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Hilachas que van tramando – Si me necesitas, te poseo

19 May

Si me necesitas, te poseo

chimenea prendida

Cumbre, antología  de los sentimientos humanos, golpe certero en el centro de nuestra vanidad.

Necesidad: “Aquello a lo que es imposible sustraerse, faltar o resistir.  Impulso también irresistible por el cual se dirigen todas las causas precisas e infalibles en un sentido determinado y no otro.”

Quiere decir que si me necesitas, me he convertido en el punto inevitable de  tu vida.  Un punto en el cual convergen todas tus emociones y tus esfuerzos.

¡Y creemos que eso es amar!  No, la necesidad es una parte del amor, no es el amor.

Ya que  esa necesidad es precisa, forzosa e inevitable no puede menos que ser y suceder y seguir sucediendo, según sea más o menos lo que guardas de dignidad.  Has perdido tu libertad.  Y el otro la suya.  Uno está atado a su deseo de rogar, a su trabajoso oficio de hacerse indispensable para tu vida, el otro a la pena de no poder conmoverse, de no sentir la emoción.

Palabras, palabras que me salen y voy repitiendo cuando voy hacia la casa del campo.  En el paisaje triste de una pampa interminable me acuerdo de ellos y se va colando una dependencia de la otra. Lo diferente es que uno la ha elegido y el otro la padece!

Es un matrimonio de amigos queridos, de toda la vida, pero puede pasarle a  cualquiera.

Empiezan a verse las colinas suaves de las últimas estribaciones de las sierras.  A lo lejos está dibujada en sus crestas la figura del indio durmiendo.  Detengo la marcha en un pequeño bosquecillo de tres árboles.  Me acomodo en el suelo, apoyo mi espalda en la superficie rugosa del eucalipto y me dejo llevar.

Lo primero que se me viene a la cabeza es aquella frase repetida hasta el cansancio de una abuela presente y tan sabia como las colinas de Jerusalem, “El amor no se compra, no se gana. El amor es gratuito”

Todos los amores son gratuitos.  El de Dios.  El del padre y de sus  hijos.  El de los amigos y el amor a la patria.  El mío y el tuyo.  Todos.

Todos se aceptan, se disfrutan y se agradecen.  Ninguno se posee,

¡cuántas guerras se hubieran evitado en el ámbito de las relaciones humanas si lo entendiéramos desde el principio!  Podemos hacernos merecedores de un amor.   Agradecerlo y nutrirlo con nuestra ternura.  No podemos crearlo para nosotros.  No podemos exigirlo, aferrarlo, ni siquiera pedirlo con nuestro mejor talento.

Hay que amar y que la libertad haga lo suyo.

En el caso de los hijos, el amor nace naturalmente cuando ellos nacen y se queda en nosotros para siempre.  No deberíamos tener que pedir el amor de nuestros padres, es parte inherente a la relación filial.  Digamos que si ese amor no existiera, parecería que no existe el sujeto padre.

El amor de los amigos es generoso. Se siente, se elige y se comparte.  No tiene intereses extraños.

El de los amantes es aleatorio y aparece sin razones, y sin razones debe permanecer.  No se ama porque se necesita, o porque se desea.  Se necesita y se desea porque se ama.  Lo que tenga que ver con la admiración o el respeto no tiene nada que ver con el amor.  Lo engrandece, le da sustento, pero no puede crearlo.  ¡No puede crearlo!

Somos iguales.  Nos amamos. Nos necesitamos sin desniveles y en cuanto el equilibrio se quiebra aprenderemos a reconocer, detrás de cada palabra áspera, de cada gesto airado, de una ausencia que se siente categórica, la injusticia de un amor desparejo.

Podrías ser el amante de las noches más recordadas, el hijo que ya está encaminado o la amiga fiel de la adolescencia.  El amor no es una finalidad en sí mismo, está encadenado a quien uno ama.  Si no existe aquél a quien deberíamos amar, el amor no existe.  Se ama, sin proponérselo uno, a quien se ama.  No se puede comprar ni exigir.  No se puede robar, no se puede usar; se siente y termina en sí mismo.  Lo que cambia es decidir qué hacemos con ese amor.

Amar y que la libertad haga lo suyo porque es inherente al otro, le pertenece, lo deja tranquilo; es más apreciable la libertad que el amor.  Puede existir sin él, con lo que tiene de soledad a ultranza, puede existir sin él.  Pero no hay amor que sobreviva a la falta de libertad.

Si me necesitas te poseo.

Lo vi llorar por el abandono.  Pasó del dolor al enojo.  Dejó pedazos de su vida en el pasado y perdió su propia sombra.  Volvía una y otra vez a las mismas preguntas.  Le decíamos  “Mejor que no vuelva. Es una historia terminada, seguí con tu vida”.  Ella empezó a pintar, se ocupaba de sus hijos, tenía el pelo lleno de rulos y de color rojizo oscuro.  Y cuando le pregunté cómo le iba, se sonrió, inclinó un poco la cabeza y me dijo: “Sola, pero entera”.

No hubo tiempo anterior de reflexión.  Uno había creído que el amor era seguro y adquirido y merecido.  La otra se había dejado querer a medio tono hasta que encontró el camino de vuelta a sí misma.  ¡Qué desdicha!

Han pasado unos años, los recordé en este viaje que hago sola.  Me esperan otros amigos y mi amigo que pudo viajar antes.

Me lo propongo y me lo digo en voz alta, como si fuera la loca de la colina,

“El amor es gratuito, ¡pero que me dure toda la vida!”

No sé por qué me acordé hoy de esa historia.  Será que es el primer día muy frío del año, que ya hay leños en la estufa, que se hizo de noche y ¡que estoy aferrada a todos mis amores con la fuerza de un león y la perseverancia de una hormiga!

PRIMERO LA JUSTICIA.  

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.