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Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia XXV

7 Nov

Hilachas que van Tramando

Autoridad en la Familia XXV

“Mandar Bien”  Prever

 azaleas blancas, foto 2

Florece todos los años, una vez por año.  Año de sorpresas y determinaciones, de luces y vientos. De cuatro estaciones que se atropellan desordenadamente a medida que la vida transcurre cada vez más ligero.  Cada año la planta, despojada,  parece sencilla, poco agraciada, ajena.  La perdemos de vista entre el verde multicolor del parque. Como si fuera un tiempo de silencio y abandono nadie se acuerda de ella, padece una  melancolía subterránea que murmura y murmura como si el tiempo que pasa fuera eso, solamente pasar y pasar sin ningún propósito. Pero todo sucede cada año y un día cualquiera unos pequeños brotes cerrados nos están preparando para la belleza. Después el esplendor del blanco estalla contra los arbustos. Todo cambia en el jardín, todo se ordena para enmarcarla y todo desaparece del paisaje menos ese prodigio de belleza y esplendor.

Fue el año del silencio y el presunto abandono el que trabajó laboriosamente en las entrañas de la tierra. En ese tiempo pasaron todas las cosas que tienen que pasar  porque cada año la Tierra se configura de tal manera que vuelve a cambiar el paisaje,  y pasaron sin que nosotros nos diéramos cuenta. Igual que en la vida. Igual, igual.  Siempre vuelve a sorprendernos, cada vez más, cada vez mejor.  En el intrincado camino interior solo basta reconocer la belleza, aprender y esperar lo que vendrá, no importa en qué tiempo de la vida estemos, siempre algo vendrá para el que sepa entenderlo. Siempre encontraremos algo nuevo en lo que ya estaba viejo.

Como la azalea blanca que parece que ya no está y resplandece en su floración como si fuera la primera vez. Mejor, porque va creciendo  hasta que ese rincón del parque se transforma en todo el parque.

Un año de vida que parecía anodino y poco estimulante fue haciendo su trabajo y nos sorprende con un nuevo conocimiento personal de cosas que no imaginábamos. No se termina nunca el tiempo de aprender de uno mismo. Un año murmurador y apagado produce esta floración casi pretenciosa de tanta belleza.  Por eso volvemos a la acción.

Veníamos desarrollando el tema “Mandar Bien”, ya hablamos de algunos temas

  • Oportunamente
  • Frente a frente
  • Claramente y pocas cosas
  • Una cosa a la vez

Llegamos a un tema que puede confundir en el momento en el que se propone

  • No mandar si uno no está en condiciones de ser obedecido.

Podría parecer que los padres deben retirarse del ámbito de la autoridad si saben que no pueden dominar la situación y ser obedecidos. No es esto a lo que nos referimos. Por lo contrario, esto es lo que está pasando en muchos lugares de esta sociedad estimulante y embarullada. Algunos padres, confundidos, evitan de ejercer su autoridad porque no saben ejercerla. Tienen lo que un famoso escritor y educador argentino, Jaime Barilko, llamó “El miedo a los hijos”

La propuesta de “No mandar si uno no está en condiciones de ser obedecido”  tiene que ver con la actitud de los padres en situaciones distintas:

  • Adelantarse a la posible “desobediencia” preparando el terreno a una buena respuesta de parte del hijo. Para ello se necesita, como para todo tema de educación, que el padre esté en condiciones de conocer a fondo a su hijo y a las circunstancias del hecho que se “manda”
  • Dentro del tema anterior resalta la importancia de reconocer el valor y la oportunidad de cada decisión que se tomará y estar preparado para eso. No es lo mismo enfrentar a un niño de 2 años que a un adolescente.
  • Educar no es una tarea en segmentos, educamos siempre, establecemos un mutuo trato de respeto y entendimiento que funciona, constantemente, durante toda la vida. Hay una clave de tiempos  y un lugar que cada uno ocupa que es reconocido por todos y aceptado por todos.
  • Según sea lo que se pretende que se acepte más cuidadoso deberá ser en “preparar el terreno”.
  • Educar, tomar una decisión “mandar bien” no se trata de un desafío o una confrontación. No son dos fuerzas que se enfrentan. La obligación de llevar a buen puerto la educación de nuestros hijos es específicamente de sus padres o adultos a cargo. Hay que hacer las cosas de tal manera de que una decisión cuanto más importante sea, nos encuentre en un estado de seguridad que produzca buenos resultados.  Un hijo siempre tiene el derecho a disentir y hacerlo saber, a no estar de acuerdo con sus padres y decirlo, pero necesita de la tranquilidad que le da la autoridad paterna expresada con serenidad y prudencia. El hijo que confronta y siente la “inseguridad” de su padre, pierde el sentimiento reconfortante de que este lo guía y lo cuida. Como decía la abuela “Tú en tu lugar y yo en el mío. Mi tarea es educarte y no puedes hacer nada al respecto porque lo que a ti te toca es obedecer y a mi ocuparme de que lo hagas”

Estas palabras resuenan como muy duras en nuestra época pero se refieren simplemente a la amorosa tarea de resguardar a nuestros hijos del peso de resolver lo que todavía no les corresponde.

  • Para que los padres estemos en condiciones de ser obedecidos debemos ser cuidadosos con la edad de los niños. Tener bien presente hasta donde y hasta cuando es justo que impongamos nuestra voluntad. La pregunta mágica será siempre “¿Esto lo decido por el bien de él o por otra cosa? La actitud correcta será siempre ver en el hijo su propia realidad y dejar que a medida que crece pueda ir decidiendo, cada vez más hasta que “mande bien” en sí mismo y para sí mismo.

Si tenemos un pequeño demonio travieso de dos años seguramente “No mandar si uno no está en condiciones de ser obedecido” significará que a veces corresponde distraerlo previniendo un caprichito, otras veces llevarlo de la mano a lo que queremos que haga y, siempre, tener en cuenta si está cansado o nervioso.

A medida que crecen los niños las cosas van cambiando, ya no “distraemos” sino que “explicamos”, “pedimos opinión” “escuchamos” y hay un día mágico en el que nuestro joven se muestra lo suficientemente maduro para decidir todo por sí mismo.

“Educar es prever”

Para aclarar un poco más estos conceptos tan ligados entre sí conviene recordar los cinco pasos de los que ya hemos hablado repetidas veces

  1. Pensar
  2. Informarse
  3. Decidir
  4. Dar a conocer
  5. Hacer cumplir

Los niños necesitan paisajes claros y rotundos.  Los que vivimos en tierras de llanuras interminables sabemos que a veces esos campos sin límites producen vértigo.  Nuestra tarea es decidir para ellos los límites que los hagan sentir seguros, que vayan creciendo serenos y bajo nuestro amparo hasta que puedan caminar solos. Lo importante es que sepan siempre, siempre, que todo nuestro corazón se puso de parte de ellos desde el día que llegaron a nuestras vidas.  Con ellos estamos viviendo el amor perfecto y la aventura más grandiosa que puede vivirse. Aportemos nuestra fortaleza, nuestra prudencia, la voluntad y una buena carga de alegría y optimismo en estas cosas maravillosas que nos pasan. Qué así sea.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.