Hilachas que van tramando – Debería haber sido el primer artículo…

13 May

                          Debería haber sido el primer artículo…

Imagen

Por la posición en que está la bella casa del verano, con sus ventanales enormes y desde ellos el jardín que se va para la avenida solitaria, la luz dorada del atardecer entra, sale, se dispara hasta cada rincón y encierra el mundo entero que allí parece terminarse.  Hay un silencio de vasallaje, nada se mueve, todo es dorado y parece atesorar el impreciso tiempo de la vida; que yo, como todos, no conozco y a esta altura de mi propia vida no quiero conocer.  Todo resplandece y se compacta, no hay escapatoria. El instante fugaz parece eterno. Afuera la garza se quedó inmóvil. La luz va teniendo ya la categoría del oro puro, espesa y de reflejos apagados.

Siento una nostalgia como aquella que sentía cuando era muy joven y mi nostalgia no tenía justificación.  Todavía me faltaba vivir mi larga vida.  La tristeza, la exaltación, el desconsuelo, la esperanza, la felicidad, los sentidos afinados,  el esfuerzo desmesurado y el amor a gritos que duele y salva.  Todavía me faltaba vivir eso y más…

Pero soy la misma.  Aquello que yo sentía que me esperaba se desplegó ante mí durante los años que he vivido; y me sigo reconociendo.

Hilachas de la vida. Hilachas que fueron armando la trama. Hilachas que van tramando.

Pienso en mis hijos y en todos los jóvenes que conozco y me decido a contar.

Como no puedo resistirme al hábito de preparar mis tareas en forma ordenada uso las preguntas mágicas que siempre me ayudan en el arduo trabajo de dibujar los caminos.

¿Por qué?  ¿Para qué?  ¿Cómo?  ¿Con qué?  ¿Cuándo?  Y, sobre todo, ¿Para quién?

¿Por qué?

Porque tengo tiempo.  Porque tengo ganas.  Porque me parece importante, para mí y para otros.  Porque en este tiempo de desconsuelo generalizado en lo que se refiere al goce de vivir, la experiencia de alguien que ha vivido mucho y bien le puede servir a otros.

¿Para qué?

Para usar mi tiempo de una manera útil. P ara sacarme las ganas de hablar a calzón quitado en una sociedad que nos confunde con lo de “políticamente correcto” (que le hemos copiado a otras culturas) y que no tiene nada que ver con la desordenada verborragia que nos hacía decir siempre lo que pensábamos, aunque a veces pareciéramos burros, intolerantes, anticuados o desorbitados.  Para hablar sin temer a la intolerancia de los “amantes de la tolerancia declamada”, para quienes, por ejemplo, el amor para toda la vida es imposible, el amor entre un hombre y una mujer está pasado de moda, la fidelidad es cosa de otros tiempos, la palabra empeñada no existe más,  y otras sandeces que sostienen como barriletes desflecados. Para hablar de lo que pienso y exponerme a otras opiniones con el convencimiento de que puedo aprender algo nuevo.

Como a mi edad se han adquirido casi todos los derechos, me permitiré dejarme llevar por esta vocación coloquial y vamos a ir, mis sufridos lectores y yo, de acá para allá, pensando bien para no lastimar y hablando bien para encontrar un espacio serio de reflexión.

Enunciado ya con todo desparpajo lo volátil de mi pensamiento, empiezo por aclarar algunas cosas. De esta manera los que quieran abandonarme por no estar de acuerdo, lo hacen, quedarán ellos satisfechos y yo más liviana y desentendida de enfrentamientos. ¡Vamos a las cosas!  Un ejemplo, se impone un ejemplo:

Me gusta, he vivido, he aprovechado y aprovecho, he disfrutado y disfruto el amor entre un hombre y una mujer.  Cualquier otra elección entre adultos debe ser reconocida, aceptada y respetada para  aquellos que la elijan, pero no se me pida  que me entusiasme y, casi a la fuerza,  confunda estos temas con el de los “Derechos Humanos”.

Los derechos humanos tienen que ver con las personas y tienen tal importancia que exceden cualquier mirada parcial sobre ellos.  Ninguna persona puede ser perseguida, humillada, lastimada por sus ideas políticas, por sus creencias religiosas, por sus capacidades, por el lugar que le tocó en esta vida, sobre todo por lo que ella misma elija para sí misma.  Queda claro, queda bien claro:  le basta con ser una persona humana para que goce de todos los derechos que sólo se limitan con los derechos de los demás.

Lo que me irrita es que, últimamente, se nos escapa la trascendencia fundamental de algunos temas y los reducimos a unos pocos centímetros en el cuerpo humano.

Todo lo que sucede entre adultos y en la intimidad es solamente de ellos y nadie, nadie, puede siquiera opinar, mucho menos ofender o lastimar de ninguna manera.

Pero también todos los seres humanos tenemos el derecho de no ser ofendidos con la exhibición obscena de otras formas de vivir o de pensar.  Rescatamos el pudor, la sensibilidad, el compromiso, la fidelidad.  La vida íntima pero que sea íntima y, entonces sí, que cada uno pueda vivirla como quiera.

Porque creo eso y porque mis años me dan permiso para creer y decir lo que quiero, puedo decir que me gusta un cuerpo de hombre que se ancla perfectamente en el de una mujer.  Los huecos que se rellenan, la fuerza de uno que se abate en la blandura del otro.  Lo imperioso y lo tierno.  Las diferencias.  Amo las diferencias.  Grito que amo las diferencias en una cultura que nos tironea obstinadamente a la más desaforada chatura igualitaria.

Y éste no es el único tema. Es solamente un ejemplo de los innumerables temas que se discuten dejando en la “clandestinidad” a los que pensamos diferente.  En este mundo ¡Dios nos salve de los “desprejuiciados” tan prejuiciosos!

¿Cómo?

Como hice siempre todo, apasionadamente.  Para empezar serán hilachas que harán un libro.  Están destinadas a mis hijos, mis críticos más severos, después a todos aquellos que han seguido mis cursos y, finalmente,  a quienes quieran leerlo.

Con respeto porque no es el caso de que quiera convencer a nadie.  Con entusiasmo porque, en una de esas le ayudo a pensar a alguien.  Con alegría y decisión porque esos son dones que te tiene que traer  la vida cuando te saca la juventud.  Con toda la libertad del mundo porque ése es el regalo prodigioso que te dan los años cuando ya son unos cuantos.

¿Con qué?

¡Uy! Con todo lo que estudié, con todo lo que aprendí, con todo lo que me enseñaron mis mayores, con todo lo que me enseñó la etapa del mundo en la que me tocó vivir, con mis recuerdos, con lo que he leído, con las largas discusiones en las que otras personas me ganaron y me enseñaron.  También con las discusiones que comprobaron que yo tenía razón.  Con lo que lloré, con lo que sentí que tenía derecho, si lo conseguí o no.  ¡Con lo que me reí!  En fin, como la mayoría de la gente, tengo un enorme bagaje de conocimientos cuya medida fiel son los muchos años que he vivido.  Y es hora de que vaya compartiendo y recibiendo con toda libertad, sin tener que disculparme o disculpar a otros.

¿Cuándo?

Ahora, porque el tiempo tiene el valor agregado de haberme enseñado lo que es importante y lo que no.  Ahora que tengo todo el tiempo del mundo porque sé que lo pierdo en cualquier momento y le hago morisquetas porque ya lo usé todo lo que podía y lo que viene…es de regalo.

¿Para quién?

Para quienes estas reflexiones puedan ser útiles.  Porque considero que el mundo se ha transformado, en su conjunto, en una maraña de ideas que confunden.  Para los que están incomunicados en la era de la comunicación.  Para los que no saben qué hacer con su humanidad porque viven atados a algunos aparatitos.  Para los que por esos aparatitos reciben toda clase de información confusa, vertiginosa, irresponsable.  Para los que no han sido enseñados a rescatar lo verdadero de esa información.  Para quienes necesitan leer un ratito, pensar otro ratito, en silencio y tranquilos.  Para los que ya están cerrando el libro porque no les gusta.  Para mí, porque quiero aprender unas cuantas cosas que se me escaparon.

Me acomodo en el porche, tomo mi taza de té riquísimo y corto un trozo de budín de pan bañado en caramelo dorado como la tarde que se va yendo.

La receta era de mi abuela, posiblemente de otras personas.  Mía no es.  Como no es mío todo lo que escribo en esta columna.  Hice las preguntas y las contesté en nombre de todos aquellos que se las quieran hacer y contestar.

Porque inexorablemente todos los que llegamos a esta edad “provecta” (Uy! ¡ya!, cuando no me lo esperaba!) tenemos todos los derechos del mundo menos el de herir a nuestros semejantes.  Porque no quiero herir a nadie, ni enseñarle a nadie lo que no quiera saber.  Más bien quiero caminar a su lado y aprender sin agobios, porque la vida es hermosa y corta. ¡Salud!

PRIMERO LA JUSTICIA.  PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

 

2 respuestas to “Hilachas que van tramando – Debería haber sido el primer artículo…”

  1. Avatar de Lina
    Lina 13 mayo, 2013 a 18:40 #

    Estoy contigo tenemos que defender las diferencias y la intimidad de las personas frente al totalitarismo ideologico del comportamiento humano .

    Me gusta

    • Avatar de zullyporatelli
      zullyporatelli 14 mayo, 2013 a 02:50 #

      Hola Lina:

      Te agradezco mucho la atención que me brindás y tus comentarios
      Un abrazo
      Zully

      Me gusta

Replica a Lina Cancelar la respuesta