tiempo aleje a quienes deberían amarlos.

No saben que la misma soledad es un camino incierto, penoso y traicionero.

Una decisión absurda que esconde su propia desgracia.

Y resulta que cuando la vida sigue su curso, lo que se había decidido en el momento de la gloria y el poder, como un castillo en la montaña, se transforma en una condena inapelable, que nadie quiere, hasta que solo quedan piedras deformadas que se recortan contra el cielo muy  azul, y los caminantes dejan de verlas mientras se alejan con su propia vida a cuestas, compartiendo lo que les es dado.

Porque el tiempo, inapelable, ya no deja volver atrás.  La vida me ha enseñado y me sigue enseñando, cada dia, cada día sin faltar uno,  que lo mejor es construir el castillo al nivel del suelo, cerca de los otros, con la puerta abierta para que entren y también para que salgan cuando quieran.

Alcanzo a ver el último de los castillos sobre un peñasco enorme antes de que se haga de noche.  Me da una pena tan grande que tengo apuro por llegar a destino.

Miro a mi amigo ocupado conduciendo el coche y seguramente pensando en cosas mucho más sencillas.  Me arrebujo en el asiento con la mantita de colores y ya estamos llegando al pueblo.  La soledad, decididamente, no es para mí.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van Tramando — Darse cuenta

10 Jul

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia VI – Darse cuenta

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Miro por la ventana que da al balcón y me distraigo con el paisaje.

El lago es azul grisáceo, con pequeñas ondulaciones que el viento le cosquillea. Sus orillas que no se ven en su totalidad, caracolean entre juncos y arbustos.  Atrás, donde el horizonte debería caer, como cualquier horizonte que se precie de serlo, se alzan enormes montañas que a medida que cae la noche se van poniendo más grandes y amenazadoras.  No son parajes de mucho sol, abajo unos patos ruidosos de cabeza azul y cuerpo de colores amarronados se van perdiendo entre las plantas, supongo que rumbo al nido.  Y las rosas de todos colores que abundan más que en ningún otro lado, no pueden con el tiempo tormentoso. Mis ideas van y  vienen. Apelo a la buena voluntad de mis lectores y a su pericia para seguirme por aquí y por allá en mi intento por elaborar este tema.  Allá voy, con detenciones y giros porque el paisaje se va apoderando de mí…

Ya nos estamos  dado cuenta de que para hablar de la Autoridad en la Familia necesitamos una buena cantidad de conceptos generales que nos permitan situarnos (un poco nada más, porque este medio que hemos elegido para transmitir algunos conocimientos, tiene sus limitaciones) en el mundo en el que vivimos. Y también que, para ejercerla, debemos “dibujar” en forma certera la imagen de nuestros hijos.

Volvemos, entonces al tan trillado y tan importante, para todas las cosas de la vida: Darse Cuenta”.

En este caso nos ayudará Stephen Covey, un gran maestro en lo que se refiere al tema Familia. Conocido mundialmente por sus libros que empezaron siendo del ámbito de las Empresas para dejar después una obra muy importante en todo el campo de la Familia, trascendió su propia profesión y es un referente importante sobre estos temas.

Ha señalado claramente la diferencia entre “carácter” y “personalidad”. 

Hasta bien entrado el siglo XX todos los paradigmas de la educación apostaban a “educar el carácter”.  Y esto tiene que ver con que la Educación se forja a través de los principios y los valores que elegimos dentro de esos principios.  Un hombre debe ser honesto, valiente, leal, fuerte, confiable, perseverante, prudente, templado, generoso, magnánimo, justo, patriota y todas las otras virtudes que se juntan y se manifiestan para crear lo que llamamos, sin eufemismos, “un hombre o una mujer como se deben”.

Pasadas las grandes tragedias de las dos Guerras Mundiales del Siglo XX, encontramos que empieza a aparecer en la sociedad, una mirada más  detenida en la manera  de mejorar las relaciones entre los hombres, su forma de comunicarse, su apariencia y su imagen pública.  Es lo que reconocemos como “personalidad”.  Resumimos:

“Carácter”  tiene que ver con la madera con la que está hecho un hombre, se relaciona con los principios.

“Personalidad”  su imagen pública, la manera que se relaciona con los demás.

Encontramos que, sin profundizar demasiado porque entraríamos en el campo de otras ciencias, la importancia de la “personalidad” fue aumentando, posiblemente por una cultura más relacionada con la sociedad de consumo que nos dibujaba cada vez más atractivos, simpáticos y exitosos.  Y, sin menoscabar la importancia de nuestra manera de ser con nuestros semejantes en el mundo, como nos presentamos ante ellos y nuestra conducta social (porque eso tiene una importancia fundamental para la buena convivencia y el hombre es definitivamente  un ser social) notamos que  la cultura fue inclinando la balanza para el lado de las apariencias y bajando la exigencia cuando se refiere a los principios y el respeto a los valores.

Vamos arriesgarnos a decir  que estamos en la “cultura de la comunicación” que, a su vez, se alimenta en la “cultura de la imagen”.

Queda claro que este avance en el culto a la personalidad no tiene nada de malo.  Es bueno que las relaciones entre los seres humanos se hagan más fluidas, que aprendamos desde chicos que una actitud positiva y cortés nos acerca a nuestros semejantes.  Que ser gracioso y de buenos modales es una buena forma de llevarnos bien con los demás.  Acercarnos a los cánones de belleza corrientes en nuestro tiempo tampoco tiene nada de malo.

Pero nada debe confundirnos: nuestra manera de relacionarnos con los demás tiene que estar cementada  en el carácter. Un hombre debe ser un buen hombre y recién entonces está “listo” para parecerlo.

Actitud: es lo que relaciona nuestro ser con nuestra manera de ser”

¿Cómo decirlo claramente?  Tiene que haber una “manera de ser” profundamente respetuosa de los principios y  atenta a los valores y, recién desde ese andamiaje, el hombre puede jugar a desarrollar su personalidad con mayor o menor éxito para sus relaciones con los demás.  Sin ese sostén las personas pierden muy rápido su estructura aparente y se convierten en aquellos que van a la deriva esclavos de la moda y de la opinión de los demás.  Importante para nosotros pero que no siempre debe ser determinante de nuestras decisiones o nuestros actos.

Definitivamente los padres tienen que:

a)  Educar la voluntad de sus hijos, enfocados en las cosas importantes.

b)  Fortalecer el carácter de sus hijos para que ellos sepan bien “quiénes son”  y se relacionen con los demás con toda naturalidad y sin sufrimientos.

Educamos nuestro “ser”, nos manifestamos ante los demás con nuestra “manera de ser”.

Queremos educar  bien a nuestros hijos para que puedan manifestarse libremente ante sus semejantes, con el equilibrio justo entre buscar su aprobación y decidir libremente entre lo que está bien y lo que está mal.

Ahora hagamos un caminito con más vueltas y empecemos a ver a nuestro alrededor todos los ejemplos en los que nuestra sociedad aprecia la “personalidad” en detrimento del “carácter”.  La apariencia en detrimento de la sustancia.

De allí volvemos a nuestros hijos.  Y vamos por un camino de cosas concretas, en lo que se refiere  a su personalidad.

Con respecto a la manera de relacionarnos con los demás, empezamos con los más chiquitos a los que

  • Acostumbraremos a usar siempre las palabras que la abuela llamaba «Palabras mágicas»: Permiso, Por favor, Gracias, Perdón, Hola y Adiós. “Siempre, jovencita, siempre se usan esas palabras mágicas porque somos personas mágicas”
  • Aprender a saludar cuando entran y cuando salen de un lugar.  Siempre, no cuando el niño quiere.
  • Escuchar a los demás.
  • No usar palabras ofensivas.
  • No gritar si están enojados.
  • Obedecer los turnos en sus juegos con otros niños.
  • Aprender a perder.
  • Aprender a compartir.
  • Tener buenos modales en la mesa.
  • Contestar cuando se le habla.
  • Y todo aquello que los padres consideren importante para educar a una persona que, inevitablemente, deberá convivir con los demás.

Todo lo anterior sería una cáscara vacía si no nos hemos ocupado de educar verdaderamente a ese niño.  Ambas cosas, el carácter y la personalidad van juntos y son la mochila con la que nuestro hijo vivirá su propia vida.

Como una nota agregada debemos decir que, en cada familia hay lo que llamamos un “hijo ladrón”.  Es el encantador, el que nos roba la voluntad, el que nos convence con su seducción, “el que me saca lo que quiere”.  Él merece que le enseñemos a fortalecer su carácter. Tallar en profundo sus virtudes para que su encanto no sea un obstáculo en su camino a ser una persona buena y feliz.

Éste es un tema ideal para que los padres o las personas que están a cargo de un niño descubran en la vida cotidiana cuáles son las cosas que aportan a la educación de su carácter y cuáles al enriquecimiento de su personalidad.  Ambas cosas indivisibles.  Pero también difíciles de reconocer en esta sociedad exitista y mediática.  La pequeña charla de todos los días para ir aprendiendo a conocerlo y poder ayudarlo a crecer.

A lo lejos se ve un velero solitario y pequeño entrando ya al puerto. Me quedo mirando, pienso que eso es lo que hacemos con nuestros hijos.  Tratar de llevarlos a puertos seguros.  Cierro las cortinas, por hoy ya está bien. Espero haber sido útil por muy distraída que estuviera.  El cuarto me devuelve la seguridad de lo familiar.  Mañana será otro día.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS. 

 

 

 

 

 

Hilachas que van tramando- El pie en el acelerador

6 Jul

Hilachas que van tramando

El pie en el acelerador

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Las pequeñas ciudades alemanas, así como sus pueblos, estallan como burbujas en el verde colorido de las colinas suaves y delicadas en estos tiempos de verano, gozosas de tenderse al sol que se les irá escapando cada día un poquito, hasta hacerse apenas tibio y claramente esquivo el resto del año.  Aparecen  entre uno  y otro valle que se suman y se dividen.  Después vienen valles monumentales  que contienen a otros más pequeños.  Atrás, como vigilantes, unas montañas enormes que se nos van acercando a medida que recorremos más y más kilómetros. Y salpicando todo con una mezcla de fuerza viva y omnipotencia, bosques y bosques que se  mezclan, se alejan y se imponen a la vista.  Bosques desdeñosos que están arriba de la montaña, colgados, allá donde nadie puede alcanzarlos, adonde llegaron sin la mano del hombre. Bosques cercanos, inmensos que nos tientan y nos desafían con las historias de caballeros teutones, de walkirias y de duendes traviesos y maliciosos.

Árboles que se vienen cayendo por las laderas de las montañas para que nosotros entendamos el verdadero significado de la palabra pequeñez.

En el paisaje lo que asombra, sobre todo, es la infinita variedad de planos, verticales y horizontales, todos marcando diferentes tonos en los que predomina el verde, miles de verdes y de amarillos en los campos ya cosechados.  Y las sombras a veces desproporcionadas, que tapan este o aquél recodo del camino, toda una ladera o el río escondido entre las rocas.

Los pueblos se anuncian, como casi en toda Europa, con las torres y los campanarios de cada iglesia.  Desde uno se ve el otro y desde éste el que sigue hasta que todo termina siendo un camino de historia en la que la religión, para bien y para mal, ha tenido protagonismo.  Hay  torres afinadas de líneas sobrias y delicadas que se van hacia el cielo, las hay bien barrocas, con curvas y redondeces y las otras que, a medida que vamos para el este, tienen los campanarios acebollados tan característicos de las iglesias orientales.  Cebollones que brillan como el oro cuando han sido preservados o tienen un especial color verde que toma el bronce viejo acunado por los años y por las leyendas heroicas de las persecuciones religiosas.   Hay algunas de todas estas iglesias cuyos campanarios, recubiertos de esmaltes, despliegan todos los colores.  Al amparo de todas ellas la vida ha seguido su curso con una perseverancia que se nota en las casas llenas de flores de colores, en cada ventana y cada vuelta del camino, en  los campos de labor y el paso sereno y gesto gentil de sus habitantes.

Volvemos a las autopistas. En las más importantes de Alemania, no hay máxima velocidad.  Y los alemanes lo aprovechan. La sensación, conduciendo, es que en el espejo retrovisor veíamos un punto remoto que en un parpadeo está pidiendo paso con todo derecho. Y nos asusta.  Aunque la exigencia de corrernos sea respetuosa, ese coche pisándonos los talones nos asusta.  Como somos seres humanos y tenemos inseguridades puede ser que pasen dos cosas, iguales de peligrosas, la primera es que aceleremos para sacarnos al intruso de encima, cosa que no logramos, la segunda es que volvamos a nuestro carril original dejándole poco espacio al coche que viene por él.  Ambas maniobras son muy peligrosas.

Como en la vida. Todos, una vez u otra hemos empujado al que venía adelante, obligándolo a aceptar nuestro ritmo o a molestar a los otros poniéndose delante de ellos.  Todos lo hemos hecho y es bueno que reflexionemos sobre estos tiempos vertiginosos que, a veces, nos tira la vida. Corrigiendo actitudes y procurando no repetirlas.  Pidiendo perdón y que sea de verdad.

Pero hoy estoy pensando en algunas personas que viven siempre de esa manera. Personas que por irreflexión arrastran a todos los que tienen alrededor a una carrera interminable que les arrea la vida entera. Pensaba en personas que por egoísmo no detienen la carrera aunque otro lo necesite, que ponen sus necesidades por delante de las de los otros.  Que someten a todo el grupo a situaciones dramáticas y definitorias que podrían evitarse por el bien de todos.  Son los que miden la vida según lo que les pasa a ellos.  Los que apenas eran un punto en el horizonte y repentinamente empujan al desastre a toda una carretera.

Los hay, a esta altura de mi vida sé que los hay.  Y también sé que me los he cruzado y por inexperiencia o excesiva juventud alguna vez he dejado que sostuvieran su propio ritmo a expensas del mío.  Como nos ha pasado a todos.

Hay quien ha podido salvarse de tales influencias porque tiene una especial serenidad o porque tuvo suerte.  En cambio  hay quienes acuciados por el que atropella se han cruzado en el camino de otro, multiplicando el daño sin haberlo querido.  O le han dado a su propia vida un ritmo de infelicidad.

A esta altura de la vida sé que hay personas que desordenan la de otras personas, las empujan, las ponen en peligro, las desprecian.   No importa que la suya propia  sea un camino de penurias.  No se dan cuenta y siempre piensan que los otros están obstruyendo  el paso.

Es para pensarlo.  Tratemos de respetar y hacer respetar esas largas y complicadas carreteras en las que va, siempre entrelazada, la vida de todos.  Debemos ayudarnos a mantener el ritmo que las personas necesitamos para convivir con felicidad, que es lo que queremos todos.  Alejemos de nosotros a aquellos que nos empujan, a menos que pueden reflexionar y cambiar sus impulsos.

Hagamos un pacto de honor.

Buena carretera, tiempo para gozar del paisaje, tiempo para comprender a los otros y ser comprendido.  Tiempo de ritmo sereno, parejo, respetuoso de los demás y de uno mismo.  El mismo derecho para todos y un cumplimiento estricto de las reglas de tránsito de la vida.

Cae la noche y las montañas se han hecho tan grandes que ya tengo ganas de no verlas, mientras los valles coloridos y  el sol han desaparecido  ¡¡quién sabe por dónde!!

Me espera una habitación muy sencilla en una casa de gente sencilla. Voy a disfrutar  enormemente de su compañía para salir mañana, otra vez, a la carretera.  Tengo una buena dosis de felicidad, la necesaria, el tiempo que pasa me va dando derecho a decir lo que pienso.  Eso es una buena dosis de felicidad.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – El heroísmo de los jóvenes

3 Jul

Hilachas que van tramando

El heroísmo de los jóvenes

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Dispuesta a una nueva reflexión, mis propias emociones cambian mi camino, y yo lo sigo…  Estoy mirando un noticioso y en él la conferencia de una Jefa de Estado de país del Primer Mundo.  ¡Ya suena anticuada la nominación!  Se va acabando.  Querramos o no, la corriente acelerada de la Historia nos dejará a todos en el Primer Mundo o en el Décimo!  Ya nadie puede con la globalización y como soy una optimista perdida, miro para atrás la historia y compruebo que siempre el hombre ha ido para adelante.  Y creo que siempre seguirá mejorando.  El Mundo terminará como debe haber sido desde el principio, uno solo para todos.  Con sus diferentes culturas, historia y gobierno que diferencien a unos de otros, pero un Mundo para todos.

Cada vez más hombres tienen más cosas pero…ahora pasa algo, mucho más definitivo, más imperioso, más absoluto:

Cada vez los hombres saben más lo que pasa en todo el mundo a otros hombres, cada vez más hombres saben que hay bienes para repartir, cada vez más hombres saben que los “derechos humanos” tienen que ver con la educación, la nutrición, la salud, el buen descanso, el buen trabajo, el respeto de los poderosos, el aire limpio, el confort en sus casas, la educación, la educación, la educación, etc, etc, etc y la educación.

Vuelvo a ver al jefe de Estado hablándole a sus pares, y me parece una película antigua, me parece que no son los interlocutores para su conferencia.  Me parece que le van a aplaudir y cada uno se va a ir a la casa contento del buen diálogo, dispuesto a la tarea emprendida y, en el mejor de los casos, siendo honesto y dedicado, decidido a hacer las cosas bien.

Lo que veo me parece una historia antigua porque la maravilla de la comunicación hace que la comunicación deba ser más directa con aquellos a los cuales van a afectar las decisiones que tomen estos.

Vamos a ver, vamos a aclarar, que quede bien claro:   ¿Estoy en contra de la organización de los Estados?  ¡No!

¿Estoy en contra de la separación de poderes?  ¡No!

¿Estoy en contra de que se delibere y gobierne en representación de los ciudadanos?  ¡No!

¿Estoy en contra de que gobiernen los que han sido elegidos por el voto universal?  ¡No! ¡No! ¡No!  Lo aclaro más todavía porque no quiero ser malinterpretada.  Creo que la Democracia es el mejor sistema.  Que el voto universal y secreto es el mejor instrumento para que funcione la Democracia.  Creo en la división de los poderes para que se respete la República.  Creo que lo elegidos deben gobernar, tomar las medidas que crean adecuadas y los ciudadanos comunes debemos obedecer lo que se decida legítimamente.  Y que todos debemos someternos a la Ley.

Pero lo que me está preocupando es que veo una conferencia de prensa de un jefe de Estado hablando a sus funcionarios y me parece del siglo pasado.

A veces parece que no hay estadistas, que en cambio hay personas que, bien intencionadas, se debaten sólo entre dos opciones, a) tomar decisiones que les gusten a todos y  b) resistir las expresiones de los grupos que se manifiestan.

Entonces viene lo de  “Oh!, los jóvenes”.  Hay dos clases de jóvenes: aquellos que tienen la fortuna de vivir normalmente bien, y de estudiar o aprender un oficio y los otros que parecen carecer de todos sus derechos.  Los que convocan y salen a manifestarse, convengamos que a veces con excesos, y los que se pasan la vida sin trabajar y sin estudiar, en una esquina o en un baldío, perdiendo el tiempo  que les ha sido dado porque, simplemente, nacieron.  Pero todos tienen un común denominador: Pertenecen a la Era de las Comunicaciones.  Pueden juntar 1.000.000 de personas en la Plaza Mayor en un par de horas.  Unos y otros deben ser tenidos en cuenta.  Los nuevos estadistas deben tener en cuenta que Ha cambiado la manera de comunicarse y sin comunicación los estados sucumben.

Volvemos a los jóvenes que, junto con los niños, son los dueños de la historia.  Sobre aquellos que no estudian ni trabajan podemos decir que deben estudiar, deben educarse, es deber esencial de los gobiernos que todos los jóvenes estudien, aprendan, salgan de la oscuridad y la soledad de la ignorancia.  Usando la ley, ¿una ley que los obligue?  Sí, una ley que los ampare y los obligue, que es lo mismo tratándose de ellos, porque: Deben proveerse los medios para que la educación sea para todos y se exija a todos.  Sin miedo a hacer cosas políticamente incorrectas.  La ley existe para mejorar la vida de las personas y para que todos podamos convivir.  La ignorancia arruina la vida de las personas y les impide convivir con sus semejantes.  ¿Se los puede obligar?  Sí señor, a vivir mejor se los puede obligar, a ser personas enteras, se los puede obligar. A saber que son valiosos para sus semejantes se los debe obligar.  A estudiar se los debe obligar, ayudándolos.  Busquemos los medios de hacerlo.

¿Y los otros jóvenes?  Ellos deben ser escuchados, se les debe explicar que no pueden exigir en forma abstracta.  Que, habiendo tenido la posibilidad de estudiar, deben agregar a sus ideas la forma de llevarlas a cabo.  Deben hacer planes concretos.  Deben aprender a pensar y planear.  Deben poner de sí lo mejor que tienen.  No se trata de romper cosas, gritar y correr.  Estamos en el Siglo XXI, las ideas prevalecen sobre los actos.

Sigue la conferencia y pienso que los mayores todavía no entendimos.  A los jóvenes de ahora les queremos regalar el éxito y nos olvidamos de hacerles conocer el heroísmo.  Ahí está el secreto.  Usar la energía, los ideales, la renuncia a la propia satisfacción, la fe que los jóvenes tienen en el amor.  Debemos hablarles del heroísmo porque es sinónimo de juventud.

Ahora cierro las ideas.  Este jefe de Estado debe aprender del nuevo tiempo.  Hablar con unos y otros.  Con los adultos y sobre todo con los jóvenes adultos. A unos darles las oportunidades, a otros citarlos, escucharlos y exigirles ideas concretas.

En el mundo actual todos sabemos lo que hacemos todos.  Todos nos enteramos de las cosas del mundo entero y a la velocidad de la luz.  No se puede perder tiempo.

Los nuevos estadistas deberán hacer una las dos capacidades que se les exigen en el mundo moderno: gobernar sin titubeo, escuchar sin distraerse.

La imagen de un jefe de Estado hablándole a sus pares me sigue pareciendo antigua.  Sus pares han pasado a ser los ciudadanos comunes de sus países.  Hablar con ellos, preguntarles, escucharlos, decidir y gobernar sin titubear y sin más límite que la Ley.  Después y antes: que se cumpla la Ley.  Los ciudadanos de todos los países estamos esperando a esos estadistas.  Eso creo.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.