Archivo | agosto, 2013

Hilachas que van tramando- Autoridad en la Familia X- Resultado beneficioso- Normas claras

29 Ago

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia X

Resultado beneficioso – Normas claras

familia

Estoy en un ambiente sereno y tranquilo, en mi lugar de trabajo.  Por el milagro de la tecnología de este mundo fascinante, sé que me comunico con muchas personas a las que puede interesarles lo que voy a escribir.  ¡¿Seguimos asombrados por esta posibilidad formidable que nos da nuestra época?!  Mejor lo pensamos y no perdemos la capacidad de asombro!!

Pero, vamos a lo nuestro.  Como habíamos dicho, nos falta desarrollar dos elementos de los principales que componen la Autoridad.  En este caso la Autoridad en la Familia.  Me atrevo a decir que es la más importante porque cuando ella se ejerce bien estamos educando niños y jóvenes que son siempre el futuro y la esperanza.  Repasamos, la Autoridad se compone de esta manera:

  • Prestigio
  • Actitud de Servicio
  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras

Resultado Beneficioso

Es lo que esperamos de nuestra tarea de educar.  Esperamos un resultado.  Que va y viene en dos direcciones.  Con respecto a nuestro hijo, que llegue a ser lo mejor que él pueda ser, y con respecto a nosotros mismos porque él es lo que más amamos en el mundo y su felicidad es la nuestra.  Un resultado es lo que justifica todo un esfuerzo, es el efecto o consecuencia de un hecho, de una tarea, de una opción.  Es ser y llegar a ser lo que se ha decidido.  En este camino prodigioso de educar ponemos también a todos los adultos que tienen niños y jóvenes a su cargo.  Maestros, religiosos, tutores, autoridades que velan por ellos.  ¿Por qué decimos qué “es” beneficioso y no que “puede” ser beneficioso?  Porque toda actividad que produce cambios buenos para uno mismo y para los demás empieza siempre por ser beneficiosa para todos.  Uno “vive” la posibilidad de educar y cada paso que da en esa dirección es precedido por una mejora en sí mismo.

Digamos que no puedo enseñar lo que no sé.  No puedo entregar lo que no tengo.  Educar significa primeramente “educarse”.

El “beneficio” es el bien que se recibe o se hace a otro.  En el caso de la educación es el bien que se recibe y se hace al mismo tiempo.

Los resultados se mezclan y entremezclan con los objetivos, cuanto más claros sean estos, más ajustados a ellos serán los primeros.  Repito y repito porque creo que vale la pena, hay que tener muy claros los objetivos, hay que tener en orden las prioridades, hay que saber qué es lo importante y qué lo secundario.

Para que los resultados sean buenos debemos conocernos y conocer muy bien a nuestros hijos.

Necesitamos que ese resultado sea cierto, seguro, afinado en sus detalles.  Como la tarea de un artista que tiene en la cabeza su obra y después va recorriendo el camino de la creación, yendo y viniendo, con esfuerzo y dedicación, mucha dedicación hasta que resulta lo que era desde el principio, lo que debía ser desde el principio.  Y todos ganamos.

Educar es como mirar un paisaje primero desde un avión.  Una visión general del lugar adonde llegaremos pero todavía no conocemos los detalles.  Cuando la tarea avanza lo estamos mirando desde un globo aerostático.  Nos mecemos suavemente, a veces tenemos sobresaltos, serios sobresaltos, pero el paisaje se hace más claro, podemos ver cada cosa bien definida, podemos elegir con un suave movimiento, la dirección a la que vamos.  Y finamente iremos caminando por el paisaje.  Recorremos cada lugar y en cada uno tenemos diferentes experiencias que van más allá de la imagen.  Es cuando vivimos de verdad los beneficios de la educación.

¿Es fácil?  ¡No!  Aprender a volar en avión no es fácil y volar en globo da un poco de miedo, pero tuvimos la ventaja de elegir el paisaje que nos gustaba y el lugar al que queríamos llegar.  Educar no es fácil pero es un hermoso desafío.  Educar todos los días en esta sociedad tan glamorosa es un hermoso y difícil desafío.  Ante él debemos estar convencidos de una verdad: somos dos los sujetos importantes, uno es educado y el otro educa.  Juntos todos los días, cada día,  debemos poner en práctica lo mejor de nosotros mismos y el resultado será ciertamente beneficioso.

Normas claras

Al fin!!!  Podemos decir que al fin hemos llegado a un terreno práctico en esto de la educación.

Para que las cosas salgan bien, siempre se deben tener las normas claras.  Para todos, para todos en el mismo espacio y en el mismo tiempo.  Para todos con el mismo rango.

Las normas claras crean situaciones de aprendizaje

Tener en claro lo que se debe y lo que no se debe hacer facilita enormemente las relaciones entre los seres humanos. Esto no tiene nada que ver con la creatividad, la imaginación, la espontaneidad que el hombre ejerce constantemente en su vida y mejora la especie.  Esto tiene que ver con las reglas que ayudan a convivir respetando el espacio de unos y otros.

Esto no tiene nada que ver con una vida estructurada según visiones apocalípticas de los que quieren “mandar”.  No tiene nada que ver con autoritarismo, ni con opresión.  Vale esta aclaración para nosotros que vivimos en una sociedad a la que le da cierto escozor hablar de lo que se “debe” hacer como si nos diera temor sobrepasarnos.

Lo que se “debe” hacer siempre es lo bueno.  Las normas son el respeto que nos tenemos unos a otros, son las que nos dan la libertad de convivir.  Primero debemos ponernos de acuerdo con las normas que van a regir nuestra convivencia.

Es bueno repasar lo que son:

  • Principios: “Verdades universales, autoevidentes y conocidas por todos los seres humanos: el respeto a la vida, la libertad, la justicia, la tolerancia, el respeto a la dignidad de las personas, la consciencia de que todos los hombres somos iguales, el respeto a lo que pertenece a los otros, la lealtad, la verdad, etc.  En  fin lo que ya sabemos que está en nosotros porque nace de la misma humanidad y, por lo tanto, es igual para todos.”
  • Valores: Lo que elegimos desde los principios.  Tiene que ver con lo que más valoramos.  Incluye la familia, el arte, el deporte, el dinero, los amigos, los viajes, las cosas, las comidas, la lectura, la cultura, etc.  En fin, todo lo que mueve nuestra voluntad.  Todo lo que le da el perfil a nuestra vida.
  • Normas cotidianas: Distintas de las leyes y de los reglamentos, son las normas no escritas que organizan la vida de la familia, ya que esto es lo que estamos desarrollando.

Esas son las normas que, cuánto más claras mejor. Uno o dos ejemplos: la forma en que nos tratamos unos con otros, la forma en que organizamos las tareas, la forma en que disfrutamos de nuestras vacaciones, son normas que no están escritas pero que se van desarrollando con la tácita aprobación de los miembros de una familia y nos aclaran su perfil, su identidad y sus costumbres.

No hay un manual al efecto, cada familia tiene sus propias normas.  Y hay algo importante en esto: “La exclusividad es un tema importante para cada familia y para cada miembro de la familia”.  La hace única y diferente de las otras y le permite establecer las relaciones con el resto de la sociedad.  Veremos, en el futuro, cuál debería ser el equilibrio de la interacción entre las normas familiares y las sociales.  La sociedad con su cultura interviene en la vida familiar y ésta, a su vez, limita las incursiones de la misma según sus propios intereses.

Podríamos inaugurar ahora un buen ejercicio para la familia:  Con la periodicidad que ellos prefieren es muy bueno abordar ciertos temas de forma concreta, unos minutos, y cada tanto.  En una especie de asamblea familiar.  El tema de las normas es principalísimo para esto.

Cada uno de los miembros, hasta el más pequeño puede opinar y dar ideas con respecto a las normas de vida del grupo.  Se puede proponer una lista de las cosas “que me gustan” y las “que no me gustan” que hacemos en casa.  Es sorprendente lo que aprendemos de experiencias como éstas.  Por supuesto que todo debe estar bien fundado.  Desde el más chiquito hasta los mayores aprendemos de la realidad de la familia que a veces no vemos, y podemos hacer cambios muy positivos.  Los padres debemos saber escuchar esas opiniones, muchas veces aprendemos bien.

Las normas para que sirvan deben tener ciertas características:

  • Deben ser conocidas por todos
  • Deben ser entendidas por todos
  • Deben ser aceptadas por todos
  • Deben servir a todos

Con esto empezamos, concretamente, el camino de las herramientas para educar.

Bien, hemos completado el perfil de la Autoridad en la Familia.  Seguiremos adelante con el funcionamiento de la misma.  Espero haber sido de utilidad.  Deseo con todo mi corazón que estos artículos nos ayuden a mis lectores y a mí a “darnos cuenta” del mundo maravilloso de nuestra familia.  Sin dudas el mejor de los mundos.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Hay que contar historias

24 Ago

Hilachas que van tramando

Hay que contar historias

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Vamos por un camino secundario entre dos ciudades relativamente pequeñas.  El coche anda maravillosamente pero la travesía se hace difícil porque la carretera es angosta, con un asfalto rudimentario y muchas curvas.  Los árboles crecen y crecen a los costados cuando empieza a llover.  Primero unas gotas gordas y perezosas hasta que llega la lluvia pesada, cataratas de agua nos aíslan de todo lo exterior.  No podemos seguir y no podemos parar porque ambas cosas nos ponen en peligro.  Con cierta habilidad mi amigo se detiene en un pequeño espacio entre los árboles del camino que con cada trueno se hacen más y más grandes.  El agua separa nuestro pequeño mundo de todo el resto y,  aunque estamos juntos, eso no alcanza para dejarnos tranquilos.  Nos impresiona la realidad externa, imponente, desconocida, mágica, llena de criaturas mucho más poderosas que nosotros que, con toda malicia, oculta la lluvia.  Los kilómetros que nos faltan, aunque pocos, usando la imaginación se hacen  interminables.  El mundo entero ha desaparecido. Ni antes ni después.  No tenemos espacio, tiempo ni capacidad para volvernos al mundo que conocemos.  Alguna rama enorme cruje y pensamos que el árbol puede caerse.

Las ramas y los arbustos se agitan de tal manera que cuando se iluminan podrían ser un ejército de seres verdes cuya inmortalidad está probada.

Le digo:

“¿Has pensado alguna vez que si los árboles cobraran vida sería imposible detenerlos?  Les cortás una rama y vuelve a crecer.  Para vencerlos se necesita una destrucción total!”

“¡Siempre oportuna! Mirá si es un momento para decir eso!”

“Se me ocurre, se me ocurre, porque estoy muerta de miedo y no sé por qué, nosotros somos los mismos, los árboles son los mismos, lo más probable es que pasada la lluvia todo vuelva a la normalidad.  Pero me inquieta mucho ser una nada entre otras nadas!”

La situación externa no empeoraba, de por sí era mala pero estable, pero nosotros subíamos por una escalada de emociones que agregaban peligros inimaginables.

“Vamos a contar historias”.  Y aunque resultó difícil, empezamos a recordar anécdotas de buenos momentos, historias nuestras y ajenas, que hicieron que, después de un buen rato nos fuéramos quedando dormidos, envueltos en la manta de colores, esperando que amainara.

La madrugada trajo olor a lluvia; el bosque, empapado y con charcos que eran como lagunas, se había puesto de colores.  Había un murmullo de vegetación que acumula y acumula vitalidad y daba ganas de abrazarse a los árboles para sentir tanta fuerza. Volvimos por un camino que felizmente estaba lo suficiente firme y en un rato estábamos disfrutando de una buena ducha caliente y un desayuno que nos pareció el mejor de todos.

Como otras veces me quedé pensando.  Hay que contar historias.

Tenemos que vivir la vida y relatarla para que sea vivida más veces.  Contar historias de nuestra propia vida para que podamos pertenecer a una estirpe, formar parte de un grupo.  Alentar esa identidad que nos hace fuertes y nos permite ser felices.

Tenemos que contar historias porque de otra manera somos como ese coche perdido en la tormenta temiendo por el mundo aterrador que lo rodeaba.

Recuerdo cuando murió una prima muy querida por todos nosotros, que era la mayor de toda esta familia tan numerosa.  Tenía la edad de otra generación, más cercana a nuestros padres.  Después de llorar su ausencia, lo que más me mortificó fue que había muchas historias de mi familia que ya no serían contadas por sus protagonistas.  Eso era el silencio total.  Por mucho que hubiéramos hablado antes, se quedaba uno sin aliento ante lo categórico del silencio futuro.

Contar historias de la familia, de los amigos, de lo que uno ha pasado en su vida da pertenencia a uno mismo y a los que lo escuchan.  Después de todo, somos lo que los otros tienen de nosotros, lo que los otros saben de nosotros.  Nos reflejamos unos a otros contando nuestras historias.  Es bueno que yo sepa que esos eran mis padres y mis tíos y los amigos de la familia y los vecinos que crecieron conmigo porque yo soy lo que ellos han conocido y eso se vive en el apretado diseño de cada vida singular. También tenemos que contar historias de lo que sucedía en nuestras comunidades, en nuestra ciudad y en el mundo mientras íbamos viviendo.  Entregarles a los niños y a los jóvenes todo un fenomenal testimonio de persona a persona que no puede transmitir la crónica grande del mundo.

Siempre me ha llamado la atención que aquellas personas que han sido abandonadas por sus padres, en su mayoría siguen toda su vida buscándolos y cuando se les pregunta por qué o para qué dicen algo así como “Para conocer mi historia, para saber qué pasó, no intento hacer reproches, ya está todo perdonado, pero tengo que saber”.

Tal vez, digo tal vez con todo respeto y algo de pregunta, tal vez lo que buscan es solamente conocer un vínculo que los haga parte de algo.  Lo que buscan es pertenecer.  Todos los hombres por nuestra condición necesitamos pertenecer porque solos no somos más que un suspiro entre dos momentos de la historia.

Tuve la suerte de tener dos abuelas a las que les encantaba contarnos cosas de su tiempo.  Nunca dejaré de agradecerles.  Sus distintos enfoques también nos enriquecieron.  Siendo tan diferentes nos entregaron una hermosa conjunción en la que podemos reconocernos.  Finalmente todos terminamos siendo los niños a los que su abuela les contaba cosas.

Y los pueblos, los que cuentan, existen.  Como en la Biblia.  La misma historia contada otra vez y otra, la misma historia y diferente momento del relato.  Siempre cambia el relator y su historia le pertenece.

La vida es más que vivir, la vida es relacionarse con los otros, pertenecer a los otros en la historia y entregarla a los que vienen.

Los relatos nos salvan de una soledad que de otra manera, a pesar de todo, sería absoluta e impiadosa.  Dios nos libre de ser abandonados a nuestra propia suerte en la travesía vital de nuestra estirpe.  Seríamos como esclavos en el desierto, sin nombre y sin compasión.

Me veo en una clase del colegio de monjas, mirando por la ventana el patio de baldosas y las galerías de hierro y vidrios de colores tenues, mientras nos leían aquella poesía que no puedo recitar entera y no estoy segura del nombre de su autor aunque creo que era Conrado Nalé Roxlo:

“Y me llenó las manos de castañas y nueces, el alma de leyendas y el corazón de preces.  Y los labios de un viejo y divino cantar, el cantar montañés de viejecita bruja que narra una conseja mientras mueve la aguja, el mismo que ennoblece ahora mi cantar”.

Contar y contar como una forma de vivir  para siempre.  Esta sociedad en la que vivimos está un poco abandonada por la historia pequeña, queremos que todo sea sensacional, extraordinario y que todo nos iguale.  Ganemos un pedacito de tiempo feliz, busquemos nuestra pertenencia en el relato chiquitito de los recuerdos, no soltemos la mano de los que fueron y de los que serán.  A sentarse cada tanto a contar las historias que serán únicas, privilegiadas y enriquecedoras.  Todo lo que pasa es lo que nos pasa, los que nos pasó, lo que nos contaron visto por quienes lo vivieron de esa manera y no de otra.

Todo lo que somos es lo que los otros nos contaron.  El resto es lo que nosotros haremos de nuestros relatos para los que nos siguen en esta vida.

Empieza otra jornada.  El bosque florece, cantan los pájaros, la tormenta ha pasado.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia IX- Aceptación- Objetivos

19 Ago

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia IX:  Aceptación – Objetivos

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¡Vamos por más!  Siempre vamos por más cuando se trata de la educación de nuestros hijos.  También vamos por más porque, cuando me distraigo con otros temas muy caros a mi trabajo, los lectores me vuelven al Curso de Autoridad.  Entonces seguimos, con mucho gusto, seguimos.

Ya habíamos adelantado que para que se conforme la autoridad se necesita:

  • Prestigio
  • Actitud de Servicio
  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras

 

Habiendo desarrollado en el espacio breve de este medio los dos primeros conceptos, vamos por el que sigue:

Aceptación del educando

De verdad que este título suena un poco antiguo, ¿no?  Por lo menos desde  la manera en la que hoy fuertes corrientes del pensamiento tienen miedo de las ideas claras y su expresión categórica.  Si no tenemos prejuicios lingüísticos decimos “Aceptación del Educando”  y se entiende que el “Educando”  es el hijo amado que queremos que llegue a ser una persona bien adaptada, feliz y llena de esperanza.  Su “Aceptación” indica que lo colocamos a la altura de nosotros mismos en el campo de trabajar juntos para lograr un buen resultado.

Sólo tiene la voluntad de “aceptar” el que tiene rango para eso.  ¡No temamos pues a las palabras, solamente a las intenciones!

Aceptar: Admitir o recibir uno voluntariamente lo que se le da, ofrece o encarga// Aprobar, dar por buena una cosa//Tratándose de un desafío, admitirlo comprometiéndose a cumplir sus condiciones.

Educando: El que está recibiendo educación.

 ¡¡Diríamos que estos conceptos son una admirable conjunción de definiciones acerca de la Educación!!

  • Solamente podemos educar si conseguimos que el niño reciba voluntariamente lo que se le da, ofrece o encarga.

Este concepto que diferencia dar, ofrecer y encargar,  primariamente nos está hablando de diferentes edades de los niños y volveremos a ese tema porque tiene gran importancia en la educación.

Se le da a un niño pequeño, que todavía no hace más que recibir.  Se le ofrece a uno que va creciendo, porque ya tiene el juicio formado y puede elegir, debe poder elegir.  Se le encarga al niño en edad escolar, al adolescente y, finalmente a los adultos en que se han transformado por el paso del tiempo, porque se pueden “hacer cargo”.

No damos edades de cada etapa porque no queremos establecer valores rígidos.  Los tres conceptos se suman a medida que el niño crece y se entrecruzan a lo largo de toda la vida.  Cada padre o educador sabe en qué etapa está el niño y tiene que ver con muchos otros factores.  Volveremos sobre el tema.

  • En el mismo sentido hablamos de “Aprobar// dar por buena una cosa”   Estamos notando cierta madurez en la personita que va a “aprobar o dar por buena una cosa”, aunque sea un niño de dos años.  Desde ahí pasamos por todas las edades.  Para aprobar algo se necesita conocimiento adecuado, pericia, voluntad de elección, cada uno según su edad.
  • Y, hablando de desafío, “admitirlo comprometiéndose a cumplir con sus condiciones”.  La aceptación de un desafío, también según la edad, indica una postura personal voluntariosa y positiva.  Sin extendernos mucho nos referimos a aquello que dijimos antes: “Un hijo es una aventura” .  Hermoso desafío para vivir juntos padres y maestros con los hijos.

Ahora ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué presupone esta Aceptación del Educando?

Lo primero que se nos ocurre es que tiene que ver con la “Seguridad”

La seguridad del padre con referencia a sus objetivos, a su conocimiento del hijo, a una buena lectura de la realidad que le toca vivir a ambos.  La seguridad que se expresa decidiendo por ellos hasta que ellos puedan decidir por sí mismos.  El niño necesita sentir eso de sus padres y  debe confiar en ellos.  Tomarse de su mano y cruzar la avenida más transitada de la ciudad con los ojos cerrados.  ¿Es fácil? ¡¡¡No!!! Educar a un hijo no es fácil.  Nunca es fácil.  Pero es la obra de nuestro amor por ellos y la podemos hacer atractiva y valiosa.

¿Cómo se fomenta la confianza de un hijo?  Se necesita:

  • Saber lo que se hace, conocerse, conocer al hijo,
  • Ser ejemplo de vida,
  • Saber escuchar,
  • Mucho cariño, mucha demostración de cariño,
  • Comprensión – Amparo – Paciencia,
  • Coherencia – generosidad en la entrega,
  • Decisión, responsabilidad, agradecimiento por tenerlos,
  • Firmeza. La aprobación de lo que hacen bien,
  • Perseverancia, exigencia,
  • Tiempo abundante y exclusivo para pasar con los hijos,
  • Buen humor y optimismo,
  • Nada de pereza o comodidad…
  • Todo lo que digamos y más. ..

Cada uno deberá buscar el caminito intrincado de conseguir la confianza de su hijo o sus hijos.  Con una advertencia: no sirven los caminos retorcidos, las mentiras, los engaños, las simulaciones, las faltas de principios, el desconocimiento de los valores.

“Los niños nos miran” se llamaba una película del neorrealismo italiano.  Es así, juro que es así.  Ellos saben.

¿Qué provoca falta de confianza y, como resultado, desobediencia?

  • El desamparo
  • Autoritarismo
  • Anarquía
  • La falta de tiempo exclusivo pasado con ellos
  • El quiebre de los valores
  • El desconocimiento de los principios
  • La falta de ejemplo
  • Falta de firmeza
  • Falta de coherencia
  • La falta de perseverancia
  • La falta de paciencia, la crítica constante
  • La falta de cariño, de reconocimiento de lo que el niño hace bien
  • No expresar siempre cuánto se los ama
  • Mal humor y pesimismo

También en esta lista inagotable, cada padre debe hacer una lectura seria y honesta de qué es lo que tenemos y qué lo que nos está faltando.

Podríamos releer en Autoridad II, las preguntas necesarias para ayudarnos en este tema, y hacerlas también  sobre nosotros mismos:

¿Quién soy?¿Dónde estoy?¿Con qué dones cuento?¿Cuáles son mis valores? ¿Qué espero yo de mis hijos?

“Aceptación del educando” quiere decir que la autoridad se hace de a dos.  El que educa y el que recibe esa educación.  Solamente pensemos que nuestros hijos son niños cuando nosotros ya somos adultos.  No es lógico que no podamos manejar situaciones con ellos.

No debemos asustarnos, parece mucho para cumplir, pero se trata solamente de ser buenas personas, vivir con la verdad, y ocupar el lugar que debemos ocupar en la vida de los hijos.

Objetivo cierto

La educación debe planearse.  No es una cuestión emocional.  Lo espontáneo pasa por las actividades cotidianas y por las emociones que nos provocan las cosas de la vida, pero la línea general debe planearse.  Toda empresa seria, que está destinada al éxito debe tener objetivos ciertos. Claros, contundentes.

La educación de nuestros hijos es, sin dudas, es sin dudas  lo más importante que hacemos en la vida.

Un padre, una madre pueden ser ingeniosos, divertidos, ocurrentes, pueden ser más o menos serios o más o menos aventureros, desordenados o puntillosos, sociables o más bien hogareños, deportistas o intelectuales, abiertos a cosas nuevas o tradicionalistas, jóvenes, mayores, creyentes o ateos,  bellos o deslucidos,  pero todos, todos, todos deben tener bien claro lo que quieren para sus hijos.  En principio ya dijimos que todo padre quiere para su hijo “que sea feliz”, pero como esto es un concepto aunque admirable, general, el padre debe conocer los objetivos ciertos para llegar a ese resultado.

Ejercer la autoridad sin objetivo es autoritarismo. Tener objetivos sin ejercer la autoridad es anarquía.  Dos fracasos rotundos.

Pensemos.  Hay un buen ejercicio para hacer de a dos,  papá y mamá juntos.  Escribir los objetivos que tienen en la educación de los hijos, primero sin orden y, finalmente, poniendo en orden las prioridades.  Se van a sorprender.  Y después de hablarlo mucho y planearlo ¡a educar!.

Cuando los conceptos están escritos de esta manera y no se dan en una clase personalmente parecería que todo es muy estructurado y poco flexible.  No es así.  La vida de relación entre las personas de una familia debe ser todo lo flexible que ella misma imponga.  Hay que saber distinguir lo importante de lo no tan importante y dejarse vivir.

Tolstoi dijo (Y  el concepto ha sido usado miles de veces por escritores, educadores, psicólogos y demás) “Las familias felices son todas iguales, las infelices lo son cada una a su manera”.

La vida es tan hermosamente complicada, los hombres somos tan felizmente distintos, el mundo es tan maravillosamente complejo que los caminos se cruzan constantemente y se nos hacen hostiles o amigables por fracciones de tiempos que, a veces duran minutos y otras, años.  Pongamos como objetivo cierto en la educación de nuestros hijos un futuro de felicidad y aprendamos cómo se hace para después ¡hacerlo!  Qué Dios nos acompañe.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – la Puerta 45

14 Ago

Hilachas que van tramando

La Puerta 45

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Lo que llamamos “Puerta 45”  en ese aeropuerto es un alarde de grandiosidad y buen gusto.  Allí llegamos muchas horas antes del vuelo.  En lugar de convertirnos en peregrinos desalentados recorriendo la ciudad para hacer tiempo, después de un viaje estupendo y muy cansador, decidimos buscar refugio metiéndonos en el pre- embarque como quien se mete en una cama ajena  pero confortable.  El lugar es enorme, y los amplios ventanales incorporan cientos de aviones.  A la distancia hay más, y parece que estuviéramos volando con cada uno de ellos, asumiendo el cielo y la tierra en otra dimensión.  El piso brillante y los espacios que se van sucediendo siempre iguales y siempre distintos a medida que buscamos la Puerta 45, serán nuestra cápsula fuera de toda realidad. Como si nos hubiéramos transformado en viajeros eternos renovamos esa emoción de no pertenecer.  Insignificantes y al mismo tiempo dueños de ese lugar al que solamente acceden los que van a viajar.  Únicos, distintos, anónimos, cositas dispersas en el espacio que nos va a contener dentro de unas horas, sobre un mar que se hace inmenso en la noche hasta que volvamos  a ser los dueños de nuestra propia vida.

Hay todo tipo de personajes y nosotros somos otro tipo de personajes.  Hay gente de todo el mundo y nosotros somos de otro mundo.  Se oyen mil lenguas diferentes y nosotros tenemos una de ellas ¡sólo que la nuestra es la mejor porque nos entendemos!  Ese espacio cerrado es uno de los puntos en los que uno experimenta la vastedad del mundo, las diferencias entre los hombres que confirma que finalmente somos todos iguales, pertenecemos todos a este planeta Tierra y lloramos y reímos por las mismas cosas.  Todos embarcados en los mismos viajes. Dependiendo unos de otros.

En un momento empezamos a sentir una guitarra y una canción.  La voz es de un hombre joven y, más que entonada, es emocionante. Está rodeado de gente pero su voz está sola, categóricamente sola, como si estuviera a la puerta de su casa frente al desierto, mientras amanece y la arena se pone rojiza. Es una voz con cavidades y tiempos remotos que se llenan de sus propias querencias a las que, por puro sentimiento, se van incorporando las nuestras.  Todos frente al desierto, cada uno solo y todos juntos.  Está a unos veinte metros de nosotros y lentamente empieza a hacerse  silencio.  Se agrega otro sonido, y otro de instrumentos pocos convencionales.  Se agrega una voz de mujer y otra y otros hombres.  La música es rítmica y de sones repetidos, como los salmos.  Increíblemente dulce y sin embargo fuerte y convocadora.  Nos vamos acercando hasta que los rodeamos en círculo.  Alguien corre los sillones.  Ellos van formando pequeños círculos y empiezan a bailar.  Se invitan unos a otros para incorporarse al grupo.  Después mezclan las figuras coreográficas y se hace un círculo mayor.  Van para un lado y para el otro.  Es, notablemente, un baile folclórico.  Cambian las canciones pero siempre del mismo estilo.  Los rostros se iluminan, los jóvenes bailarines-cantores están felices, y la danza se hace más activa.  Las mujeres despliegan todo su encanto, las hay de todas las edades aunque siguen prevaleciendo las más jóvenes.  Los hombres se sonríen y bailan estimulados por ellas. Alguien dice “Son canciones judías”, “No, son sardas catalanas”.  “Son canciones religiosas”. “Son del Este de Europa”.  “Parecen de gitanos”.   Un rato después nadie trata de entender, todos gozamos con el espectáculo que convoca a más de cien jóvenes.  Cantan y bailan como si estuvieran solos, al borde del desierto mientras amanece y la arena se pone rojiza.  Me dejo llevar, como todos, y tengo ganas de agregarme a ellos.  No lo hago porque los dueños del desierto son ellos y yo un pasajero anónimo, pero me quedo hasta que terminan de bailar.  ¡Han pasado más de dos horas!  El público estalla literalmente en aplausos y gritos de aprobación.  Ha sido un momento único, de aquellos que la vida nos depara.  Inolvidable.  Después nos enteramos de que son jóvenes polacos, más de cien, de un grupo de dos mil, que van al Encuentro de la Juventud a Río de Janeiro.  Su canto era religioso y cristiano y judío y catalán.  Era de gitanos y de peregrinos.  Era de alegría y de ofrenda.  Dios y la juventud se llevan muy bien, muy bien.  Dios y la juventud son posibles de suceder, siempre.  Llevan la vida, con toda precisión, hasta el punto de mayor esperanza.  Dios y los jóvenes son poderosos.  Cantan y bailan y nos conquistan.  Nos convencen de que todo es posible.  Nos contagian de eternidad.  Dios y la juventud se llevan muy bien.

Me pongo a pensar en el poder benéfico que tienen los que cantan y bailan con esa alegría.  Y, también, en el poder como una fuerza externa que puede decidir sobre la vida de cada uno.

Vamos a hablar un poco sobre el poder.  Pero, primero, diferenciamos.

Poder: Tener expedita la potencia o facultad de hacer alguna cosa//Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo.

No vamos a hablar de ese poder.  Solamente decimos que el mundo sería mucho mejor para todos si todos usáramos los dones y las posibilidades que tenemos de hacer cosas, haciéndolas bien y con buenos propósitos.  Pero ese es otro tema.

Poder: Tener dominio, imperio, facultad para mandar a hacer algo// Suprema potestad rectora del Estado.

Estamos en tema.  El poder debidamente ejercido es el que se usa para el bien de los demás.  Es  la parte ejecutiva de la Autoridad. 

Como ya sabemos algo sobre la Autoridad deducimos que el Poder tiene que basarse en el prestigio de quien lo ejerce y solamente usarse para servir a los demás.

Pero la trampa en todo esto es que también el poder lleva en sí mismo el germen de su locura, que aparece una y otra vez para engañar a quien lo ostenta y hacerle creer que es absoluto o que puede durar para siempre, lo que equivale a lo mismo.  Locura que también engaña a quien está sometido a él y que contribuye con su actitud por subordinación, miedo, ambición o cualquier otro sentimiento negativo, a la torpe maniobra.   Con la necesaria complicidad de ambos sujetos, uno culpable, el otro víctima, el poder adquiere entidad como un tercer personaje, ajeno a los otros dos, que se pasea tan campante por este mundo arruinando la vida de mucha gente.  Dos hombres, por lo menos, se necesitan para que el poder aparezca.  Aunque, generalmente, es cosa de muchos.

Hablamos del poder de individuos en su familia, sus amistades, sus relaciones laborales, el mundo social, y, también, el poder político que siempre es desmesurado,  porque afecta a un número enorme de personas.

El sentimiento primario ante aquellos que están sometidos a un poder del que no pueden liberarse es de una profunda tristeza y un enojo enraigado en la naturaleza de los hombres que siempre han luchado contra él y siempre con éxito, ya que el mundo ha ido repartiendo el poder siempre de menos a más personas, y así será para siempre.  Pero eso es tema para historiadores y sociólogos.  Seguimos con lo nuestro.

En los primeros años de la vida uno teme, queda confundido, sospecha, se achica  y quiere alejarse del poder.  Sobre todo le teme.  Pero, felizmente, los años pasan y como decía la abuela “he visto más castillos caer que estrellas en el cielo, solamente me quedo mirando y espero”.

El poder termina derritiéndose hasta ser una masa informe para empujarla y sacarla de escena sin mirar atrás.  Es así porque su propia existencia es parte de una locura recurrente que el hombre debe desterrar de la historia.

Nos  preguntamos una y otra vez sobre su naturaleza.

Es sin dudas el más fuerte de los impulsos que tiene el hombre.  Más cosas  se han hecho por tener poder que por amor o ambición.  Y en su misma perversión está su fracaso.

El Poder es el instrumento ideal de la Soberbia, primer pecado que según la Biblia se ha cometido contra Dios.  ¡Nada menos qué contra Dios!  Creerse diferente a los otros y más qué ellos!  Engaña y deforma la realidad, aísla a un individuo de los otros, desprecia a los que son iguales, reduciendo la humanidad a harapos, abandona los afectos, agota porque necesita una fuerza inagotable, envejece porque se lleva los años de vivir, ejerciéndolo.  Miente, corrompe, aturde.

Peca contra los otros y necesita la soledad para sobrevivir.

Si lo miramos desde otro lado el poder se ha llevado jirones de la humanidad de quien lo ostenta cuando  la humanidad es lo que somos.  Andamos por la vida siendo humanos, necesitamos que nos amen, que nos cuiden, que nos entiendan, que nos permitan pertenecer, somos con los otros y por los otros.

El poder se ha llevado jirones de la humanidad de aquel pobre individuo que quiere ser poderoso, que se siente poderoso, que es poderoso, que en realidad está solo, está abandonado, está miserablemente perdido en la única vida que vivirá en este mundo.  Porque el poder tiene un enemigo fatal, impiadoso que lo persigue, lo acorrala y siempre, siempre le gana.  El Tiempo.  Tarde o temprano ese pobre individuo con poder absoluto mirará su imagen en el espejo del tiempo y, aunque no lo diga, aunque no quiera ni pensarlo, se encontrará fuera de todo espacio, solo, sin creer en nadie, sin que nadie le crea ni lo quiera.  Buscando una pertenencia que no existe, cuando no muriendo por el rebote de los excesos cometidos.    Nadie lo quiere ahora pero eso no es lo malo,  lo malo es que nadie lo ha querido nunca, nadie lo ha compadecido, nadie lo ha acompañado nunca.  Los que creía que lo acompañaban lo han estado engañando.  Entonces se va fundiendo en una masa informe, caída en el suelo, que alguien pateará sin conocer.  Es así.  Se derrite, hasta que el que lo ostenta, siempre, siempre, se queda pequeñito y termina desapareciendo.

“Lo importante para nosotros, personas comunes, millones de personas comunes, sería mirarlo desde el principio como si fuera su final”.  Es hacerle frente desde cada lugar.  Usar lo que uno tiene de humanidad para combatirlo heroicamente si se puede o enfrentarlo con un silencio elocuente.  Con fuerza interior, dejando que cada cosa adquiera la verdadera dimensión.  Para comprender su insignificancia y perder el miedo.  Con la viva fuerza de los hombres justos.

El poder absoluto  no sabe nada.  No tiene nada.  Es pura locura.  Se pierde lo mejor de la humanidad.  El poder absoluto es imbécil.  Y, si Dios quiere, será desterrado de este mundo siempre que  los hombres sigan caminando en busca de la paz y del entendimiento y la tolerancia entre ellos.

Hemos visto a los jóvenes cantar y bailar felices contagiando a todos su alegría: ellos y Dios se entienden.  No necesitan poderes especiales para vivir.

Ninguno podrá detenerlos. Qué así sea.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

 

 

 

 

 

Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia VIII – Servicio

5 Ago

Hilachas que van tramando

La Autoridad en la Familia VIIIServicio

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Es inusual que a un artículo sobre la Autoridad en la Familia, siga otro del mismo tema.  Pero por esta vez lo haremos de esta manera porque cuando hablamos de Autoridad, los dos sustentos principales son el Prestigio y la Actitud de Servicio.  Ambos indispensables para que se conforme correctamente la Autoridad.  Ambos indispensables de tal manera que, si falta uno de ellos, la Autoridad deja de existir como tal.

Auctor: Aumentar // Hacer algo

Augere: “Hacer crecer”

“La Autoridad es la cualidad que tiene el que hace crecer» ”Es un servicio a la libertad en el desarrollo de otros seres humanos que, por insustituible esfuerzo personal, van siendo cada vez más autónomos y más responsables en el proyecto de su propio “llegar a ser” lo mejor de ellos mismos, superando limitaciones propias y limitaciones ambientales”.

Hemos llegado así a esta  segunda “base” de la

Autoridad: es el Servicio necesario que prestan los padres al crecimiento de los hijos. Significa ayudar a los hijos a ser “ellos” mismos«.

Servicio:  Implica hacerse cargo del otro hasta que el otro se pueda hacer cargo de sí mismo. Acrecentando su autonomía y su propia responsabilidad.

Acompañamos a nuestros hijos en el camino de su propia vida, creyendo en ellos, fortaleciendo su voluntad, enseñándoles a convivir con sus semejantes.

Dice Gabriel Castellá:  “El programa de vida es exclusivo para cada hijo”.

Toda Autoridad que no se legitime en la voluntad de Servicio al otro, deja de ser tal y  se transforma en:

a)    Autoritarismo: que es el interés y el beneficio consecuente del que quiere ejercerla.  Abruma al otro y lo desprecia.

b)    Anarquía: produce por omisión el desamparo y fracaso del  educando.

La Autoridad se ejerce para que el hijo, finalmente cuando crezca, sepa con toda seguridad:

  • Lo que quiero hacer
  • Lo que tengo que hacer para lograrlo
  • Lo que puedo hacer
  • Lo que debo hacer

A poco que reflexionamos descubrimos que con las respuestas claras y serenas a tales premisas estamos en presencia de un adulto ecuánime y dueño de sí mismo.

Una persona es feliz si puede llegar a desarrollar todo su potencial como persona, en el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir.

Si tenemos claro el concepto de Servicio en el ejercicio de la Autoridad sobre nuestros hijos podemos allanar el camino hacia la tranquilidad de que lo estamos haciendo bien cuando, ante la duda sobre una medida que vamos a tomar, un permiso que vamos a otorgar o negar, una reprimenda o un premio, nos preguntamos

“¿Lo hago por mí o por él?” “¿Lo exijo por mi vanidad, por mi comodidad, por mi interés, porque la sociedad me apremia, porque es más fácil, o porque es lo mejor para él?

Damos algún ejemplo concreto:

a)   Juan quiere ir a bailar a un lugar que consideramos inadecuado por su edad, por el lugar o por cualquier otro motivo.  No lo dejamos.  Vienen los reproches, las quejas y los nervios.  Pregunta ¿No lo dejamos por nosotros, o porque es lo mejor para él?

b)  María  quiere conducir el coche familiar pero le falta experiencia.  No la dejamos.  Viene lo mismo.  Reproches, quejas, nervios.  Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para ella?

c)  Andrés se reúne con malas amistades.  Se lo complicamos, se lo negamos.  La misma respuesta de su parte.  Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para él?

d)  Bruno pretende hacer los deberes después de jugar y mirar TV.  No lo dejamos.  Reacción y pregunta: Las  mismas.

Tenemos estos casos todos los días y cada día muchas veces en la vida familiar.  A veces son temas intrascendentes, otras, los muy importantes.  Siempre que podamos contestar que lo hacemos por el bien de nuestro hijo, estemos tranquilos, las cosas saldrán bien.

Siempre que ejercemos nuestra autoridad para prestar un servicio al otro, estamos andando bien por el sendero de la educación. No hay ninguna duda de esto.

Podemos argumentar que en el texto todo parece fácil, pero que no es así en la vida real.  Hay técnicas y sistemas para ir desarrollando esta relación armoniosa entre padres e hijos.  Lo iremos presentando en los próximos artículos.

Pero podemos decir que la educación empieza desde que el niño nace.  Al principio serán besos y mimos, arrullos, canciones, todo lo que le haga sentir que forma parte de este mundo y que tiene quien lo quiere bien y, poco a poco, se agregarán costumbres sencillas de horarios, de atención y diálogos cariñosos hasta que el niño empiece a entender.  Se educa desde la cuna.

Con los hijos, el amor se presume.  Conviene, también, que lo hagamos explícito diciéndole cuánto lo amamos, y explicando que le exigimos por su propio bien.  Es lo que llamamos “hablar con subtítulos”  otro tema que mencionaremos muchas veces y vamos a desarrollar en el futuro.

La falta de Autoridad con los hijos les produce a ellos angustia por abandono.  En esta sociedad bastante confundida nos apresuramos a consentirlos creyendo que de esa manera les hacemos la vida más fácil.  La única manera que tenemos de facilitarle la vida a nuestros hijos es esperando de ellos y exigiendo de ellos, que sean lo que merecen ser.  Lo mejor que pueden ser ellos mismos sin compararlos con nadie.  Lo que ya mencionamos del “héroe”.

Dentro de este concepto de Prestigio y Servicio como partes indivisibles de la autoridad merece un párrafo aparte lo que llamamos Autoridad participativa.  Se trata de la autoridad que, por situación de vida, ejercen terceros sobre nuestros hijos: resto de la familia, escuela, gobernantes, servidores públicos, personas que, eventualmente estén a su cargo ya sea por unas horas o por períodos más largos.  Es importante que realcemos su autoridad que siempre será subordinada a la nuestra pero que tiene su peso porque irá acostumbrando al niño a líneas seguras de convivencia con los demás.  Debemos recordar que es imposible sostener la autoridad a solas porque somos gregarios, vivimos en sociedad y pretendemos formar parte de ella en forma armoniosa.

Sin embargo no debemos olvidar que contamos con esos terceros sin renunciar a nuestras obligaciones con nuestros hijos y a nuestros derechos sobre ellos ante la sociedad.  Somos los responsables naturales de ellos y de su educación.  Aceptar ayuda no significa delegar tareas propias.

Por otra parte, según sean los lugares en los que se desarrolla la vida de nuestros hijos, cambian los objetivos de quienes cooperan con su educación.  Es necesario aprender a reconocer cada objetivo para un mejor resultado.

Vamos a dejar dos preguntas muy importantes, que repetiremos muchas veces como reflexión y que podemos hacernos en referencia a estos temas

  • ¿Quién manda en mí?
  • ¿Quién manda en mi hijo?

Dentro de este tema está la autoridad de abuelos, tíos, padrinos, que deberán seguir las directivas de los padres.  Huyamos de los que dicen que los abuelos solamente malcrían y no educan. Ellos asistirán a los padres en esta tarea tan importante, por supuesto agregando sal y pimienta y dulce en las relaciones con sus nietos.  Los abuelos suelen tener más tiempo, más paciencia y más ingenio porque han vivido más.  Pero todos, padres y abuelos deben tener muy claro los límites de la educación para que aquellos no vean dificultada su tarea.  Hoy que muchos abuelos se ven obligados a suplantar a los papás porque ambos trabajan, deben estar al servicio de la educación de sus niños.  Y agregarle toda la tradición y sabiduría que la vida les ha dado.  Los mimos y las risas que son diferentes cuando vienen de parte de los abuelos.  Es una hermosa tarea.  Los abuelos son el nexo entre el presente y el pasado.  No los desperdiciemos.

Y, desde ya, la autoridad compartida de padres y madres es el mejor instrumento para educar hijos.

Todo de a dos como los contratos bien escritos. Sobre esto también vamos a tener párrafos aparte en el futuro.  Nos faltan para la próxima los otros componentes de la Autoridad:

  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras.

Vamos a ir armando con toda laboriosidad el intrincado camino de la vida de nuestros hijos.  Aquellas personitas que amamos más que a nada en el mundo.  Lo que son y lo que deben llegar a ser.  Y de los otros niños que estén cerca nuestro o a los que lleguemos por profesión o situación de vida.   Todos los niños, todos los niños del mundo merecen nuestro amor, nuestro respeto y nuestro cuidado.  La vida es un camino de ida, y sigue con los que vienen después, hermosa tarea la de ayudarlos, guiarlos y disfrutarlos.  Para que el mundo sea mejor.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.