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Hilachas que van tramando – El poderoso efecto del lenguaje

4 Jun

El poderoso efecto del lenguaje

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¿Cómo hemos llegado a estar en este lugar? Las vueltas de la vida imponen, algunas veces, buenas sorpresas, otras impensadas calamidades.  Estamos por lo primero.  Un viejo amigo de la juventud nos ha invitado a una serie de seminarios.  El pueblo encerrado entre los cerros es distinto a todo lo que habíamos conocido.  Es achatado, de colores como los cerros que lo rodean.   Silencioso y dueño del tiempo.  Todos sus habitantes tienen el señorío de los montañeses.  Caminan sin apuro porque las subidas son notables y sobre todo, lo que más nos llamó la atención, es su forma de hablar.  Pausada,  marcando con inspiraciones y exhalaciones los accidentes gramaticales que podemos reconocer como si lo estuviéramos leyendo.  Es un verdadero placer escucharlos.  Y también descubrimos que tienen un lenguaje cuidadoso, lleno de palabras bellas, porque hablan el castellano más puro.  Con mi amigo nos descubrimos disfrutando de las bellezas de nuestra lengua heredada de los siglos de oro de la herencia castiza.   Bienvenidos a su tradición.  Escucharlos tiene dos consecuencias.  Una es que disfrutamos como si nos llenáramos la boca de chocolate caliente, espeso y dulzón.  La otra es que empezamos a copiarlos y vamos eligiendo cuidadosamente las palabras, aún en nuestro lenguaje coloquial.  Nos atrevemos y usamos términos y giros idiomáticos que resultarían rebuscados en la vida de la ciudad.  Es una experiencia fantástica.

Voy preparando mi exposición y no me cuesta casi nada porque todo inspira en este lugar del mundo.

El lenguaje es un  instrumento indispensable para el pensamiento.   Basta que se nombre algo para que se convoque su existencia.  Un nombre que se le da a una persona significa, desde entonces, esa persona.  Con todas sus condiciones, ni más ni menos.

Considerando que hoy en la cultura de la comunicación en la que vivimos toda palabra llega a todo el mundo, nunca como ahora en la historia del hombre el uso adecuado o inadecuado del lenguaje produce el cambio inevitable de los paradigmas del comportamiento a niveles  insospechados.

Por el lado negativo agreguemos que nombrar las cosas perversas, malas, peligrosas o letales con palabras que se aplican a la vida cotidiana “levanta” el significado de tales cosas y les saca peligrosidad; las hace “amigables” para el hombre común y a partir de allí se transforman, lentamente, en moralmente correctas.

Si se persiste en usar ese método para ir socavando la vida societaria, cosa que siempre se hace por interés, por dinero o por poder, terminan aquellas cosas hoy despenalizadas en ser legal y socialmente impuestas.

Se usan palabras cuyo significado siempre ha sido cuanto menos injurioso en el lenguaje común y, a fuerza de usarlas, por una desgraciada paradoja, se transforman en una ponderación del vínculo con el otro.

En este momento lo que me despierta tales reflexiones son las palabras de un Intendente, quien dijo que en su ámbito, “no hay narcotraficantes, son pequeños repartidores que se encargan de la venta minorista, pequeños vendedores de drogas que lo hacen al menudeo”,  con lo que asimila esa actividad a cualquiera de un comerciante minorista normal, que trabaja dentro de la ley y las buenas costumbres.  Si  se sigue esa línea de  lenguaje y se empieza a hablar de menudeo, repartidores o venta minorista,  en lo referente a la venta de drogas, lentamente se va imponiendo en el inconsciente colectivo que las dos cosas son iguales.  Se pierde primero el miedo y después el rechazo.  Finalmente da lo mismo una cosa que otra.

¿Exageración?   Busquemos ejemplos en el lenguaje abrumador que usan nuestros jóvenes,  que alguna vez copiamos los adultos y que degradan la definición de muchos valores.  No sólo se degrada el lenguaje, cambian los conceptos, todo da igual, el insulto es ponderación.  La injuria se disfraza de familiaridad con el interlocutor.

Me niego a dar alguno de estos términos porque no quiero darles entidad.  Lo dejo para cada uno de los lectores.

Exactamente lo mismo sucede en el ámbito de las relaciones humanas.

El lenguaje cotidiano con aquellos que amamos, y también con todos los otros, marca inevitablemente la clase de relación que tenemos con ellos.

El lenguaje acompañado por la disposición gestual es todo lo que nos exhibe con nuestros semejantes.  No hay otra forma de hacernos conocer y de conocer a los otros;  no hay otra forma de demostrarles cuánto los amamos y cuánto nos importa su felicidad y su relación con nosotros.

El lenguaje, el gesto y el silencio son los tres actos humanos que nos exponen primariamente ante el prójimo.  No hay otras formas de comunicación en lo personal.

Es bueno reflexionar sobre esto y acostumbrarnos a modificar nuestras expresiones, los tonos de voz, el silencio respetuoso, la sonrisa y el uso del cuerpo cuando se trata del sutil lazo que nos une a los demás.

Sigamos esta línea de pensamiento partiendo de tal exposición.  Exponerse es: mostrarse, presentarse, exhibirse, manifestar, declarar, notificar, explicar, interpretar, aventurarse, arriesgarse, ostentar y exteriorizar.  Eso es lo que hacemos cada minuto de nuestra vida cada uno de nosotros con todos los demás.  Hermosa riada de palabras que nuestra lengua castellana nos regala con tanta generosidad para que ejerzamos el señorío de una estirpe.  El mismo señorío que deberíamos elegir para nuestro lenguaje cotidiano.

El trato puede dignificar o despreciar a una persona.  La palabra crea.

El paisaje se hace complicado, pero siempre bello.  Las callecitas adoquinadas con piedras milenarias terminan en el vasto horizonte de los acantilados.  Sendas de agua se dejan para que no se aneguen las calles, hay flores y flores de colores cuya disposición en innumerables planos las hace ver desde cualquier parte del pueblo.  Las casas, los rincones, los jardines, cada recodo es amigable y bello, sobre todo inesperado.  Sigo caminando por este paraíso al que me ha llevado la vida de una manera sigilosa.  Dejo de pensar y de “rumiar” como me dicen mis amigos.  Seguimos caminando mientras conversar se ha transformado en uno de los placeres que casi, digo casi, habíamos perdido.  Hablamos con espacios, usamos palabras bellas y sentimos que nos reforzamos en nuestra humanidad.  El paisaje acompaña.  Trataremos de llevarlo con nosotros para siempre.  ¡Ojalá así sea!

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – La Comunicación en el Matrimonio

21 Abr

La Comunicación en el Matrimonio

Sábado de sol radiante. Estoy tratando de ordenar los papeles, los libros y mi escritorio.  Me cuesta recuperar la rutina del trabajo porque todo este tiempo hemos vivido en algo así como un mundo paralelo, desprolijo e imprevisible. Me asomo a la ventana y los dos rosales de rosas diminutas que suelen adornar mi casa, están casi ocultos por la montaña de cosas que se siguen secando y, sin embargo, tienen pimpollos. Pequeños estallidos de rojo y rosa fuerte. Todo va volviendo a la normalidad.  Renuevo mi  tarea y entre los papeles encuentro un artículo que había escrito hace algunos años para una revista.  Me animo y lo publico porque, a veces,  los tiempos difíciles alteran las relaciones y viene muy bien una reflexión al respecto. ¡A mí me viene muy bien reaprender lo que alguna vez creí que sabía de memoria!

Nuestras flores- Rojas Nov 2007,  rosas, abril 2008 008

Siglo XXI, la maraña de comunicaciones que nos ayudan y nos acechan, nos hace pensar en una calesita vertiginosa en la cual buena parte de la población gira y gira. Algunos, sobre todo los más jóvenes, disfrutan enormemente este festival. Lo fantástico es que pueden sentir, al unísono y con todos los colores posibles la seducción de un mundo, aparentemente a su disposición;  lo dramático es que no se den cuenta de que esa misma algarabía les puede llevar la vida entera para dejarlos vacíos de contenido en cuanto algo trascendente los deje en cuclillas y desnudos, como hemos nacido todos y cada uno de nosotros. Y que esa algarabía no es la vida entera.

Los mayores repasan laboriosamente todos los circuitos de su propia formación. Prueban, encuentran y festejan hasta que un nuevo dispositivo los  vuelve a poner en la franja más ceñida de su humanidad y  aparece la ansiedad de volver a lo más sencillo. Pero todos estamos embarcados en este Siglo XXI, maravilloso, insolente, impetuoso, precipitado y genial.  Es, sin duda, el comienzo de una “nueva Edad”.  No sabemos para donde se dispara pero sí sabemos que es inevitable y dramáticamente atractivo,  que se mueve a velocidades inimaginables y que es lo que tenemos.

Sólo cabe diferenciar entre: “La edad de las Comunicaciones” y “La edad de la Comunicación”

No hay ninguna duda cuando hablamos acerca de las comunicaciones, el avance impresionante de la técnica y de las ciencias ha conseguido que todos los rincones del mundo puedan comunicarse, completa y simultáneamente, en lapsos de tiempo que provocarían vértigo a los hombres que vivieron hasta cincuenta años antes del final del milenio. El tema que hoy, sin embargo, nos ocupa  y nos preocupa es el de la comunicación.

El cruzamiento de las comunicaciones múltiples y simultáneas ha enriquecido a la sociedad en general, traduciéndose en lo que llamamos “la globalización de la cultura”.  Tal efecto ha traído inimaginables consecuencias en todo el mundo, desde la caída del Muro de Berlín,  hasta la difusión de los más insignificantes detalles de estilo en la moda que uniforma a los adolescentes de todo el planeta. No hay duda de que la  difusión y mezcla de todos los opuestos, diferentes y exclusivos ámbitos de cada cultura, enriquecen al todo.  Se produce sin embargo y como efecto negativo, una especie de aceptación pasiva de estereotipos de conductas y actitudes que  confunde las relaciones entre los seres humanos y corta, como efecto inmediato, la comunicación que debe nacer del conocimiento de la realidad y el esfuerzo personal de todos y cada uno. Se dan por descontadas muchas cosas que nos han sido incorporadas desde esa fiebre de “clasificar”, “unificar”, “desprejuiciar”, “generalizar”, “uniformar”, “definir” , desconociendo que en el plano de las relaciones personales, cada ser humano es único y especial, lo que transforma a la comunicación directa y personal con aquellos que amamos en la manera natural de vivir.

La comunicación entre los seres humanos es parte de su naturaleza, porque el hombre no puede vivir solo, se relaciona con sus semejantes de todas las maneras posibles y en ello consiste su “humanidad”.

Dos son los casos en que las relaciones humanas responden a la pura voluntad de los que las establecen: la amistad y el matrimonio. De los dos, el matrimonio, por su naturaleza, hasta puede conllevar algunas características de la amistad, que se va estableciendo entre los cónyuges a lo largo de la vida.

En lo que se refiere al tema de la comunicación en el matrimonio es conveniente aclarar primero algunos puntos con referencia a la institución matrimonial. El matrimonio además de ser la piedra fundacional de toda la estructura social desde el fondo de la historia del hombre, es un proyecto que nace entre dos seres que se atraen mutuamente, tienen una ilusión amorosa y la intención y el deseo de ser felices, pero no es sólo eso. El matrimonio es una institución natural, social y a veces religiosa, con fines específicos, entre los que se encuentran la vida comunitaria, la “ayuda mutua” y la procreación de los hijos.  Dentro del matrimonio los cónyuges deben “ayudarse” en la tarea de perfeccionarse, educarse mutuamente y realizar lo  mejor que tengan de sí mismos. El matrimonio no asegura por sí la felicidad ni el perfeccionamiento de los cónyuges, ellos deben ir a él con determinada voluntad y disposición. Para estos fines es imprescindible la “comunicación” entre los esposos. Para poder comunicarse con otro es necesario, ante todo, un conocimiento personal y completo sobre uno mismo y la intencionalidad de “conocer” y “darse a conocer” recíproca. De tal conocimiento nace una aceptación de la persona amada y elegida para compartir la vida. Y la voluntad de “escuchar” a esa persona durante toda la vida que se comparta.

Dar, Recibir, Hablar y Hacer  son los ejes que marcan las líneas de toda relación entre cónyuges. Para que ellos se conformen adecuadamente se necesitan tres condiciones:

  • Conocimiento de la realidad existente del otro,  saber ponerse en su lugar sin perder la objetividad
  • Aprecio del otro en una única dimensión, con toda su carga de cosas positivas y negativas, reconociendo su valor y demostrándolo
  • Congruencia en la integración funcional de uno con otro, de tal modo que tengan una experiencia común total, un reconocimiento de la situación que viven y una comunicación abierta para que actúen siempre de acuerdo con lo que realmente sienten y piensan

La comunicación tiene un sustento indispensable que se refiere a los valores que los cónyuges comparten en forma expresa y también implícita, en la forma de vida que eligen para su proyecto familiar. Y también tiene una “historia” que se hace de privilegiar los buenos recuerdos en las malas épocas. Se desarrolla de una manera formal en momentos especiales de la vida conyugal y familiar; y de una manera espontánea en los momentos normales de la vida cotidiana que, por otra parte, son los habituales en los que se nota la “buena comunicación” de los cónyuges. Una buena comunicación es parte del amor incondicional que le da a las personas la seguridad que todos necesitamos para ser felices.

El lenguaje para una buena o mala comunicación será el adecuado a cada pareja, que lo elegirá, único e irrepetible, como lo es ella misma. Estará hecho de gestos cotidianos, de palabras, que nunca son neutras dentro del matrimonio, de matices en las voces, de decisiones tomadas para complacer y ayudar o para mortificar al otro;  de miradas que alientan y que curan o de las otras;  de silencios elocuentes. Sobre todo será, según el caso,  una confirmación constante del amor o del desamor que siente uno por el otro, y del proyecto de felicidad o fracaso común y recíproco.

Las mujeres tienen mayor predisposición para comunicarse, a ellas les resulta más fácil hablar de  lo que sienten, están más abiertas a las confidencias y privilegian las situaciones románticas. El hombre tiene mayor inclinación a hablar de cosas concretas, no suele resultarle fácil hablar de lo que le pasa y a veces le cuesta manifestar sus sentimientos. Pero ambos pueden hacer una buena tarea para complementarse en la eficiencia de su comunicación mutua.

La posibilidad de comunicarse no es un don que se  recibe en forma gratuita. Requiere una intencionalidad, un esfuerzo diario y un abandono de uno mismo para ayudar al otro en su perfeccionamiento y su felicidad. Es bueno que se le haga saber a todos aquellos que van a formar un matrimonio que como todo lo que “vale”, no es fácil y “cuesta mucho”.

Sólo el ser humano goza de las capacidades de conocerse, amarse y comunicarse. El matrimonio es conocerse y amarse, la comunicación lo hace posible.

He cumplido con una parte de mis tareas. Me voy al jardín para cortar algunas rosas con las cuales adornar mi escritorio. Vamos volviendo a la normalidad.

PRIMERO LA JUSTICIA. PARA TODOS. PARA TODOS.  PARA TODOS.