Hilachas que van tramando
Autoridad en la Familia IX: Aceptación – Objetivos
¡Vamos por más! Siempre vamos por más cuando se trata de la educación de nuestros hijos. También vamos por más porque, cuando me distraigo con otros temas muy caros a mi trabajo, los lectores me vuelven al Curso de Autoridad. Entonces seguimos, con mucho gusto, seguimos.
Ya habíamos adelantado que para que se conforme la autoridad se necesita:
- Prestigio
- Actitud de Servicio
- Aceptación del educando
- Objetivo cierto
- Resultado beneficioso
- Normas claras
Habiendo desarrollado en el espacio breve de este medio los dos primeros conceptos, vamos por el que sigue:
Aceptación del educando
De verdad que este título suena un poco antiguo, ¿no? Por lo menos desde la manera en la que hoy fuertes corrientes del pensamiento tienen miedo de las ideas claras y su expresión categórica. Si no tenemos prejuicios lingüísticos decimos “Aceptación del Educando” y se entiende que el “Educando” es el hijo amado que queremos que llegue a ser una persona bien adaptada, feliz y llena de esperanza. Su “Aceptación” indica que lo colocamos a la altura de nosotros mismos en el campo de trabajar juntos para lograr un buen resultado.
Sólo tiene la voluntad de “aceptar” el que tiene rango para eso. ¡No temamos pues a las palabras, solamente a las intenciones!
Aceptar: Admitir o recibir uno voluntariamente lo que se le da, ofrece o encarga// Aprobar, dar por buena una cosa//Tratándose de un desafío, admitirlo comprometiéndose a cumplir sus condiciones.
Educando: El que está recibiendo educación.
¡¡Diríamos que estos conceptos son una admirable conjunción de definiciones acerca de la Educación!!
- Solamente podemos educar si conseguimos que el niño reciba voluntariamente lo que se le da, ofrece o encarga.
Este concepto que diferencia dar, ofrecer y encargar, primariamente nos está hablando de diferentes edades de los niños y volveremos a ese tema porque tiene gran importancia en la educación.
Se le da a un niño pequeño, que todavía no hace más que recibir. Se le ofrece a uno que va creciendo, porque ya tiene el juicio formado y puede elegir, debe poder elegir. Se le encarga al niño en edad escolar, al adolescente y, finalmente a los adultos en que se han transformado por el paso del tiempo, porque se pueden “hacer cargo”.
No damos edades de cada etapa porque no queremos establecer valores rígidos. Los tres conceptos se suman a medida que el niño crece y se entrecruzan a lo largo de toda la vida. Cada padre o educador sabe en qué etapa está el niño y tiene que ver con muchos otros factores. Volveremos sobre el tema.
- En el mismo sentido hablamos de “Aprobar// dar por buena una cosa” Estamos notando cierta madurez en la personita que va a “aprobar o dar por buena una cosa”, aunque sea un niño de dos años. Desde ahí pasamos por todas las edades. Para aprobar algo se necesita conocimiento adecuado, pericia, voluntad de elección, cada uno según su edad.
- Y, hablando de desafío, “admitirlo comprometiéndose a cumplir con sus condiciones”. La aceptación de un desafío, también según la edad, indica una postura personal voluntariosa y positiva. Sin extendernos mucho nos referimos a aquello que dijimos antes: “Un hijo es una aventura” . Hermoso desafío para vivir juntos padres y maestros con los hijos.
Ahora ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué presupone esta Aceptación del Educando?
Lo primero que se nos ocurre es que tiene que ver con la “Seguridad”
La seguridad del padre con referencia a sus objetivos, a su conocimiento del hijo, a una buena lectura de la realidad que le toca vivir a ambos. La seguridad que se expresa decidiendo por ellos hasta que ellos puedan decidir por sí mismos. El niño necesita sentir eso de sus padres y debe confiar en ellos. Tomarse de su mano y cruzar la avenida más transitada de la ciudad con los ojos cerrados. ¿Es fácil? ¡¡¡No!!! Educar a un hijo no es fácil. Nunca es fácil. Pero es la obra de nuestro amor por ellos y la podemos hacer atractiva y valiosa.
¿Cómo se fomenta la confianza de un hijo? Se necesita:
- Saber lo que se hace, conocerse, conocer al hijo,
- Ser ejemplo de vida,
- Saber escuchar,
- Mucho cariño, mucha demostración de cariño,
- Comprensión – Amparo – Paciencia,
- Coherencia – generosidad en la entrega,
- Decisión, responsabilidad, agradecimiento por tenerlos,
- Firmeza. La aprobación de lo que hacen bien,
- Perseverancia, exigencia,
- Tiempo abundante y exclusivo para pasar con los hijos,
- Buen humor y optimismo,
- Nada de pereza o comodidad…
- Todo lo que digamos y más. ..
Cada uno deberá buscar el caminito intrincado de conseguir la confianza de su hijo o sus hijos. Con una advertencia: no sirven los caminos retorcidos, las mentiras, los engaños, las simulaciones, las faltas de principios, el desconocimiento de los valores.
“Los niños nos miran” se llamaba una película del neorrealismo italiano. Es así, juro que es así. Ellos saben.
¿Qué provoca falta de confianza y, como resultado, desobediencia?
- El desamparo
- Autoritarismo
- Anarquía
- La falta de tiempo exclusivo pasado con ellos
- El quiebre de los valores
- El desconocimiento de los principios
- La falta de ejemplo
- Falta de firmeza
- Falta de coherencia
- La falta de perseverancia
- La falta de paciencia, la crítica constante
- La falta de cariño, de reconocimiento de lo que el niño hace bien
- No expresar siempre cuánto se los ama
- Mal humor y pesimismo
También en esta lista inagotable, cada padre debe hacer una lectura seria y honesta de qué es lo que tenemos y qué lo que nos está faltando.
Podríamos releer en Autoridad II, las preguntas necesarias para ayudarnos en este tema, y hacerlas también sobre nosotros mismos:
¿Quién soy?¿Dónde estoy?¿Con qué dones cuento?¿Cuáles son mis valores? ¿Qué espero yo de mis hijos?
“Aceptación del educando” quiere decir que la autoridad se hace de a dos. El que educa y el que recibe esa educación. Solamente pensemos que nuestros hijos son niños cuando nosotros ya somos adultos. No es lógico que no podamos manejar situaciones con ellos.
No debemos asustarnos, parece mucho para cumplir, pero se trata solamente de ser buenas personas, vivir con la verdad, y ocupar el lugar que debemos ocupar en la vida de los hijos.
Objetivo cierto
La educación debe planearse. No es una cuestión emocional. Lo espontáneo pasa por las actividades cotidianas y por las emociones que nos provocan las cosas de la vida, pero la línea general debe planearse. Toda empresa seria, que está destinada al éxito debe tener objetivos ciertos. Claros, contundentes.
La educación de nuestros hijos es, sin dudas, es sin dudas lo más importante que hacemos en la vida.
Un padre, una madre pueden ser ingeniosos, divertidos, ocurrentes, pueden ser más o menos serios o más o menos aventureros, desordenados o puntillosos, sociables o más bien hogareños, deportistas o intelectuales, abiertos a cosas nuevas o tradicionalistas, jóvenes, mayores, creyentes o ateos, bellos o deslucidos, pero todos, todos, todos deben tener bien claro lo que quieren para sus hijos. En principio ya dijimos que todo padre quiere para su hijo “que sea feliz”, pero como esto es un concepto aunque admirable, general, el padre debe conocer los objetivos ciertos para llegar a ese resultado.
Ejercer la autoridad sin objetivo es autoritarismo. Tener objetivos sin ejercer la autoridad es anarquía. Dos fracasos rotundos.
Pensemos. Hay un buen ejercicio para hacer de a dos, papá y mamá juntos. Escribir los objetivos que tienen en la educación de los hijos, primero sin orden y, finalmente, poniendo en orden las prioridades. Se van a sorprender. Y después de hablarlo mucho y planearlo ¡a educar!.
Cuando los conceptos están escritos de esta manera y no se dan en una clase personalmente parecería que todo es muy estructurado y poco flexible. No es así. La vida de relación entre las personas de una familia debe ser todo lo flexible que ella misma imponga. Hay que saber distinguir lo importante de lo no tan importante y dejarse vivir.
Tolstoi dijo (Y el concepto ha sido usado miles de veces por escritores, educadores, psicólogos y demás) “Las familias felices son todas iguales, las infelices lo son cada una a su manera”.
La vida es tan hermosamente complicada, los hombres somos tan felizmente distintos, el mundo es tan maravillosamente complejo que los caminos se cruzan constantemente y se nos hacen hostiles o amigables por fracciones de tiempos que, a veces duran minutos y otras, años. Pongamos como objetivo cierto en la educación de nuestros hijos un futuro de felicidad y aprendamos cómo se hace para después ¡hacerlo! Qué Dios nos acompañe.
PRIMERO LA JUSTICIA.
PARA TODOS. PARA TODOS. PARA TODOS.
