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Hilachas que van tramando- Autoridad en la Familia XIX – Autoridad Participativa

20 Mar

Hilachas que van Tramando

Autoridad en la Familia  XIX

Autoridad Participativa

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Retomamos nuestro camino complejo y exigente  sobre el tema de la Autoridad en la Familia.

La tarea de educar a los hijos es primaria y necesariamente de los padres.  No podemos ni debemos olvidarnos de tal concepto. Educamos con la palabra, con la acción y con el ejemplo.

“Las padres son modelo de referencia para los hijos aunque no quieran serlo”. 

¡Menuda tarea y menuda responsabilidad!  Se nos presenta una enorme montaña de obligaciones, preocupaciones e imprevistos que parecen dificultar bastante esa tarea.  Pero no estamos solos.  Para lo bueno y para lo malo no estamos solos.  Más bien estamos rodeados e invadidos, como nunca en la historia, por el peso de una sociedad que, para lo bueno y para lo malo, se fusiona cada día de nuestra vida con nuestra vida, con lo que pensamos, decimos y hacemos.  El poder de la cultura sobre la vida de las personas nunca ha sido tan categórico y lo cierto es que ha llegado para quedarse.   Para influir y decidir muchas veces por nosotros mismos, cada vez más para decidir por nosotros mismos.

El mundo ha caminado siempre hacia la socialización cada vez más general y concreta de los seres humanos que estamos juntos y solos en el espacio grande en el cual la Tierra sigue su camino.

Se van conociendo más personas entre sí, se transmiten cada vez más todo tipo de conocimientos, se comparten experiencias, desde las más importantes hasta las cotidianas, se cuentan cada vez más historias que influyen en todos, se comercia cada vez más entre unos y otros, se viaja, se camina, se cruzan las culturas en un andar seguro y constante.

El tiempo va congregando más y más gente como un ángulo agudo que se ensancha hasta que todos cabemos en él y todos compartimos la realidad de nuestra existencia, influyendo unos en otros hasta que, ampliando y desapareciendo las fronteras, lleguemos a los 360 grados de interacción.  Inevitable y venturoso futuro en el que todos los hombres tengamos consciencia de esa sociedad que convoca y a la que todos pertenecemos.  Llegará el día.

Pensemos que en el Mundo Antiguo todo era misterio,  la influencia de los usos y costumbres de uno y otro pueblo se iba abriendo paso con mucha dificultad, en la Edad Media la mayoría absoluta de los habitantes de un lugar jamás en su vida se alejaban más de unos pocos kilómetros de donde habían nacido.  De tal manera que los padres y encargados de la educación de los niños eran rectores casi excluyentes de su desarrollo.  Ese esquema fue variando, en rápida sucesión pensemos en la rueda, la imprenta, los transportes, la tecnología avanzando desde el pasado hasta lo que hoy es como un milagro de comunicación.  La sociedad se fue conformando rápidamente como el lugar de todos en el que hoy estamos.

Como consecuencia de esta dinámica en la Era de las Comunicaciones se nos hace mucho más difuso el límite entre lo que decidimos libremente sobre cualquier cuestión de nuestra vida y lo que se nos impone desde la sociedad en la que vivimos.

Esto hace que: para lo bueno, que hay mucho, y para lo no tan bueno que también hay mucho, pasemos a depender  bastante de lo que pasa fuera del ámbito del hogar.   Siendo que la familia se estabiliza sobre su capacidad de asumir sus conflictos, esta familia moderna muchas veces pasa a ser lugar de “negociación” entre lo de “adentro” y lo de “afuera”.  Diríamos que es mejor asumir las dificultades de tal realidad y no dramatizarlas.

Releemos sobre la consciencia que los padres deben tener acerca de lo que quieren para sus hijos, una convicción sobre los principios, la elección de los valores que eligen y transmiten y vamos a hablar de la forma en la que toda la sociedad participa en la educación familiar.

Autoridad Participativa: es el ámbito en el cual recibimos, aceptamos y compartimos una participación de otros sujetos que nos ayudarán en la tarea.  Es toda autoridad que actúa sobre nosotros y sobre nuestros hijos.  Empezamos con la regla de oro:

Es imposible sostener la Autoridad a solas”  Contamos con terceros, querramos o no, contamos con terceros.

  • Ambos padres entre sí
  • Resto de la familia
  • Escuela
  • Religión
  • Amigos, compañeros, vecinos
  • Clubs, manifestaciones culturales, ONG, etc
  • El Estado en todas sus manifestaciones
  • Medios de comunicación: Son los que, sobre todo a través de las redes sociales, tienen una influencia inevitable y total, buena y mala, hoy en día, en este campo de la Autoridad.  Se han transformado en factores determinantes para la vida de los individuos y de los pueblos.  Nos llevan a confrontar permanentemente con nuestros valores, nos imponen modas, nos hacen pensar acerca de lo que realmente queremos y de lo que debemos hacer.  Son formidables desafiando nuestra imaginación, replicando nuestros valores, abriendo el mundo para todo lo bueno y para todo lo malo.

Hay muchas otras personas, instituciones y hechos que coparticipan de la educación de nuestros hijos.  Es un buen ejercicio pensar sobre ellos.

Es necesario que como padres tengamos claro y presente todos estos actores que serán inevitables para nosotros y que nos aseguremos de que seguimos siendo los principales  y verdaderos responsables de la formación de nuestros hijos.

Hay algunos conceptos para remarcar:

  • Nada puede caber entre nuestros hijos y nosotros a menos que lo consideremos algo bueno, venga de donde venga.
  • Todo hueco que dejemos en la tarea de educar a nuestros hijos, será llenado por cualquiera de los otros sujetos.  
  • Cuando abandonamos o nos distraemos de la tarea de educar, no podemos elegir el reemplazante, lo vamos a padecer, nosotros y nuestros hijos.
  • Siendo que la Autoridad es Servicio y requiere Prestigio, debemos tener mucho cuidado cuando elegimos nuestros socios en la tarea y nunca debemos desprestigiar sin fundamentos a quienes comparten ámbitos de la educación.

Sobre esto hay un ejemplo muy triste que resulta cuando los padres critican seriamente a la escuela y siguen mandando a ella sus hijos.  Los niños entienden que: o la escuela es mala y a los padres no les importa y los mandan igual; o la escuela es buena y los padres mienten.  Es una confusión innecesaria y uno de los grandes problemas, bastante comunes, que aparecen en este campo.  Como en este ejemplo encontramos infinidad de mensajes contradictorios que le damos a nuestros hijos y que, sin que nos demos cuenta complican las relaciones familiares.

  • Los padres: La primera y más importante asociación en la tarea de educar se da entre los padres.  Es imprescindible que estos se pongan de acuerdo.  Es inevitable e imprescindible y lo diremos miles de veces como una verdad irrefutable.

“No se puede educar con el enemigo en casa”

Ya hablaremos más adelante sobre este tema que tiene aristas de relaciones personales, intereses que confrontan, lenguaje que está hecho de intenciones que exceden al lenguaje y todo lo que tiene que ver con las relaciones maritales.  Lo que decimos acá es que los padres deben ser conscientes de su responsabilidad en ejercer la Autoridad para educar a sus hijos ante:

  • Sus propios hijos
  • El resto de la familia
  • El resto de la sociedad. Familiares, amigos, escuela, vecinos, autoridades, medios de comunicación, etc, etc.

La tarea de los padres, de los otros padres, de todos los padres, va tejiendo una red de acciones y responsabilidades que, finalmente, hace que la sociedad sea ésta y no otra.  Que una sociedad esté caminando en esta dirección y no en otra.  Que una sociedad sea más o menos justa, más o menos benevolente, más o menos digna.

Los padres del mundo construyen el mundo desde el ámbito íntimo de su hogar.

Debemos cuidar con todo esmero esta interrelación con los factores externos que influyen en la educación de nuestros hijos.

Primero saber elegir lo que se pueda elegir y después no abandonar un minuto ni un centímetro el lugar que tenemos que tener como gestores principales en la vida de los niños.

Objetivos de quienes educan

Hay ciertos conceptos que nos ayudan en esta tarea tan maravillosa y ardua de ser padres educadores.

“Todos aquellos que educan tienen distintos objetivos”.  Este concepto es básico para entender y aclarar el campo de las responsabilidades cruzadas que tiene todo proceso de educación.  La tensión necesaria entre los diferentes campos de poder que se ejercen sobre los niños debe ser claramente conocida y aceptada por los padres que siempre tendrán el derecho y el deber de dirigir esos poderes, neutralizando excesos, resaltando lugares y decidiendo finalmente.

Si lo tenemos claro sabremos a quienes darles más o menos poder en esta participación que tienen en la educación de los hijos.

Por ejemplo, la escuela comparte como objetivo el objetivo de los padres que será lo mejor para los alumnos.  Los familiares y amigos se supone que comparten buenos propósitos.  Las autoridades tendrán como objetivo someter el derecho individual al general de la sociedad.  Los medios tendrán serias confusiones entre la buena fe de educar y el lógico interés de lo comercial.  Algunos medios tendrán solamente el interés y la ambición de ganar dinero.

Es imprescindible que los padres reconozcan en cada caso el verdadero objetivo o interés que cada sujeto participante de la educación de sus hijos tiene para ellos.

Todos lo que participan en la educación de nuestros  hijos intervienen, colaboran, contribuyen y cooperan con más o menos y  mejor o peor  buena intención.  Como un director de orquesta los padres deben aprender, escuchar, interpretar, y guiar porque además del amor que sienten por sus hijos y también por ese mismo amor, la responsabilidad final es  enorme y excluyente.

Hay ciertas preguntas que siempre ayudan, en este caso agregamos algunas que serán valiosas para iluminar algunos senderos de vida.

Como tantas otras veces sugiero que se hagan entre aquellos que corresponda.  Que se contesten por escrito, que se comenten en breves reuniones entre los padres y en familia.  Son actividades sencillas que hacen a la buena relación en el ámbito íntimo de la familia.  Aquellos que no están acostumbrados a este tipo de ejercicio pueden tener algún recelo o desconfiar de su eficacia, puedo asegurarles que el resultado es mágicamente esclarecedor ante algunos de los conflictos que vive una familia.

Preguntas entre ambos padres

  • ¿Quién manda en mí?
  • ¿Quién manda en mis hijos?

Para hacerle a los hijos

(Adecuándolas  a la edad y otras circunstancias)

  • ¿Quién manda en tí?
  • ¿Quién dejas que mande en tí?
  • ¿Quién, verdaderamente, te gustaría que mandara en tí?

Para padres e hijos

  • ¿Quién tiene que exigir?
  • ¿Quién tiene que comprender?

Conocemos a nuestros hijos, los amamos y queremos para ellos el mejor de los destinos, que sean lo mejor que pueden ser por ellos mismos y que sean capaces de relacionarse adecuadamente con sus semejantes.  La tarea es compartida, cada vez más compartida.  Para que el mundo sea cada vez mejor debemos aprender a co- accionar con todos aquellos que, a veces elegimos y a veces no, para llevar a buen término la tarea.

Darse cuenta, mejorar el conocimiento del mundo, elegir y ser elegido.  Dejarles un mundo con un poco más de armonía, un poco más fácil, siempre mejor que el que conocemos. Desde el espacio pequeño en el que podemos influir, nuestro legado será que ese pedazo del mundo sea mejor por lo que nosotros hacemos.  Después, cada uno hará su parte.  Que Dios nos ayude.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

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La Familia y la Educación de los Hijos

24 Feb

La escritora Zully Poratelli fue nuevamente invitada a el programa “La Puerta Abierta” para hablar sobre la familia.

Hilachas que van Tramando- Autoridad en la Familia XVI- Lo de todos los días

26 Nov

Hilachas que van Tramando

Autoridad en la Familia  XVI

Lo de todos los días

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Es una mañana  grisácea y tristona.  No es “gris” ni “triste” porque es día de semana y no hay tiempo para disfrutar de una tarde en casa; lo sería por ejemplo un sábado, con té y torta de manzana incluídos. Pero como hay obligaciones que cumplir, no hay té ni torta, la dejamos en grisácea y tristona. El reflejo en la pantalla me da el movimiento de los árboles muy altos y el cielo tupido.  Hay una temperatura baja, inusual para esta época, y un silencio que acompaña.

Vamos a hablar de un tema que es la llave maestra de la educación.  Sin la cual no hay, sin duda no hay ninguna posibilidad de que nos salga bien esto de educar a nuestros hijos.

Hemos pasado por los cinco pasos: Pensar, Informar, Decidir, Comunicar y Hacer cumplir.  Hemos hablado de las Normas Claras, conocidas por todos, entendidas por todos y aceptadas por todos. De la Aceptación de la Autoridad por parte de aquellos que están a nuestro cuidado.  Y de los Premios y Castigos. Reconocemos  las diferencias entre Dar, Regalar y Premiar.

Y culminamos todo este capítulo tan importante sabiendo que a nuestros hijos les Damos siempre, sin retribución, les Ofrecemos cuando van creciendo y pueden empezar a elegir, y les Encargamos para que se hagan cargo de sí mismos y de sus responsabilidades cuando ya se empiezan a despegar de nuestras decisiones para tomar las suyas.  Ellos y nosotros vamos creciendo juntos mientras el tiempo va moliendo las vidas hasta que ellos puedan vivir en plenitud su propia libertad de pensar, de elegir, de decidir, de aceptar responsabilidades  y cumplirlas por sí mismos.

 ¡¡¡Uau!!! Cuántas cosas ya sabemos!!!

Ahora, cuando creíamos que somos expertos,  alguien nos habla de la “llave maestra de la Educación” y nos pone de vuelta en carrera en esto de aprender para servir mejor a nuestros hijos en el ejercicio de la Autoridad.

 Vamos a hablar de esa imponente estructura en la que se apoya la evolución de todo ser humano desde que nace y que hace de él alguien capaz de ser lo mejor de sí mismo y de convivir felizmente con sus semejantes.  Estamos hablando del Armado de la Voluntad”.

La Voluntad es la potencia o facultad que tenemos los seres humanos para hacer o no una cosa.  Es el acto manifiesto por el cual elegimos admitir o rechazar una cosa.  Puede ser la elección espontánea de algo que hacemos cada instante de nuestra vida.  Es nuestra intención, ánimo o resolución.  Todo encapsulado e incorporado en lo más íntimo de nuestro carácter.   La voluntad es un componente importante que distingue al hombre del resto de la Creación.  Hace que un individuo esté al nivel de su propia riqueza personal.

Somos toda voluntad para ser buenos o malos, para tener ganas o deseo de algo y que esto sea bueno.  Para sobreponernos a las dificultades, para ser generosos con nuestros semejantes, para usar el libre albedrío.  Para amar y recibir amor.  La voluntad expresa la clase de persona que somos.

Sin voluntad perdemos la estructura general de nuestro ser y acabaremos a la deriva, sin la posibilidad de realizar cuanto nos es valioso en la vida.  La voluntad es verdaderamente la otra definición de Libertad.

Armar la voluntad de ninguna manera se relaciona con grandes empresas heroicas.  No se trata de hazañas increíbles y no pone en riesgo nuestra vida o nuestra seguridad.  Es sencillo y requiere solamente tres cosas:

  • Como todo lo importante que hacemos, hay que Darse Cuenta
  • Decisión
  • Perseverancia

Se arma la Voluntad enseñando el cumplimiento del deber cotidiano

 Algo tan simple como hacer que el niño desde pequeño tenga integradas algunas obligaciones que debe cumplir.  El solo hecho de acostumbrarse a cumplir ciertas obligaciones establece para las personas un mecanismo que le permite fortalecer el carácter y dominar en sí mismo todo aquello que no lo deja crecer.

Vamos por los ejemplos:

  • Llegar del Colegio y dejar en su lugar la mochila, lavarse las manos.
  • Levantarse a la hora indicada para cumplir con sus obligaciones.
  • Alimentar a su mascota-
  • Tener ordenados sus armarios y su mochila escolar.
  • Hacer las tareas escolares antes de jugar.
  • Devolver a su lugar aquello que ha usado.
  • Ayudar en las tareas de la casa.
  • Cumplir las normas de higiene personal.
  • Cumplir con los horarios cuando se trata de una obligación como los horarios de la escuela.
  • Tener buenos modales en la mesa.
  • Tener un lenguaje educado y respetuoso.
  • En fin, todo cuanto forma parte de los “hábitos cotidianos positivos” que son como las pequeñas grandes guías en las que se desarrolla la vida familiar.  Ya volveremos sobre ese tema.

Se tiende a no darle a estas cosas sencillas el valor que tienen en la dinámica de la educación hasta que aprendemos que ellas van forjando en el niño una disciplina que va a contrariar cualquier impulso que lo haga más tolerante con su propia comodidad, egoísmo o individualismo.  La Voluntad nos ayuda a vencer nuestros impulsos negativos y eso se aprende todos los días sin tener que buscar desafíos ajenos a lo cotidiano.  Quien educa su carácter en lo cotidiano lo educa en la totalidad de su vida.

Todo lo que haga bien hecho son como pequeñas victorias que el niño tiene sobre su propia naturaleza de “Hacer lo que quiero” para ir aprendiendo a Hacer lo que debo”, esto último la síntesis de una persona educada en toda definición de la palabra.

La Voluntad se arma sencillamente así y comprobamos este resultado cuando los desafíos de la vida se van haciendo más y más importantes.

Aquello que parece ser simplemente una serie de hábitos en su hogar lo va a ir llevando en forma natural a otras conquistas de su voluntad que le permiten por ejemplo:

  • Aceptar algunas contrariedades que la vida cotidiana trae consigo.
  • Ocuparse de algo especial que mejora la vida de todos.
  • Dominar sus rabietas cuando algo no se consigue.
  • Compartir con sus hermanos y sus amigos no solo sus cosas, también los turnos de sus juegos.
  • Saber perder aún habiendo hecho el mejor esfuerzo.
  • Controlar sus emociones cuando sea necesario.
  • Respetar a los otros en su lenguaje, sus tonos y sus gestos.
  • Saber competir respetando a los demás.  Aceptar los resultados de toda competencia.
  • Reconocer sus dones y sus carencias en el camino de mejorar.
  • Aceptar los dones y carencias de los otros, etc. etc. etc.

Finalmente descubrimos que estamos describiendo una persona cabal, capaz de convivir en armonía con sus semejantes y que alcanzará todo lo mejor que puede haciendo lo mejor de sí mismo.

Conviene que estemos preparados para el arduo y espinoso camino que a veces nos presenta la vida,  que podamos contar con nuestra propia voluntad, que podamos decidir con toda serenidad lo que estamos dispuestos a hacer y a responsabilizarnos de lo que hemos elegido.

No hay temas menores en la Educación de nuestros hijos.  Los hay, sí, muy importantes.  El armado y fortalecimiento de la Voluntad es la estructura central de nuestro carácter.  Es para elegir entre lo bueno y lo bueno, por encima de cualquier debilidad que no nos permita desplegar lo mejor de nosotros mismos.

Cada día, cada día de nuestra vida debería ser el triunfo de la voluntad sobre las cosas que no tienen valor.  Para lo cual debemos empezar a reflexionar seriamente sobre el valor de las cosas.

Mientras conocemos personas que han ido a la deriva a pesar de haber tenido las mejores condiciones para crecer, las vemos desmoronarse en todos sus proyectos o no conseguir llevar una vida feliz y no llegamos a entender qué ha pasado,  vivimos el heroísmo de cada día eligiendo entre lo que se quiere y lo que se debe con la herramienta que nos da la voluntad educada.

 Decía un profesor que nos dejó enormes enseñanzas:

“Cuando un adolescente se levanta a la hora que debe, sin necesidad de que lo despierten y contrariando su natural deseo de seguir durmiendo, porque ésa es su obligación, hemos recorrido una buena parte del camino de su educación”.

 Hagamos una mirada circular sobre todos los hitos que conforman nuestra vida cotidiana. Pongamos pequeñas cosas concretas para cumplir según la edad y las circunstancias de cada hijo, hagamos de ello un hábito cotidiano positivo, con perseverancia y paciencia, entonces habremos cumplido uno de los pilares de esta aventura extraordinaria que es haber recibido un pedacito de masilla de colores y dado paso a una persona completa, feliz y lista para marchar a disfrutar su propia realidad.

Que Dios nos ayude, que así sea.

 

Primero la Justicia.  Para todos.  Para todos.  Para todos.

Hilachas que van Tramando- La Autoridad en la Familia XV- Premios y Castigos

10 Nov

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia XV

Premios y Castigos

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Volvemos al mundo de la educación en la familia. Vamos a usar palabras bien castellanas, de cuando el Castellano era categórico y claro.  Cuando no teníamos miedo de hablar de “obediencia” “castigo” “premio” “falta” “superior” “inferior” todas palabras que ahora quieren escaparse de tantos prejuicios que las quieren tener amordazadas.

Digo esto porque a) me voy por el camino que me lleva esta tarde gris y callada b) respondo a tantas reacciones de los que no esperan a terminar de leer o, en el caso de las clases, a terminar de oír, y se resienten cuando empiezo por: premios y castigos. ¡Cómo si estuviera queriendo volver a terribles premios y castigos del medioevo! Felizmente estamos en el Siglo XXI y lo más cerca que el hombre estuvo nunca de los Derechos Humanos.  Hablamos de  premios y castigos adecuados a los hombres de este siglo y, en este caso, a los niños y adolescentes que están a nuestro cargo, a quienes se supone que amamos y respetamos.  Hecha esta aclaración diré que vamos a hablar de “Premios y Castigos”.

Retrocedemos unos reglones para retomar el tema:
El ejercicio de la Autoridad incluye dos poderes:

a) Tomar decisiones que influyen  en el comportamiento del hijo

b) Sancionar: premio o castigo.

Lo primero que tenemos que subrayar es que las sanciones forman parte de la Autoridad- Servicio y no debe nunca, pero nunca, confundirse con venganza, obcecación, falta de tolerancia, cansancio y otras debilidades que nos alejan de los fines de la educación.

Siempre se premia o se castiga por el bien del mismo hijo.  Sin perder de vista el resultado final debe hacerse con serenidad, nunca con bronca o frialdad.  También teniendo bien claro a) qué se premia o castiga y b) cómo se hace, poniendo esas calificaciones  en la misma categoría.

  •  Siempre el “cómo” se premia o se castiga debe responder estrictamente a “qué” es lo que se premia o se castiga.

Y aquí estamos hablando del sentido de la Justicia, base y vector de las relaciones entre los que educan y los que son educados.  Nada perjudica más la tarea de educar que la injusticia.  Los niños y los adolescentes tienen una especial sensibilidad para lo que consideran una “injusticia”, y en este caso podemos hacer alguna salvedad:

“Los niños viven la Justicia según las edades.  Hasta más o menos los 7 años no tienen mucha noción de la justicia, pelean por lo que quieren sin pensarlo.  Desde los 7 hasta los 10 o 12 años para ellos, en general, la Justicia es darle a todos lo mismo. Después de esas edades van reconociendo que: “La justicia es darle al otro lo que ya es suyo”.  Vamos a enseñarles por añadidura que: la generosidad es darle al otro más de lo que le pertenece.  De lo que deducimos que somos los mayores los que debemos aprender a vivir la justicia para no defraudar a nuestros hijos y arruinar esa relación filial tan importante para su educación y para el amor recíproco que nos tenemos.

Salimos de las salvedades y volvemos a nuestro tema:

  • Los premios o castigos deben ser avisados con la debida anticipación

Uno no se pasa el día entero “avisando” premios y castigos.  La vida cotidiana se va deslizando de una manera espontánea y los niños y nosotros conocemos las normas de convivencia.  Cuando algo más importante aparece es el momento de “avisar”.  Cualquier regla, decisión, actividad, actitud o postura que implican responsabilidad de parte de los niños y están expuestas a ser juzgadas, deben ser clasificadas con anticipación y llevar bien clara su consecuencia.  No se puede crear la norma y castigar con posterioridad al hecho.  A partir de ahora si haces esto o no haces esto, ésta es la consecuencia, a partir de ahora.

  • La sanción debe ser proporcionada a la falta

Volvemos al concepto que para educar debemos tener bien clara la diferencia entre las cosas importantes y las que no lo son. No podemos dejarnos llevar por nuestro cansancio, nuestra impaciencia o un mal momento.  No es conveniente abrumar a los niños y los adolescentes con cosas de poca importancia ni olvidar las que tienen mucha.  Hay que pensar bien antes de evaluar una falta.  Ya con muchos años en esto de la Educación he aprendido que con serenidad podemos pasar por alto algunas cosas insignificantes para tener la fuerza de nuestras decisiones en aquellas que verdaderamente lo valen.  Lo que un proverbio inglés dice: «Hay que elegir las batallas”  Con los hijos siempre hay que elegir las batallas.

  • Las sanciones deben ser limitadas en el tiempo

Podemos resumirlo con un ejemplo, no podemos decir:”No miras más televisión” o “No vas a salir más a andar en bicicleta” o tantas cosas que decimos en un momento de enojo.  Toda sanción tiene que ser clara en el tiempo que durará.  Y se cumple. Decía la abuela (madre de 7 varones): “Si tienes que castigar, promete poco que te aseguras poder cumplirlo”.  Así como dijimos que las normas deben ser debidamente comunicadas, lo que significa que sean recibidas y entendidas por todos, también la sanción debe ser claramente entendida por todos.  “No hay Internet por una semana” “No sales a bailar este fin de semana” “No se sale con los amigos hasta que mejores el informe escolar”. Siempre tiempo concreto y razonable que tiene que ver con corregir conductas y no con tomarse revanchas.

  • Cumplir las promesas hechas

Cada promesa que se ha hecho y no se cumple trae potencialmente dos efectos negativos.  a)El hijo pierde la confianza en su padre en general, algo lastimoso en la relación filial, b) Es difícil volver de ese error, ya no dan resultado la norma ni la sanción de la norma.  A largo plazo la incertidumbre golpea más al niño y al adolescente que a sus padres.

  • No coaccionar afectivamente

El niño acepta la autoridad paterna y obedece no porque de esa manera se gana el afecto de su padre y tampoco porque así no lo lastima.  Repetimos y repetimos sin cansancio que: El centro es el hijo.  Lo que hacemos lo hacemos por él, no por nosotros ni para nosotros.   Y volvemos a un concepto que nos ayuda a entender esto.  Los objetivos que tienen los padres para educar y los hijos para obedecer son totalmente diferentes.  El padre debe tener bien claros sus objetivos y respetarlos.  Su estado de ánimo o su dolor no es cosa del hijo.

  • Pasada la sanción, se termina.  

Ya está.  Por supuesto que queda claro que la falta no se repite y, a veces, sobre todo en el caso de los adolescentes, después de un tiempo, puede haber una charla al respecto para evaluar los resultados.  Allí insistimos una vez más escuchar, escuchar, escuchar. Respetar opiniones, respetar, respetar.

  • Evitar la debilidad y la comodidad

No se debe renunciar a hacerse obedecer o renunciar a castigar una falta por debilidad, rabia o abandono. “Total, ¿para qué me sigo esforzando? Haz lo que quieras, después de todo ha de ser para ti.  Me da lo mismo.  Yo abandono. Yo renuncio”. Grave equivocación.  No se puede renunciar a los hijos ni a nuestro compromiso con ellos.  La debilidad y la comodidad no son buenas herramientas para la educación de los hijos, más bien son un dúo disolvente. Es duro decirlo pero es cierto: “Los padres débiles y cómodos suelen terminar llorando”.

Estos son algunos conceptos muy generales sobre sanciones o castigos. La contra cara de los mismos son tres acciones:

  • Dar
  • Premiar
  • Regalar

Creo firmemente que la sociedad actual es la mejor que ha tenido la historia del hombre.  Con la esperanza de que siga mejorando, nunca como ahora se ha tenido tanta consciencia de los derechos de los individuos, nunca como ahora ha habido tantos bienes para distribuir en el mundo al alcance de las mayorías, nunca como ahora ha habido tan claras nociones de que el mundo es de todos.  Por supuesto que faltan muchos años para llegar al ideal pero el Hombre nunca ha retrocedido. Tenemos esperanzas, más que nunca.  Sin embargo uno de los obstáculos que encontramos en ese camino es el relativismo de todo o casi todo.  Por eso tenemos muy confundidos algunos conceptos lo cual mortifica y complica, en nuestro caso, el tema de educación.  En este caso no está clara la diferencia entre dar, premiar y regalar.  Procuremos aclararlo.

  • Dar: Donar, entregar, conceder, otorgar algo.  Puede tener una contraprestación o no de la otra parte.  Le damos a los hijos lo que tenemos obligación de dar.  No necesariamente será merecido.  Dar significa la voluntad de cumplir ciertas obligaciones con los otros, siempre en el marco de la voluntad y en referencia a la relación que tenemos con ellos.  Donamos, concedemos, otorgamos.  Podremos ser más o menos generosos, pero subsiste el concepto de que no hay obligación de devolver.  Si la hubiera sería un trueque, un contrato, un arreglo entre partes.  Los padres tenemos el privilegio de darle a nuestros hijos lo mejor que podemos y esperamos recibir de ellos amor y reconocimiento.
  • Premiar: Remunerar, galardonar los méritos de alguien.  El premio se da cuando alguien, en este caso el hijo ha superado lo que corresponde.  El premio debe merecerse.  Ganar una competencia, un concurso, ser el mejor abanderado, hacer una acción social notable, ser el mejor compañero, ayudar a los amigos, hacerse cargo de quien lo necesita.  Es exceder lo que corresponde en relación con lo que se haga.  Premiar lo que no excede es confundir a los niños quienes, con su proverbial intuición sabrán que más que premio eso puede ser un chantaje o una broma y en el fondo lo desprecian.  Por ejemplo, un adolescente que ha terminado su curso promocionando las materias no debe recibir premio porque es parte de su obligación, si tuviera un promedio notable o estuviera entre los mejores sería otro el caso.
  • Regalar: Dar a alguien, sin obligación, algo en muestra de afecto, consideración u otro motivo personal.  Hacer expresiones de cariño o benevolencia.  Éste es el campo en el que los padres pueden darse todos los gustos.  Regalar no tiene porque ser justificado.  Regalamos por cariño, por ilusión, por ver una sonrisa, por decir de alguna manera te quiero mucho. 

“El regalo es gratuito, el premio se merece”

“Lo que se otorga no se quita”

De todas las formas estamos dándole a nuestros hijos lo mejor que tenemos pero es muy importante que ellos sepan en carácter de qué reciben aquello.  Que sepan que les damos lo que corresponde para que tengan una buena vida, que los premiamos cuando exceden sus méritos y les regalamos porque sí, porque estamos encantados de que sean nuestros hijos y no vamos a cansarnos de hacérselos saber.  Pequeñas distinciones que nos hacen la vida más fácil y a ellos las cosas más claras.

En esta maraña de conceptos que nos disponemos a repasar vamos a hacer dos preguntas que pretendo que ayuden a los padres en muchos momentos de la vida con sus hijos.  Especiales para esta sociedad de la abundancia en la cual resulta difícil vivir con sobriedad.

  • ¿Cuántos no significaron libertad para los hijos y felicidad para la familia?
  • ¿Cuántos significaron pérdida de libertad y felicidad para los hijos y para la familia?  Pensemos los “buenos” no y los “malos” .  ¡Es esclarecedor y va a sorprendernos! Pueden ayudar en el momento de decidir algún permiso.

La tarde sigue gris y callada, como siempre espero aclarar algo en este mundo de las familias y los niños en especial.  Siempre queda camino por andar, con dificultades y sorpresas, con felicidad y alegría.  ¡Que nos toque el mejor de ellos!¡Que así sea!

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

 

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia XII – Otro aspecto de las Normas Claras

24 Sep

 Hilachas que van tramando  – Autoridad en la Familia XII

El otro aspecto de las Normas Claras

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Recordemos que estamos hablando de una familia. Una familia tiene una dinámica diferente a cualquier otra institución en la que se necesiten normas expresas de convivencia.  La familia no se maneja con un Código formal.  Para distinguir bien este concepto, como otras veces, volvemos a la sencillez de la experiencia de vida de generaciones y generaciones de familias que nos precedieron.  La familia se estructura y se desestructura según la vida le va pasando por al lado, por encima como una aplanadora o con tiempos de paz y alegría en los que parece que todo está muy bien.  Pero casi nunca estamos en equilibrio.  Por la misma riqueza de emociones y sentimientos, expectativas, proyectos y contingencias que vivimos en la familia, casi nunca estamos en equilibrio.  ¡Lo que es una suerte!

Porque en todo Equilibrio, las fuerzas se compensan hasta que se anulan para terminar siendo iguales.  Eso no existe en una familia.  Si fuera así se perdería el riquísimo entramado de muchas vidas que recorren juntas todo el camino.  Y siendo el amor y la identidad lo único que los ata, los integrantes de una familia, verdaderamente resultan iguales pero diferentes.

Lo que se requiere en la familia es la Armonía: por la cual las fuerzas no son iguales, por lo contrario se complementan, las personas se aceptan como diferentes y en tiempos diferentes, todos crecen.

Todos son diferentes, tienen diferentes edades, diferentes sueños, diferentes proyectos y otros recursos personales.  Hay momentos en que los planos se inclinan para uno u otro y todos deben respetarlo y comprenderlo.  Hay momentos en que uno necesita más tiempo que los demás, aquél más severidad y éste más risas.  Uno recibirá más tiempo y otro más diálogo.

De eso se trata lo que llamamos Armonía en la familia, para lo cual necesitamos las Normas Claras, con ellas aprendemos unos de otros según se suceden las generaciones.

Repasando, hemos dicho que para que resulte necesitamos las cuatro C de la información sobre las normas a imponer:

  • Clara
  • Corta
  • Concisa
  • Cambiar de tema

Para que el hijo entienda y aprenda:

  • Lo que tiene que hacer
  • Lo que debe hacer
  • Lo que puede hacer
  • Lo que quiere hacer

Ahora corresponde hablar sobre el otro aspecto de toda norma y jugamos con las cuatro C, que también necesitamos:

  • Conversar
  • Comprender
  • Conciliar
  • Conceder

Esto se refiere a los padres y se irá requiriendo de los hijos a medida que ellos vayan creciendo.

Conversar: Tener trato y comunicación con alguien.  Ya nos hemos detenido largamente en el tema de la comunicación y seguiremos haciéndolo porque es fundamental en la vida de todos los hombres y, especialmente, en la vida de una familia.  Es la matriz de toda educación, de toda relación y, por ende, de todo el amor que se tienen entre ellos.  Para que la Comunicación sea eficiente es necesario hablar y hablar y no solamente de cosas concretas, cotidianas y simples.  A veces se necesita hablar de otras cosas, más personales, más íntimas y formadoras.

A veces es necesario lo que yo llamo: “Hablar con subtítulos”.  Hace falta decir lo que uno siente.  Hace falta explicar por qué uno quiere algo.  A qué se debe tal exigencia.  Hace falta contar lo que le pasó en tal o cual situación.  Hablar de lo que para uno es importante. Expresar cuánto uno ama al resto.  Lo que quiere para ellos.  Lo que agradece tenerlos.  Y explicar cuando una norma debe cumplirse y por qué.  No basta con “sentir” las cosas, hay que relatarlas.  Los otros, los integrantes de una familia no tienen por qué “saber” intuitivamente lo que le pasa a uno.  Con la moderación de no exagerar, hay que “comunicar”.

En estos tiempos nos vamos acostumbrando a dejarnos llevar, demasiado seguido, por banalidades; hablamos con abreviaturas, tememos a los temas importantes, nos deslumbran las imágenes y nos falta el tiempo.  Hay que conversar, y hablar con subtítulos.

Comprender: Es abrazar, ceñir, rodear// Contener, incluir en alguna cosa// Entender, alcanzar, adivinar.

Incluir a nuestros hijos en toda nuestra consciencia, alcanzarlos en su desarrollo, abrazarlos con voluntad de cuidarlos. ¡Entenderlos! ¡Entenderlos! ¡Entenderlos!

Conciliar: conciliar es componer y ajustar los ánimos discordes.  Armonizar.  Somos los padres los que estamos preparados y debemos bajar los ánimos y acrecentar nuestra benevolencia.  Por edad, por situación, y por la responsabilidad que nos hemos tomado, los padres debemos manejar las situaciones en que hace falta conciliar.  No se puede perder la paciencia . “El que pierde la paciencia pierde la guerra” Por amor a nuestros hijos no se puede perder esa guerra.

Conceder: Esto es dar u otorgar algo como merced o gracia.  Asentir sobre algo que se nos pide o espera.  Y convenir en lo que el otro dice o afirma.  Es de hombres inteligentes tener ideas propias, y de sabios aceptar lo que los otros saben o que los otros tienen razón cuando la tienen.

¿Estamos hablando de lo mismo?

De Normas Claras, Autoridad, Exigencia, Orden, Responsabilidad, y todas esas cosas que se nos hacen severas, sordas a otros conceptos, poco flexibles.

Y, al mismo tiempo, hablamos de Comprender, Conversar, Conceder, Conciliar.

¡Cómo si fuera lo mismo!

¡Es lo mismo!

Desde el principio de estas charlas hemos ido demostrando que es lo mismo.

La naturaleza de la Autoridad está formada por el Prestigio y la Vocación de Servicio.  La Responsabilidad, la Exigencia,  las Normas que nos permiten convivir con nuestros semejantes, el orden que establecemos para nosotros mismos nos deben ayudar a Comprender, Conversar, Conciliar y Conceder en la relación con los otros.  Es parte de naturaleza del ser humano y de su capacidad de ser cada vez mejor.

Comprender y escuchar a nuestros hijos implica acompañarlos en su tarea de mejorar para ellos mismos y para los demás.  Implica que los consideramos héroes, cada vez mejores, cada vez más dignos de sí mismos.  Implica que los entendemos, los amamos,  que los vamos a formar y que, de nuestra tarea resultará que ellos mismos adquieran su libertad de elegir.

Elegir las Normas y hacerlas cumplir es entender que son instrumentos válidos para educar y  para convivir.  Solamente los hombres dignos se someten a las reglas claras de la convivencia. Solamente ellos saben que la única debilidad es estar por debajo de las posibilidades personales de ser cada día lo mejor que uno puede ser y que la norma de vida es el vehículo eficiente en este propósito.

La norma existe para doblegar el propio egoísmo, para respetar los espacios ajenos, para corregir al que se equivoca, para ordenar lo que tiende a desordenarse.  Para reconocer las reglas del juego que impone cada familia.

Si negar las normas de convivencia, aceptar que casi todo está permitido, que todo es relativo y que cada uno vive a sus aires, trajera la felicidad de todos, estaríamos de acuerdo.  Pero la experiencia vital del hombre moderno nos enseña que el vacío existencial, que a veces  atenta contra esa felicidad, está nada más y nada menos en la falta de reglas y el desalentador relativismo que nos impiden convivir en paz con nuestros semejantes y enseñarles a nuestros hijos a hacer algo por los demás.

A medida que se van cayendo estructuras que parecían inamovibles en la sociedad en la que viven nuestras familias, se hacen más necesarias las normas que, con total libertad, establecemos para ellas.  Todo se puede ir ordenando y solucionando en este arduo camino de llevar adelante la vida en común.

Por estas realidades hoy, más que nunca, podemos asegurar que “La familia de hoy se estabiliza y funciona, según su capacidad de reconocer sus conflictos y asumirlos para resolverlos”.

En este momento de la reflexión los padres e hijos deberían probar sentarse a una mesa y hacer una pregunta clave para todos.  No importa la edad o la circunstancia de cada uno, cada uno opina sobre lo que le parece mejor para su familia.  

Creo que la pregunta clave para contestar y poder establecer parámetros de comportamiento sería:
“¿Qué clase de familia queremos?

De allí saldrán las normas que los ayudarán a vivir según la familia que quieran tener.  Es notable hacer la experiencia y ver cómo los hijos, hasta los más chicos, aportan su caudal de opiniones valiosas.

Las pequeñas reuniones informales en las que se van estableciendo estos temas culminan con notas escritas que ayuden a no olvidarlas.

Después, recordemos que “no se educa por consenso”, son los padres los que finalmente van a decidir en consecuencia de lo hablado.

Créanme que es una experiencia muy reveladora y educativa.

Lo que los niños saben intuitivamente y saben que lo necesitan y los padres, a veces, parece que se niegan a reconocer es que con normas claras, conocidas por todos, aceptadas por todos y cumplidas por todos, la vida es mucho más fácil.

Esto también tiene que ver con un tema principalísimo en la vida de la familia y que desarrollaremos en otro momento: La Participación de todos, en todo.

Parece difícil en estos tiempos tener Tiempo para estas experiencias familiares.  He dicho muchas veces y lo seguiré diciendo en el futuro que “El Tiempo de la vida podemos “gastarlo” o “acumularlo”.  En definitiva eso es lo que estamos decidiendo cuando nos ocupamos de nuestra familia.

Lo que viene en los próximos artículos es hablar de

¿Qué pasa cuando la norma no se cumple?

¿Hay premios y castigos?

¿Cuál es el método apropiado para recorrer el camino del Servicio en el ejercicio de la autoridad? Sus cinco pasos.

Esta historia de la familia es tan atrapante como la mejor de las aventuras.  La tenemos a mano.  Vamos a vivirla con toda la pasión que podamos. Vale la pena.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

 

 

Hilachas que van Tramando – Autoridad XI Las Normas Claras

7 Sep

Hilachas que van tramando: Autoridad en la Familia XI

Las Normas Claras

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Rebobinamos un poco para seguir con uno de los temas concretos de este “curso”  en que nos hemos empeñado mis lectores y yo.

Las normas  que reglamentan la vida de una familia y contribuyen a la educación de los hijos hacen al bien común de la familia y son el sustento de la autoridad bien ejercida:

    Deben ser conocidas por todos

    Deben ser entendidas por todos

    Deben ser aceptadas por todos

    Deben servir a todos

Cuando decimos “conocidas” y “entendidas” por todos nos estamos refiriendo a un principio de “comunicación” que ya vamos a desarrollar en el futuro y que es la llave maestra de toda relación humana.  Comunicar es hacer saber algo a otro u otros pero ¡cuidado! la comunicación sólo se establece cuando el otro u otros la reciben  y la entienden.  Muchas relaciones humanas se arruinan, trayendo grandes sufrimientos a las personas, porque simplemente nadie pensó en asegurarse que una comunicación había llegado y había sido entendida.  El silencio es oro algunas veces, el diálogo respetuoso y atento siempre es oro puro.

La comunicación no es dar por descontado que el otro recibió y entendió lo que hemos querido que recibiera y entendiera.  Y ésta, por sutil y precisa, es la clave de toda comunicación, sobre todo en la relación en la familia.  Los otros, en este caso los niños, deben hacer tenido la posibilidad de recibir y de entender esta comunicación y nosotros, en este caso los padres, debemos asegurarnos de que así haya sido.

Que nadie pueda alegar “Eso no lo sabía”.  Como en toda relación humana, es necesario un buen entendimiento.

Cuanto más importante sea la norma a establecer, más segura debe ser la comunicación de la misma.

Tan clara que padres e hijos deben aprender a reconocer, de ida y vuelta:

Saber diferenciar lo que se nos dice de lo que se nos quiere decir

La intención de lo que se nos dice

Las fuentes de lo que se nos dice.

Reflexionemos sobre eso con referencia a todas nuestras relaciones

Vamos por pasos

Hemos establecido una norma, por ejemplo:

“En esta casa siempre se hará la tarea escolar los viernes, el que no lo haga no va a poder hacer algún programa para el fin de semana.  Porque cuando alguno no cumple esa norma todos nos perjudicamos en nuestros días libres.  No hay matices, el que no deja la tarea hecha el viernes, no se divierte el fin de semana”.

Para poder comunicar con buen resultado vamos a buscar auxilio de nuestra mejor herramienta: Las cuatro C que serán más importantes cuando más lo sea la norma que vamos a imponer.

La comunicación debe ser:

  • Clara: Repetimos: tanto más clara como más importante sea el tema.  No debe quedar ninguna duda de lo que estamos diciendo.  De lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer;  saber y entender cuáles son las consecuencias.  En todo caso Juancito debe saber que si no tiene la tarea terminada el viernes,  no habrá diversión el fin de semana.  Debe haberlo sabido y entendido sin ninguna duda.
  • CortaLos discursos tienen dos variantes, si son para ponderarnos siempre parecen cortos; si son para imponernos una norma o llamarnos la atención sobre algo, siempre son largos.  Sobre todo para los niños y adolescentes.  Los discursos  demasiado largos confunden, distraen, aburren.  Sobre todo crean cierta duda sobre la seguridad y la decisión categórica   de quien expresa algo.  Cuanto más seguros estamos de la bondad y eficacia de lo que vamos a decidir más debemos respetar los tiempos de los que van a obedecer y conservar su buena predisposición de ánimos.  Recuerdo a mis mayores hablar poco y con toda contundencia, para lo cual mostraban estar seguros de lo que hacían.  Para lo cual, perdonen la reiteración, debemos conocernos, conocer a los hijos, saber lo que queremos para ellos y hacernos responsables de lo que decidimos.  Decía la abuela “Una tontería que se repite, sigue siendo una tontería, y además aburre; una genialidad que se repite será una genialidad pero, aburre”  No hay niño más rebelde que el que no quiere oír, ni discurso más difícil de atender que el que se alarga sin sentido.
  • Concisa: Quiere decir muy concreta.  Informar todo lo que hace falta, nada más lo que hace falta, con las palabras precisas y el ánimo positivo.  Demostrando decisión y convencimiento.  Esa decisión y convencimiento significa para nuestros hijos un par de cosas importantes: que sabemos lo que hacemos, que estamos decididos a hacer cumplir la norma y que es en bien de ellos.
  • Cambiar de tema: Es lo más adecuado.  Cuando se ha dicho lo necesario hay que cambiar de tema.  Sobre todo con los adolescentes.  Cambiar de tema puede ser explícito o implícito.  Esto se da por terminado, está decidido, está resuelto, no lo vamos a seguir discutiendo.  Estamos demostrando que lo hemos pensado bien, decidido con ánimo de justicia y que estamos dispuestos a mantenerlo.

Queda como el último paso de una norma, el hacerla cumplir.  Este es un tema aparte que merece todo un artículo y más.  Sólo adelantamos que los hijos deben intuir nuestra decisión y fortaleza de ánimo para que les sea más fácil aceptar la autoridad.

La vida no es un libro de normas a seguir pero, lo vamos a repetir innumerables veces:  “Educar es Prever”  La Autoridad no tiene movimientos espasmódicos con los que se van resolviendo los problemas a medida que aparecen.  La Autoridad se asienta, con las debidas contingencias, sobre la prevención de situaciones que pueden traer felicidad o infelicidad a las personas de una familia.

Deberíamos agregar que para llegar a las normas que organizan la vida de una familia se ha recorrido un camino que siempre tiene vueltas y desvíos.  Se presume que hay normas que los padres pueden decidir por sí mismos porque están preparados para eso. Se presume que hay algunas que, sobre todo según la edad de los niños, se pueden discutir, conversar, cambiar, completar, etc.  No es lo mismo lo que vamos a decidir sobre el funcionamiento de los horarios generales de una familia que lo que decidimos sobre los niños pequeños o cuando se trata de los adolescentes.  Todos deben poder opinar según su edad y su capacidad de entendimiento.  Para que se sepa:  “Opinar no es decidir”.

El buen convivir de una familia y la buena educación de los hijos incluye escuchar, atender, cambiar cuando hace falta, asegurar el bienestar de los otros y respetar su libertad de expresión y de acción.

Pero de última somos los padres los que estamos a cargo del barco.  Somos los agentes primarios, naturales y directos de la formación de la personalidad y la educación en el carácter de nuestros hijos.  Esa responsabilidad, ya lo hemos dicho, es la más importante de todas las que puede tener un ser humano.  Debemos actuar a consciencia, conocer los temas, decidir y estar dispuestos a perseverar en lo que creemos que es bueno para ellos.  No es fácil.  Nadie puede decir que es fácil.  Pero no me canso de decir que es un viaje apasionante hacia ellos y hacia nosotros mismos.  Hagamos de su vida una senda tranquila en la que vayan aprendiendo lo más importante de los seres humanos, respetar a los demás, saber convivir, ser tolerantes y optimistas, sentirse parte activa y buena de este mundo prodigioso en el que nos ha tocado vivir.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

 

 

 

 

 

 

Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia IX- Aceptación- Objetivos

19 Ago

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia IX:  Aceptación – Objetivos

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¡Vamos por más!  Siempre vamos por más cuando se trata de la educación de nuestros hijos.  También vamos por más porque, cuando me distraigo con otros temas muy caros a mi trabajo, los lectores me vuelven al Curso de Autoridad.  Entonces seguimos, con mucho gusto, seguimos.

Ya habíamos adelantado que para que se conforme la autoridad se necesita:

  • Prestigio
  • Actitud de Servicio
  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras

 

Habiendo desarrollado en el espacio breve de este medio los dos primeros conceptos, vamos por el que sigue:

Aceptación del educando

De verdad que este título suena un poco antiguo, ¿no?  Por lo menos desde  la manera en la que hoy fuertes corrientes del pensamiento tienen miedo de las ideas claras y su expresión categórica.  Si no tenemos prejuicios lingüísticos decimos “Aceptación del Educando”  y se entiende que el “Educando”  es el hijo amado que queremos que llegue a ser una persona bien adaptada, feliz y llena de esperanza.  Su “Aceptación” indica que lo colocamos a la altura de nosotros mismos en el campo de trabajar juntos para lograr un buen resultado.

Sólo tiene la voluntad de “aceptar” el que tiene rango para eso.  ¡No temamos pues a las palabras, solamente a las intenciones!

Aceptar: Admitir o recibir uno voluntariamente lo que se le da, ofrece o encarga// Aprobar, dar por buena una cosa//Tratándose de un desafío, admitirlo comprometiéndose a cumplir sus condiciones.

Educando: El que está recibiendo educación.

 ¡¡Diríamos que estos conceptos son una admirable conjunción de definiciones acerca de la Educación!!

  • Solamente podemos educar si conseguimos que el niño reciba voluntariamente lo que se le da, ofrece o encarga.

Este concepto que diferencia dar, ofrecer y encargar,  primariamente nos está hablando de diferentes edades de los niños y volveremos a ese tema porque tiene gran importancia en la educación.

Se le da a un niño pequeño, que todavía no hace más que recibir.  Se le ofrece a uno que va creciendo, porque ya tiene el juicio formado y puede elegir, debe poder elegir.  Se le encarga al niño en edad escolar, al adolescente y, finalmente a los adultos en que se han transformado por el paso del tiempo, porque se pueden “hacer cargo”.

No damos edades de cada etapa porque no queremos establecer valores rígidos.  Los tres conceptos se suman a medida que el niño crece y se entrecruzan a lo largo de toda la vida.  Cada padre o educador sabe en qué etapa está el niño y tiene que ver con muchos otros factores.  Volveremos sobre el tema.

  • En el mismo sentido hablamos de “Aprobar// dar por buena una cosa”   Estamos notando cierta madurez en la personita que va a “aprobar o dar por buena una cosa”, aunque sea un niño de dos años.  Desde ahí pasamos por todas las edades.  Para aprobar algo se necesita conocimiento adecuado, pericia, voluntad de elección, cada uno según su edad.
  • Y, hablando de desafío, “admitirlo comprometiéndose a cumplir con sus condiciones”.  La aceptación de un desafío, también según la edad, indica una postura personal voluntariosa y positiva.  Sin extendernos mucho nos referimos a aquello que dijimos antes: “Un hijo es una aventura” .  Hermoso desafío para vivir juntos padres y maestros con los hijos.

Ahora ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué presupone esta Aceptación del Educando?

Lo primero que se nos ocurre es que tiene que ver con la “Seguridad”

La seguridad del padre con referencia a sus objetivos, a su conocimiento del hijo, a una buena lectura de la realidad que le toca vivir a ambos.  La seguridad que se expresa decidiendo por ellos hasta que ellos puedan decidir por sí mismos.  El niño necesita sentir eso de sus padres y  debe confiar en ellos.  Tomarse de su mano y cruzar la avenida más transitada de la ciudad con los ojos cerrados.  ¿Es fácil? ¡¡¡No!!! Educar a un hijo no es fácil.  Nunca es fácil.  Pero es la obra de nuestro amor por ellos y la podemos hacer atractiva y valiosa.

¿Cómo se fomenta la confianza de un hijo?  Se necesita:

  • Saber lo que se hace, conocerse, conocer al hijo,
  • Ser ejemplo de vida,
  • Saber escuchar,
  • Mucho cariño, mucha demostración de cariño,
  • Comprensión – Amparo – Paciencia,
  • Coherencia – generosidad en la entrega,
  • Decisión, responsabilidad, agradecimiento por tenerlos,
  • Firmeza. La aprobación de lo que hacen bien,
  • Perseverancia, exigencia,
  • Tiempo abundante y exclusivo para pasar con los hijos,
  • Buen humor y optimismo,
  • Nada de pereza o comodidad…
  • Todo lo que digamos y más. ..

Cada uno deberá buscar el caminito intrincado de conseguir la confianza de su hijo o sus hijos.  Con una advertencia: no sirven los caminos retorcidos, las mentiras, los engaños, las simulaciones, las faltas de principios, el desconocimiento de los valores.

“Los niños nos miran” se llamaba una película del neorrealismo italiano.  Es así, juro que es así.  Ellos saben.

¿Qué provoca falta de confianza y, como resultado, desobediencia?

  • El desamparo
  • Autoritarismo
  • Anarquía
  • La falta de tiempo exclusivo pasado con ellos
  • El quiebre de los valores
  • El desconocimiento de los principios
  • La falta de ejemplo
  • Falta de firmeza
  • Falta de coherencia
  • La falta de perseverancia
  • La falta de paciencia, la crítica constante
  • La falta de cariño, de reconocimiento de lo que el niño hace bien
  • No expresar siempre cuánto se los ama
  • Mal humor y pesimismo

También en esta lista inagotable, cada padre debe hacer una lectura seria y honesta de qué es lo que tenemos y qué lo que nos está faltando.

Podríamos releer en Autoridad II, las preguntas necesarias para ayudarnos en este tema, y hacerlas también  sobre nosotros mismos:

¿Quién soy?¿Dónde estoy?¿Con qué dones cuento?¿Cuáles son mis valores? ¿Qué espero yo de mis hijos?

“Aceptación del educando” quiere decir que la autoridad se hace de a dos.  El que educa y el que recibe esa educación.  Solamente pensemos que nuestros hijos son niños cuando nosotros ya somos adultos.  No es lógico que no podamos manejar situaciones con ellos.

No debemos asustarnos, parece mucho para cumplir, pero se trata solamente de ser buenas personas, vivir con la verdad, y ocupar el lugar que debemos ocupar en la vida de los hijos.

Objetivo cierto

La educación debe planearse.  No es una cuestión emocional.  Lo espontáneo pasa por las actividades cotidianas y por las emociones que nos provocan las cosas de la vida, pero la línea general debe planearse.  Toda empresa seria, que está destinada al éxito debe tener objetivos ciertos. Claros, contundentes.

La educación de nuestros hijos es, sin dudas, es sin dudas  lo más importante que hacemos en la vida.

Un padre, una madre pueden ser ingeniosos, divertidos, ocurrentes, pueden ser más o menos serios o más o menos aventureros, desordenados o puntillosos, sociables o más bien hogareños, deportistas o intelectuales, abiertos a cosas nuevas o tradicionalistas, jóvenes, mayores, creyentes o ateos,  bellos o deslucidos,  pero todos, todos, todos deben tener bien claro lo que quieren para sus hijos.  En principio ya dijimos que todo padre quiere para su hijo “que sea feliz”, pero como esto es un concepto aunque admirable, general, el padre debe conocer los objetivos ciertos para llegar a ese resultado.

Ejercer la autoridad sin objetivo es autoritarismo. Tener objetivos sin ejercer la autoridad es anarquía.  Dos fracasos rotundos.

Pensemos.  Hay un buen ejercicio para hacer de a dos,  papá y mamá juntos.  Escribir los objetivos que tienen en la educación de los hijos, primero sin orden y, finalmente, poniendo en orden las prioridades.  Se van a sorprender.  Y después de hablarlo mucho y planearlo ¡a educar!.

Cuando los conceptos están escritos de esta manera y no se dan en una clase personalmente parecería que todo es muy estructurado y poco flexible.  No es así.  La vida de relación entre las personas de una familia debe ser todo lo flexible que ella misma imponga.  Hay que saber distinguir lo importante de lo no tan importante y dejarse vivir.

Tolstoi dijo (Y  el concepto ha sido usado miles de veces por escritores, educadores, psicólogos y demás) “Las familias felices son todas iguales, las infelices lo son cada una a su manera”.

La vida es tan hermosamente complicada, los hombres somos tan felizmente distintos, el mundo es tan maravillosamente complejo que los caminos se cruzan constantemente y se nos hacen hostiles o amigables por fracciones de tiempos que, a veces duran minutos y otras, años.  Pongamos como objetivo cierto en la educación de nuestros hijos un futuro de felicidad y aprendamos cómo se hace para después ¡hacerlo!  Qué Dios nos acompañe.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia VIII – Servicio

5 Ago

Hilachas que van tramando

La Autoridad en la Familia VIIIServicio

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Es inusual que a un artículo sobre la Autoridad en la Familia, siga otro del mismo tema.  Pero por esta vez lo haremos de esta manera porque cuando hablamos de Autoridad, los dos sustentos principales son el Prestigio y la Actitud de Servicio.  Ambos indispensables para que se conforme correctamente la Autoridad.  Ambos indispensables de tal manera que, si falta uno de ellos, la Autoridad deja de existir como tal.

Auctor: Aumentar // Hacer algo

Augere: “Hacer crecer”

“La Autoridad es la cualidad que tiene el que hace crecer» ”Es un servicio a la libertad en el desarrollo de otros seres humanos que, por insustituible esfuerzo personal, van siendo cada vez más autónomos y más responsables en el proyecto de su propio “llegar a ser” lo mejor de ellos mismos, superando limitaciones propias y limitaciones ambientales”.

Hemos llegado así a esta  segunda “base” de la

Autoridad: es el Servicio necesario que prestan los padres al crecimiento de los hijos. Significa ayudar a los hijos a ser “ellos” mismos«.

Servicio:  Implica hacerse cargo del otro hasta que el otro se pueda hacer cargo de sí mismo. Acrecentando su autonomía y su propia responsabilidad.

Acompañamos a nuestros hijos en el camino de su propia vida, creyendo en ellos, fortaleciendo su voluntad, enseñándoles a convivir con sus semejantes.

Dice Gabriel Castellá:  “El programa de vida es exclusivo para cada hijo”.

Toda Autoridad que no se legitime en la voluntad de Servicio al otro, deja de ser tal y  se transforma en:

a)    Autoritarismo: que es el interés y el beneficio consecuente del que quiere ejercerla.  Abruma al otro y lo desprecia.

b)    Anarquía: produce por omisión el desamparo y fracaso del  educando.

La Autoridad se ejerce para que el hijo, finalmente cuando crezca, sepa con toda seguridad:

  • Lo que quiero hacer
  • Lo que tengo que hacer para lograrlo
  • Lo que puedo hacer
  • Lo que debo hacer

A poco que reflexionamos descubrimos que con las respuestas claras y serenas a tales premisas estamos en presencia de un adulto ecuánime y dueño de sí mismo.

Una persona es feliz si puede llegar a desarrollar todo su potencial como persona, en el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir.

Si tenemos claro el concepto de Servicio en el ejercicio de la Autoridad sobre nuestros hijos podemos allanar el camino hacia la tranquilidad de que lo estamos haciendo bien cuando, ante la duda sobre una medida que vamos a tomar, un permiso que vamos a otorgar o negar, una reprimenda o un premio, nos preguntamos

“¿Lo hago por mí o por él?” “¿Lo exijo por mi vanidad, por mi comodidad, por mi interés, porque la sociedad me apremia, porque es más fácil, o porque es lo mejor para él?

Damos algún ejemplo concreto:

a)   Juan quiere ir a bailar a un lugar que consideramos inadecuado por su edad, por el lugar o por cualquier otro motivo.  No lo dejamos.  Vienen los reproches, las quejas y los nervios.  Pregunta ¿No lo dejamos por nosotros, o porque es lo mejor para él?

b)  María  quiere conducir el coche familiar pero le falta experiencia.  No la dejamos.  Viene lo mismo.  Reproches, quejas, nervios.  Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para ella?

c)  Andrés se reúne con malas amistades.  Se lo complicamos, se lo negamos.  La misma respuesta de su parte.  Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para él?

d)  Bruno pretende hacer los deberes después de jugar y mirar TV.  No lo dejamos.  Reacción y pregunta: Las  mismas.

Tenemos estos casos todos los días y cada día muchas veces en la vida familiar.  A veces son temas intrascendentes, otras, los muy importantes.  Siempre que podamos contestar que lo hacemos por el bien de nuestro hijo, estemos tranquilos, las cosas saldrán bien.

Siempre que ejercemos nuestra autoridad para prestar un servicio al otro, estamos andando bien por el sendero de la educación. No hay ninguna duda de esto.

Podemos argumentar que en el texto todo parece fácil, pero que no es así en la vida real.  Hay técnicas y sistemas para ir desarrollando esta relación armoniosa entre padres e hijos.  Lo iremos presentando en los próximos artículos.

Pero podemos decir que la educación empieza desde que el niño nace.  Al principio serán besos y mimos, arrullos, canciones, todo lo que le haga sentir que forma parte de este mundo y que tiene quien lo quiere bien y, poco a poco, se agregarán costumbres sencillas de horarios, de atención y diálogos cariñosos hasta que el niño empiece a entender.  Se educa desde la cuna.

Con los hijos, el amor se presume.  Conviene, también, que lo hagamos explícito diciéndole cuánto lo amamos, y explicando que le exigimos por su propio bien.  Es lo que llamamos “hablar con subtítulos”  otro tema que mencionaremos muchas veces y vamos a desarrollar en el futuro.

La falta de Autoridad con los hijos les produce a ellos angustia por abandono.  En esta sociedad bastante confundida nos apresuramos a consentirlos creyendo que de esa manera les hacemos la vida más fácil.  La única manera que tenemos de facilitarle la vida a nuestros hijos es esperando de ellos y exigiendo de ellos, que sean lo que merecen ser.  Lo mejor que pueden ser ellos mismos sin compararlos con nadie.  Lo que ya mencionamos del “héroe”.

Dentro de este concepto de Prestigio y Servicio como partes indivisibles de la autoridad merece un párrafo aparte lo que llamamos Autoridad participativa.  Se trata de la autoridad que, por situación de vida, ejercen terceros sobre nuestros hijos: resto de la familia, escuela, gobernantes, servidores públicos, personas que, eventualmente estén a su cargo ya sea por unas horas o por períodos más largos.  Es importante que realcemos su autoridad que siempre será subordinada a la nuestra pero que tiene su peso porque irá acostumbrando al niño a líneas seguras de convivencia con los demás.  Debemos recordar que es imposible sostener la autoridad a solas porque somos gregarios, vivimos en sociedad y pretendemos formar parte de ella en forma armoniosa.

Sin embargo no debemos olvidar que contamos con esos terceros sin renunciar a nuestras obligaciones con nuestros hijos y a nuestros derechos sobre ellos ante la sociedad.  Somos los responsables naturales de ellos y de su educación.  Aceptar ayuda no significa delegar tareas propias.

Por otra parte, según sean los lugares en los que se desarrolla la vida de nuestros hijos, cambian los objetivos de quienes cooperan con su educación.  Es necesario aprender a reconocer cada objetivo para un mejor resultado.

Vamos a dejar dos preguntas muy importantes, que repetiremos muchas veces como reflexión y que podemos hacernos en referencia a estos temas

  • ¿Quién manda en mí?
  • ¿Quién manda en mi hijo?

Dentro de este tema está la autoridad de abuelos, tíos, padrinos, que deberán seguir las directivas de los padres.  Huyamos de los que dicen que los abuelos solamente malcrían y no educan. Ellos asistirán a los padres en esta tarea tan importante, por supuesto agregando sal y pimienta y dulce en las relaciones con sus nietos.  Los abuelos suelen tener más tiempo, más paciencia y más ingenio porque han vivido más.  Pero todos, padres y abuelos deben tener muy claro los límites de la educación para que aquellos no vean dificultada su tarea.  Hoy que muchos abuelos se ven obligados a suplantar a los papás porque ambos trabajan, deben estar al servicio de la educación de sus niños.  Y agregarle toda la tradición y sabiduría que la vida les ha dado.  Los mimos y las risas que son diferentes cuando vienen de parte de los abuelos.  Es una hermosa tarea.  Los abuelos son el nexo entre el presente y el pasado.  No los desperdiciemos.

Y, desde ya, la autoridad compartida de padres y madres es el mejor instrumento para educar hijos.

Todo de a dos como los contratos bien escritos. Sobre esto también vamos a tener párrafos aparte en el futuro.  Nos faltan para la próxima los otros componentes de la Autoridad:

  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras.

Vamos a ir armando con toda laboriosidad el intrincado camino de la vida de nuestros hijos.  Aquellas personitas que amamos más que a nada en el mundo.  Lo que son y lo que deben llegar a ser.  Y de los otros niños que estén cerca nuestro o a los que lleguemos por profesión o situación de vida.   Todos los niños, todos los niños del mundo merecen nuestro amor, nuestro respeto y nuestro cuidado.  La vida es un camino de ida, y sigue con los que vienen después, hermosa tarea la de ayudarlos, guiarlos y disfrutarlos.  Para que el mundo sea mejor.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

Hilachas que van Tramando — Darse cuenta

10 Jul

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia VI – Darse cuenta

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Miro por la ventana que da al balcón y me distraigo con el paisaje.

El lago es azul grisáceo, con pequeñas ondulaciones que el viento le cosquillea. Sus orillas que no se ven en su totalidad, caracolean entre juncos y arbustos.  Atrás, donde el horizonte debería caer, como cualquier horizonte que se precie de serlo, se alzan enormes montañas que a medida que cae la noche se van poniendo más grandes y amenazadoras.  No son parajes de mucho sol, abajo unos patos ruidosos de cabeza azul y cuerpo de colores amarronados se van perdiendo entre las plantas, supongo que rumbo al nido.  Y las rosas de todos colores que abundan más que en ningún otro lado, no pueden con el tiempo tormentoso. Mis ideas van y  vienen. Apelo a la buena voluntad de mis lectores y a su pericia para seguirme por aquí y por allá en mi intento por elaborar este tema.  Allá voy, con detenciones y giros porque el paisaje se va apoderando de mí…

Ya nos estamos  dado cuenta de que para hablar de la Autoridad en la Familia necesitamos una buena cantidad de conceptos generales que nos permitan situarnos (un poco nada más, porque este medio que hemos elegido para transmitir algunos conocimientos, tiene sus limitaciones) en el mundo en el que vivimos. Y también que, para ejercerla, debemos “dibujar” en forma certera la imagen de nuestros hijos.

Volvemos, entonces al tan trillado y tan importante, para todas las cosas de la vida: Darse Cuenta”.

En este caso nos ayudará Stephen Covey, un gran maestro en lo que se refiere al tema Familia. Conocido mundialmente por sus libros que empezaron siendo del ámbito de las Empresas para dejar después una obra muy importante en todo el campo de la Familia, trascendió su propia profesión y es un referente importante sobre estos temas.

Ha señalado claramente la diferencia entre “carácter” y “personalidad”. 

Hasta bien entrado el siglo XX todos los paradigmas de la educación apostaban a “educar el carácter”.  Y esto tiene que ver con que la Educación se forja a través de los principios y los valores que elegimos dentro de esos principios.  Un hombre debe ser honesto, valiente, leal, fuerte, confiable, perseverante, prudente, templado, generoso, magnánimo, justo, patriota y todas las otras virtudes que se juntan y se manifiestan para crear lo que llamamos, sin eufemismos, “un hombre o una mujer como se deben”.

Pasadas las grandes tragedias de las dos Guerras Mundiales del Siglo XX, encontramos que empieza a aparecer en la sociedad, una mirada más  detenida en la manera  de mejorar las relaciones entre los hombres, su forma de comunicarse, su apariencia y su imagen pública.  Es lo que reconocemos como “personalidad”.  Resumimos:

“Carácter”  tiene que ver con la madera con la que está hecho un hombre, se relaciona con los principios.

“Personalidad”  su imagen pública, la manera que se relaciona con los demás.

Encontramos que, sin profundizar demasiado porque entraríamos en el campo de otras ciencias, la importancia de la “personalidad” fue aumentando, posiblemente por una cultura más relacionada con la sociedad de consumo que nos dibujaba cada vez más atractivos, simpáticos y exitosos.  Y, sin menoscabar la importancia de nuestra manera de ser con nuestros semejantes en el mundo, como nos presentamos ante ellos y nuestra conducta social (porque eso tiene una importancia fundamental para la buena convivencia y el hombre es definitivamente  un ser social) notamos que  la cultura fue inclinando la balanza para el lado de las apariencias y bajando la exigencia cuando se refiere a los principios y el respeto a los valores.

Vamos arriesgarnos a decir  que estamos en la “cultura de la comunicación” que, a su vez, se alimenta en la “cultura de la imagen”.

Queda claro que este avance en el culto a la personalidad no tiene nada de malo.  Es bueno que las relaciones entre los seres humanos se hagan más fluidas, que aprendamos desde chicos que una actitud positiva y cortés nos acerca a nuestros semejantes.  Que ser gracioso y de buenos modales es una buena forma de llevarnos bien con los demás.  Acercarnos a los cánones de belleza corrientes en nuestro tiempo tampoco tiene nada de malo.

Pero nada debe confundirnos: nuestra manera de relacionarnos con los demás tiene que estar cementada  en el carácter. Un hombre debe ser un buen hombre y recién entonces está “listo” para parecerlo.

Actitud: es lo que relaciona nuestro ser con nuestra manera de ser”

¿Cómo decirlo claramente?  Tiene que haber una “manera de ser” profundamente respetuosa de los principios y  atenta a los valores y, recién desde ese andamiaje, el hombre puede jugar a desarrollar su personalidad con mayor o menor éxito para sus relaciones con los demás.  Sin ese sostén las personas pierden muy rápido su estructura aparente y se convierten en aquellos que van a la deriva esclavos de la moda y de la opinión de los demás.  Importante para nosotros pero que no siempre debe ser determinante de nuestras decisiones o nuestros actos.

Definitivamente los padres tienen que:

a)  Educar la voluntad de sus hijos, enfocados en las cosas importantes.

b)  Fortalecer el carácter de sus hijos para que ellos sepan bien “quiénes son”  y se relacionen con los demás con toda naturalidad y sin sufrimientos.

Educamos nuestro “ser”, nos manifestamos ante los demás con nuestra “manera de ser”.

Queremos educar  bien a nuestros hijos para que puedan manifestarse libremente ante sus semejantes, con el equilibrio justo entre buscar su aprobación y decidir libremente entre lo que está bien y lo que está mal.

Ahora hagamos un caminito con más vueltas y empecemos a ver a nuestro alrededor todos los ejemplos en los que nuestra sociedad aprecia la “personalidad” en detrimento del “carácter”.  La apariencia en detrimento de la sustancia.

De allí volvemos a nuestros hijos.  Y vamos por un camino de cosas concretas, en lo que se refiere  a su personalidad.

Con respecto a la manera de relacionarnos con los demás, empezamos con los más chiquitos a los que

  • Acostumbraremos a usar siempre las palabras que la abuela llamaba «Palabras mágicas»: Permiso, Por favor, Gracias, Perdón, Hola y Adiós. “Siempre, jovencita, siempre se usan esas palabras mágicas porque somos personas mágicas”
  • Aprender a saludar cuando entran y cuando salen de un lugar.  Siempre, no cuando el niño quiere.
  • Escuchar a los demás.
  • No usar palabras ofensivas.
  • No gritar si están enojados.
  • Obedecer los turnos en sus juegos con otros niños.
  • Aprender a perder.
  • Aprender a compartir.
  • Tener buenos modales en la mesa.
  • Contestar cuando se le habla.
  • Y todo aquello que los padres consideren importante para educar a una persona que, inevitablemente, deberá convivir con los demás.

Todo lo anterior sería una cáscara vacía si no nos hemos ocupado de educar verdaderamente a ese niño.  Ambas cosas, el carácter y la personalidad van juntos y son la mochila con la que nuestro hijo vivirá su propia vida.

Como una nota agregada debemos decir que, en cada familia hay lo que llamamos un “hijo ladrón”.  Es el encantador, el que nos roba la voluntad, el que nos convence con su seducción, “el que me saca lo que quiere”.  Él merece que le enseñemos a fortalecer su carácter. Tallar en profundo sus virtudes para que su encanto no sea un obstáculo en su camino a ser una persona buena y feliz.

Éste es un tema ideal para que los padres o las personas que están a cargo de un niño descubran en la vida cotidiana cuáles son las cosas que aportan a la educación de su carácter y cuáles al enriquecimiento de su personalidad.  Ambas cosas indivisibles.  Pero también difíciles de reconocer en esta sociedad exitista y mediática.  La pequeña charla de todos los días para ir aprendiendo a conocerlo y poder ayudarlo a crecer.

A lo lejos se ve un velero solitario y pequeño entrando ya al puerto. Me quedo mirando, pienso que eso es lo que hacemos con nuestros hijos.  Tratar de llevarlos a puertos seguros.  Cierro las cortinas, por hoy ya está bien. Espero haber sido útil por muy distraída que estuviera.  El cuarto me devuelve la seguridad de lo familiar.  Mañana será otro día.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS. 

 

 

 

 

 

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia IV

23 Jun

Autoridad en la familia, parte  4

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Dadas las expectativas que ha despertado el tema de la Autoridad en la Familia, seguiremos “mechando” tiritas de “Hilachas”, comentando un poco por acá y otro poco por allá.

Vamos a “jugar” a ser padres.  ¿Por qué hablamos de jugar?  Porque para ser padres necesitamos la misma actitud de los niños cuando juegan.  Estar concentrados con toda seriedad en  el juego.  Creer firmemente en lo que hacemos, para lo cual debemos prepararnos muy bien.  Usar la imaginación. Resolver sobre la marcha y…resolver siempre bien para que el juego no se malogre. Contar con un equipo eficiente y amigable.  Poner, ante todo, la función que hemos elegido y después nuestra comodidad o nuestro egoísmo.  Ser incansables.  Ser divertidos.  Ser alegres.  Ser optimistas dispuestos a conquistar el mundo.  Ser perseverantes.  Y, sobre todo, ser generosos con los demás porque los mejores juegos son los que jugamos con los otros.

Vamos a pensar.  Claro que hacer pensar es un objetivo difícil, cuando probablemente se está esperando sólo información y, en algunos casos, un formulario de recetas mágicas sobre algunos aspectos de la educación.

Empezamos por una noticia complicada:  No hay recetas, sólo mamá y papá pensando juntos  En su defecto mamá sola o papá solo, o quien se encargue de la educación de un niño, siempre necesita la opinión y el apoyo de quien corresponda.

Porque volvemos al concepto primero e indispensable para seguir adelante: “Cada niño es único e irrepetible”.  Sus circunstancias, que debemos tener muy en cuenta, van a ser determinantes en la tarea de educar.  Sus circunstancias especiales, no las de los otros, las suyas.

En líneas generales lo que vamos a hacer es el ABC de la educación: enseñarle a:  a) conocerse, b) autoposeerse, c) interactuar con los demás.

Hablemos un poco  de cómo se conforma la personalidad haciendo la salvedad de que hablamos desde la visión de un Orientador Familiar y no desde otro lugar y solo con el objeto de ponernos un poco en situación.

Como se conforma la personalidad

El Hombre es un concepto complejo y paradójico – Hombre no es un ser repentino y estático, el hombre es la persona que se despliega en el tiempo.  Educar es llevar a cabo ese destino.

El edificio de la personalidad tiene, para decirlo sencillamente, tres visiones:

a) Biológico: Si nos quedamos en ese nivel, somos verdaderamente esclavos de nuestros instintos.

b) Psicológico: Es todo lo referido al temperamento, a las pasiones, a los deseos.  Tiene que ver con el “Quiero”

c) Racional: Se refiere a la razón, a la voluntad, al carácterHablamos del ”Debo”

  • Cada uno de los elementos no formaría unidad en sí mismo,
  • Cada  uno de ellos no existiría antes de unirse.

El hombre no es una unión, es una unidad, en la cual convergen y a veces se enfrentan las manifestaciones de la afectividad con lo que tiene que resolver la voluntad.  Es importante que tengamos en cuenta este concepto.

Vamos a dar un ejemplo para los padres que ya se están inquietando.

El ejemplo de los jazmines:

Biológico: Huelo su perfume

Psicológico: Me trae recuerdos, me causa placer, los quiero.

Racional: No puedo apropiarme de los jazmines de un jardín ajeno, no puedo dejar de hacer lo que tengo que hacer para conseguir los jazmines.

Los padres debemos:

  • Adiestrar lo biológico: Enseñamos todas las manifestaciones físicas.  Enseñamos a caminar, a correr, a andar en bicicleta, a controlar los esfínteres, etc.  En este caso con la ayuda directa de otros adultos, familia, maestros, profesores, entrenadores.
  • Instruir: Enseñar lo que tiene que ver con la inteligencia.  Buscar el conocimiento del mundo de la cultura, de las ciencias, de las convenciones sociales, de las costumbres.  En esto es determinante la cooperación de los maestros, instructores, y otros adultos preparados para esa tarea.  De las autoridades, de las leyes, etc.
  • EDUCAR:  Es especialmente la función y la vocación de los padres o adultos que están a cargo del niño.  Educar es enseñar a pasar del “Quiero lo que quiero» a «hago lo que debo”.  Es mover la razón para ser mejor. Es vivir según los principios y elegir cuidadosamente los valores.

Dice Gabriel Castellá, médico, psicólogo y educador argentino, con una admirable síntesis: “El ser humano es biológicamente determinado, psíquicamente condicionado, y espiritualmente libre”.

Y podemos agregar volviendo al concepto de héroe que ya habíamos mencionado:

“Estoy enseñando  a mis hijos a ser lo que deben ser para que lleguen felizmente a ser lo que en verdad son”.  Ya que la esperanza, que es un fuerte motor de la educación,  nos ha convencido de una verdad innegable:  Todos los hombres nacen héroes. Todos nacen buenos. La educación hace el resto.

Un párrafo para hablar de la Instrucción: la Instrucción completará al hombre.  Todos los hombres tienen derecho a ser instruidos. Este concepto pesa más sobre la sociedad en su conjunto.  Los que gobiernan, los que deciden políticas educativas, los que resuelven sobre temas económicos.  Todos aquellos que tienen un lugar importante en la sociedad son corresponsables de la Instrucción de los niños y los jóvenes.  Es una obligación irrenunciable para ellos.

Educar es otra cosa.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad.

No educan ni la escuela ni los medios. Educan los padres o las personas a cargo de los niños y cuando ellos no lo hacen acabadamente, otros, no siempre aconsejables, lo harán por ellos.

Los padres deben despertar la “inquietud vital” en la vida de los hijos.  Deben educar la voluntad.

Educamos cuando desarrollamos la voluntad”

«El hombre no es todo lo que puede ser de hombre si no está educado«

Para contestar a muchas inquietudes de los padres suelo contestar con una frase que les produce más inquietud.

 “En el tercer nivel se produce el protagonismo de la familia” “Los padres son los primeros educadores responsables de sus hijos

Leo y releo y siento que la visión amorosa que tengo sobre los niños y los jóvenes me hace ser muy categórica en estas definiciones. Pero, pensemos, ¿cómo sería el mundo si cada niño que llega a él encontrara un adulto dispuesto a amarlo tanto como para  llevar adelante la tarea más importante que existe?  ¡Sería casi perfecto!

No, no soy severa por demás, los niños y los jóvenes son el futuro y la esperanza.  A ellos les debemos todo. El mundo está lleno de padres que quieren hacer lo mejor para sus hijos.  Que Dios los bendiga.

PRIMERO LA JUSTICIA

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia III

15 Jun

La Autoridad en la Familia III

Nuestro Tiempo

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Poco podemos hablar  y transmitir sobre la autoridad en la familia si no sabemos algo y hacemos esa referencia al Tiempo que nos toca vivir.  La Familia es el lugar en el que nacemos, vivimos y morimos como personas.

Cualquiera sea la familia, como organización primaria tiene esa misión y la cumple a veces muy bien y otras no tanto, pero como institución es claramente la fundacional de la sociedad, desde siempre.

Nuestras Familias están en nuestro Tiempo y ambos se identifican entre sí, influyendo uno sobre el otro y viceversa.  Si nos preocupa hoy la familia es, sencillamente, porque sabemos que somos los que haremos los cambios necesarios y suficientes para que la sociedad mejore en la medida de lo “humano”.  Cada hombre en su propio tiempo tiene los derechos y los deberes que éste le impone y que son irrenunciables e inevitables.

Hablemos un poco de la “sociedad de consumo”

  • Lo primero que se nos viene a la cabeza es el término (que no se si existe o lo hemos inventado por su practicidad) “amuchados”.  Cada uno de nosotros convive con el mundo entero, amuchados de a miles, de a millones.  Como nunca antes en la historia del hombre.
  • “Amuchados”, amontonados, confundidos en la marea de miles de millones de personas que, por imperio de las comunicaciones, está aquí mismo, dentro de nuestra casa y formando parte de nuestras vidas.  Experiencia que nunca existió antes.  A veces esta característica de la sociedad actual nos abate y le quita a nuestra intimidad y nuestro tiempo vital, una increíble cantidad de cosas.  Apagamos el televisor o las redes sociales y miramos alrededor con la sensación de que se nos fue la “verdadera” realidad.  Que lo que tenemos cerca es una pequeña parte de nosotros mismos. Podemos sentirnos vacíos y solitarios.
  • Primer motivo de stress del hombre moderno: La “tensión externa: lo que la sociedad invade, produce y me exige sin importar si es bueno, malo o intrascendente se “tironea» con la “tensión internaque son los principios, mis valores, mis afectos, mis emociones, todo lo que configura mi persona y mi relación con los demás.

Sin renunciar a la realidad exterior deberíamos recuperar las dimensiones de nuestra realidad personal. 

  • La sociedad de consumo, con todo lo que tiene de positivo, ya que no podemos desconfiar de una sociedad que ha llevado más bienes para hacer la vida más confortable para más gente, tiene una condición: la Ansiedad que es el pivote sin el cual ésta no podría funcionar.

Ansiedad: Estado de agitación, inquietud, zozobra, por un bien que no tenemos”.    Esto significa algo así como que la vida parece ser un banquete extendido ante nosotros y que nos muestra lo que podemos tener y aquello que no podemos tener aunque nos aseguren que sí.

  1. Segundo motivo de stress para el hombre moderno: Se nos presenta como valioso lo que es y lo que no es valioso, sometiendo a hombre moderno a una nueva pregunta vivencial que no tiene precedentes en la historia.  Los bienes siempre fueron insuficientes, hoy son exagerados, relumbrantes y tentadores.  Parece que “todo vale” y que “todo está bien”.  Enorme error producto de la “relatividad” que nos hace tanto daño. Pero éste es un tema para otra oportunidad.
  2. Tercero: Falta entender la rigurosidad de esta Verdad: Todos los bienes no son para todos los hombres.  Ni la juventud es eterna, ni el talento es universal ni, desgraciadamente, el nacimiento es igualitario.  Sin embargo sabemos que todos los hombres somos iguales, cada uno vale por sí mismo, solamente porque es un hombre.  Lo que tiene de “humano” es igual para todos y no podemos darle un precio según sea más o menos exitoso, más o menos inteligente, más o menos bello, más o menos rico, más o menos ingenioso, más o menos inescrupuloso.  Todo hombre merece compartir los bienes que están para él.  Ésta es la mayor tensión que tiene el hombre moderno: la disociación entre lo que merece solamente por ser un hombre y lo que pueda hacer o conseguir de los bienes abundantes de la era moderna que lo engaña haciéndole creer que tendrá todo, cuando quiera y como quiera.
  3. Cuarto:Hay una brecha importante entre: a) lo que es importante para las personas, b) la manera en la que viven su vida diaria.  Si hacemos una lista de las cosas que nos importan y, luego, de las horas que le dedicamos, realmente, a cada una, veremos que “del dicho al hecho hay mucho trecho”.  Generalmente no coinciden: “Lo que más me gusta es estar con mi familia” pero…el trabajo me atrapa, las actividades sociales,  las rutinas físicas, las horas de soledad en las redes sociales, la TV….el cansancio. Etc, etc, etc. “Para mí la amistad es muy importante, pero…me relaciono con mis amigos sólo con mensajitos y los veo poco”  Etc,etc.etc.
  4. Quinto: La sociedad antigua, con todos sus errores, “colaba” los malos ejemplos y tendía a establecer modelos, roles y conductas positivas que la hacían aliada de la educación.  Hoy el éxito mezcla patrones de conducta y hace que los padres y educadores tengan que ir “contra la corriente” añadiendo un problema más a los que surgen en el momento de ejercer la Autoridad.  Es mucho más difícil educar nadando corriente arriba.  Produce más nerviosismo, más preocupación, y sobre todo una gran confusión que es la trampa más importante que tiene la tarea de educar.

Este somero reconocimiento de la sociedad actual no tiene, aunque no parezca a primera vista, una mirada pesimista sobre la sociedad de consumo.  Simplemente debemos reconocer las claves del tiempo en el que vivimos si queremos hacer algo bueno con él.  Creemos firmemente que ésta es una sociedad estimulante, que como nunca antes tiene en sí misma todas las herramientas eficaces para solucionar sus problemas.  Ya que la comunicación fluida, abierta y que se comparte, es la única forma de crecer para mejor.  En todo caso es una sociedad rigurosa, que irrumpe en la intimidad de cada hogar de una manera absoluta y categórica.  Ése es el desafío del hombre moderno.  Somos los mismos hombres de siempre, hombres y mujeres que, desde los primeros tiempos venimos llevando el mundo para adelante.  Los mismos heroicos hombres y mujeres que, desde la rueda y el dominio del fuego, fueron consiguiendo mejoras en su vida cotidiana.  Los que a pesar de las guerras, las hambrunas, las pestes y las catástrofes, hicieron del mundo un lugar mejor para vivir.  Estamos hechos de las mismas sustancias, nos conmueven las mismas pasiones y tenemos la inquietud de la trascendencia tal como nuestros mayores y los otros, todos los que nos precedieron.

Solamente debemos ser conscientes de que los tiempos han cambiado dramáticamente.  Ha cambiado la ciencia y la técnica de una manera que el hombre no llega a asimilarlas, ni en la medida ni con la velocidad que sería deseable.  Si vamos a ejercer la Autoridad para educar, necesitamos una nueva mentalidad, nuevas habilidades, sumadas a le energía de hacer lo mejor y la fortaleza de creer firmemente que podemos conseguirlo.

Esta es la Era de las Comunicaciones.  Como dicen los jóvenes “Es lo que hay”.   Y lo que hay es muy valioso.

Solo tenemos que:

  • “Poner en orden las prioridades”  (Concepto que repetiré hasta el cansancio)
  • “Darnos cuenta”, que es la única manera de andar por estos caminos de Dios con firmeza y buenos resultados.
  • Pensar, pensar, comunicar, comunicar, estudiar, estudiar, comprender, comprender, compartir, compartir todo lo que sabemos.

A pesar de sus males y sus dificultades ésta es la mejor época en la vida de la Humanidad, nos ha tocado a nosotros transitarla con un objetivo cierto e inevitable, “Hacer que la próxima sea siempre la mejor”.

Que así sea.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

Hilachas que van tramando – La Autoridad en la Familia II

7 Jun

La Autoridad en la Familia  (Parte II)

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Debo reconocer que, inexperta en esto de escribir un blog, siento una gran emoción ante el milagro que se despliega para todos los hombres con esta maravilla de estar comunicados a través de toda la Tierra.  Estamos asistiendo a una Revolución como nunca la hubo en el mundo.  Hemos ido derribando los espacios y los tiempos.  Podemos informar, pedir, escuchar, compartir, aprender, desarrollar, caminar, ver, conocer, y todo lo que es propio de los seres humanos, con toda tranquilidad, desde la intimidad del hogar.   Dios quiera que adaptemos este fenómeno  al respeto a los Principios, a los valores y a las reglas de buena convivencia.

El presente y el futuro me emocionan.

Dada la repercusión que hemos tenido con el tema de Autoridad, seguiremos “mechando” sus contenidos hasta que el interés de mis lectores lo demanden.

Hemos dicho que la Autoridad se conjuga con dos pilares indispensables que hacen a su naturaleza.

1)  La Intención y Actitud de Servicio al otro

2)  El Prestigio de quien la ejerce.

Esto se completa con el otro sujeto de la Autoridad.  En este caso, el hijo, por lo que el tercer pilar que nos falta es:

3)  La Aceptación de la Autoridad de parte del que se someta a ella.

Falta el último y no menos importante

4)  Participación en los valores que van a transmitirse.

Nos detenemos en la figura del hijo.  Es siempre el eslabón más importante en la cadena de la vida.  A él le debemos toda nuestra atención, nuestro cuidado y entrega.

Acá hacemos un alto para remarcar un concepto esencial en estas relaciones de padres e hijos que son la supervivencia de la especie.  Los padres no deben esperar agradecimiento por lo que hagan por sus hijos.  Es una ley natural que los padres los amen y los cuidenSon los responsables directos de ellos y la matriz de su educación.  Desterremos aquello de “¡Con todo lo que hice por  él!”

Es natural  que haga todo por su hijo.  Y éste, por el suyo….Estableciendo una cadena virtuosa que va de unos a otros siempre con el ideal de mejorar.

Lo que debemos establecer es qué es “todo”.  Y, de acuerdo a la experiencia de años con padres de todas las clases sociales y de distintas culturas, lo que los padres quieren para “su” hijo es “Que sea feliz”. “Hago todo para que él sea feliz”.

La felicidad tiene tantas definiciones como seres humanos, no podemos definirla, pero sí podemos pensar, de una manera sencilla, que un hombre feliz lo es cuando está en buena relación consigo mismo y con sus semejantes.  La educación es la herramienta indispensable para lograr eso.  Y hablo no sólo de la educación académica, sino también de la que nos forma como seres humanos, nos enseña a ser mejores, a controlar nuestros impulsos, reflexionar sobre la vida y encontrar nuestro lugar en el mundo.

Mejor pensamos unos minutos en esta idea que es mucho más profunda y esencial en las relaciones filiales de lo que suponemos.

El hijo es una persona única, nunca existió alguien como él y nunca existirá.  Ésa es la manera en que los padres deben ver a sus hijos.  Comparándolos consigo mismos para que sean lo mejor que pueden llegar a ser, y nunca con los otros, mucho menos con sus hermanos.  Cada uno tiene un lugar en el mundo y uno en la familia y eso debe respetarse.

Como un ejercicio práctico para ir conociendo de verdad a nuestro niño tenemos esas preguntas mágicas que suelo repetir y repetir, porque creo que son de un valor especial.

Acá va una secuencia.

1)  Para hacer este ejercicio lo primero que deben hacer los padres es  sentarse en el suelo.  Mirar para arriba y darse cuenta de que así ven el mundo nuestros hijos cuando son pequeños.  Un mundo de adultos en el que entrar cuesta mucho esfuerzo y lleva tiempo.  Ese reconocimiento es el primer paso de la educación.

  • Crecer “hacia” la vida que les toca vivir, mirar para arriba, sentir la autoridad de los padres como un refugio.
  • La contraposición de lo que sus mayores sienten: Crecer “hacia” la tarea que le toca realizar,  mirar hacia abajo, ser el refugio de sus hijos ejerciendo la autoridad.

Nos preguntamos seriamente sobre nuestros hijos porque sin conocimiento acabado de cada uno de ellos no podemos educar.  Y aquí aparecen las preguntas:

  • ¿Quién es?  Reconocerlo en  profundidad.  Sin compararlo con nadie.  Reconocer su carácter, su temperamento, sus emociones, sus sentimientos, todo lo que en él será exclusivo y diferente al resto de las personas.  ¿Qué es lo  qué más le gusta? ¿Qué lo asusta? ¿Con qué suele enojarse? ¿Qué lo divierte? ¿Con qué se entusiasma? ¿Qué lo cansa? Cómo se ríe, cómo duerme, cómo nos mira.  Todo lo que podamos reconocer en él,  mirándolo como si no fuera nuestro hijo, para que “brille con luz propia”.
  • ¿Dónde está?  En esta familia, en este tiempo, en el barrio, en este país, es el primero o el tercero de los hijos.  Va a la escuela, ¿dónde alterna con otros niños? ¿Qué espacios físicos, por pequeños que sean, tiene para él dentro de su casa?  Cursa el primario o el secundario.  Es de una familia grande.  Dónde comparte su tiempo con la familia. Etc, etc, etc
  • ¿Cuáles son sus dones?  Su simpatía, su seriedad.  La destreza para los deportes.  Tiene condiciones para el arte.  Tiene buena voz.  Se le dan muy bien las manualidades.  Tiene facilidad para las ciencias.  ¿Sabe escuchar?  Es elocuente y simpático.  Disfruta ayudando a los otros.  Es ingenioso, charlatán, risueño, ceremonioso.  Aprecia y defiende a la naturaleza.  Sabe tratar a los animales.  Es buen compañero.  Y seguimos….
  • ¿Qué valores voy a transmitirle? Los míos.  Decididamente los míos. ¿Otros? No,  le transmitiré los míos.  Con la seguridad de que:  le transmito mis valores aunque yo no quiera.
  • ¿Qué espera él de mí?  El amor está descontado.  Espera ejemplo, optimismo, delicadeza, perseverancia, entrega, compañía, ingenio, fuerza, confianza.  Seguridad y demostración de amor en forma cotidiana.  Abrazos cariñosos y besos a montones.  Un niño se toma de la mano de sus padres y cruza la carretera tan tranquilo, conversando y sin preocuparse por nada porque sus padres conocen el camino, lo llevan con cuidado y lo dejarán cruzar solo cuando sea el tiempo justo.  Eso espera él de mí, aunque ni él lo sepa.

Todas estas preguntas se hacen en forma de reflexiones, algunos minutos en la semana.  Se agregan las preguntas que los padres y las familias consideren importantes.  Pero deben hacerse formalmente.  En una charla tranquila.  Si fuera posible papá y mamá juntos.  Importa para ver cómo seguimos.  Dibujamos la realidad de nuestro hijo y adecuamos todos los medios necesarios para que la educación lo vaya preparando para ser un hombre feliz.

Todo esto que hemos hecho tiene su resumen en las dos palabras mágicas y contundentes que se refieren a todo lo que pasa en nuestra vida:

Darse cuenta

Otro día seguimos.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

 

Hilachas que van tramando – La Autoridad en la Familia

29 May

La Autoridad en la Familia

familias

Estas columnas pertenecen a “Hilachas que van Tramando”  pero se las vamos a prestar un ratito a otra tarea que es docente.

Estoy un poco cansada y un poco confundida de escuchar la temida palabra “límites” cuando alguien está tratando de ayudar a los padres a educar a sus hijos.  Por supuesto que los límites son el arma indispensable en la difícil tarea de llevar adelante esa educación.  Pero si nos quedamos con esa retórica y sin dar algunas ideas prácticas, nos quedamos.

Hablamos de los “límites», como hablamos del inconsciente colectivo, de la economía global, de las bellezas naturales, del universo. Y nos quedamos…..indefensos, sin parámetros, atónitos.

Los papás necesitan otra cosa para poder entender:

Qué son los límites

Quiénes los imponen

Hasta dónde y hasta cuándo hay que imponer límites en la vida de los hijos

Qué tienen que ver con la vida cotidiana

Cómo se hace para que los niños los respeten

Por qué nos toca a los padres imponerlos

Quiénes van a “disfrutar” de los beneficios de los límites en el funcionamiento de la familia.

Y más y más y más.

Decía la abuela: “Si hay muchas preguntas y no alcanzan las palabras para explicar algo… eso no funciona.”

Vamos a subir un escalón en el tema de la Autoridad, que es de lo que verdaderamente hablamos cuando hablamos de los límites.  La Autoridad es siempre una sola, la ejerza quien la ejerza y en el ámbito que sea, pero en este caso nos referiremos estrictamente a la Autoridad en la Familia.

La Autoridad está constituida por dos elementos primarios sin los cuales ella no existe.

  • La Voluntad de Servicio de quien la ejerza
  • El Prestigio del mismo.

Abrimos un paréntesis y nos remontamos graciosamente al mundo clásico.  Al de los héroes y los dioses.  En ese contexto aparece una frase que resume muchas de las enseñanzas que nos deja la mitología. ¿Tiene algo que ver una cosa con la otra o a esta hora de la noche se me mezclan las ideas?

Vamos por la frase y todo queda explicado.  Un sabio profesor de Historia Clásica, que tuve la suerte de tener en algún momento de mi carrera, cada vez que terminaba un relato de la mitología remataba con la “frasecita” clásica, presumida  y sabia que decía:

“El héroe llegó a ser lo que era”

Los dioses hacían nacer un héroe, y el destino confirmaba esa cualidad.  El héroe tenía que llegar a ser héroe porque ya lo era.  Iba a soportar todas las pruebas, caminar todos los caminos y llegar a la gloria.  Quedaría en el Panteón de los Elegidos.  ¿Porque era valiente? ¿Porque era fuerte?  No.  Simplemente porque había cumplido con su destino.  Había sido lo que era.  Un héroe.

Volvemos a nuestro tema.

Todos los niños han nacido héroes.   Todos llegan al mundo llenos de dones y de posibilidades.  No hay en ellos ningún elemento negativo.  No los hay egoístas, ni violentos, ni mentirosos.  Por lo contrario son un apretado conjunto de virtudes que la vida les ayudará a desarrollar.   Todos los niños deberían tener la posibilidad de ser héroes que llegan a ser lo que ya eran.

La Educación consiste en “sacar afuera” lo bueno que está adentro.  La Educación es hacer brillar el héroe que nace para que sea un hombre héroe para él y para sus semejantes.  Consiste en lograr que los hijos a) se den cuenta de que deben llegar a ser lo mejor que puedan ser como personas, b) acepten las condiciones que eso requiere, c) entiendan que todo depende de ellos mismos.

Y para eso sirve la Autoridad de los padres. 

Ah¡ Empezamos a entender por qué decimos que la Autoridad tiene dos componentes que hacen a su naturaleza y sin ella no existe.

Sin la Voluntad de Servicio de quien ejerce la Autoridad ésta se transforma en Autoritarismo, o en Anarquía.

Sólo educamos para que el otro sea mejor.  Sólo se nos educa para que seamos mejores.  Lo mejor que cada persona pueda llegar a ser en su propio proyecto de vida, con las limitaciones propias y ambientales que se le presenten.

“La Autoridad, siempre, siempre, siempre, es un servicio que se presta por el bien del otro”

Y allí es donde aparecen los límites.  Los límites que pondrán los padres como las marcaciones de los senderos correctos para vivir;  y los límites que, con el tiempo, pondrá cada uno a sí mismo para poder vivir en armonía con los demás.  Dos reflexiones son importantes:

A)  Ante cualquier duda en el momento de decidir una medida, dar una orden, o imponer una penitencia debo preguntarme: ¿Esto lo hago o lo decido por el bien de mi hijo? O ¿por vanidad, egoísmo, comodidad o cualquier otra cosa que tiene que ver conmigo y no con él?

B)   El servicio implica hacerse cargo del otro hasta que el otro pueda hacerse cargo de sí mismo.

Y ¡el Prestigio! ¡Vaya  palabrita!  No nos equivoquemos, el Prestigio no tiene nada que ver con el éxito, con la fama, ni con las vanidades.  Para hablar del Prestigio necesitaríamos muchas hojas, como para hablar de todos estos temas.  Pero podemos resumir para empezar a entender:

El Prestigio es la correlación entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, las tres cosas deben ser exactamente lo mismo.

Para que pensemos un poquito más:

Los padres son modelo de referencia para los hijos, aunque no quieran serlo

Empezamos de vuelta.  Los límites son herramientas indispensables para ejercer la autoridad.  Y damos algunos ejemplos concretos.

Empezando por los más chiquitos que son la semilla del héroe como sinónimo de hombre bueno, que queremos que lleguen a ser estas personitas a quienes amamos más que a nadie en el mundo.

Todo adecuado a las distintas edades

  • Saludar cada vez que uno llega o se va de un lugar.
  • Hacer las tareas antes de empezar a jugar.
  • No contestar mal a los mayores.
  • Decir la verdad.
  • Cumplir con lo que se promete.
  • Compartir los juguetes con los otros niños.
  • Guardar los juguetes cuando se termina de jugar.
  • Comer bien sentados a la mesa y no levantarse hasta haber terminado.
  • Lavarse las manos antes de comer.
  • No pegar ni agredir a otro niño bajo ninguna circunstancia.
  • Cumplir los horarios.
  • Etc, etc, etc. de lo que cada padre y cada hogar requiera.

La vida nos entrega a nuestros hijos que cuando nacen son como masilla blanda y de distintos colores.  Cada uno trae sus propios tesoros y su necesidad de ser amado para los cual los acompañaremos hasta que sean hombres y mujeres felices, capaces de relacionarse con los otros y cumplir acabadamente su destino.  Es una tarea de cada día, de cada hora y de cada minuto y depende exclusivamente de sus padres.  Es así.  Suena severo pero es así.  Nuestros hijos son lo que podemos hacer con ellos.  El resto del mundo y la vida puede complicarnos o facilitarnos este objetivo.  Pero somos los padres los primeros responsables.

Los hijos son nuestra maravilla.  Amarlos es, sencillamente, llevarlos a su plenitud.  Es grandioso.  Qué así sea.

Ah! Me quedaba en el tintero!  Muchos besos y abrazos, pero muchos, muchos, como nos gusta a los abuelos!! Qué siempre haya tiempo para eso!

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.