Archivo | marzo, 2014

Hilachas que van tramando- Autoridad en la Familia XIX – Autoridad Participativa

20 Mar

Hilachas que van Tramando

Autoridad en la Familia  XIX

Autoridad Participativa

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Retomamos nuestro camino complejo y exigente  sobre el tema de la Autoridad en la Familia.

La tarea de educar a los hijos es primaria y necesariamente de los padres.  No podemos ni debemos olvidarnos de tal concepto. Educamos con la palabra, con la acción y con el ejemplo.

“Las padres son modelo de referencia para los hijos aunque no quieran serlo”. 

¡Menuda tarea y menuda responsabilidad!  Se nos presenta una enorme montaña de obligaciones, preocupaciones e imprevistos que parecen dificultar bastante esa tarea.  Pero no estamos solos.  Para lo bueno y para lo malo no estamos solos.  Más bien estamos rodeados e invadidos, como nunca en la historia, por el peso de una sociedad que, para lo bueno y para lo malo, se fusiona cada día de nuestra vida con nuestra vida, con lo que pensamos, decimos y hacemos.  El poder de la cultura sobre la vida de las personas nunca ha sido tan categórico y lo cierto es que ha llegado para quedarse.   Para influir y decidir muchas veces por nosotros mismos, cada vez más para decidir por nosotros mismos.

El mundo ha caminado siempre hacia la socialización cada vez más general y concreta de los seres humanos que estamos juntos y solos en el espacio grande en el cual la Tierra sigue su camino.

Se van conociendo más personas entre sí, se transmiten cada vez más todo tipo de conocimientos, se comparten experiencias, desde las más importantes hasta las cotidianas, se cuentan cada vez más historias que influyen en todos, se comercia cada vez más entre unos y otros, se viaja, se camina, se cruzan las culturas en un andar seguro y constante.

El tiempo va congregando más y más gente como un ángulo agudo que se ensancha hasta que todos cabemos en él y todos compartimos la realidad de nuestra existencia, influyendo unos en otros hasta que, ampliando y desapareciendo las fronteras, lleguemos a los 360 grados de interacción.  Inevitable y venturoso futuro en el que todos los hombres tengamos consciencia de esa sociedad que convoca y a la que todos pertenecemos.  Llegará el día.

Pensemos que en el Mundo Antiguo todo era misterio,  la influencia de los usos y costumbres de uno y otro pueblo se iba abriendo paso con mucha dificultad, en la Edad Media la mayoría absoluta de los habitantes de un lugar jamás en su vida se alejaban más de unos pocos kilómetros de donde habían nacido.  De tal manera que los padres y encargados de la educación de los niños eran rectores casi excluyentes de su desarrollo.  Ese esquema fue variando, en rápida sucesión pensemos en la rueda, la imprenta, los transportes, la tecnología avanzando desde el pasado hasta lo que hoy es como un milagro de comunicación.  La sociedad se fue conformando rápidamente como el lugar de todos en el que hoy estamos.

Como consecuencia de esta dinámica en la Era de las Comunicaciones se nos hace mucho más difuso el límite entre lo que decidimos libremente sobre cualquier cuestión de nuestra vida y lo que se nos impone desde la sociedad en la que vivimos.

Esto hace que: para lo bueno, que hay mucho, y para lo no tan bueno que también hay mucho, pasemos a depender  bastante de lo que pasa fuera del ámbito del hogar.   Siendo que la familia se estabiliza sobre su capacidad de asumir sus conflictos, esta familia moderna muchas veces pasa a ser lugar de “negociación” entre lo de “adentro” y lo de “afuera”.  Diríamos que es mejor asumir las dificultades de tal realidad y no dramatizarlas.

Releemos sobre la consciencia que los padres deben tener acerca de lo que quieren para sus hijos, una convicción sobre los principios, la elección de los valores que eligen y transmiten y vamos a hablar de la forma en la que toda la sociedad participa en la educación familiar.

Autoridad Participativa: es el ámbito en el cual recibimos, aceptamos y compartimos una participación de otros sujetos que nos ayudarán en la tarea.  Es toda autoridad que actúa sobre nosotros y sobre nuestros hijos.  Empezamos con la regla de oro:

Es imposible sostener la Autoridad a solas”  Contamos con terceros, querramos o no, contamos con terceros.

  • Ambos padres entre sí
  • Resto de la familia
  • Escuela
  • Religión
  • Amigos, compañeros, vecinos
  • Clubs, manifestaciones culturales, ONG, etc
  • El Estado en todas sus manifestaciones
  • Medios de comunicación: Son los que, sobre todo a través de las redes sociales, tienen una influencia inevitable y total, buena y mala, hoy en día, en este campo de la Autoridad.  Se han transformado en factores determinantes para la vida de los individuos y de los pueblos.  Nos llevan a confrontar permanentemente con nuestros valores, nos imponen modas, nos hacen pensar acerca de lo que realmente queremos y de lo que debemos hacer.  Son formidables desafiando nuestra imaginación, replicando nuestros valores, abriendo el mundo para todo lo bueno y para todo lo malo.

Hay muchas otras personas, instituciones y hechos que coparticipan de la educación de nuestros hijos.  Es un buen ejercicio pensar sobre ellos.

Es necesario que como padres tengamos claro y presente todos estos actores que serán inevitables para nosotros y que nos aseguremos de que seguimos siendo los principales  y verdaderos responsables de la formación de nuestros hijos.

Hay algunos conceptos para remarcar:

  • Nada puede caber entre nuestros hijos y nosotros a menos que lo consideremos algo bueno, venga de donde venga.
  • Todo hueco que dejemos en la tarea de educar a nuestros hijos, será llenado por cualquiera de los otros sujetos.  
  • Cuando abandonamos o nos distraemos de la tarea de educar, no podemos elegir el reemplazante, lo vamos a padecer, nosotros y nuestros hijos.
  • Siendo que la Autoridad es Servicio y requiere Prestigio, debemos tener mucho cuidado cuando elegimos nuestros socios en la tarea y nunca debemos desprestigiar sin fundamentos a quienes comparten ámbitos de la educación.

Sobre esto hay un ejemplo muy triste que resulta cuando los padres critican seriamente a la escuela y siguen mandando a ella sus hijos.  Los niños entienden que: o la escuela es mala y a los padres no les importa y los mandan igual; o la escuela es buena y los padres mienten.  Es una confusión innecesaria y uno de los grandes problemas, bastante comunes, que aparecen en este campo.  Como en este ejemplo encontramos infinidad de mensajes contradictorios que le damos a nuestros hijos y que, sin que nos demos cuenta complican las relaciones familiares.

  • Los padres: La primera y más importante asociación en la tarea de educar se da entre los padres.  Es imprescindible que estos se pongan de acuerdo.  Es inevitable e imprescindible y lo diremos miles de veces como una verdad irrefutable.

“No se puede educar con el enemigo en casa”

Ya hablaremos más adelante sobre este tema que tiene aristas de relaciones personales, intereses que confrontan, lenguaje que está hecho de intenciones que exceden al lenguaje y todo lo que tiene que ver con las relaciones maritales.  Lo que decimos acá es que los padres deben ser conscientes de su responsabilidad en ejercer la Autoridad para educar a sus hijos ante:

  • Sus propios hijos
  • El resto de la familia
  • El resto de la sociedad. Familiares, amigos, escuela, vecinos, autoridades, medios de comunicación, etc, etc.

La tarea de los padres, de los otros padres, de todos los padres, va tejiendo una red de acciones y responsabilidades que, finalmente, hace que la sociedad sea ésta y no otra.  Que una sociedad esté caminando en esta dirección y no en otra.  Que una sociedad sea más o menos justa, más o menos benevolente, más o menos digna.

Los padres del mundo construyen el mundo desde el ámbito íntimo de su hogar.

Debemos cuidar con todo esmero esta interrelación con los factores externos que influyen en la educación de nuestros hijos.

Primero saber elegir lo que se pueda elegir y después no abandonar un minuto ni un centímetro el lugar que tenemos que tener como gestores principales en la vida de los niños.

Objetivos de quienes educan

Hay ciertos conceptos que nos ayudan en esta tarea tan maravillosa y ardua de ser padres educadores.

“Todos aquellos que educan tienen distintos objetivos”.  Este concepto es básico para entender y aclarar el campo de las responsabilidades cruzadas que tiene todo proceso de educación.  La tensión necesaria entre los diferentes campos de poder que se ejercen sobre los niños debe ser claramente conocida y aceptada por los padres que siempre tendrán el derecho y el deber de dirigir esos poderes, neutralizando excesos, resaltando lugares y decidiendo finalmente.

Si lo tenemos claro sabremos a quienes darles más o menos poder en esta participación que tienen en la educación de los hijos.

Por ejemplo, la escuela comparte como objetivo el objetivo de los padres que será lo mejor para los alumnos.  Los familiares y amigos se supone que comparten buenos propósitos.  Las autoridades tendrán como objetivo someter el derecho individual al general de la sociedad.  Los medios tendrán serias confusiones entre la buena fe de educar y el lógico interés de lo comercial.  Algunos medios tendrán solamente el interés y la ambición de ganar dinero.

Es imprescindible que los padres reconozcan en cada caso el verdadero objetivo o interés que cada sujeto participante de la educación de sus hijos tiene para ellos.

Todos lo que participan en la educación de nuestros  hijos intervienen, colaboran, contribuyen y cooperan con más o menos y  mejor o peor  buena intención.  Como un director de orquesta los padres deben aprender, escuchar, interpretar, y guiar porque además del amor que sienten por sus hijos y también por ese mismo amor, la responsabilidad final es  enorme y excluyente.

Hay ciertas preguntas que siempre ayudan, en este caso agregamos algunas que serán valiosas para iluminar algunos senderos de vida.

Como tantas otras veces sugiero que se hagan entre aquellos que corresponda.  Que se contesten por escrito, que se comenten en breves reuniones entre los padres y en familia.  Son actividades sencillas que hacen a la buena relación en el ámbito íntimo de la familia.  Aquellos que no están acostumbrados a este tipo de ejercicio pueden tener algún recelo o desconfiar de su eficacia, puedo asegurarles que el resultado es mágicamente esclarecedor ante algunos de los conflictos que vive una familia.

Preguntas entre ambos padres

  • ¿Quién manda en mí?
  • ¿Quién manda en mis hijos?

Para hacerle a los hijos

(Adecuándolas  a la edad y otras circunstancias)

  • ¿Quién manda en tí?
  • ¿Quién dejas que mande en tí?
  • ¿Quién, verdaderamente, te gustaría que mandara en tí?

Para padres e hijos

  • ¿Quién tiene que exigir?
  • ¿Quién tiene que comprender?

Conocemos a nuestros hijos, los amamos y queremos para ellos el mejor de los destinos, que sean lo mejor que pueden ser por ellos mismos y que sean capaces de relacionarse adecuadamente con sus semejantes.  La tarea es compartida, cada vez más compartida.  Para que el mundo sea cada vez mejor debemos aprender a co- accionar con todos aquellos que, a veces elegimos y a veces no, para llevar a buen término la tarea.

Darse cuenta, mejorar el conocimiento del mundo, elegir y ser elegido.  Dejarles un mundo con un poco más de armonía, un poco más fácil, siempre mejor que el que conocemos. Desde el espacio pequeño en el que podemos influir, nuestro legado será que ese pedazo del mundo sea mejor por lo que nosotros hacemos.  Después, cada uno hará su parte.  Que Dios nos ayude.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

Hilachas que van tramando – Una mirada nueva

10 Mar

Hilachas que van Tramando

Una mirada nueva

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El paisaje es rudo, solitario, lo llenan árboles semidesnudos que no se llevan bien entre ellos.  Cruzamos un arroyo correntoso caminando sobre un tronco que lo atraviesa de orilla a orilla, lo cual nos hace temblar y vuelve más atractiva nuestra aventura.  Pasados los arbustos espinosos que crecen en las laderas del zanjón, con sus hojas salpicadas de rojos y amarillos, empieza un suelo que nos engaña con su color verde brillante pero que flota sobre barro en el cual se nos hunden las zapatillas.  El verde es brillante y peligroso aunque sólo sea por empaparnos hasta los tobillos mientras nos reímos como si no nos importara.  Hay un árbol abatido casi seguro durante la última tormenta y debemos ayudar a los más chiquitos a pasar por encima porque los alrededores están muy anegados.

Todo era parte de una tarde de otoño durante la cual habíamos salido  a recorrer zonas apartadas.  Nada del paisaje se nos entregaba.  Nosotros habíamos salido a la caminata muy alegres, los niños cantaban y pronto todos nos sumamos al coro.  Descubríamos algún pájaro nuevo, los restos de un esqueleto de jabalí que se transformaba en un dinosaurio, fantasía alimentada con toda naturalidad por los mayores; árboles para saltar y para sortear.  Ninguno para trepar porque sentíamos una cierta hostilidad en el ambiente, tal vez porque no era una zona que habíamos visitado desde hacía mucho tiempo.  Nada del paisaje se hacía amigable.  Más bien distante y silencioso.  Le faltaba algo para ser una belleza bella.

Al fondo una sorpresa, un espacio muy grande sin árboles, con el mismo pasto pero sin barro, lleno de sol y tibio, y atrás, un poco más atrás, la pared rocosa de las sierras.  Una estructura vertical de colores grises y marrones, con pocos arbustos desparramados y agujeros de cuevas pequeñas que la montaña cobijaba y en algunos casos ocultaba con matas de arbustos que en otoño se tornaban de colores.  Sierras que nuestros hijos habían escalado desde que eran chicos y que siempre nos hacían sentir sobresaltados hasta que todos estaban de vuelta en la casa, cansados, hambrientos y exultantes, hablando a borbotones, interrumpiéndose unos a otros y acumulando recuerdos que se  irían haciendo más y más queridos con los años.

No regresé a ese lugar precisamente ahora, lo que pasó es que, buscando algo, cayeron desde un estante superior una buena cantidad de fotos, una de las cuales me llevó de vuelta a ese momento.

Sentada en el suelo me quedé mirando la escena y  todo cambió.  Me pareció que la imagen era mucho más soleada, que no había barro en el piso y que los árboles se sentían bien unos con otros.  Había desaparecido la hostilidad.  Atrás, las sierras reaparecían con toda su realidad, luminosas, reflejando la luz dorada del atardecer, sin sobresaltos, casi cálidas, casi como si entendieran.  Todo era igual en la foto pero todo era distinto en mi mirada.

Una mirada nueva para recordar, borrando en forma espontánea lo que me había dado miedo, lo que me había dolido o preocupado.  La foto se hacía más y más clara, más y más bella, más cercana.

Miramos según lo que nos pasa, según lo que tememos perder o lo que ansiamos tener.  Miramos cada vez de una manera distinta.  Ahora ha llegado el momento de remirar casi todas las escalas de la vida que va pasando y estoy tentada de ir borrando aquello que me excede, que me trabó alguna vez el ritmo acompasado de lo que yo quería para mí misma.  Como todos.

Puestos a mirar para atrás es que necesitamos una mirada nueva para cambiar un pasado en lo que nos pese, en lo que nos duele, en aquello en que somos prisioneros de algo o de alguien.  Una mirada en la que dejemos de ser rehenes de cosas que nos pasaron antes y que no podemos cambiar.  Una mirada nueva para perdonar y ser perdonados.  Para resaltar lo que fue bueno, en el fondo y en las formas.  También una mirada para fijar los detalles de nuestra vida que se nos habían pasado desapercibidos mientras la ocupación de vivir llenaba todos los huecos.

Es necesario reencontrar aquella sonrisa de alguien que hemos amado siempre, el gesto de la mano y también la luz que entraba por la ventana.  Volver a una juventud de todos los que éramos jóvenes y llenábamos el cuadro con tanta energía y tanta inconsciencia que hasta en las fotos todo  parecía moverse sin pausa y todo era ruido y sonidos.  Una mirada nueva que refresque las emociones, reviva los olores y los sabores  de toda la vida.

También esa mirada nueva para entender algunas cosas que nos pasaron, para saborear la ternura de aquellos que no habíamos sabido conocer, para reírnos de lo que valía la pena, para colorear con colores nuevos un pasado que sólo así puede ser presente.  Un pasado que convoque y al que no le temamos.

¡Hay tantas cosas qué debemos mirar de nuevo!

Con una consigna: solamente lo que nos hace bien, después de hacer los balances, pagar las deudas y olvidar los malos momentos, solamente mirar y recordar lo que nos hace bien, para que el mundo se reinstale armoniosamente.

Hasta los más jóvenes merecen tener una mirada nueva sobre lo que les pasa, para que no les pase porque les duele o para cementar lo que les está pasando si los hace felices y que  les dure para toda la vida.

Y una mirada infantil de ahora en adelante.  A propósito, entre una de las tantas reflexiones que me llegan de los más jóvenes de la familia rescato la última de uno de mis nietos, un varón de 8 años que le contó a su mamá que su amigo Matías se había ido a Chile cruzando la Cordillera en coche, pero “no manejaba él, manejaba el padre”.

Me sumo a tal mirada, todo es posible, desde cruzar la Cordillera manejando un coche cuando uno tiene 8 años, hasta descubrir  el color ambiguo de una rosa.  La vista del jardín cuando se abren los postigones bien temprano a la mañana, el pliegue de esa cortina que se balancea, la sonrisa de mi amigo, el tren a la distancia, un libro sobre la mesita y la esperanza luminosa del día que vamos a vivir.  Nuestras propias manos y los gestos de los otros.

Parar un momento y mirar.  Como si todo se tratara de mirar.

Mirar, mirar, elegir qué nos vamos a guardar de esas miradas, volver a la imagen, retocar, iluminar, integrarla a los buenos momentos.  Y dejarla ir con la seguridad de que vamos acopiando belleza y armonía que nos van a servir en los momentos en que la vida golpee sin piedad, que todos los tenemos.

Mirar en la oscuridad y llenarla de luz desde adentro.

Mirada nueva a los que amamos, al lugar en el que vivimos, al momento de la vida que nos está pasando mientras la vida sigue tan airosa para todos, nosotros y los otros y si perdemos esa mirada perdemos ese pedazo de ella.

Mirar con atención como mira un niño el camino de las hormigas en el jardín, con los ojos grandes del pequeño que da palmas en la canción que le cantamos y así posee el mundo hasta los confines.  Mirar sin separar pero olvidando.  Con anhelo de cosas nuevas, mirar como mira uno sin quedarse solamente en experiencias de los otros, mirar compartiendo lo que nos gusta, lo que nos hace reír, lo que nos sacude el ánimo hasta llenarnos de emociones.

Mirar esperando que todo sea posible, sin prejuicios, dispuestos a encantarnos y a sorprendernos con la naturalidad de los más chicos.  Todo puede pasar y todo lo que pase puede ser bueno.

Voy a enmarcar la foto en cuestión, para no olvidarme.   La quiero tener presente con el propósito de que vaya cambiando según mi mirada y sea una de las más bellas que he tenido. Como la vida.  Siempre es la misma para cada uno, pero a uno le pasan cosas que la hacen distinta.

Cuando el alma sienta alguna derrota me voy a ir a cruzar el arroyo haciendo equilibrio sobre un tronco atravesado, caminaré el pasto verde y sin barro, voy a llegar hasta la base de la sierra sin sentirme tan pequeña como soy y, en una de ésas, me atrevo a escalar para llegar arriba y descubrir el paisaje entero.  Y también voy a ir cuando me sienta muy feliz.  En una de ésas me atrevo, cambio la mirada y me hago nueva.  En una de ésas.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.