Archivo | mayo, 2014

Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia XXI

20 May

Hilachas que van Tramando

La Autoridad en la Familia XXI

“Mandar Bien”

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 Una vez más nos reencontramos para seguir hablando de los temas que puedan ayudarnos en esto de ”educar” a nuestros hijos.  Los días han parecido suceder lentamente pero corrieron a toda velocidad y ya han pasado unos cuantos de nuestro último encuentro.  Volvamos pues a nuestro objetivo, sigamos adelante agregando conocimiento y experiencias que nos ayuden en la tarea.

La ambivalencia y el misterio de nuestra vida suponen que no tenemos tan en claro cuáles son las cosas extraordinarias y cuáles las que se viven casi sin notarlo.  Eso pasa también en el ámbito de la Educación, sobre todo en la educación de nuestros hijos. Estamos llenos de grandes propósitos, pensamos a largo plazo, se nos viene encima el peso de esta gran responsabilidad que es llevarlos de la mano desde el primer llanto hasta el día que podamos dejarlos ir con la realidad de pertenecerse a sí mismo y ser felices.  La nuestra parece una experiencia heroica, enorme y agotadora que excede nuestra capacidad.  La pensamos a lo grande, para siempre, definitivamente.  No hay quien soporte ese peso.  Mejor pensarlo día a día en el apretado sistema de la vida humana.

La ambivalencia de la vida nos confunde haciéndonos creer que siempre, constantemente, estamos viviendo momentos trascendentales y definitivos cuando la verdad es que  cada uno de nosotros vive su vida día por día, resolviendo de la mejor manera los pequeños problemas que aparecen, riendo o fastidiados, con más o menos cansancio, con más o menos paciencia, manifestándonos naturalmente por medio de los sentidos en todo lo que nos relaciona con los demás.  La vida, realmente, está hecha de grandes espacios de tiempo de cosas comunes y sencillas que se ven interrumpidos, con cierta periodicidad, por acontecimientos importantes, buenos o malos, felices o de los otros, en los que todo se reordena y cambia.  Son aquellos momentos en que se nos pone a prueba y su naturaleza es que pasan de cuando en cuando.  Lo normal es que el sendero recorrido está lleno de días iguales o parecidos, en los que creemos que no pasa nada importante.  Hasta que aprendemos que allí, justamente allí, está sucediendo nuestra vida.  Todos los días está pasando nuestra vida y de nosotros depende que hagamos resaltar la infinita importancia de lo cotidiano.

¿A qué viene esto?  A que esta imponente tarea de ejercer la Autoridad y Educar a nuestros hijos se basa exclusivamente en dos planos.

  • La concepción natural de que todo lo que hagamos es importante y de que conocemos a ciencia cierta adónde queremos llegar para lo cual hemos transmitido nuestros principios, enseñado nuestros valores y marcado el propósito final,
  • La convicción de que una tarea tan importante se llevará a cabo en la sencilla cotidianeidad de cada día que vivimos en familia.

Como si fueran pocas las veces que lo repetimos, va una más: “El principio de la Educación es enseñar a nuestros hijos a ser lo mejor que pueden ser ellos mismos y a aprender a relacionarse bien con los demás”.

Dos objetivos suficientes y completos en sí mismos  que harán de ellos personas felices no importa cuánto la vida se les imponga con dificultades y problemas.  No importan las pruebas a los que sean sometidos, no importa que les toque felicidad y alegría, los hombres cumplen acabadamente su proyecto cuando hayan hecho de sí lo mejor que puedan ser y caminen en armonía con los otros hombres en este destino común que generalmente no podemos explicarnos en forma acabada.  El conocimiento de sí mismo, la capacidad de hacer de la propia vida con lo mejor que tenemos y la buena relación con los demás llevan al hombre a la plenitud de su destino.  No hay otro destino que la felicidad, no hay otra felicidad que la que elegimos, no hay elección posible sin herramientas adecuadas.  Nacer, ser educado y educarse, aparecer ante todos y cumplir categóricamente con la propia realidad de tiempo y espacio que nos son otorgados.

Habíamos hablado de las “Reglas del Juego” como la ida y vuelta en la creación y formación de las personas.  Como somos los adultos en general y los padres en particular los que decidimos, imponemos, explicamos y exigimos el cumplimiento de tales reglas, debemos encontrar el camino adecuado para ello. Lo llamamos “mandar bien” aunque el término mandar despierte cierto escozor en algunos ambientes de nuestra cultura.

Es preciso aclarar que mandamos cuando imponemos un precepto contando con el derecho legítimo de hacer algo bien para nosotros y para los demás.  Cuando encargamos algo o manifestamos la voluntad de que se haga algo.  Mandamos, también, cuando ofrecemos o prometemos algo que estamos dispuestos a cumplir acabadamente.

Finalmente y en este caso, mandar significa establecer un hilo conductor en la relación entre nosotros y nuestros hijos.

Ya tenemos las reglas de juego y la capacidad para hacerlas cumplir, necesitamos el lenguaje adecuado, la actitud correcta y respetuosa, la categoría de estar al servicio  del otro.

Durante la vida cotidiana pasan las cosas cotidianas, valga la obviedad, y en el sistema simple y sencillo de todos los días además del lenguaje correcto, la claridad en la transmisión de lo que se ordena, y la actitud de sencillez y optimismo de los padres, temas sobre los que volveremos en algún momento, hay algunas llaves que nos abren todas las puertas. Pequeños grandes detalles que facilitan las grandes resoluciones.  Acá vamos con aquello de :

Mandar bien es:

  • Oportunamente
  • Frente a frente
  • Claramente y pocas cosas
  • Para lo importante, una cosa a la vez
  • No mandar algo si no se está en condiciones de ser obedecido

Oportunamente

Oportuno es todo aquello que se hace en tiempo, a propósito y cuando verdaderamente conviene.  Nada más útil para nuestra buena relación con los niños.  Actuar oportunamente significa respetar sus tiempos, adelantarse a sus necesidades, contar con que saben de qué se trata lo que está pasando o va a pasar.  Vamos a anotar algunos temas concretos

Mandar oportunamente puede significar:

  • Las órdenes con tiempo para ser cumplidas.  Cuando  decidimos algo que tendrá que ver con futuras actividades del niño, en lo posible, debemos darle el tiempo conveniente para que pueda responder a nuestro requerimiento.  Ese tiempo que estamos respetando ayudará a una mejor comunicación entre nosotros.  Debemos evitar caer de improviso con algo que se nos acaba de ocurrir y esperar que el niño esté dispuesto inmediatamente.
  • Los permisos con tiempo para ser usados:  Otra vez es una manera de respetar sus tiempos.  Si le vamos a permitir hacer algo que ha pedido es mejor que lo sepa de inmediato para evitar las tensiones que ocurren cuando lo tenemos esperando.  Si no lo vamos a permitir es mejor que lo sepa para evitar males mayores.
  • Toda negativa con tiempo para ser aceptada: Tiene que ver con el punto anterior.  La inseguridad o indecisión de los padres que no saben claramente lo que quieren hacer, sobre todo en los temas importantes, produce en los hijos una sensación de desamparo.  Es bueno que decidamos lo que creemos correcto y lo expresemos firmemente y a tiempo.
  • Toda indicación con la correcta correspondencia del tiempo para que se pueda entender, aceptar y llevar a cabo.

«Oportunamente» significa que estamos hablando del factor tiempo.  Corresponde una reflexión especial sobre el Tiempo que haremos en el futuro.  Por el momento diremos que el Tiempo es el verdadero valor que tienen las cosas.  Todo valdrá según el tiempo de nuestra vida que demande.  Pensemos en el tiempo que tenemos que respetar de nuestros hijos.

Seguiremos el orden anterior para desarrollar en los próximos artículos los otros puntos mencionados.

Nos hemos referido más de una vez a lo cotidiano.  Lo importante que es valorar aquello que nos pasa cada día, atesorar los momentos de nuestros hijos y los nuestros.  Tener con ellos una relación clara, predecible, segura.  Llevarlos de la mano con toda serenidad y prudencia.  Adaptarnos a sus ritmos.  Todo ello es parte de la Autoridad que se ejerce con amor hacia ellos y por ellos.  Vamos a seguir juntos por este camino mientras mis lectores sigan interesados.

Eso sí, les propongo que anoten aquellas cosas que de pronto y a consecuencia de estas reflexiones, se les ocurren para  ir armando su propio “Manual de Instrucciones” como suelo llamarlo.  Es notable como escribir en un cuaderno algunas pequeñas cosas va armando toda la historia, aprendemos de nosotros mismos y cada familia será un mundo exclusivo para ellos mismos.  Atesoremos las experiencias de todos los días.  La vida se hace mucho más tupida y deseable.  Y que Dios nos bendiga a todos.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

Hilacha que va tramando- La forma de la Rosa

1 May

Hilachas que van Tramando

La forma de la Rosa

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Luces  en el parque inmenso, a lo lejos se descubre una pared baja de ladrillos que enmarca el cuadrado cercano, atrás el sol todavía brilla entero  tirando para el Este mientras corre para ocultarse  de golpe tras las sierras del Oeste. Arriba un cielo azul se hace presencia para enmarcar  todo el paisaje. Azul, azul, azul, nadie le puede disputar el derecho porque él es el dueño de todo y parece caer sobre nosotros  alardeando  de  eternidad, pero se queda allá bien arriba y se hace cargo de todo el paisaje que, sin él, estaría perdido.

 

Más acá la escalera que trae a la galería de chapa translúcida cerrada por el borde de latón terminado como un encaje que pinta de verde la luz. Adelante, frente a mí, la rosa. Una rosa como las de mi infancia, con los pétalos pintados con una infinita gama de colores. La magia de la naturaleza hace que parezcan transparentes.  Se van envolviendo de adentro para afuera, matizando  hasta el aire que contienen, etéreos, gráciles, livianos como si fueran a emprender vuelo.  Uno no puede menos que quedarse sin aliento ante semejante obra del Creador.  El tallo es áspero y con espinas fuertes, las hojas duras y brillantes enmarcan y sostienen tanta belleza.

Me quedo prendada y en silencio. Acerco el sillón de mimbre  y me dejo llevar. El solcito entibia la galería y me voy quedando dormida. Por suerte cuando vuelvo a abrir los ojos cae la tarde y sigue estando  la rosa.  Están el silencio, los sonidos de los patos en la laguna lejana, ladridos por la parte de las sierras, el cielo que empieza a agrisarse  y la rosa.

Lo mejor es que nació rosa. Su belleza está en el mundo desde el principio del brote. No tuvo que adaptarse a nada ni a nadie. Nació rosa.  Ahora se yergue segura de sí misma, explota en colores rosados, se queda relumbrando al sol y mañana irá cayendo en cada pétalo, uno distinto del otro, para colorear el césped a su alrededor. Después ya está. Ya pasó.

Su forma de maravilla empezó con un pequeño botoncito apretado, desplegó sus pétalos en unos días y fue formando,  con todo tesón y perseverancia, esta forma casi perfecta de una rosa bellísima. Lo mejor de todo, pienso en esta duermevela de la tardecita al sol, lo mejor de todo es que apareció en un espacio abierto, donde no había nada, ni siquiera el molde para su belleza.

Recuerdo las clases de dibujo en el  colegio. Me había encantado aprender a hacer figuras geométricas y, adentro, lo que llamábamos “abstracción”, casi siempre una flor dibujada con trazos muy lineales. Desde el punto de vista del arte aquello era una buena creación pero…no hubiera tenido nada que ver con esta rosa mía que nació rosa y por sí misma impuso sus formas a toda la naturaleza.

Se me ocurre comparar esto con lo que  nos pasa a las personas que vivimos en esta sociedad desaforada, vociferante, ruidosa y  tirana, que nos impone sus moldes con una suficiencia aceptada por todos  aquellos que vivimos en ella.

De tanta riqueza de conocimiento, matices y  ofertas, esta sociedad a la que pertenecemos y que nos pertenece, se entusiasma con las definiciones, impone estereotipos, presiona por conductas y se estremece cuando decimos o pensamos algo “políticamente incorrecto”.  Todo lo que tiene de generosa y estimulante lo tiene también de estructurada y mandona.

Entonces nos encontramos con que cada uno de nosotros  va viviendo mientras acepta y trata  de vivir adecuadamente  como para caber en el molde que más se parezca  a lo que somos. 

Sin saberlo en algún momento de nuestra vida, cuando empezamos a ser conscientes de nosotros mismos, elegimos una matriz en la que nos vamos metiendo. A veces sentimos algo de molestia, otras nos encanta el grado de aceptación personal y general que trae consigo el adecuarse al modelo. Más allá, alguna tarde de abril, nos invade una especie de nostalgia que, ahora que veo esta rosa, se me ocurre que es el desconocimiento de nosotros mismos en aras del sentimiento grupal de “pertenecer” al modelo adecuado.

¿Cómo definirlo y que se entienda? La rosa ha elegido sus propias formas empezando desde la nada y será diferente a todas las rosas que puedan existir en este mundo.  Nosotros, los humanos, pequeñitos y titubeantes en este mundo de Dios, muchas veces vamos por la vida sin armar nuestra propia forma, intentando por lo contrario, caber en el molde de un dibujo pre-hecho. Una parte para parecernos a todos, otra para ser aceptados, otra para aceptarnos nosotros mismos en esta época de tantas maravillas.  Y así, a veces y como consecuencia, padecemos un molesto sentimiento de dejadez y confusión que parece más propio de un extraño que de nosotros mismos. Nos desconocemos, no nos encontramos, caminamos en solitario. 

 A esta altura de la vida,  cuando me llegan tantas respuestas sabias que los años me han dado por el solo hecho de haber vivido, de algunas cosas estoy segura…

Que hay un momento en que empezamos a dudar de ese molde; que tenemos una necesidad imperiosa de reconocernos de nuevo y con una nueva mirada.  Estoy segura de que se nos empieza a resquebrajar el modelo cuando ha sido demasiado rígido. Que somos más tolerantes, más generosos con nosotros mismos. Que un porvenir más corto nos deja todo el tiempo del mundo para  ahondar el propio conocimiento; que sabemos a quienes corresponde la responsabilidad, una parte a los otros y una buena parte a nosotros mismos.  Que empezamos a reconsiderar  el camino recorrido, a reconocer los impulsos y la necesidad de haber hecho un dibujo abstracto de lo que somos y de vivir respetándolo, con más o menos flexibilidad según cada uno. Empezamos a reubicar los roles de aquellos y nosotros.  Nos perdonamos y perdonamos. Nos empezamos a conocer de verdad y entonces empezamos a poseernos de verdad.  Este camino de volver al principio y romper el molde establecido nos da tanta felicidad que nos consuela del paso del tiempo implacable.

Conocernos, reconocernos, sumar toda la riqueza de lo que no sabíamos que fuimos, de lo que llegamos a ser, de lo que de verdad éramos. Mirar de frente al niño que empezaba su camino. Entenderlo, aceptarlo y amarlo aunque se parezca poco a quien creíamos que somos.

En el momento en que somos lo que verdaderamente somos, cada uno de aquellos que amamos cambiarán de lugar en nuestra vida.  Reconoceremos cada paso en el que marchamos juntos. Y los querremos más que nunca porque, seguramente, ellos también cargaban con su propio molde.

 

La rosa magnífica se irá deshojando sin alborotar. Es lo que es y siempre lo fue. Nosotros somos lo que debíamos ser, después lo que fuimos y ahora, por una razón cronológica, cuando la vida se posee casi entera, lo que somos de verdad. La libertad del propio conocimiento es la más inapreciable experiencia que tenemos.  Valía la pena el paso del tiempo si nos deja otro poco de tiempo para disfrutar de este encuentro.

El alba me encontrará saliendo al patio, me acomodo en el sillón envuelta en una manta. La rosa y yo esperaremos juntas el nuevo despertar del mundo contra la sierra. Estoy reconociendo mi nueva vida, la de antes, la de ahora y la que quede para el futuro. Soy la persona más rica de esta Tierra. La más tranquila, la más serena. Voy encontrando a una vieja amiga que me parecía conocer pero no era así.  Gracias a Dios.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.