Tal como bien la describiera un prestigioso historiador argentino, Cristales y Colores no es una novela histórica, sino historia contada a través de una ficción. Entre hechos reales, descripciones coloridas y paisajes exquisitos, los protagonistas se nos hacen tan conocidos que parece que hubieran existido realmente. La pluma de esta autora nos lleva a un tiempo en que la visión de un futuro glorioso para la Argentina impulsó a hombres y mujeres ordinarios a llevar vidas extraordinarias. Ciudadanos de existencia apacible entre fiestas de salón y viajes a Europa se largaron a la aventura de extender las fronteras de un país demasiado pequeño frente a sus gigantescas posibilidades. Del otro lado se encontraron con otros pueblos, dueños de paisajes eternos y desérticos, libres como nadie nunca volvió a serlo, que tuvieron la desgracia (o la suerte) de ver en los que venían del norte la oportunidad de hacerse de riquezas, ganado, caballos, mujeres y niños. Cuando supieron lo que podían obtener por su propia fuerza física ya no pudieron evitar un destino cruel. Se encontraron entonces dos oponentes que, en noches de terror cuando los indios arrasaban las estancias y dejaban muerte y dolor a su paso, parecían igual de feroces. Solo que la civilización siempre avanza, y quienes eran conscientes de la inevitabilidad del progreso y tenían apasionados sueños de grandeza eran en realidad más fuertes, entonces ganaron la lucha para nunca volver a perderla.
Pero pensando y repensando esta novela que me tuvo atrapada en sus páginas hasta que la terminé, y la leí otra vez, y otra vez más, debo decir que no se trata de Felicitas y su cautiverio. En realidad es la historia de una mujer que recorriendo su pasado y el de las mujeres que la precedieron en su familia se encuentra a sí misma. Crecemos para adentro, y crecemos cuando nuestra vida se empieza a explicar a través de las vidas de otros. No es trivial la búsqueda de nuestros orígenes, nada trivial. Somos libres cuando entendemos de donde venimos, cuando finalmente entendemos y logramos pararnos en el medio de nuestras circunstancias en un camino interior que no es solitario porque está lleno de quienes fueron anteriores a nosotros.
En tiempos en que tantas voces para mí extrañas e incomprensibles nos quieren confundir sobre la identidad femenina, encontré en los personajes imaginados por Zully a las mujeres reales, como las de mi familia, las que han sido fuertes y sabias y sostén de los suyos. Las que en el camino de conocerse a sí mismas a través del amor, del dolor y de la esperanza hacen mejor el mundo al que pertenecen.
Cristales y Colores es un libro apasionante de aventuras y supervivencia. Imperdible.
Ana P. Poratelli
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