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Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia XXIV

29 Ago

 

Hilachas que van Tramando

Autoridad en la Familia XXIV

“Mandar bien” Claramente y pocas cosas

rosas blancas

 

Las piedras grises se van acomodando a mis pasos. Pasos resistentes, lentos, saturados de momentos para pensar.  Han pasado cosas. Incertidumbres y dolores de los físicos y de los otros. La mente en blanco, el ánimo alborotado pero vacío. Ha pasado un tiempo largo en el que la tarea se ha ido desdibujando. Nada se nos ocurre y nada es lo suficientemente convocante como para abandonar este inercia.  Las piedras grises, anchas y rústicas están puestas formando ángulos rectos, parecen rellenar senderos y terminar en un laberinto inconcluso y eterno.  Vamos para adentro, para adentro de nuestras emociones y hasta el fondo de nuestros recuerdos.  No basta.  Lo que siempre había sido conocerse, reconocerse y generar la energía necesaria para seguir viviendo con todo esplendor lo que tenemos que vivir, es apenas un espacio cómodo y engañoso en el que apreciamos quedarnos sin sobresaltos, como si la vida en sí misma no fuera un puro sobresalto mágico. Eso pasa a veces. A veces la vida se torna un engaño o un fantasma que se escapa.  Pasa el dolor, queremos descansar, nos acurrucamos. No somos nosotros, nos desconocemos, nos hemos perdido, nos fuimos.  A veces nos pasa eso.

Y salimos al parque a caminar por las piedras grises en forma de laberinto inconcluso y eterno como para empezar a movernos.  Porque queremos volver a nosotros mismos.  Los músculos de las piernas duelen, las manos se recogen y el aire se respira lentamente.  Pero seguimos adelante.  Vamos ganando velocidad hasta que el rosal se planta airoso frente a nosotros y empieza otra etapa.  Ver el rosal y ver los colores, mantener el ritmo, volver a lo que siempre fue nuestro. Volveremos a la tarea más concreta, aquella para la que nos hemos adiestrado casi toda la vida y lentamente la marcha se hace sostenida, el paso se recobra, estamos reviviendo.

La salvación es no hablar del camino que ya hemos recorrido si no del que vamos a recorrer llamando a las cosas por lo que son y deben ser.  Por lo que serán en el futuro ya que allí es donde siempre está la verdadera vida.

Volvemos al trabajo como si nunca lo hubiéramos abandonado.

Mandar bien

Repasamos:

  • Frente a Frente
  • Oportunamente

Claramente y pocas cosas

Parecería que esto es así de sencillo y así de entendible.  No basta con creernos que lo entendemos sin problemas. No es tan fácil y no es tan acotado.

Estamos hablando de la comunicación, el relato que se cruza entre las personas y que sirve para entenderse, educarse, conocerse y sobre todo, ponerse en lugar del otro. Ejercer la autoridad con nuestros hijos significa todo eso y mucho más. Ellos deben saber siempre, siempre, sobre el propósito de educarlos para que sean mejores y para que puedan relacionarse con los demás.  Deben estar seguros de nuestras indicaciones, deben saber claramente cuáles son los límites y cuáles las facultades de las que gozan.  Deben entender las órdenes y el propósito de las mismas.  Deben poder confrontar y aceptar. Deben, ellos y nosotros, establecer en forma espontánea y cotidiana un lenguaje de palabras, gestos y posturas que resultan el código especial de nuestra comunicación.

Los niños y los jóvenes deben estar seguros de lo que se piensa, de lo que se les dice, de lo que se hace y de cuál es su lugar en esta especial relación entre padres e hijos.  Así como debemos decirles clara y formalmente cuánto los amamos, debemos enseñarles claramente dónde, cómo, cuándo, por qué y para qué deben aprender muchas cosas, aceptar otras, corregir errores, comunicar ideas y deseos.  Debemos establecer una sana y tranquilizadora relación familiar en la que todos están claramente al tanto de lo importante.

En esta cruzada por relacionarnos “claramente” con nuestros hijos aparecen dos conceptos que se complementan:

  • Los padres debemos exigir mucho en pocas cosas. Necesitamos saber bien el valor de todas las cosas para no aplastar a nuestros hijos con aquello que no es importante y, al contrario, dejar nuestra exigencia para lo que verdaderamente lo vale.  Si hacemos una lista de aquello que verdaderamente valdrá durante el transcurso de la vida, nos vamos a sorprender ante la comprobación de que sólo hay líneas generales de principios, valores y costumbres a los que hay que responder sin debilidades.  El resto “es negociable”.  No podemos transformarnos en aquellos padres que pesan sobre sus hijos dando trascendencia a cosas que no son importantes.  En cambio debemos centrar todos nuestros esfuerzos en lo que significa un verdadero cambio, mejora y excelencia en la educación de ellos.  Una buena tarea es hacer una lista de las cosas que consideramos importantes para la educación de nuestros hijos en valores decrecientes y decidir, si es posible entre ambos padres, cuales se van cayendo del texto. No gastar energías, no provocar malos entendidos, no despertar rebeldías insanas por cosas que no lo valen.  Si reparamos en ello veremos que vamos haciendo resúmenes de textos anteriores, la necesidad de reconocer los valores que nos interesan, de someternos a los principios, de educar la voluntad para el bien y aprender a convivir con los demás.
  • Lo peor que podemos hacer es exigir poco en muchas cosas.  Ésta sería completar lo anterior. Hay padres que exigen poco de todo con lo cual si todo vale poco, nada vale nada. Desconocen no solamente lo importante, también desprecian las normas de cortesía, el uso de un buen lenguaje, el saber escuchar, el poder disentir con respeto, no discriminar ni con un gesto, compartir lo cotidiano.  Decir la verdad aún en las cosas menos importantes.  Ser prolijo y limpio en su persona.  Aceptar que los otros tienen razón cuando la tienen.  Aceptar que estamos equivocados.  Saber pedir perdón cada vez que corresponda. Todas cosas que parecen sencillas pero no lo son porque forman parte de la dinámica de la vida cotidiana.  Son las cosas que si se cuidan nos permiten vivir con comodidad y si no, hacen muy incómoda la vida en casa.

Y seguimos y seguimos con la infinita cantidad de relaciones en la familia que nos llevan a  las relaciones fuera de ella, las que nos ponen en el mundo en el que vamos a vivir.

Lo repetimos, lo internalizamos y pasa a formar parte de nuestra dinámica familiar con resultados siempre óptimos.

  • Reconocer el valor de las cosas.
  • Exigir mucho en pocas, solamente en las importantes.
  • Ser firmes en referencia a las cosas de todos los días que son las que marcan la dinámica familiar

Le decimos de manera clara al niño que no puede comer más caramelos porque le hacen daño y porque eso hemos decidido. Le decimos claramente al joven lo que no nos parece bien y lo que no vamos a permitir y en ese juego que se va enhebrando entre nosotros a medida que van creciendo, con toda claridad, establecemos los puntos de relación entre todas las cosas que forman la vida familiar y preparan para la vida de adulto.

La misma claridad se aprenderá en el tema de demostrar y hablar de nuestros sentimientos y de nuestras emociones que son el sustento de toda relación humana.  ¿A quién no le gusta caminar caminos claros sin sorpresas desagradables,  sabiendo de dónde venimos y adónde vamos?

Cuando algo aparezca sin pensarlo que sea por obra de la providencia y que nos encuentre preparados, nunca de nuestros “otros” quienes deberían hacer más fácil los caminos de la convivencia.

Decir que para “Mandar bien” debemos hacerlo claramente  es “poner las cosas en su sitio y por su nombre”.

No debe haber sombras en el entendimiento entre padres e hijos en la hermosa y fecunda tarea de educar. 

La claridad en las relaciones humanas tiene su entidad en la comunicación, recordemos que todo lo que se calla o no se transmite claramente deja espacios que el otro debe llenar con mucho esfuerzo y, muchas veces, en forma completamente equivocada, empezando de esa manera una serie de errores y desencuentros que a veces, fatalmente, llevan a crear familias disfuncionales en las cuales el fracaso se traduce en dolor y alejamiento afectivo.

“Me dijiste que te dije una cosa que no es así” “No me lo dijiste””No me lo explicaste”.  Conflictos que perjudican la buena vida familiar.

Para educar: hablar claramente, exigir mucho en pocas cosas y nunca distraerse tanto como para exigir poco en muchas cosas.

Sigue el sendero de piedras grises y cada rosal que interrumpe el paso nos obliga a cambiar el rumbo para mantener el rumbo. Es una fiesta de colores y de esperanza. Gracias a Dios por ello, por haber recuperado la energía, por encontrar un camino de regreso. Por todo.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.