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Hilachas que van Tramando – Autoridad en la Familia XXI

20 May

Hilachas que van Tramando

La Autoridad en la Familia XXI

“Mandar Bien”

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 Una vez más nos reencontramos para seguir hablando de los temas que puedan ayudarnos en esto de ”educar” a nuestros hijos.  Los días han parecido suceder lentamente pero corrieron a toda velocidad y ya han pasado unos cuantos de nuestro último encuentro.  Volvamos pues a nuestro objetivo, sigamos adelante agregando conocimiento y experiencias que nos ayuden en la tarea.

La ambivalencia y el misterio de nuestra vida suponen que no tenemos tan en claro cuáles son las cosas extraordinarias y cuáles las que se viven casi sin notarlo.  Eso pasa también en el ámbito de la Educación, sobre todo en la educación de nuestros hijos. Estamos llenos de grandes propósitos, pensamos a largo plazo, se nos viene encima el peso de esta gran responsabilidad que es llevarlos de la mano desde el primer llanto hasta el día que podamos dejarlos ir con la realidad de pertenecerse a sí mismo y ser felices.  La nuestra parece una experiencia heroica, enorme y agotadora que excede nuestra capacidad.  La pensamos a lo grande, para siempre, definitivamente.  No hay quien soporte ese peso.  Mejor pensarlo día a día en el apretado sistema de la vida humana.

La ambivalencia de la vida nos confunde haciéndonos creer que siempre, constantemente, estamos viviendo momentos trascendentales y definitivos cuando la verdad es que  cada uno de nosotros vive su vida día por día, resolviendo de la mejor manera los pequeños problemas que aparecen, riendo o fastidiados, con más o menos cansancio, con más o menos paciencia, manifestándonos naturalmente por medio de los sentidos en todo lo que nos relaciona con los demás.  La vida, realmente, está hecha de grandes espacios de tiempo de cosas comunes y sencillas que se ven interrumpidos, con cierta periodicidad, por acontecimientos importantes, buenos o malos, felices o de los otros, en los que todo se reordena y cambia.  Son aquellos momentos en que se nos pone a prueba y su naturaleza es que pasan de cuando en cuando.  Lo normal es que el sendero recorrido está lleno de días iguales o parecidos, en los que creemos que no pasa nada importante.  Hasta que aprendemos que allí, justamente allí, está sucediendo nuestra vida.  Todos los días está pasando nuestra vida y de nosotros depende que hagamos resaltar la infinita importancia de lo cotidiano.

¿A qué viene esto?  A que esta imponente tarea de ejercer la Autoridad y Educar a nuestros hijos se basa exclusivamente en dos planos.

  • La concepción natural de que todo lo que hagamos es importante y de que conocemos a ciencia cierta adónde queremos llegar para lo cual hemos transmitido nuestros principios, enseñado nuestros valores y marcado el propósito final,
  • La convicción de que una tarea tan importante se llevará a cabo en la sencilla cotidianeidad de cada día que vivimos en familia.

Como si fueran pocas las veces que lo repetimos, va una más: “El principio de la Educación es enseñar a nuestros hijos a ser lo mejor que pueden ser ellos mismos y a aprender a relacionarse bien con los demás”.

Dos objetivos suficientes y completos en sí mismos  que harán de ellos personas felices no importa cuánto la vida se les imponga con dificultades y problemas.  No importan las pruebas a los que sean sometidos, no importa que les toque felicidad y alegría, los hombres cumplen acabadamente su proyecto cuando hayan hecho de sí lo mejor que puedan ser y caminen en armonía con los otros hombres en este destino común que generalmente no podemos explicarnos en forma acabada.  El conocimiento de sí mismo, la capacidad de hacer de la propia vida con lo mejor que tenemos y la buena relación con los demás llevan al hombre a la plenitud de su destino.  No hay otro destino que la felicidad, no hay otra felicidad que la que elegimos, no hay elección posible sin herramientas adecuadas.  Nacer, ser educado y educarse, aparecer ante todos y cumplir categóricamente con la propia realidad de tiempo y espacio que nos son otorgados.

Habíamos hablado de las “Reglas del Juego” como la ida y vuelta en la creación y formación de las personas.  Como somos los adultos en general y los padres en particular los que decidimos, imponemos, explicamos y exigimos el cumplimiento de tales reglas, debemos encontrar el camino adecuado para ello. Lo llamamos “mandar bien” aunque el término mandar despierte cierto escozor en algunos ambientes de nuestra cultura.

Es preciso aclarar que mandamos cuando imponemos un precepto contando con el derecho legítimo de hacer algo bien para nosotros y para los demás.  Cuando encargamos algo o manifestamos la voluntad de que se haga algo.  Mandamos, también, cuando ofrecemos o prometemos algo que estamos dispuestos a cumplir acabadamente.

Finalmente y en este caso, mandar significa establecer un hilo conductor en la relación entre nosotros y nuestros hijos.

Ya tenemos las reglas de juego y la capacidad para hacerlas cumplir, necesitamos el lenguaje adecuado, la actitud correcta y respetuosa, la categoría de estar al servicio  del otro.

Durante la vida cotidiana pasan las cosas cotidianas, valga la obviedad, y en el sistema simple y sencillo de todos los días además del lenguaje correcto, la claridad en la transmisión de lo que se ordena, y la actitud de sencillez y optimismo de los padres, temas sobre los que volveremos en algún momento, hay algunas llaves que nos abren todas las puertas. Pequeños grandes detalles que facilitan las grandes resoluciones.  Acá vamos con aquello de :

Mandar bien es:

  • Oportunamente
  • Frente a frente
  • Claramente y pocas cosas
  • Para lo importante, una cosa a la vez
  • No mandar algo si no se está en condiciones de ser obedecido

Oportunamente

Oportuno es todo aquello que se hace en tiempo, a propósito y cuando verdaderamente conviene.  Nada más útil para nuestra buena relación con los niños.  Actuar oportunamente significa respetar sus tiempos, adelantarse a sus necesidades, contar con que saben de qué se trata lo que está pasando o va a pasar.  Vamos a anotar algunos temas concretos

Mandar oportunamente puede significar:

  • Las órdenes con tiempo para ser cumplidas.  Cuando  decidimos algo que tendrá que ver con futuras actividades del niño, en lo posible, debemos darle el tiempo conveniente para que pueda responder a nuestro requerimiento.  Ese tiempo que estamos respetando ayudará a una mejor comunicación entre nosotros.  Debemos evitar caer de improviso con algo que se nos acaba de ocurrir y esperar que el niño esté dispuesto inmediatamente.
  • Los permisos con tiempo para ser usados:  Otra vez es una manera de respetar sus tiempos.  Si le vamos a permitir hacer algo que ha pedido es mejor que lo sepa de inmediato para evitar las tensiones que ocurren cuando lo tenemos esperando.  Si no lo vamos a permitir es mejor que lo sepa para evitar males mayores.
  • Toda negativa con tiempo para ser aceptada: Tiene que ver con el punto anterior.  La inseguridad o indecisión de los padres que no saben claramente lo que quieren hacer, sobre todo en los temas importantes, produce en los hijos una sensación de desamparo.  Es bueno que decidamos lo que creemos correcto y lo expresemos firmemente y a tiempo.
  • Toda indicación con la correcta correspondencia del tiempo para que se pueda entender, aceptar y llevar a cabo.

«Oportunamente» significa que estamos hablando del factor tiempo.  Corresponde una reflexión especial sobre el Tiempo que haremos en el futuro.  Por el momento diremos que el Tiempo es el verdadero valor que tienen las cosas.  Todo valdrá según el tiempo de nuestra vida que demande.  Pensemos en el tiempo que tenemos que respetar de nuestros hijos.

Seguiremos el orden anterior para desarrollar en los próximos artículos los otros puntos mencionados.

Nos hemos referido más de una vez a lo cotidiano.  Lo importante que es valorar aquello que nos pasa cada día, atesorar los momentos de nuestros hijos y los nuestros.  Tener con ellos una relación clara, predecible, segura.  Llevarlos de la mano con toda serenidad y prudencia.  Adaptarnos a sus ritmos.  Todo ello es parte de la Autoridad que se ejerce con amor hacia ellos y por ellos.  Vamos a seguir juntos por este camino mientras mis lectores sigan interesados.

Eso sí, les propongo que anoten aquellas cosas que de pronto y a consecuencia de estas reflexiones, se les ocurren para  ir armando su propio “Manual de Instrucciones” como suelo llamarlo.  Es notable como escribir en un cuaderno algunas pequeñas cosas va armando toda la historia, aprendemos de nosotros mismos y cada familia será un mundo exclusivo para ellos mismos.  Atesoremos las experiencias de todos los días.  La vida se hace mucho más tupida y deseable.  Y que Dios nos bendiga a todos.

Primero la Justicia. Para todos. Para todos. Para todos.

Prestarle tiempo al tiempo…y pedírselo de vuelta

25 May

Hilachas que van tramando – Prestarle tiempo al tiempo…y pedírselo de vuelta

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Noche de luna llena. El jardín resplandece plateado, el árbol hermoso que está al fondo crece como una montaña y la noche está llena de sonidos que me recuerdan otros sonidos iguales hace muchos, muchos años. Entonces, pasados ya los días de playa con su increíble rueda amasadora de olas, arena, mallas mojadas, cabecitas caídas sobre la mesa en la cena, bolsos, sombrillas, baldes y moldes. Pelotas para los varones, pieles ardidas, un poco de fiebre, valijas para ir y para volver; veranos increíbles en lo que todo era movimiento y  goce y nos dejaban aturdidos de cansancio y felices de volver a casa.  Entonces, vuelvo a decir, llegaba el mes de Febrero.  El de mis verdaderas vacaciones.  Los niños disfrutaban del club, sin arena y con horarios.  Los mayores no teníamos horarios y, por ejemplo, yo podía dormir la siesta, tirarme a leer en el jardín y hasta saborear una cervecita bien helada antes de la hora de preparar la cena.  Leía la mayor parte del tiempo, en el club y en la casa.  Febrero era un puente mágico entre la vertiginosa y caótica vida de las “vacaciones” y la vuelta a la escuela, los cursos, las reuniones de padres, las vacunas, las tareas, los domingos de convivencia, la vida de relación  y mi trabajo.  Febrero era risueño, tranquilo, permisivo, amigable y ¡corto!

Hoy es noche de luna llena, salgo al jardín y revivo aquellos años, me acerco a la medianera para sentir el perfume de mi madreselva.  Recuerdo que conocí esta casa cuando era muy, muy joven y acabábamos de llegar de vivir en el extranjero.  Vinimos, por primera vez, de noche y, en cuanto salí al jardín, me estalló el perfume de esa madreselva.  No vi más nada, le dije a mi amigo:

“Si me querés de verdad, comprás esta casa o te robás la madreselva”.  Compró la casa donde ahora, una noche de luna llena, estoy reviviendo las maravillas que la vida hizo con mi vida.  Me siento en el suelo, apoyo mi espalda contra el tronco y decido prestarle tiempo a mi tiempo.  No fueron todas alegrías, no.  Hubo enfermedades, dolores, muertes injustas, más injustas que otras muertes.  Abandonos, traiciones.  Problemas.  Lejanías.  Todo tipo de pérdidas.  Pero hoy revivo las maravillas que la vida hizo con mi vida.

Como un plumazo se van olvidando los malos momentos y me queda una increíble luminosidad que recién ahora, en este momento de mi vida, encuentro.

“El Tiempo vuela” “La vida se pasa rapidísimo” “Parece que fue ayer” «Hemos gastado el Tiempo”.

Esta noche de luna llena me tiro de espaldas en el jardín y miro el cielo.  Y entiendo que, en realidad, le he prestado al tiempo toda mi vida que quiero recuperar.  Pensando para atrás le pido que me lo devuelva, pedirle tiempo al Tiempo es recomponer todos los pedacitos de uno que se quedaron en el camino.  Otra vez armar el rompecabezas. Recuperar quién fui, para quien soy hoy.

El pasto está brillante y se oye algún grillo enamorado.  Recuerdo para atrás, con impresiones y emociones. El gusto del helado en las siestas del barrio.  Las bajadas en bicicleta por la calle en desnivel, a todo lo que da y soltando el manubrio. La voz de mi madre llamándome a comer.  La escuela, el frío de la escarcha, el Alta en el cielo y la escarapela.  El tren llegando a la estación.  La pileta y los deberes. Los amigos. El club. El primer beso. El amor que vino y se fue cuando clamábamos porque fuera eterno y teníamos quince años!!  El vestido con la espalda desnuda. Los boleros. Yo volando por el aire mientras disputábamos un concurso de rock!  Las madrugadas para estudiar.  El terror en los finales.  El amanecer entre amigos y mirando el mar.  Los “happenings”.  El primer trabajo. El trajecito de corderoy azul.  El amigo que se transformó en el amor y que siempre fue mi amigo. La Iglesia. La promesa y el primer hogar.  Aprender a manejar.  El amor al galope.  Los hijos. Lo mejor de todo, los hijos.  El susto y lo desconocido, los partos, las batitas, los llantos, las sonrisas que enamoran. La maravilla de los hijos.  Las noches sin dormir.  El cansancio. La luz en el pasillo. Ellos creciendo. Los viajes. El traslado.  Los miedos a lo desconocido. Los años de viajar. La vuelta. Los miedos más reconocidos. Los hijos que se iban yendo y volvían despacito pero nunca del todo.  Mi amigo y yo.  Mis libros. Mi trabajo y mi entusiasmo. El resto de mi familia y los otros amigos del alma.  Todo lo que vivimos con ellos.  Y sigo y sigo.  Mi tiempo no se gastó, lo he acumulado. Recién ahora me doy cuenta.  Vuelvo a ser quien fui desde el principio.  Todo está acá.  Nada se ha perdido y nada se perderá.  En el universo callado de esa luna enorme me reencuentro. Tengo 5, 15,  30 años y tengo 50 y todos los más de 50 que tengo ahora y puedo bailar en el jardín, con una armonía y una gracia que me han dado los años y el tiempo que le volví a robar al Tiempo.  Basta repensarme, y así entender que nunca me fui de mí.  Que trato de ser mejor porque eso es lo que me enseñaron de niña pero siempre soy la misma.  ¡Quién me puede decir que el Tiempo ha pasado si una bella noche de luna me lo trae de vuelta!  Y yo, que ahora soy  una abuela sabia, lo recibo con una sonrisa maliciosa.  Porque lo estaba esperando y me lo quedo.  Todo está acá.  Todo está con nosotros desde el día que nacemos.  Todo vuelve con nuestra sola voluntad siempre que tengamos la perseverancia de recorrer algunos caminos interiores, cerrar los ojos y recuperar los olores, los sonidos y los amores que tuvimos siempre.  Y me apodero de mi Tiempo, para siempre.  Majestuosa como una reina y convencida, categórica, alegre.

Cuando la luna se va a dormir yo vuelvo al cuarto. Me meto despacito en la cama tibia. Beso a mi amigo que sueña sus propios sueños.

Y me voy durmiendo de a poco.  Acabo de conocer mi libertad.  Ya está todo dicho. ¡Cuántas maravillas la vida hace con la vida!

Cuando a la mañana siguiente, saboreando una buena taza de café mi amigo me pregunta “¿Qué te pasa?” Le digo, misteriosa, “Me pasa todo.  Por suerte me pasa todo”.

PRIMERO LA JUSTICIA

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.