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Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia XII – Otro aspecto de las Normas Claras

24 Sep

 Hilachas que van tramando  – Autoridad en la Familia XII

El otro aspecto de las Normas Claras

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Recordemos que estamos hablando de una familia. Una familia tiene una dinámica diferente a cualquier otra institución en la que se necesiten normas expresas de convivencia.  La familia no se maneja con un Código formal.  Para distinguir bien este concepto, como otras veces, volvemos a la sencillez de la experiencia de vida de generaciones y generaciones de familias que nos precedieron.  La familia se estructura y se desestructura según la vida le va pasando por al lado, por encima como una aplanadora o con tiempos de paz y alegría en los que parece que todo está muy bien.  Pero casi nunca estamos en equilibrio.  Por la misma riqueza de emociones y sentimientos, expectativas, proyectos y contingencias que vivimos en la familia, casi nunca estamos en equilibrio.  ¡Lo que es una suerte!

Porque en todo Equilibrio, las fuerzas se compensan hasta que se anulan para terminar siendo iguales.  Eso no existe en una familia.  Si fuera así se perdería el riquísimo entramado de muchas vidas que recorren juntas todo el camino.  Y siendo el amor y la identidad lo único que los ata, los integrantes de una familia, verdaderamente resultan iguales pero diferentes.

Lo que se requiere en la familia es la Armonía: por la cual las fuerzas no son iguales, por lo contrario se complementan, las personas se aceptan como diferentes y en tiempos diferentes, todos crecen.

Todos son diferentes, tienen diferentes edades, diferentes sueños, diferentes proyectos y otros recursos personales.  Hay momentos en que los planos se inclinan para uno u otro y todos deben respetarlo y comprenderlo.  Hay momentos en que uno necesita más tiempo que los demás, aquél más severidad y éste más risas.  Uno recibirá más tiempo y otro más diálogo.

De eso se trata lo que llamamos Armonía en la familia, para lo cual necesitamos las Normas Claras, con ellas aprendemos unos de otros según se suceden las generaciones.

Repasando, hemos dicho que para que resulte necesitamos las cuatro C de la información sobre las normas a imponer:

  • Clara
  • Corta
  • Concisa
  • Cambiar de tema

Para que el hijo entienda y aprenda:

  • Lo que tiene que hacer
  • Lo que debe hacer
  • Lo que puede hacer
  • Lo que quiere hacer

Ahora corresponde hablar sobre el otro aspecto de toda norma y jugamos con las cuatro C, que también necesitamos:

  • Conversar
  • Comprender
  • Conciliar
  • Conceder

Esto se refiere a los padres y se irá requiriendo de los hijos a medida que ellos vayan creciendo.

Conversar: Tener trato y comunicación con alguien.  Ya nos hemos detenido largamente en el tema de la comunicación y seguiremos haciéndolo porque es fundamental en la vida de todos los hombres y, especialmente, en la vida de una familia.  Es la matriz de toda educación, de toda relación y, por ende, de todo el amor que se tienen entre ellos.  Para que la Comunicación sea eficiente es necesario hablar y hablar y no solamente de cosas concretas, cotidianas y simples.  A veces se necesita hablar de otras cosas, más personales, más íntimas y formadoras.

A veces es necesario lo que yo llamo: “Hablar con subtítulos”.  Hace falta decir lo que uno siente.  Hace falta explicar por qué uno quiere algo.  A qué se debe tal exigencia.  Hace falta contar lo que le pasó en tal o cual situación.  Hablar de lo que para uno es importante. Expresar cuánto uno ama al resto.  Lo que quiere para ellos.  Lo que agradece tenerlos.  Y explicar cuando una norma debe cumplirse y por qué.  No basta con “sentir” las cosas, hay que relatarlas.  Los otros, los integrantes de una familia no tienen por qué “saber” intuitivamente lo que le pasa a uno.  Con la moderación de no exagerar, hay que “comunicar”.

En estos tiempos nos vamos acostumbrando a dejarnos llevar, demasiado seguido, por banalidades; hablamos con abreviaturas, tememos a los temas importantes, nos deslumbran las imágenes y nos falta el tiempo.  Hay que conversar, y hablar con subtítulos.

Comprender: Es abrazar, ceñir, rodear// Contener, incluir en alguna cosa// Entender, alcanzar, adivinar.

Incluir a nuestros hijos en toda nuestra consciencia, alcanzarlos en su desarrollo, abrazarlos con voluntad de cuidarlos. ¡Entenderlos! ¡Entenderlos! ¡Entenderlos!

Conciliar: conciliar es componer y ajustar los ánimos discordes.  Armonizar.  Somos los padres los que estamos preparados y debemos bajar los ánimos y acrecentar nuestra benevolencia.  Por edad, por situación, y por la responsabilidad que nos hemos tomado, los padres debemos manejar las situaciones en que hace falta conciliar.  No se puede perder la paciencia . “El que pierde la paciencia pierde la guerra” Por amor a nuestros hijos no se puede perder esa guerra.

Conceder: Esto es dar u otorgar algo como merced o gracia.  Asentir sobre algo que se nos pide o espera.  Y convenir en lo que el otro dice o afirma.  Es de hombres inteligentes tener ideas propias, y de sabios aceptar lo que los otros saben o que los otros tienen razón cuando la tienen.

¿Estamos hablando de lo mismo?

De Normas Claras, Autoridad, Exigencia, Orden, Responsabilidad, y todas esas cosas que se nos hacen severas, sordas a otros conceptos, poco flexibles.

Y, al mismo tiempo, hablamos de Comprender, Conversar, Conceder, Conciliar.

¡Cómo si fuera lo mismo!

¡Es lo mismo!

Desde el principio de estas charlas hemos ido demostrando que es lo mismo.

La naturaleza de la Autoridad está formada por el Prestigio y la Vocación de Servicio.  La Responsabilidad, la Exigencia,  las Normas que nos permiten convivir con nuestros semejantes, el orden que establecemos para nosotros mismos nos deben ayudar a Comprender, Conversar, Conciliar y Conceder en la relación con los otros.  Es parte de naturaleza del ser humano y de su capacidad de ser cada vez mejor.

Comprender y escuchar a nuestros hijos implica acompañarlos en su tarea de mejorar para ellos mismos y para los demás.  Implica que los consideramos héroes, cada vez mejores, cada vez más dignos de sí mismos.  Implica que los entendemos, los amamos,  que los vamos a formar y que, de nuestra tarea resultará que ellos mismos adquieran su libertad de elegir.

Elegir las Normas y hacerlas cumplir es entender que son instrumentos válidos para educar y  para convivir.  Solamente los hombres dignos se someten a las reglas claras de la convivencia. Solamente ellos saben que la única debilidad es estar por debajo de las posibilidades personales de ser cada día lo mejor que uno puede ser y que la norma de vida es el vehículo eficiente en este propósito.

La norma existe para doblegar el propio egoísmo, para respetar los espacios ajenos, para corregir al que se equivoca, para ordenar lo que tiende a desordenarse.  Para reconocer las reglas del juego que impone cada familia.

Si negar las normas de convivencia, aceptar que casi todo está permitido, que todo es relativo y que cada uno vive a sus aires, trajera la felicidad de todos, estaríamos de acuerdo.  Pero la experiencia vital del hombre moderno nos enseña que el vacío existencial, que a veces  atenta contra esa felicidad, está nada más y nada menos en la falta de reglas y el desalentador relativismo que nos impiden convivir en paz con nuestros semejantes y enseñarles a nuestros hijos a hacer algo por los demás.

A medida que se van cayendo estructuras que parecían inamovibles en la sociedad en la que viven nuestras familias, se hacen más necesarias las normas que, con total libertad, establecemos para ellas.  Todo se puede ir ordenando y solucionando en este arduo camino de llevar adelante la vida en común.

Por estas realidades hoy, más que nunca, podemos asegurar que “La familia de hoy se estabiliza y funciona, según su capacidad de reconocer sus conflictos y asumirlos para resolverlos”.

En este momento de la reflexión los padres e hijos deberían probar sentarse a una mesa y hacer una pregunta clave para todos.  No importa la edad o la circunstancia de cada uno, cada uno opina sobre lo que le parece mejor para su familia.  

Creo que la pregunta clave para contestar y poder establecer parámetros de comportamiento sería:
“¿Qué clase de familia queremos?

De allí saldrán las normas que los ayudarán a vivir según la familia que quieran tener.  Es notable hacer la experiencia y ver cómo los hijos, hasta los más chicos, aportan su caudal de opiniones valiosas.

Las pequeñas reuniones informales en las que se van estableciendo estos temas culminan con notas escritas que ayuden a no olvidarlas.

Después, recordemos que “no se educa por consenso”, son los padres los que finalmente van a decidir en consecuencia de lo hablado.

Créanme que es una experiencia muy reveladora y educativa.

Lo que los niños saben intuitivamente y saben que lo necesitan y los padres, a veces, parece que se niegan a reconocer es que con normas claras, conocidas por todos, aceptadas por todos y cumplidas por todos, la vida es mucho más fácil.

Esto también tiene que ver con un tema principalísimo en la vida de la familia y que desarrollaremos en otro momento: La Participación de todos, en todo.

Parece difícil en estos tiempos tener Tiempo para estas experiencias familiares.  He dicho muchas veces y lo seguiré diciendo en el futuro que “El Tiempo de la vida podemos “gastarlo” o “acumularlo”.  En definitiva eso es lo que estamos decidiendo cuando nos ocupamos de nuestra familia.

Lo que viene en los próximos artículos es hablar de

¿Qué pasa cuando la norma no se cumple?

¿Hay premios y castigos?

¿Cuál es el método apropiado para recorrer el camino del Servicio en el ejercicio de la autoridad? Sus cinco pasos.

Esta historia de la familia es tan atrapante como la mejor de las aventuras.  La tenemos a mano.  Vamos a vivirla con toda la pasión que podamos. Vale la pena.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

 

 

Hilachas que van tramando – la Puerta 45

14 Ago

Hilachas que van tramando

La Puerta 45

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Lo que llamamos “Puerta 45”  en ese aeropuerto es un alarde de grandiosidad y buen gusto.  Allí llegamos muchas horas antes del vuelo.  En lugar de convertirnos en peregrinos desalentados recorriendo la ciudad para hacer tiempo, después de un viaje estupendo y muy cansador, decidimos buscar refugio metiéndonos en el pre- embarque como quien se mete en una cama ajena  pero confortable.  El lugar es enorme, y los amplios ventanales incorporan cientos de aviones.  A la distancia hay más, y parece que estuviéramos volando con cada uno de ellos, asumiendo el cielo y la tierra en otra dimensión.  El piso brillante y los espacios que se van sucediendo siempre iguales y siempre distintos a medida que buscamos la Puerta 45, serán nuestra cápsula fuera de toda realidad. Como si nos hubiéramos transformado en viajeros eternos renovamos esa emoción de no pertenecer.  Insignificantes y al mismo tiempo dueños de ese lugar al que solamente acceden los que van a viajar.  Únicos, distintos, anónimos, cositas dispersas en el espacio que nos va a contener dentro de unas horas, sobre un mar que se hace inmenso en la noche hasta que volvamos  a ser los dueños de nuestra propia vida.

Hay todo tipo de personajes y nosotros somos otro tipo de personajes.  Hay gente de todo el mundo y nosotros somos de otro mundo.  Se oyen mil lenguas diferentes y nosotros tenemos una de ellas ¡sólo que la nuestra es la mejor porque nos entendemos!  Ese espacio cerrado es uno de los puntos en los que uno experimenta la vastedad del mundo, las diferencias entre los hombres que confirma que finalmente somos todos iguales, pertenecemos todos a este planeta Tierra y lloramos y reímos por las mismas cosas.  Todos embarcados en los mismos viajes. Dependiendo unos de otros.

En un momento empezamos a sentir una guitarra y una canción.  La voz es de un hombre joven y, más que entonada, es emocionante. Está rodeado de gente pero su voz está sola, categóricamente sola, como si estuviera a la puerta de su casa frente al desierto, mientras amanece y la arena se pone rojiza. Es una voz con cavidades y tiempos remotos que se llenan de sus propias querencias a las que, por puro sentimiento, se van incorporando las nuestras.  Todos frente al desierto, cada uno solo y todos juntos.  Está a unos veinte metros de nosotros y lentamente empieza a hacerse  silencio.  Se agrega otro sonido, y otro de instrumentos pocos convencionales.  Se agrega una voz de mujer y otra y otros hombres.  La música es rítmica y de sones repetidos, como los salmos.  Increíblemente dulce y sin embargo fuerte y convocadora.  Nos vamos acercando hasta que los rodeamos en círculo.  Alguien corre los sillones.  Ellos van formando pequeños círculos y empiezan a bailar.  Se invitan unos a otros para incorporarse al grupo.  Después mezclan las figuras coreográficas y se hace un círculo mayor.  Van para un lado y para el otro.  Es, notablemente, un baile folclórico.  Cambian las canciones pero siempre del mismo estilo.  Los rostros se iluminan, los jóvenes bailarines-cantores están felices, y la danza se hace más activa.  Las mujeres despliegan todo su encanto, las hay de todas las edades aunque siguen prevaleciendo las más jóvenes.  Los hombres se sonríen y bailan estimulados por ellas. Alguien dice “Son canciones judías”, “No, son sardas catalanas”.  “Son canciones religiosas”. “Son del Este de Europa”.  “Parecen de gitanos”.   Un rato después nadie trata de entender, todos gozamos con el espectáculo que convoca a más de cien jóvenes.  Cantan y bailan como si estuvieran solos, al borde del desierto mientras amanece y la arena se pone rojiza.  Me dejo llevar, como todos, y tengo ganas de agregarme a ellos.  No lo hago porque los dueños del desierto son ellos y yo un pasajero anónimo, pero me quedo hasta que terminan de bailar.  ¡Han pasado más de dos horas!  El público estalla literalmente en aplausos y gritos de aprobación.  Ha sido un momento único, de aquellos que la vida nos depara.  Inolvidable.  Después nos enteramos de que son jóvenes polacos, más de cien, de un grupo de dos mil, que van al Encuentro de la Juventud a Río de Janeiro.  Su canto era religioso y cristiano y judío y catalán.  Era de gitanos y de peregrinos.  Era de alegría y de ofrenda.  Dios y la juventud se llevan muy bien, muy bien.  Dios y la juventud son posibles de suceder, siempre.  Llevan la vida, con toda precisión, hasta el punto de mayor esperanza.  Dios y los jóvenes son poderosos.  Cantan y bailan y nos conquistan.  Nos convencen de que todo es posible.  Nos contagian de eternidad.  Dios y la juventud se llevan muy bien.

Me pongo a pensar en el poder benéfico que tienen los que cantan y bailan con esa alegría.  Y, también, en el poder como una fuerza externa que puede decidir sobre la vida de cada uno.

Vamos a hablar un poco sobre el poder.  Pero, primero, diferenciamos.

Poder: Tener expedita la potencia o facultad de hacer alguna cosa//Tener facilidad, tiempo o lugar de hacer algo.

No vamos a hablar de ese poder.  Solamente decimos que el mundo sería mucho mejor para todos si todos usáramos los dones y las posibilidades que tenemos de hacer cosas, haciéndolas bien y con buenos propósitos.  Pero ese es otro tema.

Poder: Tener dominio, imperio, facultad para mandar a hacer algo// Suprema potestad rectora del Estado.

Estamos en tema.  El poder debidamente ejercido es el que se usa para el bien de los demás.  Es  la parte ejecutiva de la Autoridad. 

Como ya sabemos algo sobre la Autoridad deducimos que el Poder tiene que basarse en el prestigio de quien lo ejerce y solamente usarse para servir a los demás.

Pero la trampa en todo esto es que también el poder lleva en sí mismo el germen de su locura, que aparece una y otra vez para engañar a quien lo ostenta y hacerle creer que es absoluto o que puede durar para siempre, lo que equivale a lo mismo.  Locura que también engaña a quien está sometido a él y que contribuye con su actitud por subordinación, miedo, ambición o cualquier otro sentimiento negativo, a la torpe maniobra.   Con la necesaria complicidad de ambos sujetos, uno culpable, el otro víctima, el poder adquiere entidad como un tercer personaje, ajeno a los otros dos, que se pasea tan campante por este mundo arruinando la vida de mucha gente.  Dos hombres, por lo menos, se necesitan para que el poder aparezca.  Aunque, generalmente, es cosa de muchos.

Hablamos del poder de individuos en su familia, sus amistades, sus relaciones laborales, el mundo social, y, también, el poder político que siempre es desmesurado,  porque afecta a un número enorme de personas.

El sentimiento primario ante aquellos que están sometidos a un poder del que no pueden liberarse es de una profunda tristeza y un enojo enraigado en la naturaleza de los hombres que siempre han luchado contra él y siempre con éxito, ya que el mundo ha ido repartiendo el poder siempre de menos a más personas, y así será para siempre.  Pero eso es tema para historiadores y sociólogos.  Seguimos con lo nuestro.

En los primeros años de la vida uno teme, queda confundido, sospecha, se achica  y quiere alejarse del poder.  Sobre todo le teme.  Pero, felizmente, los años pasan y como decía la abuela “he visto más castillos caer que estrellas en el cielo, solamente me quedo mirando y espero”.

El poder termina derritiéndose hasta ser una masa informe para empujarla y sacarla de escena sin mirar atrás.  Es así porque su propia existencia es parte de una locura recurrente que el hombre debe desterrar de la historia.

Nos  preguntamos una y otra vez sobre su naturaleza.

Es sin dudas el más fuerte de los impulsos que tiene el hombre.  Más cosas  se han hecho por tener poder que por amor o ambición.  Y en su misma perversión está su fracaso.

El Poder es el instrumento ideal de la Soberbia, primer pecado que según la Biblia se ha cometido contra Dios.  ¡Nada menos qué contra Dios!  Creerse diferente a los otros y más qué ellos!  Engaña y deforma la realidad, aísla a un individuo de los otros, desprecia a los que son iguales, reduciendo la humanidad a harapos, abandona los afectos, agota porque necesita una fuerza inagotable, envejece porque se lleva los años de vivir, ejerciéndolo.  Miente, corrompe, aturde.

Peca contra los otros y necesita la soledad para sobrevivir.

Si lo miramos desde otro lado el poder se ha llevado jirones de la humanidad de quien lo ostenta cuando  la humanidad es lo que somos.  Andamos por la vida siendo humanos, necesitamos que nos amen, que nos cuiden, que nos entiendan, que nos permitan pertenecer, somos con los otros y por los otros.

El poder se ha llevado jirones de la humanidad de aquel pobre individuo que quiere ser poderoso, que se siente poderoso, que es poderoso, que en realidad está solo, está abandonado, está miserablemente perdido en la única vida que vivirá en este mundo.  Porque el poder tiene un enemigo fatal, impiadoso que lo persigue, lo acorrala y siempre, siempre le gana.  El Tiempo.  Tarde o temprano ese pobre individuo con poder absoluto mirará su imagen en el espejo del tiempo y, aunque no lo diga, aunque no quiera ni pensarlo, se encontrará fuera de todo espacio, solo, sin creer en nadie, sin que nadie le crea ni lo quiera.  Buscando una pertenencia que no existe, cuando no muriendo por el rebote de los excesos cometidos.    Nadie lo quiere ahora pero eso no es lo malo,  lo malo es que nadie lo ha querido nunca, nadie lo ha compadecido, nadie lo ha acompañado nunca.  Los que creía que lo acompañaban lo han estado engañando.  Entonces se va fundiendo en una masa informe, caída en el suelo, que alguien pateará sin conocer.  Es así.  Se derrite, hasta que el que lo ostenta, siempre, siempre, se queda pequeñito y termina desapareciendo.

“Lo importante para nosotros, personas comunes, millones de personas comunes, sería mirarlo desde el principio como si fuera su final”.  Es hacerle frente desde cada lugar.  Usar lo que uno tiene de humanidad para combatirlo heroicamente si se puede o enfrentarlo con un silencio elocuente.  Con fuerza interior, dejando que cada cosa adquiera la verdadera dimensión.  Para comprender su insignificancia y perder el miedo.  Con la viva fuerza de los hombres justos.

El poder absoluto  no sabe nada.  No tiene nada.  Es pura locura.  Se pierde lo mejor de la humanidad.  El poder absoluto es imbécil.  Y, si Dios quiere, será desterrado de este mundo siempre que  los hombres sigan caminando en busca de la paz y del entendimiento y la tolerancia entre ellos.

Hemos visto a los jóvenes cantar y bailar felices contagiando a todos su alegría: ellos y Dios se entienden.  No necesitan poderes especiales para vivir.

Ninguno podrá detenerlos. Qué así sea.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

 

 

 

 

 

Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia VIII – Servicio

5 Ago

Hilachas que van tramando

La Autoridad en la Familia VIIIServicio

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Es inusual que a un artículo sobre la Autoridad en la Familia, siga otro del mismo tema.  Pero por esta vez lo haremos de esta manera porque cuando hablamos de Autoridad, los dos sustentos principales son el Prestigio y la Actitud de Servicio.  Ambos indispensables para que se conforme correctamente la Autoridad.  Ambos indispensables de tal manera que, si falta uno de ellos, la Autoridad deja de existir como tal.

Auctor: Aumentar // Hacer algo

Augere: “Hacer crecer”

“La Autoridad es la cualidad que tiene el que hace crecer» ”Es un servicio a la libertad en el desarrollo de otros seres humanos que, por insustituible esfuerzo personal, van siendo cada vez más autónomos y más responsables en el proyecto de su propio “llegar a ser” lo mejor de ellos mismos, superando limitaciones propias y limitaciones ambientales”.

Hemos llegado así a esta  segunda “base” de la

Autoridad: es el Servicio necesario que prestan los padres al crecimiento de los hijos. Significa ayudar a los hijos a ser “ellos” mismos«.

Servicio:  Implica hacerse cargo del otro hasta que el otro se pueda hacer cargo de sí mismo. Acrecentando su autonomía y su propia responsabilidad.

Acompañamos a nuestros hijos en el camino de su propia vida, creyendo en ellos, fortaleciendo su voluntad, enseñándoles a convivir con sus semejantes.

Dice Gabriel Castellá:  “El programa de vida es exclusivo para cada hijo”.

Toda Autoridad que no se legitime en la voluntad de Servicio al otro, deja de ser tal y  se transforma en:

a)    Autoritarismo: que es el interés y el beneficio consecuente del que quiere ejercerla.  Abruma al otro y lo desprecia.

b)    Anarquía: produce por omisión el desamparo y fracaso del  educando.

La Autoridad se ejerce para que el hijo, finalmente cuando crezca, sepa con toda seguridad:

  • Lo que quiero hacer
  • Lo que tengo que hacer para lograrlo
  • Lo que puedo hacer
  • Lo que debo hacer

A poco que reflexionamos descubrimos que con las respuestas claras y serenas a tales premisas estamos en presencia de un adulto ecuánime y dueño de sí mismo.

Una persona es feliz si puede llegar a desarrollar todo su potencial como persona, en el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir.

Si tenemos claro el concepto de Servicio en el ejercicio de la Autoridad sobre nuestros hijos podemos allanar el camino hacia la tranquilidad de que lo estamos haciendo bien cuando, ante la duda sobre una medida que vamos a tomar, un permiso que vamos a otorgar o negar, una reprimenda o un premio, nos preguntamos

“¿Lo hago por mí o por él?” “¿Lo exijo por mi vanidad, por mi comodidad, por mi interés, porque la sociedad me apremia, porque es más fácil, o porque es lo mejor para él?

Damos algún ejemplo concreto:

a)   Juan quiere ir a bailar a un lugar que consideramos inadecuado por su edad, por el lugar o por cualquier otro motivo.  No lo dejamos.  Vienen los reproches, las quejas y los nervios.  Pregunta ¿No lo dejamos por nosotros, o porque es lo mejor para él?

b)  María  quiere conducir el coche familiar pero le falta experiencia.  No la dejamos.  Viene lo mismo.  Reproches, quejas, nervios.  Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para ella?

c)  Andrés se reúne con malas amistades.  Se lo complicamos, se lo negamos.  La misma respuesta de su parte.  Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para él?

d)  Bruno pretende hacer los deberes después de jugar y mirar TV.  No lo dejamos.  Reacción y pregunta: Las  mismas.

Tenemos estos casos todos los días y cada día muchas veces en la vida familiar.  A veces son temas intrascendentes, otras, los muy importantes.  Siempre que podamos contestar que lo hacemos por el bien de nuestro hijo, estemos tranquilos, las cosas saldrán bien.

Siempre que ejercemos nuestra autoridad para prestar un servicio al otro, estamos andando bien por el sendero de la educación. No hay ninguna duda de esto.

Podemos argumentar que en el texto todo parece fácil, pero que no es así en la vida real.  Hay técnicas y sistemas para ir desarrollando esta relación armoniosa entre padres e hijos.  Lo iremos presentando en los próximos artículos.

Pero podemos decir que la educación empieza desde que el niño nace.  Al principio serán besos y mimos, arrullos, canciones, todo lo que le haga sentir que forma parte de este mundo y que tiene quien lo quiere bien y, poco a poco, se agregarán costumbres sencillas de horarios, de atención y diálogos cariñosos hasta que el niño empiece a entender.  Se educa desde la cuna.

Con los hijos, el amor se presume.  Conviene, también, que lo hagamos explícito diciéndole cuánto lo amamos, y explicando que le exigimos por su propio bien.  Es lo que llamamos “hablar con subtítulos”  otro tema que mencionaremos muchas veces y vamos a desarrollar en el futuro.

La falta de Autoridad con los hijos les produce a ellos angustia por abandono.  En esta sociedad bastante confundida nos apresuramos a consentirlos creyendo que de esa manera les hacemos la vida más fácil.  La única manera que tenemos de facilitarle la vida a nuestros hijos es esperando de ellos y exigiendo de ellos, que sean lo que merecen ser.  Lo mejor que pueden ser ellos mismos sin compararlos con nadie.  Lo que ya mencionamos del “héroe”.

Dentro de este concepto de Prestigio y Servicio como partes indivisibles de la autoridad merece un párrafo aparte lo que llamamos Autoridad participativa.  Se trata de la autoridad que, por situación de vida, ejercen terceros sobre nuestros hijos: resto de la familia, escuela, gobernantes, servidores públicos, personas que, eventualmente estén a su cargo ya sea por unas horas o por períodos más largos.  Es importante que realcemos su autoridad que siempre será subordinada a la nuestra pero que tiene su peso porque irá acostumbrando al niño a líneas seguras de convivencia con los demás.  Debemos recordar que es imposible sostener la autoridad a solas porque somos gregarios, vivimos en sociedad y pretendemos formar parte de ella en forma armoniosa.

Sin embargo no debemos olvidar que contamos con esos terceros sin renunciar a nuestras obligaciones con nuestros hijos y a nuestros derechos sobre ellos ante la sociedad.  Somos los responsables naturales de ellos y de su educación.  Aceptar ayuda no significa delegar tareas propias.

Por otra parte, según sean los lugares en los que se desarrolla la vida de nuestros hijos, cambian los objetivos de quienes cooperan con su educación.  Es necesario aprender a reconocer cada objetivo para un mejor resultado.

Vamos a dejar dos preguntas muy importantes, que repetiremos muchas veces como reflexión y que podemos hacernos en referencia a estos temas

  • ¿Quién manda en mí?
  • ¿Quién manda en mi hijo?

Dentro de este tema está la autoridad de abuelos, tíos, padrinos, que deberán seguir las directivas de los padres.  Huyamos de los que dicen que los abuelos solamente malcrían y no educan. Ellos asistirán a los padres en esta tarea tan importante, por supuesto agregando sal y pimienta y dulce en las relaciones con sus nietos.  Los abuelos suelen tener más tiempo, más paciencia y más ingenio porque han vivido más.  Pero todos, padres y abuelos deben tener muy claro los límites de la educación para que aquellos no vean dificultada su tarea.  Hoy que muchos abuelos se ven obligados a suplantar a los papás porque ambos trabajan, deben estar al servicio de la educación de sus niños.  Y agregarle toda la tradición y sabiduría que la vida les ha dado.  Los mimos y las risas que son diferentes cuando vienen de parte de los abuelos.  Es una hermosa tarea.  Los abuelos son el nexo entre el presente y el pasado.  No los desperdiciemos.

Y, desde ya, la autoridad compartida de padres y madres es el mejor instrumento para educar hijos.

Todo de a dos como los contratos bien escritos. Sobre esto también vamos a tener párrafos aparte en el futuro.  Nos faltan para la próxima los otros componentes de la Autoridad:

  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras.

Vamos a ir armando con toda laboriosidad el intrincado camino de la vida de nuestros hijos.  Aquellas personitas que amamos más que a nada en el mundo.  Lo que son y lo que deben llegar a ser.  Y de los otros niños que estén cerca nuestro o a los que lleguemos por profesión o situación de vida.   Todos los niños, todos los niños del mundo merecen nuestro amor, nuestro respeto y nuestro cuidado.  La vida es un camino de ida, y sigue con los que vienen después, hermosa tarea la de ayudarlos, guiarlos y disfrutarlos.  Para que el mundo sea mejor.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia- El Prestigio

31 Jul

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia VII –  El Prestigio

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Me voy del tema y los lectores me vuelven a él.  Vamos entonces de lleno a los componentes de la Autoridad.  En este caso nos referimos a la que se ejerce en la Familia pero, a poco de andar, sabemos que estamos  hablando de la Autoridad en general.

Por el artículo anterior :

Ya sabemos que el Carácter se educa y la Personalidad se estimula

Para hacerlo sanamente, para que surta efecto, para que tengamos niños y jóvenes bien educados a los que la convivencia les resulte fácil;  que tengan más o menos claro el camino a seguir, lo que quieren ser en el futuro, lo que respetan de sí mismos y de los demás, lo que consideran valioso y lo que no.

En fin, todas las condiciones que hacen a un hombre feliz: debemos ejercer la Autoridad de una manera correcta y categórica.

Los padres son los educadores naturales.  Repetimos esto una y otra vez porque es la raíz de toda educación.  Con la excepción lógica de aquellos que no están con sus hijos por cualquier motivo, en cuyo caso, a las personas que están a cargo de los niños los asimilamos a sus padres.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad”  Todos nos quedamos tranquilos y falla la educación y formación de los niños.

Cuando los padres abandonan el concepto de ser los educadores naturales y necesarios de sus hijos, el espacio lo llenan otros, quieran ellos o no que esto suceda.

Me atrevo a decir que en este mundo nuestro hay muchos abandonos.  Muchos, muchos abandonos.  Lo dejo para pensar y seguimos.

Educar es un maravilloso camino de enriquecimiento recíproco.  Vamos a dejar tres frases para que cada padre aporte sus propias ideas a partir de ello.

  • El centro es el hijo, siempre el hijo.  No lo que yo quiero para mi hijo, lo que los otros esperan de mis hijos, o lo que yo creo que quiere mi hijo.  No.
  • Escuchemos atentamente a nuestros hijos.  Mientras ellos nos hablan, escuchemos, no estemos pensando y preparando la respuesta.  No tratemos de ser más ingeniosos que ellos. Escuchemos.  Escuchemos.  Escuchemos.
  • Cada hijo es una aventura.  Vivamos esa aventura con todos los ingredientes.  Vayamos viendo desplegarse en el tiempo y el espacio a esos niños que tenemos a cargo.  No hay una experiencia más plena y espectacular.

La Autoridad para conformarse necesita:

  • Prestigio
  • Actitud de Servicio
  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras

1)  Prestigio: “Influencia, ascendiente, autoridad de la que goza una persona”

El prestigio de los padres consiste en que sean dignos de ellos mismos y de los valores que proclaman.

Ya hemos dicho y seguimos repitiendo que el Prestigio es la coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago

“Yo, padre, soy modelo de referencia de mis hijos aunque no quiera”,  por eso decimos que

Enseñamos lo que sabemos. Educamos lo que somos”.

A poco que pensemos en este tema deducimos claramente lo que es el prestigio y basta con que miremos alrededor, personas cercanas, otras públicas, aquellas conocidas o que ostentan alguna influencia por el lugar en el que están e inmediatamente descubrimos en quién creemos, a quién admiramos, a quién respetamos, de quién podemos aprender.  Ése es el “Prestigio”  a viva voz.

Pero falta un componente muy importante.  El prestigio tiene mucho que ver con la manera en la que nos manifestamos ante nuestros hijos.

2)  Modo de ser de los padres: El modo de ser se demuestra  con a) Buen humor, b) Serenidad: Dos componentes indispensables para tener una buena relación.  Significa para nuestros hijos: optimismo, confianza, sonrisas.  c) Naturalidad: Padres flexibles, comprensivos, pero que no ceden en las cosas importantes porque están seguros de lo que hacen.

El Prestigio se opone a “lamentarse, echar en cara, dramatismo, falso respeto”.

No es fácil, cuando el temperamento no nos ayuda, encontrar caminos de sonrisas y buen humor en la vida cotidiana.  Todo es cuestión de aprender y ejercitar tales virtudes.  El resultado no sólo mejorará la relación con los hijos, hará efectiva la Autoridad y mejorará la vida en todas sus facetas.  Es bueno que tomemos conciencia de la forma en que vamos caminando por este mundo.  Es bueno que sepamos que una sonrisa hace que las cosas sean, siempre, más fáciles.  El buen trato se aprende, se practica como un deporte difícil, necesita de una rutina firme y perseverante, un esfuerzo sin descanso.  Pero se consigue.  Es indispensable en el trato con los demás y mejora la vida de todo el mundo, sobre todo la propia.

Esa actitud nace de algo que los seres humanos perseguimos todos los días de nuestra vida sin darnos cuenta:  La seguridad de que ocupamos el lugar que nos corresponde, que nuestros principios son los correctos, que tenemos valores positivos.

Todo lo que, además, nos permite reconocer nuestros errores y aprender de los demás.  Eso también demuestra y avala nuestro prestigio.

3)  La constante demostración de cariño hacia nuestros hijosNunca están de más los besos y los abrazos de los padres.  Los mimos son un motor indispensable para ellos.  No basta con quererlos, hay que demostrarlo y decirlo.  Decía la abuela “tantos chirlos, tantos besos”.  Y su sonrisa era puro abrazo.

4)  Su manera de relacionarse con los demásEl niño verá a sus padres como se relacionan con los demás, “el prójimo más prójimo”, la familia, amigos, el trabajo, deportes, autoridades, vecinos.  El trato puede dignificar o despreciar a una persona.  En su vida cotidiana la armonía del buen trato condiciona la vida en el hogar y fuera de él.  La aceptación y el respeto del otro son parte del Prestigio que necesitamos en la educación de nuestros hijos.

El prestigio es el instrumento eficaz de la educación.  Nuestros hijos son lo que somos nosotros.

Matriz ética de su educación: En su manera de pensar, decir y actuar, los padres componen un modo natural que no se inventa ni se “demuestra”. Es “descubierto”  por los hijos y constituye la matriz ética de su educación”.

Podríamos agregar que cuando los hijos son pequeños el “prestigio” tiene que ver con cosas más materiales.  “Mi papá es muy alto, tiene mucha fuerza”.   Es casi como un regalo que recibimos los padres por el solo hecho de serlo.  Pero a medida que pasa el tiempo ese mismo prestigio sobrellevará todas las alternativas de la vida familiar y la evolución de los hijos.  Entonces no será un regalo, sino una conquista diaria y difícil, que sufrirá, por ejemplo, todos los embates de la adolescencia.  Pero, no hay que temerlo, si el “Prestigio” tiene bases sólidas y reales, todo vuelve a su cauce y pasados los años turbulentos el niño aprendió y el padre conservó su buena influencia.

Es necesario saber que las simulaciones, las mentiras, y las dramatizaciones sobre la vida, no tienen mucha influencia ante los niños, no pueden engañarlos, sí  entristecerlos y hacerlos inseguros, porque ellos, intuitivamente, descubren todos los engaños que se les quieren imponer.

¡Pobre del adulto que sufrió tales males cuando era niño!  Ése es otro tema.

Seguiremos por estos caminos de Dios, tratando de reflexionar y compartir algo de lo que sabemos.

Seguiremos haciendo caminos de vida.  Usando lo que aprendimos, lo que nos enseñaron los libros y los años, la experiencia de vida que queremos compartir.  Es parte de una visión muy especial del mundo.  Un poquito alejada del barullo y los fuegos artificiales.  Para pensar de a ratos, compartir con los demás.  Un recodo del camino en el que las aguas parecen perder velocidad y nos dejan tranquilos, pensando, pensando y creciendo.  Se va, despacito, el invierno.  Los días son más largos.  Es más fácil sonreír y devolver otras sonrisas.  Probemos. Probemos. Así está mejor.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia IV

23 Jun

Autoridad en la familia, parte  4

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Dadas las expectativas que ha despertado el tema de la Autoridad en la Familia, seguiremos “mechando” tiritas de “Hilachas”, comentando un poco por acá y otro poco por allá.

Vamos a “jugar” a ser padres.  ¿Por qué hablamos de jugar?  Porque para ser padres necesitamos la misma actitud de los niños cuando juegan.  Estar concentrados con toda seriedad en  el juego.  Creer firmemente en lo que hacemos, para lo cual debemos prepararnos muy bien.  Usar la imaginación. Resolver sobre la marcha y…resolver siempre bien para que el juego no se malogre. Contar con un equipo eficiente y amigable.  Poner, ante todo, la función que hemos elegido y después nuestra comodidad o nuestro egoísmo.  Ser incansables.  Ser divertidos.  Ser alegres.  Ser optimistas dispuestos a conquistar el mundo.  Ser perseverantes.  Y, sobre todo, ser generosos con los demás porque los mejores juegos son los que jugamos con los otros.

Vamos a pensar.  Claro que hacer pensar es un objetivo difícil, cuando probablemente se está esperando sólo información y, en algunos casos, un formulario de recetas mágicas sobre algunos aspectos de la educación.

Empezamos por una noticia complicada:  No hay recetas, sólo mamá y papá pensando juntos  En su defecto mamá sola o papá solo, o quien se encargue de la educación de un niño, siempre necesita la opinión y el apoyo de quien corresponda.

Porque volvemos al concepto primero e indispensable para seguir adelante: “Cada niño es único e irrepetible”.  Sus circunstancias, que debemos tener muy en cuenta, van a ser determinantes en la tarea de educar.  Sus circunstancias especiales, no las de los otros, las suyas.

En líneas generales lo que vamos a hacer es el ABC de la educación: enseñarle a:  a) conocerse, b) autoposeerse, c) interactuar con los demás.

Hablemos un poco  de cómo se conforma la personalidad haciendo la salvedad de que hablamos desde la visión de un Orientador Familiar y no desde otro lugar y solo con el objeto de ponernos un poco en situación.

Como se conforma la personalidad

El Hombre es un concepto complejo y paradójico – Hombre no es un ser repentino y estático, el hombre es la persona que se despliega en el tiempo.  Educar es llevar a cabo ese destino.

El edificio de la personalidad tiene, para decirlo sencillamente, tres visiones:

a) Biológico: Si nos quedamos en ese nivel, somos verdaderamente esclavos de nuestros instintos.

b) Psicológico: Es todo lo referido al temperamento, a las pasiones, a los deseos.  Tiene que ver con el “Quiero”

c) Racional: Se refiere a la razón, a la voluntad, al carácterHablamos del ”Debo”

  • Cada uno de los elementos no formaría unidad en sí mismo,
  • Cada  uno de ellos no existiría antes de unirse.

El hombre no es una unión, es una unidad, en la cual convergen y a veces se enfrentan las manifestaciones de la afectividad con lo que tiene que resolver la voluntad.  Es importante que tengamos en cuenta este concepto.

Vamos a dar un ejemplo para los padres que ya se están inquietando.

El ejemplo de los jazmines:

Biológico: Huelo su perfume

Psicológico: Me trae recuerdos, me causa placer, los quiero.

Racional: No puedo apropiarme de los jazmines de un jardín ajeno, no puedo dejar de hacer lo que tengo que hacer para conseguir los jazmines.

Los padres debemos:

  • Adiestrar lo biológico: Enseñamos todas las manifestaciones físicas.  Enseñamos a caminar, a correr, a andar en bicicleta, a controlar los esfínteres, etc.  En este caso con la ayuda directa de otros adultos, familia, maestros, profesores, entrenadores.
  • Instruir: Enseñar lo que tiene que ver con la inteligencia.  Buscar el conocimiento del mundo de la cultura, de las ciencias, de las convenciones sociales, de las costumbres.  En esto es determinante la cooperación de los maestros, instructores, y otros adultos preparados para esa tarea.  De las autoridades, de las leyes, etc.
  • EDUCAR:  Es especialmente la función y la vocación de los padres o adultos que están a cargo del niño.  Educar es enseñar a pasar del “Quiero lo que quiero» a «hago lo que debo”.  Es mover la razón para ser mejor. Es vivir según los principios y elegir cuidadosamente los valores.

Dice Gabriel Castellá, médico, psicólogo y educador argentino, con una admirable síntesis: “El ser humano es biológicamente determinado, psíquicamente condicionado, y espiritualmente libre”.

Y podemos agregar volviendo al concepto de héroe que ya habíamos mencionado:

“Estoy enseñando  a mis hijos a ser lo que deben ser para que lleguen felizmente a ser lo que en verdad son”.  Ya que la esperanza, que es un fuerte motor de la educación,  nos ha convencido de una verdad innegable:  Todos los hombres nacen héroes. Todos nacen buenos. La educación hace el resto.

Un párrafo para hablar de la Instrucción: la Instrucción completará al hombre.  Todos los hombres tienen derecho a ser instruidos. Este concepto pesa más sobre la sociedad en su conjunto.  Los que gobiernan, los que deciden políticas educativas, los que resuelven sobre temas económicos.  Todos aquellos que tienen un lugar importante en la sociedad son corresponsables de la Instrucción de los niños y los jóvenes.  Es una obligación irrenunciable para ellos.

Educar es otra cosa.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad.

No educan ni la escuela ni los medios. Educan los padres o las personas a cargo de los niños y cuando ellos no lo hacen acabadamente, otros, no siempre aconsejables, lo harán por ellos.

Los padres deben despertar la “inquietud vital” en la vida de los hijos.  Deben educar la voluntad.

Educamos cuando desarrollamos la voluntad”

«El hombre no es todo lo que puede ser de hombre si no está educado«

Para contestar a muchas inquietudes de los padres suelo contestar con una frase que les produce más inquietud.

 “En el tercer nivel se produce el protagonismo de la familia” “Los padres son los primeros educadores responsables de sus hijos

Leo y releo y siento que la visión amorosa que tengo sobre los niños y los jóvenes me hace ser muy categórica en estas definiciones. Pero, pensemos, ¿cómo sería el mundo si cada niño que llega a él encontrara un adulto dispuesto a amarlo tanto como para  llevar adelante la tarea más importante que existe?  ¡Sería casi perfecto!

No, no soy severa por demás, los niños y los jóvenes son el futuro y la esperanza.  A ellos les debemos todo. El mundo está lleno de padres que quieren hacer lo mejor para sus hijos.  Que Dios los bendiga.

PRIMERO LA JUSTICIA

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – La Autoridad en la Familia II

7 Jun

La Autoridad en la Familia  (Parte II)

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Debo reconocer que, inexperta en esto de escribir un blog, siento una gran emoción ante el milagro que se despliega para todos los hombres con esta maravilla de estar comunicados a través de toda la Tierra.  Estamos asistiendo a una Revolución como nunca la hubo en el mundo.  Hemos ido derribando los espacios y los tiempos.  Podemos informar, pedir, escuchar, compartir, aprender, desarrollar, caminar, ver, conocer, y todo lo que es propio de los seres humanos, con toda tranquilidad, desde la intimidad del hogar.   Dios quiera que adaptemos este fenómeno  al respeto a los Principios, a los valores y a las reglas de buena convivencia.

El presente y el futuro me emocionan.

Dada la repercusión que hemos tenido con el tema de Autoridad, seguiremos “mechando” sus contenidos hasta que el interés de mis lectores lo demanden.

Hemos dicho que la Autoridad se conjuga con dos pilares indispensables que hacen a su naturaleza.

1)  La Intención y Actitud de Servicio al otro

2)  El Prestigio de quien la ejerce.

Esto se completa con el otro sujeto de la Autoridad.  En este caso, el hijo, por lo que el tercer pilar que nos falta es:

3)  La Aceptación de la Autoridad de parte del que se someta a ella.

Falta el último y no menos importante

4)  Participación en los valores que van a transmitirse.

Nos detenemos en la figura del hijo.  Es siempre el eslabón más importante en la cadena de la vida.  A él le debemos toda nuestra atención, nuestro cuidado y entrega.

Acá hacemos un alto para remarcar un concepto esencial en estas relaciones de padres e hijos que son la supervivencia de la especie.  Los padres no deben esperar agradecimiento por lo que hagan por sus hijos.  Es una ley natural que los padres los amen y los cuidenSon los responsables directos de ellos y la matriz de su educación.  Desterremos aquello de “¡Con todo lo que hice por  él!”

Es natural  que haga todo por su hijo.  Y éste, por el suyo….Estableciendo una cadena virtuosa que va de unos a otros siempre con el ideal de mejorar.

Lo que debemos establecer es qué es “todo”.  Y, de acuerdo a la experiencia de años con padres de todas las clases sociales y de distintas culturas, lo que los padres quieren para “su” hijo es “Que sea feliz”. “Hago todo para que él sea feliz”.

La felicidad tiene tantas definiciones como seres humanos, no podemos definirla, pero sí podemos pensar, de una manera sencilla, que un hombre feliz lo es cuando está en buena relación consigo mismo y con sus semejantes.  La educación es la herramienta indispensable para lograr eso.  Y hablo no sólo de la educación académica, sino también de la que nos forma como seres humanos, nos enseña a ser mejores, a controlar nuestros impulsos, reflexionar sobre la vida y encontrar nuestro lugar en el mundo.

Mejor pensamos unos minutos en esta idea que es mucho más profunda y esencial en las relaciones filiales de lo que suponemos.

El hijo es una persona única, nunca existió alguien como él y nunca existirá.  Ésa es la manera en que los padres deben ver a sus hijos.  Comparándolos consigo mismos para que sean lo mejor que pueden llegar a ser, y nunca con los otros, mucho menos con sus hermanos.  Cada uno tiene un lugar en el mundo y uno en la familia y eso debe respetarse.

Como un ejercicio práctico para ir conociendo de verdad a nuestro niño tenemos esas preguntas mágicas que suelo repetir y repetir, porque creo que son de un valor especial.

Acá va una secuencia.

1)  Para hacer este ejercicio lo primero que deben hacer los padres es  sentarse en el suelo.  Mirar para arriba y darse cuenta de que así ven el mundo nuestros hijos cuando son pequeños.  Un mundo de adultos en el que entrar cuesta mucho esfuerzo y lleva tiempo.  Ese reconocimiento es el primer paso de la educación.

  • Crecer “hacia” la vida que les toca vivir, mirar para arriba, sentir la autoridad de los padres como un refugio.
  • La contraposición de lo que sus mayores sienten: Crecer “hacia” la tarea que le toca realizar,  mirar hacia abajo, ser el refugio de sus hijos ejerciendo la autoridad.

Nos preguntamos seriamente sobre nuestros hijos porque sin conocimiento acabado de cada uno de ellos no podemos educar.  Y aquí aparecen las preguntas:

  • ¿Quién es?  Reconocerlo en  profundidad.  Sin compararlo con nadie.  Reconocer su carácter, su temperamento, sus emociones, sus sentimientos, todo lo que en él será exclusivo y diferente al resto de las personas.  ¿Qué es lo  qué más le gusta? ¿Qué lo asusta? ¿Con qué suele enojarse? ¿Qué lo divierte? ¿Con qué se entusiasma? ¿Qué lo cansa? Cómo se ríe, cómo duerme, cómo nos mira.  Todo lo que podamos reconocer en él,  mirándolo como si no fuera nuestro hijo, para que “brille con luz propia”.
  • ¿Dónde está?  En esta familia, en este tiempo, en el barrio, en este país, es el primero o el tercero de los hijos.  Va a la escuela, ¿dónde alterna con otros niños? ¿Qué espacios físicos, por pequeños que sean, tiene para él dentro de su casa?  Cursa el primario o el secundario.  Es de una familia grande.  Dónde comparte su tiempo con la familia. Etc, etc, etc
  • ¿Cuáles son sus dones?  Su simpatía, su seriedad.  La destreza para los deportes.  Tiene condiciones para el arte.  Tiene buena voz.  Se le dan muy bien las manualidades.  Tiene facilidad para las ciencias.  ¿Sabe escuchar?  Es elocuente y simpático.  Disfruta ayudando a los otros.  Es ingenioso, charlatán, risueño, ceremonioso.  Aprecia y defiende a la naturaleza.  Sabe tratar a los animales.  Es buen compañero.  Y seguimos….
  • ¿Qué valores voy a transmitirle? Los míos.  Decididamente los míos. ¿Otros? No,  le transmitiré los míos.  Con la seguridad de que:  le transmito mis valores aunque yo no quiera.
  • ¿Qué espera él de mí?  El amor está descontado.  Espera ejemplo, optimismo, delicadeza, perseverancia, entrega, compañía, ingenio, fuerza, confianza.  Seguridad y demostración de amor en forma cotidiana.  Abrazos cariñosos y besos a montones.  Un niño se toma de la mano de sus padres y cruza la carretera tan tranquilo, conversando y sin preocuparse por nada porque sus padres conocen el camino, lo llevan con cuidado y lo dejarán cruzar solo cuando sea el tiempo justo.  Eso espera él de mí, aunque ni él lo sepa.

Todas estas preguntas se hacen en forma de reflexiones, algunos minutos en la semana.  Se agregan las preguntas que los padres y las familias consideren importantes.  Pero deben hacerse formalmente.  En una charla tranquila.  Si fuera posible papá y mamá juntos.  Importa para ver cómo seguimos.  Dibujamos la realidad de nuestro hijo y adecuamos todos los medios necesarios para que la educación lo vaya preparando para ser un hombre feliz.

Todo esto que hemos hecho tiene su resumen en las dos palabras mágicas y contundentes que se refieren a todo lo que pasa en nuestra vida:

Darse cuenta

Otro día seguimos.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

 

Hilachas que van tramando – La Autoridad en la Familia

29 May

La Autoridad en la Familia

familias

Estas columnas pertenecen a “Hilachas que van Tramando”  pero se las vamos a prestar un ratito a otra tarea que es docente.

Estoy un poco cansada y un poco confundida de escuchar la temida palabra “límites” cuando alguien está tratando de ayudar a los padres a educar a sus hijos.  Por supuesto que los límites son el arma indispensable en la difícil tarea de llevar adelante esa educación.  Pero si nos quedamos con esa retórica y sin dar algunas ideas prácticas, nos quedamos.

Hablamos de los “límites», como hablamos del inconsciente colectivo, de la economía global, de las bellezas naturales, del universo. Y nos quedamos…..indefensos, sin parámetros, atónitos.

Los papás necesitan otra cosa para poder entender:

Qué son los límites

Quiénes los imponen

Hasta dónde y hasta cuándo hay que imponer límites en la vida de los hijos

Qué tienen que ver con la vida cotidiana

Cómo se hace para que los niños los respeten

Por qué nos toca a los padres imponerlos

Quiénes van a “disfrutar” de los beneficios de los límites en el funcionamiento de la familia.

Y más y más y más.

Decía la abuela: “Si hay muchas preguntas y no alcanzan las palabras para explicar algo… eso no funciona.”

Vamos a subir un escalón en el tema de la Autoridad, que es de lo que verdaderamente hablamos cuando hablamos de los límites.  La Autoridad es siempre una sola, la ejerza quien la ejerza y en el ámbito que sea, pero en este caso nos referiremos estrictamente a la Autoridad en la Familia.

La Autoridad está constituida por dos elementos primarios sin los cuales ella no existe.

  • La Voluntad de Servicio de quien la ejerza
  • El Prestigio del mismo.

Abrimos un paréntesis y nos remontamos graciosamente al mundo clásico.  Al de los héroes y los dioses.  En ese contexto aparece una frase que resume muchas de las enseñanzas que nos deja la mitología. ¿Tiene algo que ver una cosa con la otra o a esta hora de la noche se me mezclan las ideas?

Vamos por la frase y todo queda explicado.  Un sabio profesor de Historia Clásica, que tuve la suerte de tener en algún momento de mi carrera, cada vez que terminaba un relato de la mitología remataba con la “frasecita” clásica, presumida  y sabia que decía:

“El héroe llegó a ser lo que era”

Los dioses hacían nacer un héroe, y el destino confirmaba esa cualidad.  El héroe tenía que llegar a ser héroe porque ya lo era.  Iba a soportar todas las pruebas, caminar todos los caminos y llegar a la gloria.  Quedaría en el Panteón de los Elegidos.  ¿Porque era valiente? ¿Porque era fuerte?  No.  Simplemente porque había cumplido con su destino.  Había sido lo que era.  Un héroe.

Volvemos a nuestro tema.

Todos los niños han nacido héroes.   Todos llegan al mundo llenos de dones y de posibilidades.  No hay en ellos ningún elemento negativo.  No los hay egoístas, ni violentos, ni mentirosos.  Por lo contrario son un apretado conjunto de virtudes que la vida les ayudará a desarrollar.   Todos los niños deberían tener la posibilidad de ser héroes que llegan a ser lo que ya eran.

La Educación consiste en “sacar afuera” lo bueno que está adentro.  La Educación es hacer brillar el héroe que nace para que sea un hombre héroe para él y para sus semejantes.  Consiste en lograr que los hijos a) se den cuenta de que deben llegar a ser lo mejor que puedan ser como personas, b) acepten las condiciones que eso requiere, c) entiendan que todo depende de ellos mismos.

Y para eso sirve la Autoridad de los padres. 

Ah¡ Empezamos a entender por qué decimos que la Autoridad tiene dos componentes que hacen a su naturaleza y sin ella no existe.

Sin la Voluntad de Servicio de quien ejerce la Autoridad ésta se transforma en Autoritarismo, o en Anarquía.

Sólo educamos para que el otro sea mejor.  Sólo se nos educa para que seamos mejores.  Lo mejor que cada persona pueda llegar a ser en su propio proyecto de vida, con las limitaciones propias y ambientales que se le presenten.

“La Autoridad, siempre, siempre, siempre, es un servicio que se presta por el bien del otro”

Y allí es donde aparecen los límites.  Los límites que pondrán los padres como las marcaciones de los senderos correctos para vivir;  y los límites que, con el tiempo, pondrá cada uno a sí mismo para poder vivir en armonía con los demás.  Dos reflexiones son importantes:

A)  Ante cualquier duda en el momento de decidir una medida, dar una orden, o imponer una penitencia debo preguntarme: ¿Esto lo hago o lo decido por el bien de mi hijo? O ¿por vanidad, egoísmo, comodidad o cualquier otra cosa que tiene que ver conmigo y no con él?

B)   El servicio implica hacerse cargo del otro hasta que el otro pueda hacerse cargo de sí mismo.

Y ¡el Prestigio! ¡Vaya  palabrita!  No nos equivoquemos, el Prestigio no tiene nada que ver con el éxito, con la fama, ni con las vanidades.  Para hablar del Prestigio necesitaríamos muchas hojas, como para hablar de todos estos temas.  Pero podemos resumir para empezar a entender:

El Prestigio es la correlación entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, las tres cosas deben ser exactamente lo mismo.

Para que pensemos un poquito más:

Los padres son modelo de referencia para los hijos, aunque no quieran serlo

Empezamos de vuelta.  Los límites son herramientas indispensables para ejercer la autoridad.  Y damos algunos ejemplos concretos.

Empezando por los más chiquitos que son la semilla del héroe como sinónimo de hombre bueno, que queremos que lleguen a ser estas personitas a quienes amamos más que a nadie en el mundo.

Todo adecuado a las distintas edades

  • Saludar cada vez que uno llega o se va de un lugar.
  • Hacer las tareas antes de empezar a jugar.
  • No contestar mal a los mayores.
  • Decir la verdad.
  • Cumplir con lo que se promete.
  • Compartir los juguetes con los otros niños.
  • Guardar los juguetes cuando se termina de jugar.
  • Comer bien sentados a la mesa y no levantarse hasta haber terminado.
  • Lavarse las manos antes de comer.
  • No pegar ni agredir a otro niño bajo ninguna circunstancia.
  • Cumplir los horarios.
  • Etc, etc, etc. de lo que cada padre y cada hogar requiera.

La vida nos entrega a nuestros hijos que cuando nacen son como masilla blanda y de distintos colores.  Cada uno trae sus propios tesoros y su necesidad de ser amado para los cual los acompañaremos hasta que sean hombres y mujeres felices, capaces de relacionarse con los otros y cumplir acabadamente su destino.  Es una tarea de cada día, de cada hora y de cada minuto y depende exclusivamente de sus padres.  Es así.  Suena severo pero es así.  Nuestros hijos son lo que podemos hacer con ellos.  El resto del mundo y la vida puede complicarnos o facilitarnos este objetivo.  Pero somos los padres los primeros responsables.

Los hijos son nuestra maravilla.  Amarlos es, sencillamente, llevarlos a su plenitud.  Es grandioso.  Qué así sea.

Ah! Me quedaba en el tintero!  Muchos besos y abrazos, pero muchos, muchos, como nos gusta a los abuelos!! Qué siempre haya tiempo para eso!

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.