La Autoridad en la Familia (Parte II)
Debo reconocer que, inexperta en esto de escribir un blog, siento una gran emoción ante el milagro que se despliega para todos los hombres con esta maravilla de estar comunicados a través de toda la Tierra. Estamos asistiendo a una Revolución como nunca la hubo en el mundo. Hemos ido derribando los espacios y los tiempos. Podemos informar, pedir, escuchar, compartir, aprender, desarrollar, caminar, ver, conocer, y todo lo que es propio de los seres humanos, con toda tranquilidad, desde la intimidad del hogar. Dios quiera que adaptemos este fenómeno al respeto a los Principios, a los valores y a las reglas de buena convivencia.
El presente y el futuro me emocionan.
Dada la repercusión que hemos tenido con el tema de Autoridad, seguiremos “mechando” sus contenidos hasta que el interés de mis lectores lo demanden.
Hemos dicho que la Autoridad se conjuga con dos pilares indispensables que hacen a su naturaleza.
1) La Intención y Actitud de Servicio al otro
2) El Prestigio de quien la ejerce.
Esto se completa con el otro sujeto de la Autoridad. En este caso, el hijo, por lo que el tercer pilar que nos falta es:
3) La Aceptación de la Autoridad de parte del que se someta a ella.
Falta el último y no menos importante
4) Participación en los valores que van a transmitirse.
Nos detenemos en la figura del hijo. Es siempre el eslabón más importante en la cadena de la vida. A él le debemos toda nuestra atención, nuestro cuidado y entrega.
Acá hacemos un alto para remarcar un concepto esencial en estas relaciones de padres e hijos que son la supervivencia de la especie. Los padres no deben esperar agradecimiento por lo que hagan por sus hijos. Es una ley natural que los padres los amen y los cuiden. Son los responsables directos de ellos y la matriz de su educación. Desterremos aquello de “¡Con todo lo que hice por él!”
Es natural que haga todo por su hijo. Y éste, por el suyo….Estableciendo una cadena virtuosa que va de unos a otros siempre con el ideal de mejorar.
Lo que debemos establecer es qué es “todo”. Y, de acuerdo a la experiencia de años con padres de todas las clases sociales y de distintas culturas, lo que los padres quieren para “su” hijo es “Que sea feliz”. “Hago todo para que él sea feliz”.
La felicidad tiene tantas definiciones como seres humanos, no podemos definirla, pero sí podemos pensar, de una manera sencilla, que un hombre feliz lo es cuando está en buena relación consigo mismo y con sus semejantes. La educación es la herramienta indispensable para lograr eso. Y hablo no sólo de la educación académica, sino también de la que nos forma como seres humanos, nos enseña a ser mejores, a controlar nuestros impulsos, reflexionar sobre la vida y encontrar nuestro lugar en el mundo.
Mejor pensamos unos minutos en esta idea que es mucho más profunda y esencial en las relaciones filiales de lo que suponemos.
El hijo es una persona única, nunca existió alguien como él y nunca existirá. Ésa es la manera en que los padres deben ver a sus hijos. Comparándolos consigo mismos para que sean lo mejor que pueden llegar a ser, y nunca con los otros, mucho menos con sus hermanos. Cada uno tiene un lugar en el mundo y uno en la familia y eso debe respetarse.
Como un ejercicio práctico para ir conociendo de verdad a nuestro niño tenemos esas preguntas mágicas que suelo repetir y repetir, porque creo que son de un valor especial.
Acá va una secuencia.
1) Para hacer este ejercicio lo primero que deben hacer los padres es sentarse en el suelo. Mirar para arriba y darse cuenta de que así ven el mundo nuestros hijos cuando son pequeños. Un mundo de adultos en el que entrar cuesta mucho esfuerzo y lleva tiempo. Ese reconocimiento es el primer paso de la educación.
- Crecer “hacia” la vida que les toca vivir, mirar para arriba, sentir la autoridad de los padres como un refugio.
- La contraposición de lo que sus mayores sienten: Crecer “hacia” la tarea que le toca realizar, mirar hacia abajo, ser el refugio de sus hijos ejerciendo la autoridad.
Nos preguntamos seriamente sobre nuestros hijos porque sin conocimiento acabado de cada uno de ellos no podemos educar. Y aquí aparecen las preguntas:
- ¿Quién es? Reconocerlo en profundidad. Sin compararlo con nadie. Reconocer su carácter, su temperamento, sus emociones, sus sentimientos, todo lo que en él será exclusivo y diferente al resto de las personas. ¿Qué es lo qué más le gusta? ¿Qué lo asusta? ¿Con qué suele enojarse? ¿Qué lo divierte? ¿Con qué se entusiasma? ¿Qué lo cansa? Cómo se ríe, cómo duerme, cómo nos mira. Todo lo que podamos reconocer en él, mirándolo como si no fuera nuestro hijo, para que “brille con luz propia”.
- ¿Dónde está? En esta familia, en este tiempo, en el barrio, en este país, es el primero o el tercero de los hijos. Va a la escuela, ¿dónde alterna con otros niños? ¿Qué espacios físicos, por pequeños que sean, tiene para él dentro de su casa? Cursa el primario o el secundario. Es de una familia grande. Dónde comparte su tiempo con la familia. Etc, etc, etc
- ¿Cuáles son sus dones? Su simpatía, su seriedad. La destreza para los deportes. Tiene condiciones para el arte. Tiene buena voz. Se le dan muy bien las manualidades. Tiene facilidad para las ciencias. ¿Sabe escuchar? Es elocuente y simpático. Disfruta ayudando a los otros. Es ingenioso, charlatán, risueño, ceremonioso. Aprecia y defiende a la naturaleza. Sabe tratar a los animales. Es buen compañero. Y seguimos….
- ¿Qué valores voy a transmitirle? Los míos. Decididamente los míos. ¿Otros? No, le transmitiré los míos. Con la seguridad de que: le transmito mis valores aunque yo no quiera.
- ¿Qué espera él de mí? El amor está descontado. Espera ejemplo, optimismo, delicadeza, perseverancia, entrega, compañía, ingenio, fuerza, confianza. Seguridad y demostración de amor en forma cotidiana. Abrazos cariñosos y besos a montones. Un niño se toma de la mano de sus padres y cruza la carretera tan tranquilo, conversando y sin preocuparse por nada porque sus padres conocen el camino, lo llevan con cuidado y lo dejarán cruzar solo cuando sea el tiempo justo. Eso espera él de mí, aunque ni él lo sepa.
Todas estas preguntas se hacen en forma de reflexiones, algunos minutos en la semana. Se agregan las preguntas que los padres y las familias consideren importantes. Pero deben hacerse formalmente. En una charla tranquila. Si fuera posible papá y mamá juntos. Importa para ver cómo seguimos. Dibujamos la realidad de nuestro hijo y adecuamos todos los medios necesarios para que la educación lo vaya preparando para ser un hombre feliz.
Todo esto que hemos hecho tiene su resumen en las dos palabras mágicas y contundentes que se refieren a todo lo que pasa en nuestra vida:
Darse cuenta
Otro día seguimos.
PRIMERO LA JUSTICIA.
PARA TODOS. PARA TODOS. PARA TODOS.
