Hilachas que van tramando
Un mundo nuevo
Los jóvenes siempre han sido y son iguales. Fuertes, esperanzados, audaces, ingeniosos, omnipotentes, bellos y atractivos. Aunque individualmente alguno no sea nada de eso, el duende de la juventud les regala a todos un espectro de luces que resumen la totalidad de los colores. Uno los mira y siente que están iluminados desde adentro con una inconsciencia genial que es el sustento de todo.
La juventud parece ser la matriz de la felicidad. Se ignora cuando está presente, (decía la abuela “¡son tan jóvenes que no saben lo jóvenes que son!”) lo cual es parte de su belleza; se añora cuando se ha ido, uno no sabe bien por qué. Aunque me arriesgo a decir que es por esa cosa inefable de ser el dueño de la vida que se siente durante unos pocos años.
La juventud es igualitaria, todos los que ya somos adultos y un poco más que adultos, la hemos recorrido. Todos la hemos vivido. Ha sido, alguna vez, de cada uno de nosotros. La hemos dejado ir subrepticiamente, alguna tarde de aquellas, porque así es la vida y no dependía de nosotros que se quedara. De nuestra propia juventud nos queda a cada uno el sello de la pasión que sentíamos, las emociones, la vida como un resplandor más fuerte que el del sol.
Lo que configura el rasgo más notable de esa época de la vida es el heroísmo que se necesita para vivir en el límite de nuestras capacidades, opción que eligen los jóvenes de una manera espontánea y por el sólo hecho de serlo.
Los jóvenes son héroes y necesitan ser héroes.
Cuando lo son, cuando se reconocen como tales, se completa el relato de su existencia de una manera categórica.
El heroísmo los lleva a descubrir lo mejor de sí mismos, les da energía, se despliega para los otros en olvido de lo propio.
En toda la historia los jóvenes fueron los que supieron y quisieron dar su vida por los demás. De todas las maneras posibles y teniendo como sustento el descubrimiento del otro, la aceptación del otro, el amor al otro, con la magnanimidad del que tiene todo y la naturalidad del que tiene el derecho a tener todo.
Ahora están los jóvenes del Siglo XXI. Son los mismos y son diferentes. La vida se ha alargado mucho, y con ella la juventud. El mundo ha cambiado mucho y con él, el modo de vivir la juventud.
Esta generación está viviendo un fenómeno único, dominan un espacio distinto y un tiempo vertiginoso. Se comunican entre ellos en segundos. Cada uno de los jóvenes del mundo, no importa sus circunstancias, sabe lo que quieren los otros, porque es lo mismo para casi todos. Saben lo que tienen los otros, lo cual es un detonante para su propia vida. Por primera vez en la historia, tienen un concepto adecuado de lo que es esta Tierra, el lugar donde viven, la relación entre unas cosas y otras. Están debidamente situados en un tiempo y un espacio nuevos. Que les pertenecen porque es su mundo y lo que hagan con él será distinto a todo lo anterior. Son los jóvenes más poderosos de la historia. Falta que los amemos tanto como para darles derroteros y caminos que les permitan cumplir su misión. De héroes.
Entonces me pongo a pensar y siento que, como sociedad, les hacemos perder el tiempo con la búsqueda del éxito, cuando deberíamos recordarles que lo suyo es el HEROÍSMO. Entonces, me pongo a pensar y sin ánimo de ofender a nadie, siento que nos faltan líderes y estadistas adecuados a la juventud de este tiempo.
Hay que descomponer cosas que parecían absolutas y reubicarlas de otra manera. Debemos entender que la “Comunicación” es algo más que cualquiera de los aparatos sofisticados que inundan el mercado. La comunicación es establecer verdaderas relaciones entre los seres humanos.
Ver al otro. Buscar su mirada y su atención. Escucharlo. Hablar el mismo lenguaje. Transmitir principios y aclarar valores comunes. Acceder a su mundo y permitirle entrar al nuestro. Todo lo que ahora se puede hacer en tiempos acortados hasta el asombro.
Y en esa comunicación se han muerto las ideologías. No tienen sustento. Los jóvenes están esperando de nosotros un factor de comportamiento adecuado.
Basta que los escuchemos y que cambiemos este paradigma del éxito por la invitación al heroísmo.
Ahora bien: Nada de lo que es propio de la juventud ha cambiado. Pero sí, la naturaleza de lo que conocemos por heroísmo.
Lo primero que ha cambiado es que para ser heroico en estos tiempos debemos empezar por rechazar toda violencia. Desde la guerra, la forma más cruel de la violencia, hasta el trato entre los hombres en cada escala de la vida cotidiana. Los jóvenes deben aprender a rechazar toda violencia. Contra sí mismos, contra las personas, contra la naturaleza en todas sus manifestaciones. Este rechazo de la violencia sólo se consigue con el respeto a los demás, a sus creencias, sus opiniones, su derecho a elegir la vida que quiere vivir. Su derecho a elegir donde quiere vivir. Su derecho a elegir cómo quiere vivir.
Ser heroico es respetar las leyes. Para lo cual se debe participar en la democracia, opinar, entender, ocuparse, votar y controlar por los medios correspondientes.
Compartir la bonanza. Aceptar que el mundo es de todos, cada vez más de todos y cada vez mejor de todos.
Peticionar debidamente a las autoridades. Unirse, organizarse y exigir ser oídos.
Pensar en los demás. Mirar alrededor para que cada una de las personas que los rodean adquiera un nombre propio y un rostro conocido. Haciendo con la convivencia un mundo mejor para la humanidad.
Dar algo más que lo que les sobra. Hacer un esfuerzo más para los otros.
Poner su mirada y sus esfuerzos en comunidades que lo necesitan. Abrir proyectos y programas solidarios. Llevarlos a cabo.
Escuchar, acompañar, compartir. Todo eso es ser heroico.
Lo de todos los días, en el lugar que vivimos todos los días, porque se acabaron las gestas revolucionarias y el mundo necesita héroes locales, conocidos, cotidianos.
Cada uno en su propio espacio tiene mucho para hacer en el mundo de los jóvenes. Las formidables redes sociales hacen que se comuniquen, no solamente con toda rapidez, también que se comuniquen todos. Y a todos ellos debemos tentarlos con que sean heroicos haciendo de su vida algo valioso. El éxito vendrá por añadidura. Es así. Seguro que es así.
Y debemos darles ideas concretas. Ayudarlos a salir de esta especie de sopor con el que viven algunos, mientras se van pasando las horas de no hacer nada. Debemos decirles que miren a su alrededor. Que hagan aquello que consideran que saben hacer mejor. Que lo hagan bien.
Algunos serán los que guíen las manifestaciones, en orden, con respeto, organizados, con ideas concretas, con proyectos más o menos desarrollados. No a gritar y golpear sino a transmitir y aclarar. A ser voceros de todos porque a todos ellos les tocará el mundo que hayan creado.
Otros deberán ocuparse de las comunicaciones. Asistir a los medios. Formar opinión. Prepararse para gobernar. Asistir para que cada uno cumpla adecuadamente su destino.
Están los que formen parte de proyectos más amplios. En comunidades más necesitadas.
Estarán los que dejen su marca en su barrio, en su ciudad. Algunos ayudarán a los docentes, pintarán escuelas, arreglarán plazas y jardines. Visitarán los hospitales. Acompañarán a ancianos y a niños.
Habrá los que se dediquen al arte. Para enseñar, para formar orquestas, para deleitar desde un espacio teatral. Para pintar ciudades, para alegrar paredones.
Algunos se volcarán al deporte. Organizarán equipos, campeonatos, rutinas de atletismo. Juegos.
Se acercarán a sus comunidades religiosas, aprenderán a rezar con todos los hombres buenos, compartirán ideales y vivirán la tolerancia y el respeto. Se ocuparán de los que no tienen Fe. De los que están solos.
Hay miles de cosas parar hacer en estos días.
Necesitan de nuestro ejemplo y de nuestra experiencia.
Los mayores tenernos que aceptar que hay cosas que sabemos, otras que no sabemos y un montón que ni sabemos que no sabemos. Pero ellos sí lo saben, porque es su mundo.
En cambio lo que ellos no saben y nosotros sí, es que la vida se agranda y se multiplica cuando pensamos, vivimos y oramos en grupo. Cuando los otros son parte de nosotros. Cuando hacemos algo por los demás.
Necesitamos líderes nuevos y estadistas nuevos que guíen este mundo nuevo. Con todos y para todos. Con el nuevo lenguaje y la fuerza invencible de los jóvenes.
Debemos amarlos lo suficiente como para enseñarles que el éxito es el heroísmo. Después pongamos la esperanza en ese mundo nuevo, dejemos que se vayan tan campantes a vivir sus años mozos y dejen su impronta en él hasta que una de esas tardes, también a ellos se les vaya tan campante la juventud, porque así es la vida y no lo decidimos nosotros. Y ellos se queden con la satisfacción del deber cumplido.
Que sepan que la vida con un propósito es más vida. Es la única forma de vivir, para que la juventud se quede con uno hasta el final.
Debo confesar que me desperté muy temprano con ganas de escribir estas cosas. Salió todo seguido. Mis lectores sabrán disculpar todos los errores. Lo que pasa es que, como a la mayoría de la gente común, hay temas que me emocionan, hay cosas que me duelen, y quisiera cambiar el mundo para mejor, como todos los hombres comunes. Y es mejor que quede como salió. Que Dios nos ayude a todos.
PRIMERO LA JUSTICIA.
PARA TODOS. PARA TODOS. PARA TODOS.
