Hilachas que van tramando
Autoridad en la Familia XVII
Hacer – Pensar
En mi país el año se despide con calor, tiene olor a jazmines, sabor a sal y arena y fuegos artificiales que se ven desde la playa. Por el sur hace frío y el Pampero, viento macho y pendenciero que le decimos, hace tiritar a todos. Al oeste los Andes imponentes elevan su masa rocosa como para atravesar el cielo, y por el norte el calor hace cansino el paso y se recuesta en las siestas.
Mi país es largo y estrecho. Es mi país. Toda esta reflexión nace de mi asombro al comprobar que llevo muchos días sin escribir estos artículos. ¡Cómo me tocan los jazmines y la playa, se hace difícil concentrarse y encontrar el ritmo! Pero…allá vamos, la tarea es atractiva y mis lectores fieles y pacientes.
Nuestra última reflexión fue sobre el “armado de la voluntad”.
Hemos hablado también de los “hábitos cotidianos positivos” que son la herramienta indispensable en la Educación de las personas.
Hemos transitado las diferencias entre “Dar” “Ofrecer” y “Encargar” según la edad de los niños.
Y, finalmente, para redondear nuestras ideas hemos hablado de establecer cadenas de comportamientos (acontecimientos, conductas) relacionados.
Como por ejemplo
- El niño llega de la escuela, se saca el uniforme, se lava las manos y merienda.
- Se levanta a la mañana, se viste, se lava la cara, desayuna.
- Juega, ordena en lo posible sus juguetes, guarda todo.
- Va a bañarse, coloca su ropa sucia en el lugar indicado, deja colgada su toalla en la percha, abandona el baño en condiciones buenas para quien deba usarlo después.
Todas estas cosas que parecen nimiedades cuando estamos hablando de temas tan profundos como la “Autoridad en la Familia” “Responsabilidad de padres e hijos”, “Formas de relacionarse” y otras, son sin embargo las claves para poder educar bien a nuestros hijos.
La vida transcurre en lo cotidiano, estamos en el mundo relacionados por nuestros sentidos, somos la manera que hablamos, nos movemos, nos expresamos con los demás. Somos lo que comemos, nuestros gestos, nuestra cortesía, nuestros hobbies, somos lo que hacemos todos los días. El mundo estrecho de la realidad más pequeña es el mundo grande de lo que somos en la vida. Somos lo que nos emociona, lo que nos enciende, lo que nos avergüenza. Por eso es tan importante lo que hacemos durante cada día de nuestra vida. Por eso hablamos de las cosas cotidianas dándoles una importancia que parecería exagerada si no supiéramos que son increíblemente importantes.
Después de este rápido repaso del tema ahora nos toca atravesar el puente dorado entre los dos términos que marcan distintos momentos en la vida de los hijos. Ese puente empieza con “Hacer”, y significa que el niño pequeño debe responder positivamente a las órdenes y sugerencias del padre. Es un tiempo de poca reflexión y mucha obediencia.
- A un niño pequeño se le enseña a lavarse las manos antes de comer y no tiene caso que le expliquemos por qué debe hacerlo ya que no lo entendería.
- Se le prohíbe tocar cualquier enchufe y no puede entender cuál es el peligro que entraña la electricidad.
- Se lo lleva todos los días a la escuela, debe hacer sus tareas y no tiene verdadera consciencia de la utilidad de todo eso.
- Debe tener cuidado cuando anda en bicicleta y también compartir sus cosas con otros niños y no tiene idea de que está siendo educado para poder convivir.
La lista es interminable porque tiene que ver con todas las cosas que el niño “Hace”, “Debe hacer”, “Puede hacer” y significa que su vida se va enhebrando en conductas que lo hacen crecer y que, de cualquier manera, son inevitables en la vida cotidiana.
A medida que va “creciendo” va “entendiendo”, y de una manera gradual su “Hacer” va integrando el “Pensar”. Será el momento de explicarle el por qué de muchas decisiones, el momento de opinar, de ejercer su derecho de protesta, de cambiar cuestiones. Estamos en el otro extremo del puente dorado que es el desarrollo de su educación.
La Educación consiste también, entre otras definiciones, en guiar al niño para que vaya adaptándose progresivamente a este paso que dará entre el “hacer” subordinándose sin preguntas a la voluntad del padre y el “pensar” que lo irá transformando en adulto.
Habrá un momento en el que la relación con sus padres tiene tanto de “Hacer” como de “Pensar” y, finalmente se convertirá en adulto cuando piense, decida y se haga responsable de su conducta.
Este proceso indica, como ninguno, que la Autoridad supone hacer crecer hacia la libertad.
La Autoridad va desde el “Hacer” en los niños pequeños, hasta el “Pensar” y, finalmente, “Decidir” en los adolescentes y adultos.
La educación es un “proceso que mejora al individuo”, es un paso gradual en el proceso de responsabilización de los seres libres.
Si enseñamos a nuestros hijos el mundo positivo del “Hacer Bien”, estamos haciendo un servicio a su libertad, fomentando su autonomía y responsabilidad.
Por eso le damos tanta importancia a la obediencia, una de las virtudes propias de los más pequeños, ejercitada en lo cotidiano como la base de todo el proceso de Educar.
Puente dorado entre el “Hacer” y el ”Pensar” y buena definición:
El niño obedece a los 4 años para poder pensar y decidir a los 16.
Un niño que sabe “qué hacer” conoce las reglas del juego y se adapta al medio en el que debe relacionarse con los demás, por lo tanto naturalmente llegará a “pensar” de forma correcta cuando haya conformado su carácter definitivamente.
El que no aprendió a “hacer” bien, no puede “pensar” ni “decidir” bien.
Decía el tío médico y sabio:
“-Doctor, ¿Cuándo debo empezar a educar a mi hijo?
-¿Qué edad tiene el niño, señora?
-Una semana
-¡¡¡Señora ha perdido usted siete días en la educación de su hijo!!!!”
“La Autoridad nos lleva a la libertad en el pensar para poder superar por nuestra propia decisión todas nuestras limitaciones personales y ambientales, haciendo de nuestra vida lo mejor posible”.
Decimos también que si hacemos bien las cosas los hijos dejarán de obedecer, naturalmente, en aquello que pasan a ser Autoridad en cuanto se refiere a su crecimiento personal”.
A mí, después de tantos años de estudiar y aprender sobre esta materia, me llena el corazón de alegría y me produce gran entusiasmo cuando veo padres de niños pequeños que, con todo respeto y dulzura, y con firmeza y perseverancia, llevan a sus hijos de la mano, enseñándoles a obedecer cada día, todos los días. Haciendo que los niños confíen en el buen juicio y el prestigio de sus padres hasta que de una manera natural vayan haciéndose cargo de su propia vida cuando crezcan.
Créanlo, créanlo los padres más jóvenes. Como hemos dicho muchas veces, el niño cruzará la avenida más peligrosa de la ciudad de la mano de su padre, sin fijarse en el tránsito, sin temer, tranquilo y sereno. Cuando crezca aprenderá a resolver por sí mismo la manera en que hará el cruce.
Habremos llegado, entonces, con todos los honores a la tarea cumplida.
Se va haciendo la noche. El perfume de los jazmines es más fuerte que nunca, se oye el sonido de las olas en la playa. Es el verano y el Año Nuevo. En mi país que es muy grande, alargado y algo estrecho. Es mi país.
No importa el ánimo o el cansancio siempre es estimulante hablar de algunos temas. Imaginarme que el Año Nuevo y el verano coinciden en un continente que se va ensanchando hacia el Norte. Somos muchos, hablamos la misma lengua, nos preocupan casi las mismas cosas cuando se trata de los hijos. Somos muchos.
Gracias a Dios.
Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

