Hilachas que van tramando — La Familia es una caravana

17 Nov

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La Familia es una Caravana

Cuando digo la palabra “caravana”  es una noche silenciosa, más que silenciosa;  quieta, callada, inmensa.  Percibo la sombra indefinida de mi propio cuerpo y se me viene encima un cielo cuajado de estrellas que parecen acercarse más y más, hasta que todos quedamos solos en presencia de Dios.  Los rumores de la vida cotidiana se han ido acallando y a lo lejos el silencio es absoluto.  Intuyo el desierto pero no le temo.  Intuyo el frío pero alguien me ha arropado.  Me asusta la soledad pero nunca estaré sola.  Puedo descansar, segura y tranquila hasta que la mañana me regale una nueva jornada.  Y la vida continúa.

Caravana: Reunión de viajeros que hacen el viaje juntos para defenderse de los peligros”, “Gran número de personas que se reúnen para ir juntas”, “Multitud, romería, tropel”

Casi se me ocurre que no hace falta seguir adelante con este artículo, porque “Caravana” y “Familia” son dos realidades que complementan y construyen su identidad y sus cualidades.  Pero ¡vamos por ello!

Una familia, al igual que una caravana, reúne a personas que tienen un mismo destino y un mismo objetivo.  Están decididas a compartir  largas jornadas, tareas agotadoras y peligros impensados y, también celebraciones, risas y amores.  Pero nunca se olvidan que tienen un mismo destino y un mismo objetivo.  Días y días en el desierto bajo el sol abrasador, poniendo a salvo a los niños, a los ancianos y a todos aquellos que son más vulnerables, quienes irán en el centro de la caravana.  Días y días compartiendo los víveres, el agua y la sombra protectora. Cada uno tiene su tarea específica y ninguna de esas tareas es menos importante, ya que todos dependen de todos para continuar en la ruta.  Están siempre atentos porque saben que las dificultades y los peligros aparecen repentinamente y nunca, nunca, en el tiempo o la forma en que ellos los hubieran elegido.  Saben que, a veces, deben detenerse cuando la naturaleza se pone agresiva y es mejor no estar en movimiento; entonces deberán empezar a racionar los víveres.  Y en lugar de lamentarse, aprovechan para descansar y juntar nuevas fuerzas que van a necesitar, sin duda, en cada día futuro.  Preguntan a los mayores, quienes ya tienen hechas muchas jornadas y usan bien su experiencia.  Con ellos prepararán las hojas de rutas porque saben dónde están los desfiladeros y los precipicios, cómo sobrevivir a los alacranes o a los bandidos.  Aprenderán de ellos cuál es el agua que no puede tomarse aunque uno se muera de sed y el fruto que puede comerse, en caso de que haya alguno.  Saben que a la noche sigue el día y que después que lleguen a destino todo volverá a empezar para aquellos que sobrevivan;  caminar y caminar, volver y volver con una lejana e inevitable inquietud.  Saben que los días pueden ser larguísimos y llenos de trabajo, esfuerzo y dolor.  También  que durante la travesía nacerán niños que renovarán la esperanza y se encontraran amores que hacen que la vida merezca ser vivida.  A veces recogerán a otros viajeros que se suman al grupo para compartir siempre lo que es inalterable su destino y su objetivo.  Algunos dejarán la caravana porque la vida y la muerte siempre van juntas. El viaje será más o menos largo para cada uno, pero ya lo saben.  Se cruzarán con otras caravanas y, si tienen suerte, podrán hacer las transacciones y los pactos y acuerdos que beneficien a ambas.

Buscarán y llevarán cosas diferentes; en cada lugar y tiempo de su camino deberán pagar y recibirán valores; perderán cosas muy valiosas y, también encontrarán otras, que, por la misma providencia, tal vez resulten más apreciables que las que hubieran elegido.  Atesorarán algunos objetos de culto y recuerdos queridos.  Seguirán la ruta más difícil de la seda o las especias, que los llevarán a mundos desconocidos y fantásticos; o estarán recorriendo caminos seguros y tranquilos con menos riesgo y menos aventura.  Porque cada caravana, cada familia tiene su propio destino, su historia y sus amores.  Solamente coinciden en la obstinada voluntad de crecer juntos, amarse y ser felices.  Habrá alguna en la que dispongan los mercaderes y para los artistas será otra.  Cada uno de los viajeros de una caravana será distinto a los demás y reconocido por los demás, cada uno dará un color nuevo al conjunto.

A veces, siempre que hayan crecido lo suficiente, de cada caravana saldrá otra y otra, como ramas de un tronco vital que se repite en cada una, y, entonces, se hará larga la despedida y categórica la misma herencia común.  A lo largo de cada viaje tratarán de volver a verse y renovar todos los vínculos que los hacen ricos en sentimientos y emociones.  Y asombrarán por la multiplicación de cuentos, costumbres y valores que irán desparramando por sus rutas hasta que la historia se haga infinita y cada caravana, no importa la realidad de su existencia, ocupe un lugar preferente en el eterno caminar del hombre.

Dolores, trabajo, esfuerzo y sufrimiento.  ¿Nos preguntamos por qué seguimos en la caravana, generación tras generación, como si no hubiera otra forma de vivir?  Por los amaneceres de soles color naranja, mientras la Creación se despereza y se llena de sonidos.  Porque cuando llega el atardecer empiezan las horas de descanso y se hace música y se baila. Porque cada encuentro renueva nuestra condición de hombres que comparten, que se comprometen; porque lloramos y reímos juntos.  Y, cuando encontramos un oasis, nos llenamos la boca de agua fresca y los bolsillos de frutos recién arrancados, los jóvenes se ríen y se regalan miradas y gestos. Los mayores contamos historias, nos saludamos y meneamos la cabeza diciendo  ¡ésta es la vida que me gusta!  Porque el banquete se comparte y la ilusión es fácil, sólo se necesita que estemos bien enterados de que la vida es incierta y repentina, como lo dijimos tantas veces, y que aquellos  días de encuentro y alegría valen como toda la eternidad.

Seguimos en la caravana porque tenemos un destino común y en ella, despojados de cualquier vanidad, somos como somos, en la inmensidad de un desierto que no nos permitiría seguir siéndolo.  Porque nos miramos a los ojos y miramos a los ojos de nuestros hijos para encontrar la identidad sin la cual no somos nada.  Porque cada uno depende de los demás y los demás de uno.  Porque compartimos  todo, y nos alegramos de sus alegrías.  Porque llenamos la vida de niños y queremos que los jóvenes estén sanos, fuertes y felices, por eso los acompañamos, los guiamos, y los mantenemos entre nosotros hasta que armen su propia caravana.  Porque el destino de cada uno depende, sin duda, de los otros.  Nos interesa el punto de llegada y el punto de partida y nos preparamos y nos despedimos como partes inseparables de la vida.

Pensemos en nuestra familia como una caravana que hace su camino, que tiene un objetivo y un destino decididos, una caravana en la que nunca estaremos solos, en la que siempre nos amarán como somos y podremos ser como somos sin condicionamientos. Pensemos en nuestra familia como una caravana en las noches de tormenta y también en las fiestas hasta el amanecer, en la mirada feliz de nuestros hijos cuando empieza un nuevo día y en la mirada de amor de los esposos cuando las estrellas se desploman sobre la tierra y llega el momento de la intimidad.

Pensemos en nuestra familia como una caravana de trabajo, de encuentros, de risas y dolores, de riquezas y de despedidas.

Pensemos en nuestra  familia que  camina junta, esperando siempre que el día traiga la primicia de toda una renovación y, cuando llegue el momento de dejar la caravana, estemos tranquilos, ya que ella sigue y sigue bajo las estrellas y junto a Dios.

Sumemos además el eterno caminar al de otras familias que cruzamos en el viaje interminable y que Dios nos Bendiga y nos acompañe a todas en este camino prodigioso.

PRIMERO LA JUSTICIA.

PARA TODOS.  PARA TODOS.  PARA TODOS.

Una respuesta to “Hilachas que van tramando — La Familia es una caravana”

  1. Avatar de noemi
    noemi 18 noviembre, 2014 a 01:03 #

    Hermoso como siempre,que vision tan linda de la familia.
    Gracias

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