Hilachas que van tramando – Nunca antes

7 Abr

Hilachas que van tramando –  Nunca antes

tragica-inundacion-en-la-plata-1689638w300Frente a la computadora, y dispuesta a comunicarme una vez más a través de mi blog, no sé cómo decir las cosas que me pasan y las que siento. Dejaré, entonces, que lo hagan las emociones y las imágenes que se hicieron cargo de mi vida estos últimos tiempos. La madrugada de hace cinco días nos despertó el ruido de agua cayendo a borbotones dentro de la casa. La noche se hizo más oscura cuando quisimos prender la luz y nos dimos cuenta de que estábamos sin electricidad. Andar a oscuras, sentir que el piso está mojado.  Parpadear, cerrar los ojos con fuerza como para que todo eso desaparezca y volver a abrirlos para terminar de despertar a una realidad que colmó hasta el límite, cada minuto de nuestra vida desde entonces. Había llegado una de las peores tormentas que registra la  ciudad adonde nacimos y adonde vivimos, con algunos períodos en los que anduvimos por otras partes del mundo en esa mezcla rara de gitanos y burgueses que somos. La tormenta en la ciudad amada, la más bella de la Tierra. A tientas conseguimos encontrar unos fósforos y prender esos lindos candelabros que nunca creímos que sirvieran para algo más que resaltar la mesa de nuestras reuniones.   Cuando nos asomamos al piso inferior, un subsuelo que siempre ha sido escritorio y bodega, vimos que había agua hasta casi un metro de altura y que las cosas flotaban a su antojo. Por suerte la planta principal estaba a salvo, solamente había algo de agua que entraba por una ventana mal cerrada. Respiramos y, con una ingenuidad conmovedora nos dispusimos a reconocer el terreno. Afuera la calle era un río que, felizmente, en nuestra cuadra no pasaba del cordón. Solamente cien metros más abajo el agua había arrasado con todo, en algunos casos llegando a más de un metro de altura; había cosas saliendo por las puertas y ventanas y flotando en la superficie como formas grotescas y amenazantes de una especie de pesadilla que empezábamos a reconocer y que todavía no sabíamos que no era nuestra, era de aquellos que vivían en barrios menos privilegiados y perdían todo más la vida de los seres queridos.  Después la tragedia se generalizó. A medida que pasaban las horas nos íbamos enterando de la desdichada situación de miles de personas.  Y nosotros empezábamos  a vivir de otra manera.  Ese día y los subsiguientes terminábamos agotados, sin las cosas que son parte de nuestra vida cotidiana. Sin teléfono, sin Internet, sin televisión, perdiendo todo lo que había en el freezer, con un hilito de agua para bañarnos.  Lo peor era el atardecer. Mientras la tarde se moría desplegando los colores de la tormenta que a veces parecía alejarse y volvía con toda su amenaza, las sombras se hacían pesadas, temblorosas; el ánimo iba cayendo y a la luz oscilante de las velas comíamos en silencio, llenos de aprensión, temiendo que subiera el agua, ahora turbia y perversa como un animal peligroso y amenazante.  Sabíamos, lo hemos hablado muchas veces,  que nuestra situación era nada comparada con las noticias que oíamos de la antigua radio a pilas que habíamos encontrado en un armario. Pero, pequeños seres humanos atados a nuestras emociones, íbamos transitando como en un mundo paralelo en el que no hay nada más que soledad y desolación.  Querer y no poder, subir un espacio en la intuición del mundo y tratar de sobrevivir a los impulsos que nos quieren dejar inermes al solo amparo de las emociones.

La noche se hacía larga y nos sobresaltaba cualquier cambio exterior que pudiera traer la sospecha de otra lluvia. Vana presencia de la esperanza. Cielo cerrado, temor, cansancio y derrota. Acá, en mi ciudad y más todavía en otra ciudad cercana, el paisaje exterior iba mutando; en una iban cambiando las cosas, el agua retrocedió, empezaban las operaciones de limpieza, la gente se quedaba al sol, en las veredas, cerrando los ojos con alivio. En la otra explotaba la tragedia, las aguas no se iban, los muertos no podían contarse porque se necesitaba que fueran menos de los que eran y las cifras se mentían. Alguien dijo “Por lo menos si tuviera una taza de café caliente”.  Alguien salvaba a un niño pero no podía hacerlo con su abuelo. Otro héroe se ataba una soga a la cintura y salía con su valor a recoger náufragos de la ciudad. Hubo heroísmo y  saqueo, pero mayormente heroísmo.  Hubo quien dio la vida por los demás, quien se acercó a su enemigo para enfrentar juntos el terror de otra noche interminable. Hubo cuerpos flotando a la deriva y niños que lloraban sobre un tejado aferrados a una madre valerosa y llena de dolor. Hubo frío y hambre.  Frío, dolor y hambre. Frío, miedo, dolor y hambre. Frío dolor, hambre y muerte. Entonces empecé a sentir tanta compasión que me quedé sin aliento. Solamente podía vivir un desteñido reflejo de las realidades que estaban acosando la vida de tantas personas, pero esos desconocidos  se me hicieron cercanos, se montaron con su desesperación en el más recóndito lugar de mis emociones y lloré por ellos. A la luz de las velas, con mi alma mojada lloré por ellos. Y se me multiplicaron en el espacio y en el tiempo, como todos los hombres que sufren la injusticia de otros hombres. Porque la naturaleza había sido dura con los hombres y de eso no hay culpables,  pero los hombres que gobiernan no sabían, no podían o no querían mitigar el dolor de la tragedia. Y me imaginé a todos los hombres de mi hermosa Patria. Y me imaginé a todos los que habitan el llano, a los que somos el pueblo. Y a los que gobernaron antes y a los que gobiernan ahora. Los que no supieron o no quisieron prevenir. A los que se olvidaron que tener autoridad es solamente servir a los demás. Y me imaginé los despachos relucientes y los coches con escolta y los sillones mullidos y lloré por las vidas que se llevó una corriente de agua sucia. Por ese niño que perdió sus juguetes y por ese otro al que se le murió el abuelo.  Y no puedo soportarlo. Todo lo que hemos vivido y seguimos viviendo en este momento los privilegiados que solamente perdimos cosas  no es nada comparado con la desmesurada, inhumana, aterradora  injusticia de ser ignorado para el tiempo de ahora y para el futuro por aquellos que deben hacer lo que hay que hacer. Grité mirando la pared con la marca del agua porque quiero un mundo en el que la tragedia sea de la naturaleza y la compasión y el cumplimiento del deber  se  la lleven por delante. Gobernar es prever pero prever con la vista en nuestros semejantes. ¡No hay derecho!. ¿Quién les dio el derecho de gobernar a aquellos que no comparten las tragedias que enlutan a todo un pueblo?  ¿Cómo es posible que no se arrodillen bajando la cabeza ante tanto dolor? ¿Cómo pueden tener una comida caliente, una cama mullida y un mundo de colores cuando las sombras invaden la vida de los otros? ¿Qué es lo que tiene que venir después de la tormenta?  ¿Cómo les enseñamos a los pueblos que su derecho a la felicidad está más allá de cualquier derecho que tengan quienes gobiernan su nación? ¿Cómo separamos los errores de las culpas y las culpas de los errores? ¿Cómo permitimos los hombres justos que alguien se atreva, ose, se anime a dar vuelta la cara y mirar para otro lado cuando el bienestar de su gente depende de sus acciones y de sus decisiones?  Grito y agito mis puños y me pego contra la pared que va agrandando las sombras a medida que se baja la luz de las velas. No!, justicia no es solamente votar. Justicia no es solamente tolerar, justicia no es solamente repartir. Justicia es saber, estar convencido, meter en las entrañas y en el corazón la realidad de los otros. Justicia es saber que todo es de los otros. Justicia es prevenir las tragedias de la naturaleza, del hambre, de la enfermedad, de la pobreza y separar aquello que no puede evitarse de lo que depende de nosotros. Justicia son los otros por encima de nuestro orgullo y nuestro egoísmo cuando somos autoridad. Justicia es sentir tanto dolor que se quede uno sin aliento y no pueda respirar.

No sé qué podemos hacer. Nosotros todavía estamos viviendo a la luz de las velas y sigue cercando mi realidad este mundo paralelo en el que vivo entre el día y la noche. Pero esto también va a terminar y, después, estoy decidida a aprender, a escuchar, sobre todo estoy decidida a que me duela.  El primer día de sol se va yendo, le agradezco a Dios lo insignificante de mis pérdidas. Miro a mi amigo que comparte toda mi vida. Seco mis lágrimas y prometo que no me voy, que nadie me roba una Patria justa.  Que quiero para mis hijos y mis nietos, para todos los hombres que han sufrido esta vez y para los que les toque en el futuro, el cumplimiento de cada deber, más severo cuanto más privilegiado.  Bajo la cabeza ante las vidas que se perdieron, les pido perdón a quienes sufren lo que  no merecen. Que ellos sean semilla fértil de justicia.  Que así sea.

6 respuestas to “Hilachas que van tramando – Nunca antes”

  1. Avatar de Mariana Suárez
    Mariana Suárez 8 abril, 2013 a 01:42 #

    Querida Zully, cuánto me emocionaron tus palabras, no sabés cuánto. No sabés cuan de acuerdo estoy con lo que decís. ¡No hay derecho! Vengo pensando en todo lo que decís todos estos días, en los que sin luz ni agua y mi hija enferma, tuve la suerte de poder trasladarme a la casa cálida de mis padres. Expresás tan bien lo que muchos sentimos. Hagamos algo entre todos, no podemos permitirle a los gobernantes que sigan siendo indiferentes al pueblo al que se deben. Un abrazo, seguí escribiendo, lo hacés tan, pero tan bien. Mariana Suárez

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  2. Avatar de Ignacio
    Ignacio 8 abril, 2013 a 02:39 #

    Gracias !!!. Tener el poder, es servir. Ojala no nos olvidemos nunca que algún día, el Dios todopoderoso, nos dirá: “bien, siervo bueno y fiel, porque fuiste fiel en lo poco, te confiare lo mucho. Y también: porque fuiste vago y negligente que te aten y te saquen afuera”.

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    • Avatar de Mely
      Mely 8 abril, 2013 a 17:17 #

      Queriza Zully, no sabes lo que me emocionaron tus palabras…yo no sufrí esta tormenta, pero ver a los otros tan desprotegidos…duele y da una impotencia!
      Gracias por expresar tan bien, lo que muchos sentimos.
      Un beso grande y seguí escribiendo:
      Mely

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    • Avatar de Marsol Fx
      Marsol Fx 9 abril, 2013 a 05:57 #

      Que así sea! Zully, como siempre esa capacidad que tenés de poner en palabras, el sentir y esa claridad para el relato que atrapa y conmueve. Qué maravilloso mundo sería si se ejerciera el cumplimiento del deber, la planificación, el urbanismo….no la estética para la foto sino la infraestructura para lo esencial.Gobernantes a gobernar!!

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  3. Avatar de Natalia
    Natalia 8 abril, 2013 a 23:18 #

    Zully!
    Me emocioné mucho también con tus palabras. A pesar de que escuché las noticias del temporal y que hubieron muertos nunca me imaginé tal magnitud! Les mando un fuerte abrazo, todo mi apoyo desde el Uruguay, de parte de tu familia hermana.
    Natalia.

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  4. Avatar de Eduardo
    Eduardo 9 abril, 2013 a 23:16 #

    Estimada Zully

    Comparto en un todo, su sentimiento y pesar. Leyendo y releyendo (……….Vana presencia de la esperanza……….) me viene a la mente inmediatamente «La noche oscura» de San Juan de la Cruz. Entonces por la vida y perdidas de todos los que mas sufrieron y sufren aun, me estoy convenciendo que este puede ser un mensaje (en clave) muy poderoso para nuestro querido y rico país, con un vergel de oportunidades perdidas desde décadas de haber tergiversado el concepto de servicio por el de poder y dominio de las personas (para el autoservicio)
    Se ha llegado a una degradación tal de la vocación política que esta es una muestra desgarradora de lo que supimos concebir como argentinos. Sostengo que se trata de un problema sociológico grave de todos nosotros (me hago cargo de lo que me corresponde) porque siempre he dicho que los políticos de Argentina no vienen ni de Corea ni de otro planeta.
    Pero también aprendí en mi experiencia laboral y de capacitación permanente que: «Hace falta una masa critica de personas para poder empezar a cambiar las cosas» No existen mas las posibilidades de un Quijote de la Mancha. Estas expresiones fueron de un docente que tuve en «Administración de Servicios de Salud» hace mas de 10 años, que me quedaron marcadas a fuego por el hecho que, sino no logramos generar esa masa hemos perdido nuestra razón de existir. Este es nuestro desafió.
    Todos mis familiares maternos viven en La Plata y salieron ilesos de la catástrofe, pero toda vez que hablo con ellos me responden «…..esto parece el día siguiente después de terminada la guerra…..» Hace falta mas guerra para aprender? O nuestro cerebro argentino esta atrofiado?
    Me cuesta mucho digerir todas estas situaciones que cada vez se manifiestan con mayor inequidad y magnitud. Entones no entiendo que nos pasa. Hace ya un largo tiempo atrás que Ortega y Gasset dijo o escribió ¡Argentinos a las cosas!
    Y desde aquel momento a hoy seguimos barranca abajo.
    Solo me queda acompañarla, no bajar los brazos y pensar que estamos en la noche oscura de la cual algo tiene que surgir.
    Afectuosamente

    Eduardo A. Dussaut

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