¡VIVAN LAS CIRCUNSTANCIAS!
Después de mucho tiempo de no escribir sobre mi oficio, que es la Orientación Familiar, y específicamente los cursos para padres siento la necesidad de volver a ello. Este tiempo desconocido, imprevisto y difícil nos ha puesto a todos los seres humanos en situación de equilibristas locos que no podemos elegir ni para qué lado caer. Año de reclusión sin proyecto, año de día a día para que sea un día igual. Zozobra, desconcierto, angustia. El hilo de la descripción me lleva una y otra vez a las “circunstancias”: Accidente de tiempo, lugar, modo, que está unido a la sustancia de algún hecho o dicho. Calidad o requisito. Accidente, causa, particularidad. Medio, ambiente, detalle, pormenor. Y también “según van las cosas o estado en que se hallan los hechos”.
Catarata de palabras que se nos caen del cielo para pensar en lo que pasa alrededor de nosotros. Las circunstancias son como el destino claro, afirmado en su propia autoridad, aquello que pasa en el mundo mientras vivimos y queremos decidir. Pueden cambiar por sí mismas y pueden cambiar por nuestra valentía y decisión. Pero algo hay que es preciso:
“Para cambiar una situación deben cambiar sus circunstancias”
No lo vemos. Generalmente no lo vemos y nos vamos gastando para cambiar cosas que nos duelen, o nos paralizan en el ámbito de cada día. Seguimos en el mismo sendero recóndito donde la luz es tenue y amenazante y dejamos la vida para cambiar los resultados. Es inútil, hay que empezar por el principio. Nos sentamos en una roca del camino y pensamos. La solución está en el principio.
No se trata de cambiar el sendero, ni el paisaje, ni aquellos que nos acompañan. Hay que empezar de nuevo. Con el inventario y con el repertorio.
Usamos muchas técnicas con la educación de los niños. Cuando vemos problemas en su formación, cambiamos lo que llamamos sus “circunstancias”. Hay ejemplos claros que ayudan en el tema. Lo hablaremos en el próximo mensaje. Pero hoy vamos a dibujar una figura geométrica que aleje la perspectiva de lo que nos está pasando para que, al revés de lo que hacemos siempre, vayamos de los niños al mundo.
Como en la escuela tirábamos líneas que relacionaban la Tierra y su satélite más importante, la luna, para conocer este universo interminable, hoy imaginamos nuestro Planeta como lo que es, un cuerpo redondo que se pierde en el espacio y que de sólo imaginar su tamaño en relación al resto nos hace sentir que somos nada más que polvo encendido.
Me imagino ese mundo girando y girando, silencioso y solitario. Nosotros en él. Eso me desconcierta y me atemoriza.
Vuelvo, entonces, me paro en el lugar más familiar de mi casa y recobro la consciencia de lo que verdaderamente somos. Personas a las que por primera vez en la historia del Mundo les han cambiado las circunstancias, a todos y al mismo tiempo. La magnitud de ese cambio es tan poderosa que aún cuando no pensamos en ello se cierne sobre nosotros como una nube fina que deja ver y no deja ver.
Nos cambiaron las circunstancias. Nos cambiaron los tiempos porque el virus decide por nosotros. Nos cambiaron la piel porque tenemos que dejar de abrazarnos. Nos cambiaron los deseos porque tememos más a la muerte que a la vida. Y nos cambiaron la libertad porque hay quien se aprovecha de esta amenaza para hacernos creer que tenemos que resignarla en nombre de una autoridad que no existe. Ser humano frente a ser humano.
Bajamos la cabeza hundidos en este nuevo mundo que se nos hace hostil por lo nuevo y peligroso. Terminamos enroscados en nuestros pesares soñando con el mundo que conocíamos y que perdimos.
Hasta que algo pasa y empezamos a desenroscar las emociones, nos ponemos de pie, estiramos los brazos y giramos en una danza hasta que cada pedazo del cuerpo se armoniza y el silencio se va aligerando, tarareamos, cantamos. Como siempre, los cambios empiezan por el cuerpo. La necesidad de respirar, de sentir el movimiento, de seguir el ritmo.
¿Cuáles son ahora nuestras circunstancias? Sabemos que todo va a volver lentamente a la normalidad. Los cambios serán mejores o peores pero siempre dentro de la vida cotidiana que evoluciona para la humanidad. Tal vez sean más rápidos y nos arrastren en su eficiencia.
Aprendimos. Los que quisieron aprender lo hicieron. El Tiempo se tomó su tiempo y pasó a ser distinto. Lo cuidamos y lo gastamos hasta que aprendimos a acumularlo ávidamente cada día.
El confinamiento que nos obligó a adecuarnos, que nos dio espacio para compartir con quienes amamos y nos aman. El ocio que nos permitió pensar en nosotros empezando del principio. Los valores que nos hicieron menos egoístas. La imaginación y el ingenio que nos llevaron desde no saber distraernos a ver espectáculos magníficos. La fuerza de la solidaridad. La mayoría que giró en el espacio del peligro aprendió a compartir ese peligro. Algunos ganaron en humildad, otros en paciencia, otros en vulnerabilidad. Volvió la compasión por los que sufrían más y la admiración por los que se dedicaban a paliar los dolores. Fue el año en que estuvimos todos en peligro. Nos hermanó, aunque al principio ni nos dimos cuenta.
Y la naturaleza… se tomó el tiempo para resplandecer. Cuando nos estábamos perdiendo en discusiones entre los que se preocupaban y aquellos a los que no les importaba, aparecía el aire más puro, las flores limpias, los pájaros en el jardín se bañaban con el riego y su gozo se contagiaba. y el pasto se hizo una alfombra gruesa de verde intenso. Le dejamos a la naturaleza unos días sin agredir y aparece en todo su esplendor.
Aprendimos.
Seguimos en el Mundo girando como polvo encendido, como si fuéramos chiquitos y de poco valor. Pero no. Porque aprendimos, los que quisieron aprender pudieron hacerlo.
Nos cambiaron las circunstancias como nunca en la historia. Cada uno sabrá qué hizo con esto.



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