Hilachas que van tramando
La Autoridad en la Familia VIII – Servicio
Es inusual que a un artículo sobre la Autoridad en la Familia, siga otro del mismo tema. Pero por esta vez lo haremos de esta manera porque cuando hablamos de Autoridad, los dos sustentos principales son el Prestigio y la Actitud de Servicio. Ambos indispensables para que se conforme correctamente la Autoridad. Ambos indispensables de tal manera que, si falta uno de ellos, la Autoridad deja de existir como tal.
Auctor: “Aumentar // Hacer algo”
Augere: “Hacer crecer”
“La Autoridad es la cualidad que tiene el que hace crecer» ”Es un servicio a la libertad en el desarrollo de otros seres humanos que, por insustituible esfuerzo personal, van siendo cada vez más autónomos y más responsables en el proyecto de su propio “llegar a ser” lo mejor de ellos mismos, superando limitaciones propias y limitaciones ambientales”.
Hemos llegado así a esta segunda “base” de la
Autoridad: “ es el Servicio necesario que prestan los padres al crecimiento de los hijos. Significa ayudar a los hijos a ser “ellos” mismos«.
Servicio: Implica hacerse cargo del otro hasta que el otro se pueda hacer cargo de sí mismo. Acrecentando su autonomía y su propia responsabilidad.
Acompañamos a nuestros hijos en el camino de su propia vida, creyendo en ellos, fortaleciendo su voluntad, enseñándoles a convivir con sus semejantes.
Dice Gabriel Castellá: “El programa de vida es exclusivo para cada hijo”.
Toda Autoridad que no se legitime en la voluntad de Servicio al otro, deja de ser tal y se transforma en:
a) Autoritarismo: que es el interés y el beneficio consecuente del que quiere ejercerla. Abruma al otro y lo desprecia.
b) Anarquía: produce por omisión el desamparo y fracaso del educando.
La Autoridad se ejerce para que el hijo, finalmente cuando crezca, sepa con toda seguridad:
- Lo que quiero hacer
- Lo que tengo que hacer para lograrlo
- Lo que puedo hacer
- Lo que debo hacer
A poco que reflexionamos descubrimos que con las respuestas claras y serenas a tales premisas estamos en presencia de un adulto ecuánime y dueño de sí mismo.
Una persona es feliz si puede llegar a desarrollar todo su potencial como persona, en el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir.
Si tenemos claro el concepto de Servicio en el ejercicio de la Autoridad sobre nuestros hijos podemos allanar el camino hacia la tranquilidad de que lo estamos haciendo bien cuando, ante la duda sobre una medida que vamos a tomar, un permiso que vamos a otorgar o negar, una reprimenda o un premio, nos preguntamos
“¿Lo hago por mí o por él?” “¿Lo exijo por mi vanidad, por mi comodidad, por mi interés, porque la sociedad me apremia, porque es más fácil, o porque es lo mejor para él?
Damos algún ejemplo concreto:
a) Juan quiere ir a bailar a un lugar que consideramos inadecuado por su edad, por el lugar o por cualquier otro motivo. No lo dejamos. Vienen los reproches, las quejas y los nervios. Pregunta ¿No lo dejamos por nosotros, o porque es lo mejor para él?
b) María quiere conducir el coche familiar pero le falta experiencia. No la dejamos. Viene lo mismo. Reproches, quejas, nervios. Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para ella?
c) Andrés se reúne con malas amistades. Se lo complicamos, se lo negamos. La misma respuesta de su parte. Pregunta; ¿No lo dejamos por nosotros o porque es mejor para él?
d) Bruno pretende hacer los deberes después de jugar y mirar TV. No lo dejamos. Reacción y pregunta: Las mismas.
Tenemos estos casos todos los días y cada día muchas veces en la vida familiar. A veces son temas intrascendentes, otras, los muy importantes. Siempre que podamos contestar que lo hacemos por el bien de nuestro hijo, estemos tranquilos, las cosas saldrán bien.
Siempre que ejercemos nuestra autoridad para prestar un servicio al otro, estamos andando bien por el sendero de la educación. No hay ninguna duda de esto.
Podemos argumentar que en el texto todo parece fácil, pero que no es así en la vida real. Hay técnicas y sistemas para ir desarrollando esta relación armoniosa entre padres e hijos. Lo iremos presentando en los próximos artículos.
Pero podemos decir que la educación empieza desde que el niño nace. Al principio serán besos y mimos, arrullos, canciones, todo lo que le haga sentir que forma parte de este mundo y que tiene quien lo quiere bien y, poco a poco, se agregarán costumbres sencillas de horarios, de atención y diálogos cariñosos hasta que el niño empiece a entender. Se educa desde la cuna.
Con los hijos, el amor se presume. Conviene, también, que lo hagamos explícito diciéndole cuánto lo amamos, y explicando que le exigimos por su propio bien. Es lo que llamamos “hablar con subtítulos” otro tema que mencionaremos muchas veces y vamos a desarrollar en el futuro.
La falta de Autoridad con los hijos les produce a ellos angustia por abandono. En esta sociedad bastante confundida nos apresuramos a consentirlos creyendo que de esa manera les hacemos la vida más fácil. La única manera que tenemos de facilitarle la vida a nuestros hijos es esperando de ellos y exigiendo de ellos, que sean lo que merecen ser. Lo mejor que pueden ser ellos mismos sin compararlos con nadie. Lo que ya mencionamos del “héroe”.
Dentro de este concepto de Prestigio y Servicio como partes indivisibles de la autoridad merece un párrafo aparte lo que llamamos Autoridad participativa. Se trata de la autoridad que, por situación de vida, ejercen terceros sobre nuestros hijos: resto de la familia, escuela, gobernantes, servidores públicos, personas que, eventualmente estén a su cargo ya sea por unas horas o por períodos más largos. Es importante que realcemos su autoridad que siempre será subordinada a la nuestra pero que tiene su peso porque irá acostumbrando al niño a líneas seguras de convivencia con los demás. Debemos recordar que es imposible sostener la autoridad a solas porque somos gregarios, vivimos en sociedad y pretendemos formar parte de ella en forma armoniosa.
Sin embargo no debemos olvidar que contamos con esos terceros sin renunciar a nuestras obligaciones con nuestros hijos y a nuestros derechos sobre ellos ante la sociedad. Somos los responsables naturales de ellos y de su educación. Aceptar ayuda no significa delegar tareas propias.
Por otra parte, según sean los lugares en los que se desarrolla la vida de nuestros hijos, cambian los objetivos de quienes cooperan con su educación. Es necesario aprender a reconocer cada objetivo para un mejor resultado.
Vamos a dejar dos preguntas muy importantes, que repetiremos muchas veces como reflexión y que podemos hacernos en referencia a estos temas
- ¿Quién manda en mí?
- ¿Quién manda en mi hijo?
Dentro de este tema está la autoridad de abuelos, tíos, padrinos, que deberán seguir las directivas de los padres. Huyamos de los que dicen que los abuelos solamente malcrían y no educan. Ellos asistirán a los padres en esta tarea tan importante, por supuesto agregando sal y pimienta y dulce en las relaciones con sus nietos. Los abuelos suelen tener más tiempo, más paciencia y más ingenio porque han vivido más. Pero todos, padres y abuelos deben tener muy claro los límites de la educación para que aquellos no vean dificultada su tarea. Hoy que muchos abuelos se ven obligados a suplantar a los papás porque ambos trabajan, deben estar al servicio de la educación de sus niños. Y agregarle toda la tradición y sabiduría que la vida les ha dado. Los mimos y las risas que son diferentes cuando vienen de parte de los abuelos. Es una hermosa tarea. Los abuelos son el nexo entre el presente y el pasado. No los desperdiciemos.
Y, desde ya, la autoridad compartida de padres y madres es el mejor instrumento para educar hijos.
Todo de a dos como los contratos bien escritos. Sobre esto también vamos a tener párrafos aparte en el futuro. Nos faltan para la próxima los otros componentes de la Autoridad:
- Aceptación del educando
- Objetivo cierto
- Resultado beneficioso
- Normas claras.
Vamos a ir armando con toda laboriosidad el intrincado camino de la vida de nuestros hijos. Aquellas personitas que amamos más que a nada en el mundo. Lo que son y lo que deben llegar a ser. Y de los otros niños que estén cerca nuestro o a los que lleguemos por profesión o situación de vida. Todos los niños, todos los niños del mundo merecen nuestro amor, nuestro respeto y nuestro cuidado. La vida es un camino de ida, y sigue con los que vienen después, hermosa tarea la de ayudarlos, guiarlos y disfrutarlos. Para que el mundo sea mejor.
PRIMERO LA JUSTICIA.
PARA TODOS. PARA TODOS. PARA TODOS.

