Archivo | 15:18

El cuaderno marmolado

19 Nov

PHOTO-2020-11-17-12-26-07

Hilacha que va tramando

El cuaderno marmolado

Un cuaderno marmolado en blanco y negro sobre una cama llena de papeles.  Es el rencuentro con viejos textos que se empujaban unos a otros en aquella época de no saber.  De no modificar el ser interior.  Ni esperanza ni culpa, ni preguntas.  Todo fluía naturalmente por el camino de la cotidianeidad.

Uno se pregunta ¿quién soy yo? cuando siente que su identidad está en peligro.  Y ahora que parece que lo está busco en el cuaderno/diario el  puñado de frases que se iban acumulando en mi historia.  Recuerdos, fotos, pensamientos que me dejaban a salvo de profundizar.  Estudiantina de días incompletos, caminos simples para llegar al conocimiento. ¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo transitando ahora la pandemia?

Para resolver este nuevo enigma las personas nos volvemos a los dioses. A cualquiera de los dioses que nos den tranquilidad les damos realidad a través del culto personal o público.  Nos encontramos rezando en lenguas esperando que esos mismos dioses nos dispensen sus bienes.  Alrededor estalló la Pandemia, nos sacudió primero con su anonimato, sus dimensiones extraordinarias, el desconocimiento que teníamos de cada una de sus apariciones y después con la gran verdad, ya que todo paraíso es un paraíso perdido: habíamos perdido el control de nuestra propia vida.  La delicada ignorancia de nuestra propia vida se fue entre los dolores de parir una pandemia.  El mundo se disparó para el espacio girando, ahora sí, chiquito y vulnerable.  Y nosotros en él.  La majestuosa raza humana apretando las manos, agarrándose a cuanto estaba cerca.  Con miedo.  Con extrañeza, con dolor.  Nos lanzamos a hacer cosas bien sencillas, las de todos los días, las que conocemos desde el fondo de la historia.  Aprendimos a comunicarnos de otra manera, lo peor sería no poder tocarnos, no poder besarnos ni abrazarnos.  Los seres humanos se tocan para ser humanos.  Y no podemos.  Transitamos muchas sorpresas, mucha desolación, mucha soledad.  El mundo detuvo su paso más que nunca en la historia y la naturaleza agradeció ese paréntesis.  El cielo se puso más limpio, las plantas brillaron con verdes olvidados y las flores, las flores fueron el epítome de toda belleza.

flores

Entonces fuimos soltando las manos apretadas del miedo y miramos alrededor como el primer hombre miró la Creación.  Esto finalmente nos salva.  Siempre está la historia del hombre sobreponiéndose a cualquier destino.  Como grandes titiriteros empezamos a entender, aunque nada esté claro, que esta experiencia trae voces de respuestas, que aprenderemos a mirarnos más allá de lo aparente, que nos haremos fuertes ante los otros para sobrevivir bien. 

Nos miramos con otros ojos.  Y llega el milagro.  Aprender.  Aprender  a mirarnos, a conocernos, a querernos.  A usar al mundo con respeto.  A recobrar la majestad de los seres humanos.  Ya hubo y habrá nuevos desafíos.  Sostengamos la mirada de nuestro amigo y esperemos que el enemigo aprenda a no serlo.  Ahondemos en la amistad, en la ternura, en el amor.  Pidamos perdón y exijamos empatía.  Recobremos nuestro esplendor.  Somos aquellos para quienes Dios creó el mundo.  Lo somos!  A veces nos olvidamos pero lo somos.  Que nadie nos vuelva a confundir. Aprovechemos la Pandemia.  Celebremos, bailemos la danza de todas las vidas y demos gracias a Dios.

familia2

Te invito a leer mi novela Cristales y Colores, de otros tiempos y otras historias.  Para saber más puedes hacer click aquí.