Archivo | noviembre, 2020

Extractos de Cristales y Colores

23 Nov

«Recortados contra el poniente, los hombres y las bestias bajaban las cabezas y las escondían en la propia sombra. La luz doraba los contornos hasta que,  desde lejos, el horizonte se tragaba al mundo. Tal vez aparecería la luna descubierta tras el celaje. Tal vez las estrellas, para brillar como si estuvieran al alcance de los hombres. Felicitas, la dueña de casa, la del perfil afinado con rodete y zarcillos y una lejana inquietud para presentir toda la vida, se dormiría antes de eso con el desmayado propósito de sobrevivir.  Despertarse fue muy doloroso. Estaba toda doblada contra un tronco que sostenía la tienda principal. Todavía no sabía que estaba en poder de un pequeño grupo que andaba maloqueando por la zona y que entre otros grupos se abrirían en abanico a través de la Pampa para escaparse con mayor seguridad.»

Párrafos del libro Cristales y Colores. ¿No les parece que puede ser un hermoso regalo para estas fiestas?

«Anéken me preguntó si tenía miedo al fuego. Saqué del fuego una brasa y me la coloqué en el brazo. Casi enseguida la apartó y pareció satisfecho. Pronto la seriedad de la reunión dio lugar a tranquila charla y risas contenidas.”

Ese relato y una foto inspiraron esta novela que transcurre a mediados del
siglo XIX y se mueve entre dos mundos. Estancieros y colonos del interior del país, enfrentados con manzaneros bravos que venían del Sur. Hombres y mujeres de uno y otro lado, que debieron convivir, aprender y olvidar. Pocos cronistas se han dedicado a hablar, de esta manera, sobre la formidable aventura humana que significó la conquista del Desierto en Buenos Aires, Argentina, desde el punto de vista de lo cotidiano.

La historia grande está basada en hechos reales y también las descripciones, muy detalladas, de la vida cotidiana en las tierras de los manzaneros. Sus dioses y sus bailes, sus comidas, la forma que tenían de divertirse y la extrema bravura de sus guerreros, los mejores de nuestra historia. Por el lado de la civilización porteña veremos desfilar hombres y mujeres que iban de la vida peligrosa en la frontera a la opulencia de una clase social rica y educada. Sus palacetes, sus viajes y sus pasiones.

Se nos harán familiares sus nombres y sus rangos. Sufriremos y gozaremos
con ellos el momento histórico que les ha tocado vivir. El cruce de
sus destinos aparentemente tan distintos y la inocencia con la que,
definitivamente, fueron los testigos privilegiados del final de una época en el término apretado de sus propias vidas, como nunca había pasado antes.

Felicitas e Inacayal, entre todos los otros, aprendieron que la sangre era
del mismo color y cada comunidad tenía sus dolores y sus festejos, sellados
por un lado por el avance de la civilización y por otro, por el respeto y la
admiración, mezclados con el miedo que tenía el hombre blanco ante los
dueños del fin del mundo.

Todo empieza con una fiesta de la cosecha en una estancia y un malón
que llega, destruye y se lleva cosas y cautivos. La historia va y viene entre
dos mundos y dos épocas. Sólo podría haber pasado, tal como se cuenta,
en aquella época de cristales y colores, de cambios profundos y pasiones irrepetibles.

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El cuaderno marmolado

19 Nov

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Hilacha que va tramando

El cuaderno marmolado

Un cuaderno marmolado en blanco y negro sobre una cama llena de papeles.  Es el rencuentro con viejos textos que se empujaban unos a otros en aquella época de no saber.  De no modificar el ser interior.  Ni esperanza ni culpa, ni preguntas.  Todo fluía naturalmente por el camino de la cotidianeidad.

Uno se pregunta ¿quién soy yo? cuando siente que su identidad está en peligro.  Y ahora que parece que lo está busco en el cuaderno/diario el  puñado de frases que se iban acumulando en mi historia.  Recuerdos, fotos, pensamientos que me dejaban a salvo de profundizar.  Estudiantina de días incompletos, caminos simples para llegar al conocimiento. ¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo transitando ahora la pandemia?

Para resolver este nuevo enigma las personas nos volvemos a los dioses. A cualquiera de los dioses que nos den tranquilidad les damos realidad a través del culto personal o público.  Nos encontramos rezando en lenguas esperando que esos mismos dioses nos dispensen sus bienes.  Alrededor estalló la Pandemia, nos sacudió primero con su anonimato, sus dimensiones extraordinarias, el desconocimiento que teníamos de cada una de sus apariciones y después con la gran verdad, ya que todo paraíso es un paraíso perdido: habíamos perdido el control de nuestra propia vida.  La delicada ignorancia de nuestra propia vida se fue entre los dolores de parir una pandemia.  El mundo se disparó para el espacio girando, ahora sí, chiquito y vulnerable.  Y nosotros en él.  La majestuosa raza humana apretando las manos, agarrándose a cuanto estaba cerca.  Con miedo.  Con extrañeza, con dolor.  Nos lanzamos a hacer cosas bien sencillas, las de todos los días, las que conocemos desde el fondo de la historia.  Aprendimos a comunicarnos de otra manera, lo peor sería no poder tocarnos, no poder besarnos ni abrazarnos.  Los seres humanos se tocan para ser humanos.  Y no podemos.  Transitamos muchas sorpresas, mucha desolación, mucha soledad.  El mundo detuvo su paso más que nunca en la historia y la naturaleza agradeció ese paréntesis.  El cielo se puso más limpio, las plantas brillaron con verdes olvidados y las flores, las flores fueron el epítome de toda belleza.

flores

Entonces fuimos soltando las manos apretadas del miedo y miramos alrededor como el primer hombre miró la Creación.  Esto finalmente nos salva.  Siempre está la historia del hombre sobreponiéndose a cualquier destino.  Como grandes titiriteros empezamos a entender, aunque nada esté claro, que esta experiencia trae voces de respuestas, que aprenderemos a mirarnos más allá de lo aparente, que nos haremos fuertes ante los otros para sobrevivir bien. 

Nos miramos con otros ojos.  Y llega el milagro.  Aprender.  Aprender  a mirarnos, a conocernos, a querernos.  A usar al mundo con respeto.  A recobrar la majestad de los seres humanos.  Ya hubo y habrá nuevos desafíos.  Sostengamos la mirada de nuestro amigo y esperemos que el enemigo aprenda a no serlo.  Ahondemos en la amistad, en la ternura, en el amor.  Pidamos perdón y exijamos empatía.  Recobremos nuestro esplendor.  Somos aquellos para quienes Dios creó el mundo.  Lo somos!  A veces nos olvidamos pero lo somos.  Que nadie nos vuelva a confundir. Aprovechemos la Pandemia.  Celebremos, bailemos la danza de todas las vidas y demos gracias a Dios.

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