Tag Archives: hijos
Vídeo

La Familia y la Educación de los Hijos

24 Feb

La escritora Zully Poratelli fue nuevamente invitada a el programa “La Puerta Abierta” para hablar sobre la familia.

Hilachas que van Tramando- La Autoridad en la Familia XV- Premios y Castigos

10 Nov

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia XV

Premios y Castigos

Imagen

Volvemos al mundo de la educación en la familia. Vamos a usar palabras bien castellanas, de cuando el Castellano era categórico y claro.  Cuando no teníamos miedo de hablar de “obediencia” “castigo” “premio” “falta” “superior” “inferior” todas palabras que ahora quieren escaparse de tantos prejuicios que las quieren tener amordazadas.

Digo esto porque a) me voy por el camino que me lleva esta tarde gris y callada b) respondo a tantas reacciones de los que no esperan a terminar de leer o, en el caso de las clases, a terminar de oír, y se resienten cuando empiezo por: premios y castigos. ¡Cómo si estuviera queriendo volver a terribles premios y castigos del medioevo! Felizmente estamos en el Siglo XXI y lo más cerca que el hombre estuvo nunca de los Derechos Humanos.  Hablamos de  premios y castigos adecuados a los hombres de este siglo y, en este caso, a los niños y adolescentes que están a nuestro cargo, a quienes se supone que amamos y respetamos.  Hecha esta aclaración diré que vamos a hablar de “Premios y Castigos”.

Retrocedemos unos reglones para retomar el tema:
El ejercicio de la Autoridad incluye dos poderes:

a) Tomar decisiones que influyen  en el comportamiento del hijo

b) Sancionar: premio o castigo.

Lo primero que tenemos que subrayar es que las sanciones forman parte de la Autoridad- Servicio y no debe nunca, pero nunca, confundirse con venganza, obcecación, falta de tolerancia, cansancio y otras debilidades que nos alejan de los fines de la educación.

Siempre se premia o se castiga por el bien del mismo hijo.  Sin perder de vista el resultado final debe hacerse con serenidad, nunca con bronca o frialdad.  También teniendo bien claro a) qué se premia o castiga y b) cómo se hace, poniendo esas calificaciones  en la misma categoría.

  •  Siempre el “cómo” se premia o se castiga debe responder estrictamente a “qué” es lo que se premia o se castiga.

Y aquí estamos hablando del sentido de la Justicia, base y vector de las relaciones entre los que educan y los que son educados.  Nada perjudica más la tarea de educar que la injusticia.  Los niños y los adolescentes tienen una especial sensibilidad para lo que consideran una “injusticia”, y en este caso podemos hacer alguna salvedad:

“Los niños viven la Justicia según las edades.  Hasta más o menos los 7 años no tienen mucha noción de la justicia, pelean por lo que quieren sin pensarlo.  Desde los 7 hasta los 10 o 12 años para ellos, en general, la Justicia es darle a todos lo mismo. Después de esas edades van reconociendo que: “La justicia es darle al otro lo que ya es suyo”.  Vamos a enseñarles por añadidura que: la generosidad es darle al otro más de lo que le pertenece.  De lo que deducimos que somos los mayores los que debemos aprender a vivir la justicia para no defraudar a nuestros hijos y arruinar esa relación filial tan importante para su educación y para el amor recíproco que nos tenemos.

Salimos de las salvedades y volvemos a nuestro tema:

  • Los premios o castigos deben ser avisados con la debida anticipación

Uno no se pasa el día entero “avisando” premios y castigos.  La vida cotidiana se va deslizando de una manera espontánea y los niños y nosotros conocemos las normas de convivencia.  Cuando algo más importante aparece es el momento de “avisar”.  Cualquier regla, decisión, actividad, actitud o postura que implican responsabilidad de parte de los niños y están expuestas a ser juzgadas, deben ser clasificadas con anticipación y llevar bien clara su consecuencia.  No se puede crear la norma y castigar con posterioridad al hecho.  A partir de ahora si haces esto o no haces esto, ésta es la consecuencia, a partir de ahora.

  • La sanción debe ser proporcionada a la falta

Volvemos al concepto que para educar debemos tener bien clara la diferencia entre las cosas importantes y las que no lo son. No podemos dejarnos llevar por nuestro cansancio, nuestra impaciencia o un mal momento.  No es conveniente abrumar a los niños y los adolescentes con cosas de poca importancia ni olvidar las que tienen mucha.  Hay que pensar bien antes de evaluar una falta.  Ya con muchos años en esto de la Educación he aprendido que con serenidad podemos pasar por alto algunas cosas insignificantes para tener la fuerza de nuestras decisiones en aquellas que verdaderamente lo valen.  Lo que un proverbio inglés dice: «Hay que elegir las batallas”  Con los hijos siempre hay que elegir las batallas.

  • Las sanciones deben ser limitadas en el tiempo

Podemos resumirlo con un ejemplo, no podemos decir:”No miras más televisión” o “No vas a salir más a andar en bicicleta” o tantas cosas que decimos en un momento de enojo.  Toda sanción tiene que ser clara en el tiempo que durará.  Y se cumple. Decía la abuela (madre de 7 varones): “Si tienes que castigar, promete poco que te aseguras poder cumplirlo”.  Así como dijimos que las normas deben ser debidamente comunicadas, lo que significa que sean recibidas y entendidas por todos, también la sanción debe ser claramente entendida por todos.  “No hay Internet por una semana” “No sales a bailar este fin de semana” “No se sale con los amigos hasta que mejores el informe escolar”. Siempre tiempo concreto y razonable que tiene que ver con corregir conductas y no con tomarse revanchas.

  • Cumplir las promesas hechas

Cada promesa que se ha hecho y no se cumple trae potencialmente dos efectos negativos.  a)El hijo pierde la confianza en su padre en general, algo lastimoso en la relación filial, b) Es difícil volver de ese error, ya no dan resultado la norma ni la sanción de la norma.  A largo plazo la incertidumbre golpea más al niño y al adolescente que a sus padres.

  • No coaccionar afectivamente

El niño acepta la autoridad paterna y obedece no porque de esa manera se gana el afecto de su padre y tampoco porque así no lo lastima.  Repetimos y repetimos sin cansancio que: El centro es el hijo.  Lo que hacemos lo hacemos por él, no por nosotros ni para nosotros.   Y volvemos a un concepto que nos ayuda a entender esto.  Los objetivos que tienen los padres para educar y los hijos para obedecer son totalmente diferentes.  El padre debe tener bien claros sus objetivos y respetarlos.  Su estado de ánimo o su dolor no es cosa del hijo.

  • Pasada la sanción, se termina.  

Ya está.  Por supuesto que queda claro que la falta no se repite y, a veces, sobre todo en el caso de los adolescentes, después de un tiempo, puede haber una charla al respecto para evaluar los resultados.  Allí insistimos una vez más escuchar, escuchar, escuchar. Respetar opiniones, respetar, respetar.

  • Evitar la debilidad y la comodidad

No se debe renunciar a hacerse obedecer o renunciar a castigar una falta por debilidad, rabia o abandono. “Total, ¿para qué me sigo esforzando? Haz lo que quieras, después de todo ha de ser para ti.  Me da lo mismo.  Yo abandono. Yo renuncio”. Grave equivocación.  No se puede renunciar a los hijos ni a nuestro compromiso con ellos.  La debilidad y la comodidad no son buenas herramientas para la educación de los hijos, más bien son un dúo disolvente. Es duro decirlo pero es cierto: “Los padres débiles y cómodos suelen terminar llorando”.

Estos son algunos conceptos muy generales sobre sanciones o castigos. La contra cara de los mismos son tres acciones:

  • Dar
  • Premiar
  • Regalar

Creo firmemente que la sociedad actual es la mejor que ha tenido la historia del hombre.  Con la esperanza de que siga mejorando, nunca como ahora se ha tenido tanta consciencia de los derechos de los individuos, nunca como ahora ha habido tantos bienes para distribuir en el mundo al alcance de las mayorías, nunca como ahora ha habido tan claras nociones de que el mundo es de todos.  Por supuesto que faltan muchos años para llegar al ideal pero el Hombre nunca ha retrocedido. Tenemos esperanzas, más que nunca.  Sin embargo uno de los obstáculos que encontramos en ese camino es el relativismo de todo o casi todo.  Por eso tenemos muy confundidos algunos conceptos lo cual mortifica y complica, en nuestro caso, el tema de educación.  En este caso no está clara la diferencia entre dar, premiar y regalar.  Procuremos aclararlo.

  • Dar: Donar, entregar, conceder, otorgar algo.  Puede tener una contraprestación o no de la otra parte.  Le damos a los hijos lo que tenemos obligación de dar.  No necesariamente será merecido.  Dar significa la voluntad de cumplir ciertas obligaciones con los otros, siempre en el marco de la voluntad y en referencia a la relación que tenemos con ellos.  Donamos, concedemos, otorgamos.  Podremos ser más o menos generosos, pero subsiste el concepto de que no hay obligación de devolver.  Si la hubiera sería un trueque, un contrato, un arreglo entre partes.  Los padres tenemos el privilegio de darle a nuestros hijos lo mejor que podemos y esperamos recibir de ellos amor y reconocimiento.
  • Premiar: Remunerar, galardonar los méritos de alguien.  El premio se da cuando alguien, en este caso el hijo ha superado lo que corresponde.  El premio debe merecerse.  Ganar una competencia, un concurso, ser el mejor abanderado, hacer una acción social notable, ser el mejor compañero, ayudar a los amigos, hacerse cargo de quien lo necesita.  Es exceder lo que corresponde en relación con lo que se haga.  Premiar lo que no excede es confundir a los niños quienes, con su proverbial intuición sabrán que más que premio eso puede ser un chantaje o una broma y en el fondo lo desprecian.  Por ejemplo, un adolescente que ha terminado su curso promocionando las materias no debe recibir premio porque es parte de su obligación, si tuviera un promedio notable o estuviera entre los mejores sería otro el caso.
  • Regalar: Dar a alguien, sin obligación, algo en muestra de afecto, consideración u otro motivo personal.  Hacer expresiones de cariño o benevolencia.  Éste es el campo en el que los padres pueden darse todos los gustos.  Regalar no tiene porque ser justificado.  Regalamos por cariño, por ilusión, por ver una sonrisa, por decir de alguna manera te quiero mucho. 

“El regalo es gratuito, el premio se merece”

“Lo que se otorga no se quita”

De todas las formas estamos dándole a nuestros hijos lo mejor que tenemos pero es muy importante que ellos sepan en carácter de qué reciben aquello.  Que sepan que les damos lo que corresponde para que tengan una buena vida, que los premiamos cuando exceden sus méritos y les regalamos porque sí, porque estamos encantados de que sean nuestros hijos y no vamos a cansarnos de hacérselos saber.  Pequeñas distinciones que nos hacen la vida más fácil y a ellos las cosas más claras.

En esta maraña de conceptos que nos disponemos a repasar vamos a hacer dos preguntas que pretendo que ayuden a los padres en muchos momentos de la vida con sus hijos.  Especiales para esta sociedad de la abundancia en la cual resulta difícil vivir con sobriedad.

  • ¿Cuántos no significaron libertad para los hijos y felicidad para la familia?
  • ¿Cuántos significaron pérdida de libertad y felicidad para los hijos y para la familia?  Pensemos los “buenos” no y los “malos” .  ¡Es esclarecedor y va a sorprendernos! Pueden ayudar en el momento de decidir algún permiso.

La tarde sigue gris y callada, como siempre espero aclarar algo en este mundo de las familias y los niños en especial.  Siempre queda camino por andar, con dificultades y sorpresas, con felicidad y alegría.  ¡Que nos toque el mejor de ellos!¡Que así sea!

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

 

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia- El Prestigio

31 Jul

Hilachas que van tramando

Autoridad en la Familia VII –  El Prestigio

Imagen 

Me voy del tema y los lectores me vuelven a él.  Vamos entonces de lleno a los componentes de la Autoridad.  En este caso nos referimos a la que se ejerce en la Familia pero, a poco de andar, sabemos que estamos  hablando de la Autoridad en general.

Por el artículo anterior :

Ya sabemos que el Carácter se educa y la Personalidad se estimula

Para hacerlo sanamente, para que surta efecto, para que tengamos niños y jóvenes bien educados a los que la convivencia les resulte fácil;  que tengan más o menos claro el camino a seguir, lo que quieren ser en el futuro, lo que respetan de sí mismos y de los demás, lo que consideran valioso y lo que no.

En fin, todas las condiciones que hacen a un hombre feliz: debemos ejercer la Autoridad de una manera correcta y categórica.

Los padres son los educadores naturales.  Repetimos esto una y otra vez porque es la raíz de toda educación.  Con la excepción lógica de aquellos que no están con sus hijos por cualquier motivo, en cuyo caso, a las personas que están a cargo de los niños los asimilamos a sus padres.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad”  Todos nos quedamos tranquilos y falla la educación y formación de los niños.

Cuando los padres abandonan el concepto de ser los educadores naturales y necesarios de sus hijos, el espacio lo llenan otros, quieran ellos o no que esto suceda.

Me atrevo a decir que en este mundo nuestro hay muchos abandonos.  Muchos, muchos abandonos.  Lo dejo para pensar y seguimos.

Educar es un maravilloso camino de enriquecimiento recíproco.  Vamos a dejar tres frases para que cada padre aporte sus propias ideas a partir de ello.

  • El centro es el hijo, siempre el hijo.  No lo que yo quiero para mi hijo, lo que los otros esperan de mis hijos, o lo que yo creo que quiere mi hijo.  No.
  • Escuchemos atentamente a nuestros hijos.  Mientras ellos nos hablan, escuchemos, no estemos pensando y preparando la respuesta.  No tratemos de ser más ingeniosos que ellos. Escuchemos.  Escuchemos.  Escuchemos.
  • Cada hijo es una aventura.  Vivamos esa aventura con todos los ingredientes.  Vayamos viendo desplegarse en el tiempo y el espacio a esos niños que tenemos a cargo.  No hay una experiencia más plena y espectacular.

La Autoridad para conformarse necesita:

  • Prestigio
  • Actitud de Servicio
  • Aceptación del educando
  • Objetivo cierto
  • Resultado beneficioso
  • Normas claras

1)  Prestigio: “Influencia, ascendiente, autoridad de la que goza una persona”

El prestigio de los padres consiste en que sean dignos de ellos mismos y de los valores que proclaman.

Ya hemos dicho y seguimos repitiendo que el Prestigio es la coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago

“Yo, padre, soy modelo de referencia de mis hijos aunque no quiera”,  por eso decimos que

Enseñamos lo que sabemos. Educamos lo que somos”.

A poco que pensemos en este tema deducimos claramente lo que es el prestigio y basta con que miremos alrededor, personas cercanas, otras públicas, aquellas conocidas o que ostentan alguna influencia por el lugar en el que están e inmediatamente descubrimos en quién creemos, a quién admiramos, a quién respetamos, de quién podemos aprender.  Ése es el “Prestigio”  a viva voz.

Pero falta un componente muy importante.  El prestigio tiene mucho que ver con la manera en la que nos manifestamos ante nuestros hijos.

2)  Modo de ser de los padres: El modo de ser se demuestra  con a) Buen humor, b) Serenidad: Dos componentes indispensables para tener una buena relación.  Significa para nuestros hijos: optimismo, confianza, sonrisas.  c) Naturalidad: Padres flexibles, comprensivos, pero que no ceden en las cosas importantes porque están seguros de lo que hacen.

El Prestigio se opone a “lamentarse, echar en cara, dramatismo, falso respeto”.

No es fácil, cuando el temperamento no nos ayuda, encontrar caminos de sonrisas y buen humor en la vida cotidiana.  Todo es cuestión de aprender y ejercitar tales virtudes.  El resultado no sólo mejorará la relación con los hijos, hará efectiva la Autoridad y mejorará la vida en todas sus facetas.  Es bueno que tomemos conciencia de la forma en que vamos caminando por este mundo.  Es bueno que sepamos que una sonrisa hace que las cosas sean, siempre, más fáciles.  El buen trato se aprende, se practica como un deporte difícil, necesita de una rutina firme y perseverante, un esfuerzo sin descanso.  Pero se consigue.  Es indispensable en el trato con los demás y mejora la vida de todo el mundo, sobre todo la propia.

Esa actitud nace de algo que los seres humanos perseguimos todos los días de nuestra vida sin darnos cuenta:  La seguridad de que ocupamos el lugar que nos corresponde, que nuestros principios son los correctos, que tenemos valores positivos.

Todo lo que, además, nos permite reconocer nuestros errores y aprender de los demás.  Eso también demuestra y avala nuestro prestigio.

3)  La constante demostración de cariño hacia nuestros hijosNunca están de más los besos y los abrazos de los padres.  Los mimos son un motor indispensable para ellos.  No basta con quererlos, hay que demostrarlo y decirlo.  Decía la abuela “tantos chirlos, tantos besos”.  Y su sonrisa era puro abrazo.

4)  Su manera de relacionarse con los demásEl niño verá a sus padres como se relacionan con los demás, “el prójimo más prójimo”, la familia, amigos, el trabajo, deportes, autoridades, vecinos.  El trato puede dignificar o despreciar a una persona.  En su vida cotidiana la armonía del buen trato condiciona la vida en el hogar y fuera de él.  La aceptación y el respeto del otro son parte del Prestigio que necesitamos en la educación de nuestros hijos.

El prestigio es el instrumento eficaz de la educación.  Nuestros hijos son lo que somos nosotros.

Matriz ética de su educación: En su manera de pensar, decir y actuar, los padres componen un modo natural que no se inventa ni se “demuestra”. Es “descubierto”  por los hijos y constituye la matriz ética de su educación”.

Podríamos agregar que cuando los hijos son pequeños el “prestigio” tiene que ver con cosas más materiales.  “Mi papá es muy alto, tiene mucha fuerza”.   Es casi como un regalo que recibimos los padres por el solo hecho de serlo.  Pero a medida que pasa el tiempo ese mismo prestigio sobrellevará todas las alternativas de la vida familiar y la evolución de los hijos.  Entonces no será un regalo, sino una conquista diaria y difícil, que sufrirá, por ejemplo, todos los embates de la adolescencia.  Pero, no hay que temerlo, si el “Prestigio” tiene bases sólidas y reales, todo vuelve a su cauce y pasados los años turbulentos el niño aprendió y el padre conservó su buena influencia.

Es necesario saber que las simulaciones, las mentiras, y las dramatizaciones sobre la vida, no tienen mucha influencia ante los niños, no pueden engañarlos, sí  entristecerlos y hacerlos inseguros, porque ellos, intuitivamente, descubren todos los engaños que se les quieren imponer.

¡Pobre del adulto que sufrió tales males cuando era niño!  Ése es otro tema.

Seguiremos por estos caminos de Dios, tratando de reflexionar y compartir algo de lo que sabemos.

Seguiremos haciendo caminos de vida.  Usando lo que aprendimos, lo que nos enseñaron los libros y los años, la experiencia de vida que queremos compartir.  Es parte de una visión muy especial del mundo.  Un poquito alejada del barullo y los fuegos artificiales.  Para pensar de a ratos, compartir con los demás.  Un recodo del camino en el que las aguas parecen perder velocidad y nos dejan tranquilos, pensando, pensando y creciendo.  Se va, despacito, el invierno.  Los días son más largos.  Es más fácil sonreír y devolver otras sonrisas.  Probemos. Probemos. Así está mejor.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia IV

23 Jun

Autoridad en la familia, parte  4

Imagen

Dadas las expectativas que ha despertado el tema de la Autoridad en la Familia, seguiremos “mechando” tiritas de “Hilachas”, comentando un poco por acá y otro poco por allá.

Vamos a “jugar” a ser padres.  ¿Por qué hablamos de jugar?  Porque para ser padres necesitamos la misma actitud de los niños cuando juegan.  Estar concentrados con toda seriedad en  el juego.  Creer firmemente en lo que hacemos, para lo cual debemos prepararnos muy bien.  Usar la imaginación. Resolver sobre la marcha y…resolver siempre bien para que el juego no se malogre. Contar con un equipo eficiente y amigable.  Poner, ante todo, la función que hemos elegido y después nuestra comodidad o nuestro egoísmo.  Ser incansables.  Ser divertidos.  Ser alegres.  Ser optimistas dispuestos a conquistar el mundo.  Ser perseverantes.  Y, sobre todo, ser generosos con los demás porque los mejores juegos son los que jugamos con los otros.

Vamos a pensar.  Claro que hacer pensar es un objetivo difícil, cuando probablemente se está esperando sólo información y, en algunos casos, un formulario de recetas mágicas sobre algunos aspectos de la educación.

Empezamos por una noticia complicada:  No hay recetas, sólo mamá y papá pensando juntos  En su defecto mamá sola o papá solo, o quien se encargue de la educación de un niño, siempre necesita la opinión y el apoyo de quien corresponda.

Porque volvemos al concepto primero e indispensable para seguir adelante: “Cada niño es único e irrepetible”.  Sus circunstancias, que debemos tener muy en cuenta, van a ser determinantes en la tarea de educar.  Sus circunstancias especiales, no las de los otros, las suyas.

En líneas generales lo que vamos a hacer es el ABC de la educación: enseñarle a:  a) conocerse, b) autoposeerse, c) interactuar con los demás.

Hablemos un poco  de cómo se conforma la personalidad haciendo la salvedad de que hablamos desde la visión de un Orientador Familiar y no desde otro lugar y solo con el objeto de ponernos un poco en situación.

Como se conforma la personalidad

El Hombre es un concepto complejo y paradójico – Hombre no es un ser repentino y estático, el hombre es la persona que se despliega en el tiempo.  Educar es llevar a cabo ese destino.

El edificio de la personalidad tiene, para decirlo sencillamente, tres visiones:

a) Biológico: Si nos quedamos en ese nivel, somos verdaderamente esclavos de nuestros instintos.

b) Psicológico: Es todo lo referido al temperamento, a las pasiones, a los deseos.  Tiene que ver con el “Quiero”

c) Racional: Se refiere a la razón, a la voluntad, al carácterHablamos del ”Debo”

  • Cada uno de los elementos no formaría unidad en sí mismo,
  • Cada  uno de ellos no existiría antes de unirse.

El hombre no es una unión, es una unidad, en la cual convergen y a veces se enfrentan las manifestaciones de la afectividad con lo que tiene que resolver la voluntad.  Es importante que tengamos en cuenta este concepto.

Vamos a dar un ejemplo para los padres que ya se están inquietando.

El ejemplo de los jazmines:

Biológico: Huelo su perfume

Psicológico: Me trae recuerdos, me causa placer, los quiero.

Racional: No puedo apropiarme de los jazmines de un jardín ajeno, no puedo dejar de hacer lo que tengo que hacer para conseguir los jazmines.

Los padres debemos:

  • Adiestrar lo biológico: Enseñamos todas las manifestaciones físicas.  Enseñamos a caminar, a correr, a andar en bicicleta, a controlar los esfínteres, etc.  En este caso con la ayuda directa de otros adultos, familia, maestros, profesores, entrenadores.
  • Instruir: Enseñar lo que tiene que ver con la inteligencia.  Buscar el conocimiento del mundo de la cultura, de las ciencias, de las convenciones sociales, de las costumbres.  En esto es determinante la cooperación de los maestros, instructores, y otros adultos preparados para esa tarea.  De las autoridades, de las leyes, etc.
  • EDUCAR:  Es especialmente la función y la vocación de los padres o adultos que están a cargo del niño.  Educar es enseñar a pasar del “Quiero lo que quiero» a «hago lo que debo”.  Es mover la razón para ser mejor. Es vivir según los principios y elegir cuidadosamente los valores.

Dice Gabriel Castellá, médico, psicólogo y educador argentino, con una admirable síntesis: “El ser humano es biológicamente determinado, psíquicamente condicionado, y espiritualmente libre”.

Y podemos agregar volviendo al concepto de héroe que ya habíamos mencionado:

“Estoy enseñando  a mis hijos a ser lo que deben ser para que lleguen felizmente a ser lo que en verdad son”.  Ya que la esperanza, que es un fuerte motor de la educación,  nos ha convencido de una verdad innegable:  Todos los hombres nacen héroes. Todos nacen buenos. La educación hace el resto.

Un párrafo para hablar de la Instrucción: la Instrucción completará al hombre.  Todos los hombres tienen derecho a ser instruidos. Este concepto pesa más sobre la sociedad en su conjunto.  Los que gobiernan, los que deciden políticas educativas, los que resuelven sobre temas económicos.  Todos aquellos que tienen un lugar importante en la sociedad son corresponsables de la Instrucción de los niños y los jóvenes.  Es una obligación irrenunciable para ellos.

Educar es otra cosa.

Cuando se extiende el concepto de que educan todos, se diluye la responsabilidad.

No educan ni la escuela ni los medios. Educan los padres o las personas a cargo de los niños y cuando ellos no lo hacen acabadamente, otros, no siempre aconsejables, lo harán por ellos.

Los padres deben despertar la “inquietud vital” en la vida de los hijos.  Deben educar la voluntad.

Educamos cuando desarrollamos la voluntad”

«El hombre no es todo lo que puede ser de hombre si no está educado«

Para contestar a muchas inquietudes de los padres suelo contestar con una frase que les produce más inquietud.

 “En el tercer nivel se produce el protagonismo de la familia” “Los padres son los primeros educadores responsables de sus hijos

Leo y releo y siento que la visión amorosa que tengo sobre los niños y los jóvenes me hace ser muy categórica en estas definiciones. Pero, pensemos, ¿cómo sería el mundo si cada niño que llega a él encontrara un adulto dispuesto a amarlo tanto como para  llevar adelante la tarea más importante que existe?  ¡Sería casi perfecto!

No, no soy severa por demás, los niños y los jóvenes son el futuro y la esperanza.  A ellos les debemos todo. El mundo está lleno de padres que quieren hacer lo mejor para sus hijos.  Que Dios los bendiga.

PRIMERO LA JUSTICIA

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando – Autoridad en la Familia III

15 Jun

La Autoridad en la Familia III

Nuestro Tiempo

Imagen 

Poco podemos hablar  y transmitir sobre la autoridad en la familia si no sabemos algo y hacemos esa referencia al Tiempo que nos toca vivir.  La Familia es el lugar en el que nacemos, vivimos y morimos como personas.

Cualquiera sea la familia, como organización primaria tiene esa misión y la cumple a veces muy bien y otras no tanto, pero como institución es claramente la fundacional de la sociedad, desde siempre.

Nuestras Familias están en nuestro Tiempo y ambos se identifican entre sí, influyendo uno sobre el otro y viceversa.  Si nos preocupa hoy la familia es, sencillamente, porque sabemos que somos los que haremos los cambios necesarios y suficientes para que la sociedad mejore en la medida de lo “humano”.  Cada hombre en su propio tiempo tiene los derechos y los deberes que éste le impone y que son irrenunciables e inevitables.

Hablemos un poco de la “sociedad de consumo”

  • Lo primero que se nos viene a la cabeza es el término (que no se si existe o lo hemos inventado por su practicidad) “amuchados”.  Cada uno de nosotros convive con el mundo entero, amuchados de a miles, de a millones.  Como nunca antes en la historia del hombre.
  • “Amuchados”, amontonados, confundidos en la marea de miles de millones de personas que, por imperio de las comunicaciones, está aquí mismo, dentro de nuestra casa y formando parte de nuestras vidas.  Experiencia que nunca existió antes.  A veces esta característica de la sociedad actual nos abate y le quita a nuestra intimidad y nuestro tiempo vital, una increíble cantidad de cosas.  Apagamos el televisor o las redes sociales y miramos alrededor con la sensación de que se nos fue la “verdadera” realidad.  Que lo que tenemos cerca es una pequeña parte de nosotros mismos. Podemos sentirnos vacíos y solitarios.
  • Primer motivo de stress del hombre moderno: La “tensión externa: lo que la sociedad invade, produce y me exige sin importar si es bueno, malo o intrascendente se “tironea» con la “tensión internaque son los principios, mis valores, mis afectos, mis emociones, todo lo que configura mi persona y mi relación con los demás.

Sin renunciar a la realidad exterior deberíamos recuperar las dimensiones de nuestra realidad personal. 

  • La sociedad de consumo, con todo lo que tiene de positivo, ya que no podemos desconfiar de una sociedad que ha llevado más bienes para hacer la vida más confortable para más gente, tiene una condición: la Ansiedad que es el pivote sin el cual ésta no podría funcionar.

Ansiedad: Estado de agitación, inquietud, zozobra, por un bien que no tenemos”.    Esto significa algo así como que la vida parece ser un banquete extendido ante nosotros y que nos muestra lo que podemos tener y aquello que no podemos tener aunque nos aseguren que sí.

  1. Segundo motivo de stress para el hombre moderno: Se nos presenta como valioso lo que es y lo que no es valioso, sometiendo a hombre moderno a una nueva pregunta vivencial que no tiene precedentes en la historia.  Los bienes siempre fueron insuficientes, hoy son exagerados, relumbrantes y tentadores.  Parece que “todo vale” y que “todo está bien”.  Enorme error producto de la “relatividad” que nos hace tanto daño. Pero éste es un tema para otra oportunidad.
  2. Tercero: Falta entender la rigurosidad de esta Verdad: Todos los bienes no son para todos los hombres.  Ni la juventud es eterna, ni el talento es universal ni, desgraciadamente, el nacimiento es igualitario.  Sin embargo sabemos que todos los hombres somos iguales, cada uno vale por sí mismo, solamente porque es un hombre.  Lo que tiene de “humano” es igual para todos y no podemos darle un precio según sea más o menos exitoso, más o menos inteligente, más o menos bello, más o menos rico, más o menos ingenioso, más o menos inescrupuloso.  Todo hombre merece compartir los bienes que están para él.  Ésta es la mayor tensión que tiene el hombre moderno: la disociación entre lo que merece solamente por ser un hombre y lo que pueda hacer o conseguir de los bienes abundantes de la era moderna que lo engaña haciéndole creer que tendrá todo, cuando quiera y como quiera.
  3. Cuarto:Hay una brecha importante entre: a) lo que es importante para las personas, b) la manera en la que viven su vida diaria.  Si hacemos una lista de las cosas que nos importan y, luego, de las horas que le dedicamos, realmente, a cada una, veremos que “del dicho al hecho hay mucho trecho”.  Generalmente no coinciden: “Lo que más me gusta es estar con mi familia” pero…el trabajo me atrapa, las actividades sociales,  las rutinas físicas, las horas de soledad en las redes sociales, la TV….el cansancio. Etc, etc, etc. “Para mí la amistad es muy importante, pero…me relaciono con mis amigos sólo con mensajitos y los veo poco”  Etc,etc.etc.
  4. Quinto: La sociedad antigua, con todos sus errores, “colaba” los malos ejemplos y tendía a establecer modelos, roles y conductas positivas que la hacían aliada de la educación.  Hoy el éxito mezcla patrones de conducta y hace que los padres y educadores tengan que ir “contra la corriente” añadiendo un problema más a los que surgen en el momento de ejercer la Autoridad.  Es mucho más difícil educar nadando corriente arriba.  Produce más nerviosismo, más preocupación, y sobre todo una gran confusión que es la trampa más importante que tiene la tarea de educar.

Este somero reconocimiento de la sociedad actual no tiene, aunque no parezca a primera vista, una mirada pesimista sobre la sociedad de consumo.  Simplemente debemos reconocer las claves del tiempo en el que vivimos si queremos hacer algo bueno con él.  Creemos firmemente que ésta es una sociedad estimulante, que como nunca antes tiene en sí misma todas las herramientas eficaces para solucionar sus problemas.  Ya que la comunicación fluida, abierta y que se comparte, es la única forma de crecer para mejor.  En todo caso es una sociedad rigurosa, que irrumpe en la intimidad de cada hogar de una manera absoluta y categórica.  Ése es el desafío del hombre moderno.  Somos los mismos hombres de siempre, hombres y mujeres que, desde los primeros tiempos venimos llevando el mundo para adelante.  Los mismos heroicos hombres y mujeres que, desde la rueda y el dominio del fuego, fueron consiguiendo mejoras en su vida cotidiana.  Los que a pesar de las guerras, las hambrunas, las pestes y las catástrofes, hicieron del mundo un lugar mejor para vivir.  Estamos hechos de las mismas sustancias, nos conmueven las mismas pasiones y tenemos la inquietud de la trascendencia tal como nuestros mayores y los otros, todos los que nos precedieron.

Solamente debemos ser conscientes de que los tiempos han cambiado dramáticamente.  Ha cambiado la ciencia y la técnica de una manera que el hombre no llega a asimilarlas, ni en la medida ni con la velocidad que sería deseable.  Si vamos a ejercer la Autoridad para educar, necesitamos una nueva mentalidad, nuevas habilidades, sumadas a le energía de hacer lo mejor y la fortaleza de creer firmemente que podemos conseguirlo.

Esta es la Era de las Comunicaciones.  Como dicen los jóvenes “Es lo que hay”.   Y lo que hay es muy valioso.

Solo tenemos que:

  • “Poner en orden las prioridades”  (Concepto que repetiré hasta el cansancio)
  • “Darnos cuenta”, que es la única manera de andar por estos caminos de Dios con firmeza y buenos resultados.
  • Pensar, pensar, comunicar, comunicar, estudiar, estudiar, comprender, comprender, compartir, compartir todo lo que sabemos.

A pesar de sus males y sus dificultades ésta es la mejor época en la vida de la Humanidad, nos ha tocado a nosotros transitarla con un objetivo cierto e inevitable, “Hacer que la próxima sea siempre la mejor”.

Que así sea.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

Hilachas que van tramando – La Autoridad en la Familia

29 May

La Autoridad en la Familia

familias

Estas columnas pertenecen a “Hilachas que van Tramando”  pero se las vamos a prestar un ratito a otra tarea que es docente.

Estoy un poco cansada y un poco confundida de escuchar la temida palabra “límites” cuando alguien está tratando de ayudar a los padres a educar a sus hijos.  Por supuesto que los límites son el arma indispensable en la difícil tarea de llevar adelante esa educación.  Pero si nos quedamos con esa retórica y sin dar algunas ideas prácticas, nos quedamos.

Hablamos de los “límites», como hablamos del inconsciente colectivo, de la economía global, de las bellezas naturales, del universo. Y nos quedamos…..indefensos, sin parámetros, atónitos.

Los papás necesitan otra cosa para poder entender:

Qué son los límites

Quiénes los imponen

Hasta dónde y hasta cuándo hay que imponer límites en la vida de los hijos

Qué tienen que ver con la vida cotidiana

Cómo se hace para que los niños los respeten

Por qué nos toca a los padres imponerlos

Quiénes van a “disfrutar” de los beneficios de los límites en el funcionamiento de la familia.

Y más y más y más.

Decía la abuela: “Si hay muchas preguntas y no alcanzan las palabras para explicar algo… eso no funciona.”

Vamos a subir un escalón en el tema de la Autoridad, que es de lo que verdaderamente hablamos cuando hablamos de los límites.  La Autoridad es siempre una sola, la ejerza quien la ejerza y en el ámbito que sea, pero en este caso nos referiremos estrictamente a la Autoridad en la Familia.

La Autoridad está constituida por dos elementos primarios sin los cuales ella no existe.

  • La Voluntad de Servicio de quien la ejerza
  • El Prestigio del mismo.

Abrimos un paréntesis y nos remontamos graciosamente al mundo clásico.  Al de los héroes y los dioses.  En ese contexto aparece una frase que resume muchas de las enseñanzas que nos deja la mitología. ¿Tiene algo que ver una cosa con la otra o a esta hora de la noche se me mezclan las ideas?

Vamos por la frase y todo queda explicado.  Un sabio profesor de Historia Clásica, que tuve la suerte de tener en algún momento de mi carrera, cada vez que terminaba un relato de la mitología remataba con la “frasecita” clásica, presumida  y sabia que decía:

“El héroe llegó a ser lo que era”

Los dioses hacían nacer un héroe, y el destino confirmaba esa cualidad.  El héroe tenía que llegar a ser héroe porque ya lo era.  Iba a soportar todas las pruebas, caminar todos los caminos y llegar a la gloria.  Quedaría en el Panteón de los Elegidos.  ¿Porque era valiente? ¿Porque era fuerte?  No.  Simplemente porque había cumplido con su destino.  Había sido lo que era.  Un héroe.

Volvemos a nuestro tema.

Todos los niños han nacido héroes.   Todos llegan al mundo llenos de dones y de posibilidades.  No hay en ellos ningún elemento negativo.  No los hay egoístas, ni violentos, ni mentirosos.  Por lo contrario son un apretado conjunto de virtudes que la vida les ayudará a desarrollar.   Todos los niños deberían tener la posibilidad de ser héroes que llegan a ser lo que ya eran.

La Educación consiste en “sacar afuera” lo bueno que está adentro.  La Educación es hacer brillar el héroe que nace para que sea un hombre héroe para él y para sus semejantes.  Consiste en lograr que los hijos a) se den cuenta de que deben llegar a ser lo mejor que puedan ser como personas, b) acepten las condiciones que eso requiere, c) entiendan que todo depende de ellos mismos.

Y para eso sirve la Autoridad de los padres. 

Ah¡ Empezamos a entender por qué decimos que la Autoridad tiene dos componentes que hacen a su naturaleza y sin ella no existe.

Sin la Voluntad de Servicio de quien ejerce la Autoridad ésta se transforma en Autoritarismo, o en Anarquía.

Sólo educamos para que el otro sea mejor.  Sólo se nos educa para que seamos mejores.  Lo mejor que cada persona pueda llegar a ser en su propio proyecto de vida, con las limitaciones propias y ambientales que se le presenten.

“La Autoridad, siempre, siempre, siempre, es un servicio que se presta por el bien del otro”

Y allí es donde aparecen los límites.  Los límites que pondrán los padres como las marcaciones de los senderos correctos para vivir;  y los límites que, con el tiempo, pondrá cada uno a sí mismo para poder vivir en armonía con los demás.  Dos reflexiones son importantes:

A)  Ante cualquier duda en el momento de decidir una medida, dar una orden, o imponer una penitencia debo preguntarme: ¿Esto lo hago o lo decido por el bien de mi hijo? O ¿por vanidad, egoísmo, comodidad o cualquier otra cosa que tiene que ver conmigo y no con él?

B)   El servicio implica hacerse cargo del otro hasta que el otro pueda hacerse cargo de sí mismo.

Y ¡el Prestigio! ¡Vaya  palabrita!  No nos equivoquemos, el Prestigio no tiene nada que ver con el éxito, con la fama, ni con las vanidades.  Para hablar del Prestigio necesitaríamos muchas hojas, como para hablar de todos estos temas.  Pero podemos resumir para empezar a entender:

El Prestigio es la correlación entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, las tres cosas deben ser exactamente lo mismo.

Para que pensemos un poquito más:

Los padres son modelo de referencia para los hijos, aunque no quieran serlo

Empezamos de vuelta.  Los límites son herramientas indispensables para ejercer la autoridad.  Y damos algunos ejemplos concretos.

Empezando por los más chiquitos que son la semilla del héroe como sinónimo de hombre bueno, que queremos que lleguen a ser estas personitas a quienes amamos más que a nadie en el mundo.

Todo adecuado a las distintas edades

  • Saludar cada vez que uno llega o se va de un lugar.
  • Hacer las tareas antes de empezar a jugar.
  • No contestar mal a los mayores.
  • Decir la verdad.
  • Cumplir con lo que se promete.
  • Compartir los juguetes con los otros niños.
  • Guardar los juguetes cuando se termina de jugar.
  • Comer bien sentados a la mesa y no levantarse hasta haber terminado.
  • Lavarse las manos antes de comer.
  • No pegar ni agredir a otro niño bajo ninguna circunstancia.
  • Cumplir los horarios.
  • Etc, etc, etc. de lo que cada padre y cada hogar requiera.

La vida nos entrega a nuestros hijos que cuando nacen son como masilla blanda y de distintos colores.  Cada uno trae sus propios tesoros y su necesidad de ser amado para los cual los acompañaremos hasta que sean hombres y mujeres felices, capaces de relacionarse con los otros y cumplir acabadamente su destino.  Es una tarea de cada día, de cada hora y de cada minuto y depende exclusivamente de sus padres.  Es así.  Suena severo pero es así.  Nuestros hijos son lo que podemos hacer con ellos.  El resto del mundo y la vida puede complicarnos o facilitarnos este objetivo.  Pero somos los padres los primeros responsables.

Los hijos son nuestra maravilla.  Amarlos es, sencillamente, llevarlos a su plenitud.  Es grandioso.  Qué así sea.

Ah! Me quedaba en el tintero!  Muchos besos y abrazos, pero muchos, muchos, como nos gusta a los abuelos!! Qué siempre haya tiempo para eso!

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Prestarle tiempo al tiempo…y pedírselo de vuelta

25 May

Hilachas que van tramando – Prestarle tiempo al tiempo…y pedírselo de vuelta

Imagen

Noche de luna llena. El jardín resplandece plateado, el árbol hermoso que está al fondo crece como una montaña y la noche está llena de sonidos que me recuerdan otros sonidos iguales hace muchos, muchos años. Entonces, pasados ya los días de playa con su increíble rueda amasadora de olas, arena, mallas mojadas, cabecitas caídas sobre la mesa en la cena, bolsos, sombrillas, baldes y moldes. Pelotas para los varones, pieles ardidas, un poco de fiebre, valijas para ir y para volver; veranos increíbles en lo que todo era movimiento y  goce y nos dejaban aturdidos de cansancio y felices de volver a casa.  Entonces, vuelvo a decir, llegaba el mes de Febrero.  El de mis verdaderas vacaciones.  Los niños disfrutaban del club, sin arena y con horarios.  Los mayores no teníamos horarios y, por ejemplo, yo podía dormir la siesta, tirarme a leer en el jardín y hasta saborear una cervecita bien helada antes de la hora de preparar la cena.  Leía la mayor parte del tiempo, en el club y en la casa.  Febrero era un puente mágico entre la vertiginosa y caótica vida de las “vacaciones” y la vuelta a la escuela, los cursos, las reuniones de padres, las vacunas, las tareas, los domingos de convivencia, la vida de relación  y mi trabajo.  Febrero era risueño, tranquilo, permisivo, amigable y ¡corto!

Hoy es noche de luna llena, salgo al jardín y revivo aquellos años, me acerco a la medianera para sentir el perfume de mi madreselva.  Recuerdo que conocí esta casa cuando era muy, muy joven y acabábamos de llegar de vivir en el extranjero.  Vinimos, por primera vez, de noche y, en cuanto salí al jardín, me estalló el perfume de esa madreselva.  No vi más nada, le dije a mi amigo:

“Si me querés de verdad, comprás esta casa o te robás la madreselva”.  Compró la casa donde ahora, una noche de luna llena, estoy reviviendo las maravillas que la vida hizo con mi vida.  Me siento en el suelo, apoyo mi espalda contra el tronco y decido prestarle tiempo a mi tiempo.  No fueron todas alegrías, no.  Hubo enfermedades, dolores, muertes injustas, más injustas que otras muertes.  Abandonos, traiciones.  Problemas.  Lejanías.  Todo tipo de pérdidas.  Pero hoy revivo las maravillas que la vida hizo con mi vida.

Como un plumazo se van olvidando los malos momentos y me queda una increíble luminosidad que recién ahora, en este momento de mi vida, encuentro.

“El Tiempo vuela” “La vida se pasa rapidísimo” “Parece que fue ayer” «Hemos gastado el Tiempo”.

Esta noche de luna llena me tiro de espaldas en el jardín y miro el cielo.  Y entiendo que, en realidad, le he prestado al tiempo toda mi vida que quiero recuperar.  Pensando para atrás le pido que me lo devuelva, pedirle tiempo al Tiempo es recomponer todos los pedacitos de uno que se quedaron en el camino.  Otra vez armar el rompecabezas. Recuperar quién fui, para quien soy hoy.

El pasto está brillante y se oye algún grillo enamorado.  Recuerdo para atrás, con impresiones y emociones. El gusto del helado en las siestas del barrio.  Las bajadas en bicicleta por la calle en desnivel, a todo lo que da y soltando el manubrio. La voz de mi madre llamándome a comer.  La escuela, el frío de la escarcha, el Alta en el cielo y la escarapela.  El tren llegando a la estación.  La pileta y los deberes. Los amigos. El club. El primer beso. El amor que vino y se fue cuando clamábamos porque fuera eterno y teníamos quince años!!  El vestido con la espalda desnuda. Los boleros. Yo volando por el aire mientras disputábamos un concurso de rock!  Las madrugadas para estudiar.  El terror en los finales.  El amanecer entre amigos y mirando el mar.  Los “happenings”.  El primer trabajo. El trajecito de corderoy azul.  El amigo que se transformó en el amor y que siempre fue mi amigo. La Iglesia. La promesa y el primer hogar.  Aprender a manejar.  El amor al galope.  Los hijos. Lo mejor de todo, los hijos.  El susto y lo desconocido, los partos, las batitas, los llantos, las sonrisas que enamoran. La maravilla de los hijos.  Las noches sin dormir.  El cansancio. La luz en el pasillo. Ellos creciendo. Los viajes. El traslado.  Los miedos a lo desconocido. Los años de viajar. La vuelta. Los miedos más reconocidos. Los hijos que se iban yendo y volvían despacito pero nunca del todo.  Mi amigo y yo.  Mis libros. Mi trabajo y mi entusiasmo. El resto de mi familia y los otros amigos del alma.  Todo lo que vivimos con ellos.  Y sigo y sigo.  Mi tiempo no se gastó, lo he acumulado. Recién ahora me doy cuenta.  Vuelvo a ser quien fui desde el principio.  Todo está acá.  Nada se ha perdido y nada se perderá.  En el universo callado de esa luna enorme me reencuentro. Tengo 5, 15,  30 años y tengo 50 y todos los más de 50 que tengo ahora y puedo bailar en el jardín, con una armonía y una gracia que me han dado los años y el tiempo que le volví a robar al Tiempo.  Basta repensarme, y así entender que nunca me fui de mí.  Que trato de ser mejor porque eso es lo que me enseñaron de niña pero siempre soy la misma.  ¡Quién me puede decir que el Tiempo ha pasado si una bella noche de luna me lo trae de vuelta!  Y yo, que ahora soy  una abuela sabia, lo recibo con una sonrisa maliciosa.  Porque lo estaba esperando y me lo quedo.  Todo está acá.  Todo está con nosotros desde el día que nacemos.  Todo vuelve con nuestra sola voluntad siempre que tengamos la perseverancia de recorrer algunos caminos interiores, cerrar los ojos y recuperar los olores, los sonidos y los amores que tuvimos siempre.  Y me apodero de mi Tiempo, para siempre.  Majestuosa como una reina y convencida, categórica, alegre.

Cuando la luna se va a dormir yo vuelvo al cuarto. Me meto despacito en la cama tibia. Beso a mi amigo que sueña sus propios sueños.

Y me voy durmiendo de a poco.  Acabo de conocer mi libertad.  Ya está todo dicho. ¡Cuántas maravillas la vida hace con la vida!

Cuando a la mañana siguiente, saboreando una buena taza de café mi amigo me pregunta “¿Qué te pasa?” Le digo, misteriosa, “Me pasa todo.  Por suerte me pasa todo”.

PRIMERO LA JUSTICIA

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Hilachas que van tramando- Las mujeres somos fuertes

12 Mar

                    Las Mujeres Somos Fuertes

 

El té cumpleaños se iba desarrollando con toda normalidad si consideramos normalidad una mesa bien puesta, mantel bordado blanco de la época de las abuelas, tazas de porcelana y copas de cristal que nos transportaban a  otros tiempos  más gentiles y preciosos. La repostería casera, y el refuerzo de algunos sándwiches de miga y otras exquisiteces de la confitería del barrio, llenaban de colorido la mesa alargada donde todo parecía desbordar.

Un grupo de mujeres de distintas edades, todas hablando al mismo tiempo, todas hablando de distintas cosas y cruzando las respuestas por encima y a través de las otras con esa particularidad difícil de explicar en términos de equilibrio, que tienen las charlas de mujeres.  Afuera los niños, también de todas las edades, jugaban haciendo “ki-ki-la-la”  (la palabra familiar que reemplaza entre los más chicos la de “quilombo”, por una cuestión de pureza del idioma) y gritando tan fuerte como para que se los escuchara desde algún planeta lejano.  En la puerta que llevaba al jardín, una tía abuela, que nunca había tenido hijos, extendía  piernas y brazos con el heroico mandato de “no pasarán”.  Todo fuera para que sus sobrinas, que siempre habían sido tan gentiles y amorosas con ella, disfrutaran de cierto sosiego mientras tomaban su taza de té.  Aunque, a veces,  alguno de los más chicos lograba pasar la barrera llorando porque “me pegó para sacarme la pelota” o “no me dejan jugar con ellas”;  entraban, eran consolados por su madre que, mientras secaba las lágrimas y daba besos seguía con su charla, le daba una palmadita suave en el trasero y lo mandaba de vuelta, con una suave admonición a la tía con espíritu de maestra jardinera: “No los dejes pasar a menos que se incendie el jardín”.

El grupo era bastante homogéneo, profesionales jóvenes, entre 35 y 45 años, todas madres de familia, todas exitosas, fuertes y decididas.  El resto, tres o cuatro mujeres de una generación anterior. Casi todas éramos de la misma familia  y unas pocas, amigas.

Las conversaciones se fueron entremezclando, confundiendo y saliendo a flote hasta que todas llegaron a un solo cauce.  El “tema”.  Las mujeres del siglo XXI.   Las magníficas, bellas, comprometidas, inteligentes, responsables, agotadas, confundidas, y sobresaltadas mujeres del siglo XXI.

Las mayores apenas pudimos establecer alguna comparación con lo que había sido nuestra vida, madres de familia;  mujeres profesionales y no tanto, exitosas y no tanto, fuertes y decididas de la segunda mitad del siglo XX. Después, su vehemencia venció a nuestros intentos y  nos dimos cuenta de que, a pesar de que todo lo que se decía era “sabido”,  había entre aquellas mujeres jóvenes una carga de emoción y experiencias personales muy diferentes a las nuestras.  Con gran atención las escuchamos.

Todos sus pesares fueron expuestos en aquella charla en el té cumpleaños  de mantel blanco bordado, copas de cristal, tazas de porcelana  que nos transportaban a otros tiempos más felices y preciosos.

Fui tomando nota de lo que estaba oyendo buscando un hilo conductor para llegar a las definiciones.  Los diálogos entrecruzados fueron subiendo de tono y de volumen, la charla se hacía personal y las emociones quebraban sus propias reglas,  mientras ellas coincidían en tantas experiencias similares.  Algo dolía.

Al fin, una de ellas, con la voz casi quebrada,  dijo lo que más la angustiaba y luego se quedó en silencio. Una tras otra fueron callando  y la idea  nos atrapó a todas  como un amanecer de colores distinto a todos los colores.

Primera conclusión: Esas mujeres a las que la vida había situado en un plano privilegiado, estaban acongojadas. Si pudiera decirlo sin ser cruel diría que tuve la impresión de que la vida, tan generosa con ellas, sin embargo las estaba avasallando.

Las mujeres fuertes del siglo XXI gozan del ostentoso regalo de su poder adquirido en las heroicas luchas de las feministas del otro siglo siendo que, a cambio, aceptan el vasallaje que les impone una sociedad rumbosa en la que tienden a desaparecer las diferencias, las identidades, las seguridades y los propósitos nobles. Las mujeres del siglo XXI responden a estereotipos, cuanto menos, despiadados.

Ella con voz enérgica y los ojos brillantes había dicho:

“¡Lo qué más me tortura es la duda!¡Siempre tengo que decidir entre muchas cosas, no estoy segura de nada, me agota!”

Me recordó al  personaje de una película de hace unos años que, escapado de un país totalitario, visita  por primera vez un supermercado bien provisto y, ante la oferta de una cantidad interminable de marcas y calidades de café, se turba y se desmaya.

Dudar es estar con el ánimo perplejo y suspendido entre resoluciones y juicios contradictorios.  Es abandonar la seguridad de lo conocido, dejar caer todos los escudos  y avanzar por uno u otro sendero. Para dudar primero tenemos que quedar inermes, sin barreras, sin anticuerpos. Si multiplicamos esa duda en un arco inmenso que va desde la sencilla elección de una marca de  cereal entre decenas de ellos en el supermercado, hasta la definición de la propia identidad  y del  lugar que ontológicamente ocupamos en la sociedad de la cual somos la mitad;  y todo eso cada día, cada día, cada hora de cada día, el resultado es deshacer el equilibrio indispensable que nos permite vivir y convivir poniendo cada cosa en su lugar.

¿Y, dónde genera  tanta duda?  Hoy tiene tres patas

a)     El relativismo

b)    Los estereotipos

c)     Los mandatos inflexibles de la sociedad.

¿En qué se asienta?

En la Ansiedad.

Uy! Otra taza de té caliente y un trozo de torta de manzana para hacer más llevaderos estos pensamientos que nos van poniendo frente a un precipicio de emociones,  casi no queremos saber….

La sociedad en la que vivimos tiene, como todas, juntos y separados, los gérmenes de su supervivencia y los de su maldición. Técnica y ciencia desbordadas, mejoras para la vida de los hombres, bienes  en cantidad,  un mundo interminable a sus pies es lo  magnífico,  y su precio:  la Ansiedad como el pivote  indispensable para que siga existiendo.

La Ansiedad es un estado de intranquilidad,  zozobra, inquietud, de extrema aflicción  por un bien que no tenemos.  Tan íntima es la ansiedad a la sociedad en que vivimos que no podría ésta sostenerse sin aquella.  El mundo actual se nos presenta como un banquete extendido que nos muestra lo que podemos tener y nos miente sobre lo que no podemos tener.  Nos confunde sobre todo cuando nos presenta, como valioso  y con la misma entidad,  lo que es y lo que no es valioso.  No sabemos entonces qué elegir.

Otro tema es que entre tantos bienes exagerados, relumbrantes y tentadores nos falta entender que no son para todos. Ni la juventud es eterna, ni el talento es universal, ni el nacimiento igualitario.  Toda esta confusión está abonada por un relativismo a ultranza que nos hace creer que todas las cosas no son como son, sino como queremos que sean. Un voluntarismo que se lleva hasta la última resistencia de estas maravillosas mujeres que a esta altura no tienen bien definidas las “verdades verdaderas” como las llamaría mi abuela.

El primer consejo que les daría es que si quieren tener una buena vida deben poner en orden sus prioridades;  porque cuando las oigo hablar me estoy sospechando que hay una brecha muy grande entre lo que, verdaderamente,  es importante para ellas y la manera que viven su vida diaria.

Les regalo una idea de madre y abuela.

Hagamos cada una, a solas, sinceramente  y sin prejuicio una lista de las prioridades de su vida.  Y, con el mismo cuidado nos hacemos dos preguntas básicas

¿Quién manda en mí?

¿Quién dejo yo qué mande en mí?

¡El resultado podemos no contárselo a nadie pero,  debemos ser  sinceras a ultranza con nosotras mismas!

La verdadera elección sería entonces tratar de ser lo mejor que podemos, y de hacer lo mejor que podemos con aquello que nos ha sido dado, con toda la libertad del mundo.  Y recordando como principio que la libertad es legítima cuando se forja en el bien y en la verdad.

Lo peor que les pasa a mis amadas mujeres del siglo XXI es que en esta rara mezcla de relativismo, mandato imperioso de la sociedad en la que viven, y estereotipo de mujer que tienen grabado a fuego, están juntas pero solas con la soledad de los fuertes y la confusión de los que no saben bien quienes son.

Mientras las miro me digo que, con toda la fuerza que tengo voy a ir acompañándolas en estas reflexiones de hilachas de la vida que va tramando para ver si juntas compartimos algo más que un te cumpleaños en una tarde desapacible, con el mantel blanco bordado que era de la abuela, las copas de cristal, las tazas de porcelana y los niños gritando afuera mientras disfrutan la suerte de tenerlas por madres.

Armado el arco que relaciona a las mujeres fuertes de mi generación con las actuales,  que esto sea, también,  mi homenaje a las magníficas amazonas del siglo XXI.

Se han ido todas las mujeres fuertes del siglo XXI. El comedor vacío quedará desordenado hasta la mañana siguiente.  El silencio se me llena de preguntas y de dudas. ¡Todavía! ¿Quién te dijo qué la vida es fácil? ¿Quién te dijo que esto te pasa a ti solamente?

Apago la luz y me voy por el corredor.